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4. “Baby doll” (1956, Elia Kazan). Un escándalo mayúsculo por el cartel de la debutante Carroll Baker chupándose un dedo (que el director Kazan ordenó colocar a lo largo de una manzana en Broadway), hizo que el Cardenal Spellman condenara el film sin verlo. | |||||||||||||||||
| La historia, ambivalente, combina comedia, realidad social, pasión, sexo y aún farsa. En otro gran debut, un jactancioso Eli Wallach se quiere vengar en una comunidad sureña del comerciante que lo ha estafado
(Karl Malden) y trata de seducir a su mujer. La chica no está demasiado despierta sexualmente por su marido, y se vuelve mujer al final, una vez que el extraño la ha despertado. Se chupa el dedo porque es un bebé que no ha crecido. Pero la sexualidad de Baker y la dirección de Kazan narran la rivalidad del extranjero oscuro y fecundo que llega a una mujer casi olvidada y la hace revivir. Aunque no se sabe realmente si ha pasado algo o no, la escena de Baker en un columpio balanceándose excitó las mentes de los años cincuenta y dio nacimiento y venta mundial a esa prenda íntima, el “baby
doll”. Finalmente la iglesia católica colocó curas en las puertas de los cines, que tomaban nota de los espectadores que entraban a verla. Esto aterró a los dueños de las salas y bajó de cartel. ¡Una mujer casada no podía ser seducida! Un sólo vestido durante todo el film bastó a Baker para convertirse en símbolo sexual. No aceptaba Kazan a actrices como la Borges, que cada vez que van a mear vuelven con un vestido diferente. |
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