Un
pueblo indogermánico oriundo de Siberia y a punto de desaparecer ha creado
muchos problemas a los etnólogos: se trata de los ainos.
La procedencia de este pueblo, es un
gran enigma que permanece aún sin resolverse.
Resulta
increíble que se haya conservado entre los pueblos mongoles del Asia oriental
un grupo disperso de la raza caucásica que esté emparentado con los europeos en
cuanto a complexión, a la forma del cráneo y al color de la piel.
Parece
que esta antiquísima raza caucasiana pobló en tiempos muy remotos todo el mundo
insular japonés, antes que polinesios y mongoles se establecieran en el Japón;
este país está lleno de lugares cuyos nombres provienen del lenguaje de los
ainos: Saporo la capital de Hokkaido, Tarato en Siberia. Incluso la montaña más
bella del mundo, el Fujiyama, debe su nombre a este pueblo.
Su
religión era un verdadero culto a la naturaleza. Los peñascos, peces, árboles,
el Sol y sobre todo el fuego eran adorados como cosas sagradas.
El hechizo y la magia dominaban el
mundo de los ainos y el curandero mago, el shamane, unía a los hombres con las
fuerzas de la naturaleza. Practicaban un particular culto al oso: "Si el
oso se desprende de su piel, se parece al hombre, por lo tanto es un ser humano
cubierto de pieles".
Acerca
de los orígenes del Japón no tenemos otra fuente que las leyendas shinto
compiladas en el siglo VIII d. de J.C. en dos textos (escritos en chino): el
Kojiki y el Nihongi.
La implantación del imperio nipón en el
Yamato (en el sur) se atribuye a un descendiente de la diosa solar Amaterasu,
Jimmu Tenno, en 660 a. de J.C.
En realidad, la fundación efectiva de
un estado nipón, conquistado por un clan meridional establecido en el Yamato,
se remonta -y en ello concuerdan todos los historiadores- a los comienzos de la
era cristiana.
Antes
de esa conquista, que señala la entrada del Japón en la protohistoria más que
en la historia, las islas japonesas estaban habitadas por complejas
poblaciones, la más antigua de las cuales eran quizá los ainos,que todavía encontramos en la isla de
Hokkaido y cuyo carácter no mongoloide
es muy patente.
Parece
ser que sucesivas oleadas de inmigrantes se superpusieron a este pueblo
autóctono: Razas altaicas llegadas de
Siberia, malayo-polinesios procedentes del sur, pueblos de origen coreano, etc.
De este Japón prehistórico, carente de
edad paleolítica, sólo poseemos escasos vestigios, testimonios de la vida y de
la civilización de los ainos: Los
kaizuka, depósitos de conchas y de restos de alimentos, y la alfarería, del
tipo denominado jomon (decoración en relieve) y la más tardía del tipo yayoi
(realizada a torno).
A principios de la era cristiana
aparece la civilización del bronce (los detaku: objetos de bronce en forma de
campana, espejos adornados).
La
dinastía imperial japonesa, aunque no siempre se haya transmitido de padres a
hijos, es la más antigua del mundo.
Desde los tiempos de Jummu, proclamado
emperador en el 660 a. de J.C, ha perdurado hasta nuestros días.
Jummu fue efectivamente designado
emperador en el año 660 a. de J.C. en Kashiwabara, población situada en el
centro de la isla de Hondo.
Ni él ni sus descendientes más
inmediatos gobernaron sobre la totalidad del actual Japón, sino que fueron
extendiendo progresivamente sus territorios a lo largo de siglos.
El nombre calificativo de nippon fue
escogido por el pueblo para este país hace aproximadamente unos 2000 años.
Uno de los personajes más
característicos del Japón primitivo fue la emperatriz Jingo, viuda del
emperador Chuai y madre del futuro emperador Ojin, que sería divinizado con el
nombre de Hachiman, es decir, "dios de la guerra".
Jingo vivió entre los años 201 y 269 d.
de J.C. y descendía de una familia coreana de sangre real. Fue el único
soberano del Japón que salió de las islas durante su reinado.
El motivo fue la invasión de Corea, que
durante siglos permanecería vinculada a la historia del "país del sol
naciente".
En
el período de Nara, los monasterios budistas constituyen el motor de la vida
económica japonesa.
Los monjes budistas explotaron las
primeras minas de los metales necesarios para la fabricación de los objetos del
culto (ejemplo, el Daibutsu), y por iniciativa del clero se construyeron
numerosas y costosas edificaciones (templos, monasterios, hospicios, etc.).
Hasta el siglo XVI, no existe,
propiamente hablando, dinero en metálico. Todo se paga en arroz, sobre todo los
impuestos que abruman a los campesinos. Los nobles, por su parte, roturan
tierras francas donde obtienen sustanciales desgravaciones fiscales.
