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AGUARDOS DE JABALÍ DURANTE EL VERANO

Que el jabalí es un animal que “vive de noche” es algo que cualquier cazador sabe bien. Nada más ver aparecer los primeros rayos de sol, el cochino huirá a encamarse en un lugar que considere seguro. Pues bien, esta actitud que por naturaleza desarrolla, es aún más marcada durante la temporada estival.

Efectivamente, los calores asociados al verano conllevan la aparición de multitud de ácaros, mosquitos, moscas... que pueblan los bosques, evitando que el jabalí sea capaz de descansar correctamente, con lo que dedicará la mayor parte de la noche a comer, beber, tratar de limpiarse de los incómodos bichos... Es, por tanto, el momento perfecto para el aguardo. Una modalidad cinegética que sin duda hace las delicias de cualquier cazador. Conozca un poco más sobre esta experiencia única, de la que ahora podemos disfrutar..

  EL POR QUÉ DEL AGUARDO

La acción de las altas temperaturas en los terrenos conlleva importantes cambios en la cantidad y forma del alimento de muchas especies de nuestro país; entre ellas encontramos al jabalí. Hasta tal punto es así que en ocasiones se producen auténticas migraciones hacia zonas en las que poder comer con mayor facilidad. Esto provoca que muchas áreas de cultivo se vean acosadas y hasta cierto punto destrozadas por la acción de los jabalíes, suponiendo una auténtica ruina para los agricultores. En estos daños se justifica la autorización legal para la práctica de la caza del cochino al aguardo, fuera de la temporada de caza. Se trata, por tanto, de dispersar la presencia del jabalí en estas zonas, para lo cual el cazador actúa como un mero “instrumento”.

COMPORTAMIENTO DEL JABALÍ DURANTE LA NOCHE

¿Se imagina usted dormir rodeado de insectos y ácaros?... Resultaría cuando menos agobiante. Pues bien, eso es lo que le sucede al cochino durante la época estival. La cantidad de pequeños mosquitos, moscas, etc., que aparecen por todos lados en el bosque, provocan que le sea prácticamente imposible conciliar el sueño, por lo que prefieren dedicar las horas nocturnas a realizar todo tipo de actividades, sintiéndose amparados y muchos más seguros gracias a la falta de luz. Comer, beber y “asearse” son sus objetivos fundamentales durante la noche; tareas que tratará de realizar con el mayor de los cuidados. Efectivamente, si hay algo que debe ser tenido en cuenta si queremos tener éxito en la caza del jabalí al aguardo, es que se trata de un animal sumamente precavido, que actúa siempre con sumo cuidado, pensando bien cual será su siguiente movimiento antes de aventurarse a realizarlo. Por ello se mueve muy despacio, sin hacer el menor de los ruidos y parándose a cada poco para ventear, confiando su vida a su olfato, del que sin duda pueden fiarse, puesto que disponen de una enorme capacidad para captar los olores extraños en prácticamente cualquier situación. Su precaución hace que nunca acudan a un comedero por el mismo sitio, evitando con ello cualquier peligro imprevisto. En caso de que se trate de una zona en la que insectos y ácaros abunden, con seguridad lo primero que hará el cochino tras levantarse de su encame será ir a revolcarse en las bañas o rascarse en los árboles de resina olorosa, optando por la necesidad (y auténtico gusto) de la desparasitación, que vendrá seguida de la comida. Pero si el jabalí no ha sido tan “molestado” por todos estos bichos, sin duda su prioridad será la de buscar alimento. Sea cual sea su destino, acudirá a él con sumo cuidado y precaución, y eso es algo que debe saber y tener presente el cazador.

LA ACTITUD DEL CAZADOR

Los aguardos durante la temporada estival, en la que las noches resultan mucho más agradables, son sin duda una experiencia única para cualquier cazador. Pero debemos ser conscientes de que practicar este tipo de caza no consiste únicamente en esperar a la caída de la tarde la aparición de un jabalí al que poder disparar... muy por el contrario el aguardo supone todo un arte de caza, en el que toda precaución y cuidado resulta poco para obtener resultados. Conocer las características y aptitudes de la posible presa es fundamental para conseguir resultados. Por eso y teniendo en cuenta lo antes comentado, en el aguardo deberá tener bien presentes los siguientes puntos:

- El olfato del jabalí: como ya hemos señalado, el cochino dispone de un olfato privilegiado, que sin duda suple las deficiencias de su mediocre vista. Por ello si queremos tan siquiera tener la posibilidad de ver un ejemplar, deberemos poner especial precaución en:

- Realizar la espera a contraviento, para que no capte nuestra presencia.

- Situarnos a una buena distancia.

- En la medida que nos sea posible, buscaremos una postura de aguardo en alto, a fin de airear lo menos posible.

