
| EN BUSCA DEL ESLABON PERDIDO I | |

Aprimeros de noviembre, desde China, desde la lejana China, llegaba una noticia en apariencia inocente: el descubrimiento de 800 herramientas de piedra talladas por hombres prehistóricos. El problema y menudo problema para la comunidad científica es que dichos restos datan de hace 2 millones de años. Y ¿por qué es un problema? Sencillo: ningún homínido pisó otra tierra que no fuera la africana hasta hace, como mucho, 1,8 millones de años.
El paradigma científico, la verdad establecida, lo que dice la cátedra académica sobre la historia del ser humano a grandes rasgos es lo siguiente: los primeros seres bípedos echaron a andar hará unos 5 millones de años; luego, en una lenta marcha, evolucionaron pasando de formas simiescas los australopithecus a otras más humanas los homo habilis; después surgieron hace 1,8 millones de años, los Homo erectus, que se dispersaron por el planeta en dos migraciones, una hace 1,6 ó 1,8 millones de años, y la segunda hace un millón de años; más tarde, mucho más tarde, hace poco más de 100.000 años, aparecieron los homo sapiens es decir, nosotros que nos extendimos posteriormente por todo el planeta "eliminando" a las especies homínidas de Europa y África y triunfando en la carrera evolutiva. Dicho de otro modo, los primeros homínidos y los primeros sapiens aparecieron en África.
La verdad científica en entredicho
Hace más de tres décadas los científicos ortodoxos habían escrito el guión definitivo de nuestra historia como especie animal que somos. Es, más o menos, lo expuesto en las líneas anteriores. Y si alguien osa contradecir este guión que tanto tiempo ha llevado completar, se situará ipso facto fuera de la verdad científica, una verdad a la que no le ha importado, con tal de zanjar nuestra historia, suprimir, olvidar, ignorar o aún más grave defenestrar cualquier indicio, hallazgo, teoría o prueba que esté al margen del patrón establecido.
Con mi libro El código secreto (editorial Grijalbo, 2001) pretendía demostrar que, efectivamente, se habían suprimido, olvidado e ignorado cientos de indicios que ponían en jaque ese guión establecido, un guión ajustado con calzador, con un ojo abierto y otro cerrado, y que no puede esconder que aún desconocemos infinidad de datos y pistas que obligarían a reescribir la historia humana. Y no sólo eso, también los preceptos evolutivos en cuanto al hombre se refiere.
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