Cursó Filosofía
y Letras en Madrid, licenciándose en Historia de América.
Tras estrenar su primera comedia ("Un tic tac de reloj", en
1946), se dedicó de lleno al género teatral, aunque escribió
artículos en Don José. Autor de una producción
desbordante, casado con Evangelina Jardiel Poncela, evolucionó
desde un género innovador hasta el halago fácil hacia
la mesocracia. Por ello alcanzó un enorme éxito de público
pero la crítica fue dura con él.
Entre sus obras se pueden señalar"Una bomba llamada Abelardo",
"48 horas de felicidad" y, sobre todo, "Los pobrecitos".
También fue guionista cinematográfico y actor ocasional.
Todavía hoy sus obras son rescatadas con notable aceptación.
Son muchas las obras
de teatro universales que pueden ser representadas cambiando el tiempo
y el espacio, pero en el caso de Gorrión ocurre algo increíble:
una pieza que recrea la vida de los suburbios de Madrid en los años
60 parece que retratara a cualquiera de los barrios caraqueños
desde la instauración de la democracia: las imágenes de
San José y La Pastora saltan a la imaginación cuando leemos
las páginas de Gorrión. Son personajes muy venezolanos
que parecieran anidar en cualquier bloque del 23de Enero.
Gorrión toca la historia de una familia muy insolvente que es
rica en alegría, en levedad ante los problemas cotidianos y sobre
todo en número de hijos. Una familia que se sostiene espiritualmente
sobre las alas de la mujer de la casa. Gorrión, una mujer que
se las trae todas más una y que sabe sobrellevar a Perico, su
esposo, quien desespera por la necesidad de tener una vida modelo o
que al menos no tenga todos sus números en rojo.
El autor contrapone a la familia de Gorrión con el matrimonio
de su hermana: Un hogar adinerado, tediosamente estable, e infecundo,
por lo tanto un hogar frío.
Entre estas dos familias salen solos los enredos: envidias, amores,
atracciones.
Y es que si bien los hijos pueden faltar, y esa ausencia duele, ¿pueden
acaso los hijos sobrar? Esa es la gran pregunta de esta comedia exquisita,
vertiginosa y cargada de personajes tan cotidianos que resultan inverosímiles.