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En
los años que siguen a la primera guerra mundial, el espíritu germánico
se repone a duras penas del derrumbe de su sueño Imperialista. Misticismo
y magia, fuerzas oscuras a las que siempre se abandonaron los Alemanes con
complacencia, habían florecido ante la
muerte en los campos de batalla. Aquella eterna atracción por lo
oscuro e indeterminado desemboca ahora en la doctrina apocalíptica del
estilo expresionista» Lotte H. Eisner
(1955) [1]
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