En la época de Kamakura, los mercaderes
profesionales, surgidos de las relaciones comerciales con China, están
organizados en corporaciones.
Se desarrolla la vida urbana, se
extiende el uso de la moneda y se multiplican las ferias y mercados.
Y se
organiza el fisco: Nobunaga establece catastros e Hideiyoshi racionaliza el
sistema de pesos y medidas.
El
feudalismo se constituye en el siglo XII, en torno a los grandes señores que
escapan al control del gobierno central en sus dominios exonerados de impuestos
(los shoen).
Estos nobles toman bajo su protección a
los campesinos de sus tierras (les protegen no sólo de los bandidos y de los
"bárbaros", sino también de los inspectores fiscales) y se rodean de
gentes de armas, los samurai.
Estos constituyen pronto una categoría
de hombres semejante a la de los caballeros europeos de la Edad Media, con sus
tradiciones y un cierto sentido del honor guerrero que, por otra parte, las
leyendas han exagerado.
No es ocioso señalar que, al igual que los caballeros medievales,
los samurai no siempre fueron modelos de honor y de bravura: entre ellos había,
inevitablemente, arribistas y verdaderos jefes de bandas.
Las incesantes luchas que empeñan entre
ellos los señores feudales del siglo XII terminan, como hemos visto, con el
triunfo de la familia Fujiwara, que impone al país su dictadura militar.
En 1543, un junco a la deriva, cargado
de portugueses, arriba a la isla cuyo nombre actual es Tanegashima. En 1549, el
jesuita español Francisco Javier llega
a Kagoshima en una expedición portuguesa, con la intención de cristianizar el
Japón.
Al principio, la religión cristiana fue
acogida favorablemente e incluso protegida por Nobunaga, que por aquel entonces
estaba en lucha contra el clero budista (1571-1573) y que veía en el
cristianismo un arma eficaz contra éste.
Así pues, durante cosa de medio siglo,
el cristianismo pudo implantarse en el Japón, donde ganó para su causa a
numerosos señores feudales.
Después de los portugueses, que poco a
poco van desacreditándose a los ojos del gobierno japonés, llegan los
holandeses y los ingleses (Will Adams, que pilota un buque holandés).
Inquieto por la unidad de los
cristianos y por la amenaza que podía entrañar para su poder, Hideiyoshi
publica en 1587 un edicto en el que prohíbe el cristianismo.
Este edicto no tuvo aplicación al
principio, puesto que, junto con los comerciantes extranjeros, penetraban en el
Japón numerosos misioneros, a los que se toleraba (se calcula en más de 500.000
el número de cristianos que existían en el Japón a principios del siglo XVII).
A partir de 1613, Iyeyasu
restablece los edictos de proscripción de Hideiyoshi y, después del
descubrimiento de una conspiración encaminada a derrocar a los Tokugawa,
organizada por japoneses cristianos, el gobierno nipón adopta medidas cada vez
más severas para defenderse contra esta agresión pacífica, pero eficaz, de
Occidente.
En 1623, los británicos cierran sus
establecimientos. En 1637, se produce en la península de Shimabara una
rebelión, apoyada por los portugueses, que termina con el triunfo del Bakufu y
la matanza de 30.000 rebeldes (los holandeses, en este caso, se habían puesto
del lado del poder central y, a petición del Bakufu, una flota holandesa llegó
incluso a bombardear a los sitiados).
Poco después de este episodio, el Japón
se cierra definitivamente para el mundo occidental. Sólo son tolerados unos
pocos holandeses, encerrados en la pequeña isla de Dejima, y, cuando en 1640 arriba
un navío portugués que procedía de Macao y transportaba parlamentarios, el
shogun en ejercicio hace detener y decapitar a los recién llegados, excepto a
trece de ellos que son enviados de vuelta a Macao con un mensaje que dice
sustancialmente lo siguiente:
Decid a Occidente que haga como si
nosotros ya no existiéramos.
De este modo, hasta el advenimiento del
emperador Meiji, la política llamada de sikoku ("cierre del Estado")
contribuirá a preservar el régimen feudal y mantendrá al Japón en un statu quo
político, económico y social.
Organización
política
El emperador, acantonado en su corte,
donde reina una etiqueta rigurosa, no gobierna.
El poder central, cuyo jefe es el
shogun, es ejercido por intermedio del Bakufu, que comprende en particular un
grupo de funcionarios de gobierno: El tairo (Gran Anciano), cuatro o cinco
"ministros" (roju) y cuatro secretarios de Estado (wakadoshiyori).
Unos administradores (bug yo) están
encargados de los asuntos religiosos (jisha), de las finanzas (kanjo) y de los
asuntos municipales de la capital
(machi).
