PENSAMIENTOS DE UNA MUJER CRISTIANA

Pepita Jiménez

 
 

 Con las semillas en las manos hice esta reflexión:

¿Cómo habrá hombres que digan que no existe el Creador?

Yo te alabo Padre del cielo y de la tierra,

y a ti hombre que no crees, a ti te pregunto yo:

Dime, ¿Hay en la tierra hombres, que puedan estas semillas crear?

 Y el perfume que extraen de la flores… ¿Lo puede el hombre crear?

Y el agua que da vida a todo… y el calor del sol que hace al fruto madurar.

Dime hombre que en Dios no crees ¿lo puede el hombre crear?

El hombre puede cambiar la ciencia,

y hasta del hombre el pensar,

pero no podrá cambiar de Dios,

ni su ley ni su palabra,

que estables siempre serán.

 Y pienso en todos los que en nuestras vidas

buscamos a Dios sin cesar,

y al final me digo a mí misma,

como desembocan los ríos en el inmenso mar,

Así los corazones puros, la gloria de Dios verán,

y entenderemos entonces que el hombre como la semilla es,

que muere para con su fruto dar a otros de comer.

 Entonces entiende lo que decía el Señor,

Que en la tierra como en el hombre,

no existe la muerte, sino una transformación. 

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Quien pudiera ser el arroyo que transporta el agua cristalina

y que en su correr peregrino va sembrando siempre vida,

quien pudiera ser una flor

creadora de armonía con su aroma y su color.

Quien pudiera ser la abeja que recoge el polen de flor en flor

y poder llevar al hombre miel tan dulce

que de sus vidas quitara el amargo dolor.

Quien pudiera entender tu mensaje de amor,

ser arroyo, abeja o flor,

y saber que el corazón ha sido abierto al amor,

porque he comprendido que tus hijos

son aquellos que sirven, como lo hace la creación

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Semillas que como el hombre, has necesitado para nacer,

la tierra como el vientre de una madre,

el agua como la leche de sus pechos

que al niño en su infancia alimenta también,

pero la fuerza para romper la tierra,

igual que el niño al nacer se hallaba en ti semilla,

que luchabas para la luz poder ver.

Si tú, siendo semilla

tuviste la fuerza para romper la tierra y la luz poder ver

¿qué nos pasa a los hombres que tanto nos cuesta este caparazón romper?

Este caparazón de egoísmo que nos envuelve como una red,

impidiendo que penetre esa luz que hace al alma crecer

como creces tú semilla tranquila envuelta en la luz del sol,

así necesita el hombre la luz que viene de Dios

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