.y débil  maestra que se acostó con alguno de sus jóvenes alumnos, termina en la casa de su hermana Stella. Tras violarla y arrojarla a la locura, su cuñado Stanley culmina la obra en un abrazo con su mujer, que no obstante su crueldad vuelve con él. Era la primera vez que el cine mostraba dos mujeres sensitivas atraídas carnalmente por un hombre vulgar y remisas a controlar su sexualidad. ¿Quién mejor que Williams ejemplificó la idea de Scott Fitzgerald de que no hay segundos actos en las vidas americanas? La popularidad de Williams (jamás igualada por ningún otro dramaturgo americano) se basó en descartar los valores del “sueño americano” por vulnerables, y hacer sus personajes lo que les venga en gana sin restringirse ante los patrones tradicionales de la sociedad. 
La combinación de atracción sexual entre Blanche y Stanley y su mutuo odio es el centro del conflicto. Y se muestra la decadencia de los sensibles como Blanche, la felicidad de hacer el amor hoy para quienes prefieren no recordar el pasado como Stella, y la dureza de quienes no tienen pasado para recordar como Stanley. Sin embargo la censura llevó a terminar el film con el grito salvaje de Brando por su esposa (”¡Stella!, ¡Stella!) que decide no regresar a él. Pese a esta concesión, fue retenido por el Código hasta que le cortaron algunos diálogos brutales. En el film se cuenta que el ex marido se suicidó pero no que era homosexual y se quiso quitar la escena de la violación. Tras muchas tratativas la escena quedó en términos más inocuos. Aún era un film audaz prohibido en varios países. En Argentina, “Radiolandia” se preguntó si alguna vez sería estrenado. Lo fue. Más tarde la pieza la estrenó en Buenos Aires Carlos Cores, y en EE.UU. Anthony Quinn encarnó al polémico Stanley Kowalski de Brando con una impronta vital y cómica que luego lo haría famoso en otro personaje inolvidable: Zorba el griego.

Hosted by www.Geocities.ws

1