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LA INVASION FRANCESA EN CASTIL DE VELA.
Hay hechos en la historia de los pueblos que bien merecen la consideración
y el conocimiento de los que ahora los habitan.
Ocurrió en Castil de Vela. Fue en la época
en que la invasión francesa por las tropas de Napoleón, aterrorizó
a todo el territorio español. En este pueblo sucedió lo siguiente:
Las tropas que mandaba el General Curí Vignau,
a partir de Carrión de los Condes y Sahagún, se dividieron
en grupos para recorrer todos los pueblos de Campos, con el fin de saquearlos
y confiscar todo lo que de interés tuviera para ellos, confiados
en que no encontrarían resistencia en su avance por toda la
Meseta. Hubo algunas escaramuzas que no pasaron de simples enfrentamientos
de los vecinos, fácilmente sofocados por el poder militar y de las
armas de los invasores. A Castil llegó la noticia que se propagó
por toda la comarca, de cómo se las gastaban los gabachos y optaron
por otra forma de defenderse del saqueo, ya que la invasión era
inevitable y el enfrentamiento inútil.
Unos días antes de que el grupo de la soldadesca
al mando de dos Brigadieres llegasen al pueblo, alertados por dos espías
estratégicamente situados en pueblos por los que llegaban, dieron
el aviso y todos los habitantes del pueblo, que aportando su colaboración
y trabajo, trasladaron los carros a un lugar a 3 Km, del pueblo,
en dirección Este, donde existe una depresión en un pequeño
altozano, que lo hace invisible desde los terrenos del contorno. En ese
lugar hicieron un cerco con los carros y dentro de aquel “improvisado ruedo”,
colocaron todos los animales y objetos que suponían un riesgo de
ser capturados, arrebatados o robados. El día anterior a la invasión
fueron allí la parte de población con más riesgo ante
los indeseados visitantes, principalmente mujeres jóvenes y los
mozos de edad y condiciones de combatir. Se llevaron animales, como
caballos, mulas aptas para la carga, terneros bien cebados y ovejas, todo
ello era de especial interés, según las informaciones que
les habían precedido y por las que en Castil estaban ya prevenidos.
En el pueblo solo quedaron personas mayores y algunos chiquillos,
previamente adiestrados a lo que debían responder, caso de ser interrogados.
Todos mostrándose con apariencia y atuendos propios de la escasez
y penuria. Además de informarles equivocadamente.
Los invasores después de recorrer todo el
pueblo, se reunieron en la plaza. Quienes les observaban cautelosos tras
las puertas y por los resquicios de las ventanas, observaron que quien
mandaba el grupo dijo algo que no entendieron. Pero cuando un traductor
logró interpretarlo, pudieron transcribirlo así: “ A este
Castil no le queda ni el cabo”...(con actitud de hacer una gracia por el
equívoco con el vocablo militar, terminó diciendo): “ni el
cabo de la Vela”. Riéndole la gracieta terminó todo y se
ausentaron concluyendo con ello la visita.
Se cree por algunos ademanes de los reunidos y por
algunas expresiones que se oyeron, que la visión que habían
hecho del castillo de Belmonte, les había llenado de curiosidad
y de codicia, por lo que se dirigieron a él, creyendo encontrar
más abundancia de material requisitorio.
Avisados los escondidos, volvieron y celebraron
con regocijo la estratagema que les salvó del saqueo. Aquel lugar
donde estuvieron ocultos a las ansias confiscatorias de los franceses,
hoy lleva el nombre de, “Pago de Guardacarros”.
Esta es la historia según hemos podido reproducir
por las informaciones recibidas, contadas al calor del brasero, como se
trasmitían antes las informaciones de nuestros mayores.
Francisco Delgado Sahagún.
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