Las provincias son gobernadas por
señores locales (daimyo) divididos en tres categorías jerárquicas, de arriba a
abajo: los shimpan daimyo (de la familia de los Tokugawa), los fudai daimyo
(que eran vasallos de Iyeyasu antes de la batalla de Sekigahara, en 1600, que
estableció definitivamente el poder en aquél) y los tozama daimyo (señores
sometidos a Iyeyasu después de 1600).
Los señores, soberanos en sus
provincias, eran vigilados por una red de funcionarios especializados (los
"Grandes Vigilantes"). Las grandes ciudades, como Kyoto u Osaka,
tenían una administración particular, igual que el dominio propio del shogun
(que correspondía aproximadamente a la cuarta parte de las tierras del Japón).
Una organización muy compleja imponía a
los daimyo visitas regulares al shogun de Yedo y contribuciones que recibían el
nombre de "embarazosos favores"; es decir, las cargas fiscales.
Sus movimientos estaban controlados:
Tanto ellos como sus familias eran espiados constantemente, para sofocar por
anticipado cualquier veleidad de insurrección.
Los daimyo más vigilados eran los
adheridos a última hora, los tozama daimyo, tanto más sospechosos cuanto que
eran ricos y poderosos. Con el apoyo de los tozama daimyo, el emperador Meiji
derrocará al shogun en 1868.
Las clases sociales, en número de tres,
están rigurosamente jerarquizadas.
Aquellos
que no pertenecen a ninguna clase son los etu (parias).
- Clase de los nobles de espada:
1-daimyo (vasallos directos
del shogun).
2-hatamoto y gokenin
(vasallos directos del shogun).
3-baishin: vasallos de los
precedentes
4-ronin: bushi que no tiene
soberano, "hombres sin amo".
- Clase de los campesinos:
Están agrupados en comunidades rurales
llamados mura, dotadas de un alcalde y de "vigilantes" encargados de
velar por los intereses de los campesinos de la comunidad.
- Clase de los burgueses:
ko (artesanos)
sho (mercaderes).
La historia del período de Yedo a lo
largo de doscientos setenta años es considerablemente monótona. Los catorce
shogun que se sucedieron no tuvieron otra preocupación que la de mantener el
orden establecido, cosa que se realizaba sin dificultades.
Los raros levantamientos de campesinos
sólo fueron episodios esporádicos. Los únicos hechos notables son los relativos
a las relaciones con los extranjeros.
En el siglo IV d. de J.C. es, sin duda,
cuando la expansión nipona hacia Corea se hace más agresiva. Bajo el reinado de
la emperatriz Jingo Kogo, se establece una colonia al sur de la península
coreana (los pequeños estados del Shiragi, en el sudeste, y del Kudara, en el
sudoeste).
Las consecuencias de estos contactos
con el continente (sobre todo en el Kudara) fueron la introducción de la
escritura con el Japón, en 405, por el letrado Achiki y el escriba Wani (a
decir verdad, el japonés, lengua polisilábica, se habría adaptado mejor a una
escritura fonética o alfabética.
La escritura ideográfica destinada a
transcribir la lengua monosilábica de los chinos pareció al principio, en el
Japón, una complicación lingüística, y no se extendió hasta el siglo VIII,
cuando fue utilizada para propagar la fe budista).
También provienen del Kudara las
influencias religiosas: el rey de Kudara envía, en 552, estatuas y libros
budistas al emperador Kimmei Tenno, y en 554, dos bonzos coreanos. Tonei y
Doshin, inician la predicación del budismo.
En esta época (siglo VI d. de J.C.), el
"emperador" aún no es más que un jefe de clan, escasamente más
poderoso que los otros jefes que le rodean en la corte de Yamato.
Estos jefes, dirigentes de una
aristocracia militar y terrateniente, conservan intacta su autoridad sobre los
propios territorios y detentan funciones más o menos importantes, según el
poder de su clan, en el seno de la asociación de clanes que constituye el
naciente estado japonés.
La introducción del budismo, que
rivaliza con la religión popular ("nacional"), el shinto, tiene por
efecto enfrentar entre ellos a los clanes en una serie de guerras civiles en
las que el antagonismo religioso sirve de pretexto a las querellas políticas.
El budismo, defendido por el clan de
los Soga, dirigido por Soga No Iname, triunfa gracias al apoyo de la familia
imperial: La emperatriz Siko, que reina de 593 a 629, y sobre todo el príncipe
heredero -de hecho, soberano del Japón- Shotoku Taishi.
Este último (muerto en 622) implantó el
budismo en el país y fundó la primera organización política del Japón
(Constitución de los Diecisiete Artículos): Un Estado centralizado, dirigido
por un rey absoluto y por una jerarquía de funcionarios escogidos a la manera
china, es decir, en función de su competencia y no de su nacimiento.