- “Perfumarse” adecuadamente: conviene utilizar cubreolores de los que encontraremos en el mercado. Algunos de estos productos neutralizan los olores corporales humanos, mientras otros aprovechan los olores de otros animales para crear confianza en el jabalí (un buen ejemplo es la orina de zorro, cuyo olor da gran seguridad a los jabalíes, quienes confían en la astucia de este animal para deambular por los campos cerca de él). Y, por supuesto, olvídese de los productos para evitar las picaduras de mosquitos; puede que estos bichos resulten realmente molestos durante las noches de verano, pero los productos para espantarlos tienen ese mismo efecto sobre los jabalíes. Hasta tal punto es importante el tema del olor que incluso el aroma que desprenden unas botas enceradas puede hacer huir a cualquier ejemplar. Por ello los cazadores más precavidos (y sin duda los que mejores resultados consiguen), utilizan guantes incluso en esta temporada veraniega y mosquiteros para la cara, conscientes de que ambas zonas desprenden un característico olor humano.

- La precaución de esta especie: ciertamente esperar a un jabalí puede llegar a ser desesperante. Cada paso es previamente pensado, meditado hasta la saciedad para no caer en un error que puede costarle la vida. El avance es lento pero seguro. La paciencia es la gran aliada del cazador de aguardos.

- Su capacidad de percibir imágenes y actuar en consecuencia: efectivamente, aunque el jabalí no tiene una buena vista, es capaz de asimilar imágenes y actuar en consecuencia a las mismas. Así cualquier imagen que le resulte extraña captará su atención y provocará una reacción, hasta tal punto que las sombras proyectadas por la vegetación en los días de viento pueden llegar a ponerles extremadamente nerviosos. Por ello el aguardo siempre deberá realizarse de manera totalmente estática, sin movernos lo más mínimo. Tenga en cuenta que cualquier movimiento que realicemos podrá ser percibido por el jabalí, quien sin duda cesará en lo que esté realizando para volver a observar el terreno minuciosamente, huyendo a toda velocidad a la más mínima duda. De ahí que resulte fundamental que el cazador se mantenga totalmente quieto, esperando a que el jabalí se confíe, antes de proceder a actuar. Y además, deberemos buscar una zona en la que la luna no proyecte nuestra sombra, la cual captaría la atención del cochino. El mimetismo con el medio resulta vital, por lo que cualquier precaución en este sentido es poca (más vale prevenir que curar). El objetivo es que nuestra presencia enturbie lo menos posible el medio que conoce el jabalí; para ello procederemos a esconder todos nuestros enseres de tal manera que no alteren ni lo más mínimo la vegetación existente. Tenga el rifle siempre al alcance de la mano, de tal forma que para alcanzarlo deba realizar el mínimo movimiento.

- Al igual que nos mantenemos quietos, el silencio deberá ser también absoluto. Cualquier ruido hará huir al jabalí, al que no volveremos a ver por esa zona...

- Tenga presente que durante el verano el cochino tiene una incesante necesidad de desparasitarse: y lo hace revolcándose en las bañas o rascándose contra los árboles. Por ello muchos cazadores colocan una lata de gasoil en el árbol al comienzo del día, para que durante toda la jornada vaya soltando pequeñas gotas que irán empapando el tronco y harán las delicias de cualquier jabalí, agobiado por la acción de los ácaros en su piel. Si en su camino encuentra un tronco que desprenda este olor, el cochino será incapaz de resistirse a frotarse.

- Las paradas siempre se realizarán en una zona cubierta por vegetación o por cualquier accidente del terreno, donde se encontrarán más seguros.

EL PUESTO

Sin duda la consecución de resultados en el aguardo está directamente relacionada con todos los puntos antes comentados, pero también merece mención especial el puesto elegido para la caza. Resulta absurdo tratar de ubicar un puesto de espera sin haber estudiado previamente puntos tan importantes como:

- Los movimientos del jabalí: preparar una espera debería conllevar el pasar previamente mucho tiempo en el monte, tratando de analizar lo que sucede, cómo se mueve el jabalí...

- Los vientos reinantes en la zona.

- La vegetación.

- La trayectoria lunar.

La tendencia de los jabalíes hacia ciertos lugares se define con el nombre de “querencia”, zonas que el cazador tratará de localizar para obtener resultados. Ni que decir tiene que estos lugares vienen definidos por las propias necesidades del animal: alimento, bebida, aseo... son las principales. Por supuesto no existe nada preestablecido, puesto que el jabalí actuará en cada momento tal y como le dicten sus propios sentidos. Sin duda, los lugares en los que colocar el puesto los marcarán los movimientos del jabalí, mientras que las opciones de cuándo, cómo y dónde deberán ser establecidas por el cazador, basándose en su experiencia y capacidad. Dicho todo esto, queda bien claro que la caza al aguardo supone un auténtico reto para el cazador, quien deberá jugar al “ver sin ser visto”. Se necesitan nervios de acero y una paciencia sublime para saber esperar al momento justo sin dar ningún paso en falso... desesperante para muchos y aun auténtico reto para otros.

                                                                 

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