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La gran ilusión
(J. Renoir) |
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El mismo lugar, en la tarde
Durante la mañana, mientras esperaba a su amigo, Godard se había dedicado a una especie de improvisada investigación: había preguntado al jefe de meseros sobre filmes y personalidades famosas del cine francés: «Dije “Remorques”. Nada. Jean
Grémillon. Nada. Entonces dije Jean Gabin, tenía una ligera idea, Michèle Morgan también. Si hubiera dicho Marcel Dalio o “La grande Illusion”, nada».
Godard le propone al Piccoli que haga su propia encuesta. En su opinión, la mayoría de los nombres, incluso de la generación del mismo Michel, habían caído en el olvido.
A continuación, sin dar tregua a su interloutor, retoma el flanco del «qué» de las celebraciones: «Mira Michel, y no creas que me comporto groseramente, tengo aquí un curioso documento. Viene del folleto que ustedes publicaron -presenta el clásico afiche de Pathé, “A la conquista del mundo”.
M.P.: «Ah, sí, los hermanos Pathé».
J.L.G.: «Obsérvalo bien ¿qué es lo que llevan en sus manos? - «A ver...tienen un fonógrafo, un disco, una bobina de película, y un proyector». Jean Luc asiente: «¿No es sorprendente? Porque yo, que hago películas, me doy cuenta de que algo esta faltando: la cámara. En realidad, la verdad no se dice, esos animales no inventaron nada. Primero copiaron a Edison, luego a los Lumière. No creo que ustedes quisieran contar algo de eso...¿verdad?. Honestamente creo, Michel, que lo que se debería de celebrar es «la invención de la cámara cinematográfica».
Piccoli, tratando de suavizar la situación: «Está bien, me parece razonable, trataré de que se incorpore al
proyector».
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