Fue también en esta época cuando se
estableció el minucioso protocolo que regulará las relaciones de la jerarquía y
cuando se construyeron los siete grandes templos, al mismo tiempo que penetraba
en el Japón la ciencia china y coreana.
La
familia Nahatomi -cuyo nombre fue cambiado en Fujiwara por el emperador Tenchi-
era la gran rival de los Soga. Su jefe -Nahatomi No Kamatari- toma el poder tras
un golpe de estado en 645, y promulga, al año siguiente, el Edicto de la Gran
Transformación (Taika), que instaura en el Japón un sistema de gobierno calcado
de la organización china de los T'ang.
Esta reforma era ambiciosa: Se trataba
de suprimir los poderes de la nobleza clásica, de dividir el país en provincias
dirigidas por un gobernador imperial, de instituir un censo, un catastro, un
reparto de los impuestos, un código civil y penal (el Taiho, en 702), de
organizar el poder central, etc.
En
realidad, la estructura política china no pudo adaptarse al Japón, donde, a fin
de cuentas, las grandes familias conservaron el control del poder.
Sin embargo, el programa de Fujiwara
Kamatari sentó la idea de la preeminencia del emperador sobre toda la nobleza,
la cual, teóricamente, poseía a través de él su poder y sus bienes: Veremos
cómo los Fujiwara -en el poder durante cinco siglos- supieron mantener este
estado de cosas.
Es norma tradicional distinguir los
diferentes momentos de la historia japonesa por el nombre de la ciudad en la
que se instaló la capital en cada período
(Nara, Heian, etc.).
Es notable que los cambios políticos
del Japón (ocupación del poder por una familia o por un grupo religioso
preponderante, shogunado, etc.) no hayan perturbado jamás la dinastía solar:
nadie ha tenido jamás la idea de derrocar al emperador, con la única excepción,
tal vez, de un monje llamado Dokyo, favorito de la emperatriz Koken, hacia 769.
Período de Nara (710-794)
En
710, la corte imperial se establece por primera vez en una capital permanente,
edificada según el modelo de Ch'ang-ngan, la brillante capital china de las
dinastías Suei y T'ang.
Durante todo este período, el poder
está en manos de la familia Fujiwara, que favorece el desarrollo del budismo.
El crecimiento de los monasterios fue,
por otra parte, uno de los grandes motores económicos del siglo VIII japonés, y
lo que subsiste de los templos de la era de Nara constituye todavía una prueba
de su pujanza (la gigantesca estatua del Buda de Nara, Daibutsu, fue consagrada
en 752: Su ejecución había requerido quince años de esfuerzos colectivos y
centenares de toneladas de cobre y de oro).
La época de Nara es un verdadero siglo
de oro cultural. La filosofía religiosa se ilustra con el monje Gyogi
(670-749), verdadero Leonardo da Vinci japonés, a la vez economista, arquitecto
y filósofo, y el primero en intentar la síntesis del sintoísmo y del budismo
(que el monje chino Kien Chen reforma a partir de 754).
La literatura hace su aparición: El
Kojiki hacia 711, el Nihongi hacia 720 y, sobre todo, el Ramillete de las Diez
Mil Hojas (Manyoshu), antología poética que reúne cerca de cinco mil pequeños
poemas de un refinamiento extremado.
Período de Heian (794-1185)
Para
sustraerse a la influencia excesivamente agobiante del clero budista, la corte
se traslada, en 794, a una nueva capital, Heian.
Esta fue edificada por el emperador
Kwammu, y su nombre -Heian-kyo- significa "la Ciudad de la Paz" (es
la actual Kyoto).
El traslado se realizó a instancias de
los Fujiwara, cuya preeminencia estaba amenazada por el clero de Nara. He aquí
los rasgos principales del período de Heian:
Los emperadores, que hasta entonces
gobernaban más o menos por sí mismos, van a ser apartados del poder efectivo
por los Fujiwara, del modo siguiente: Un joven emperador se casa con una
heredera Fujiwara y abdica en favor del primer hijo que ésta le da.
El miembro más importante de la familia
Fujiwara toma entonces el título de regente (sessho) durante la minoría de edad
del nuevo emperador, y después el título de kampaku (regente permanente,
dictador civil).
Los Fujiwara se transmiten la regencia
en forma hereditaria a partir del siglo X, así como todos los cargos
gubernamentales importantes, y se libran sistemáticamente (casi siempre
enviándolos al exilio) de sus rivales. El más famoso kampaku fue Fujiwara
Michinaga (966-1027), que se mantuvo en el poder durante treinta años, desde
995 hasta 1025.
A finales del siglo XI, los emperadores
recuperan por algún tiempo el poder: atados por el carácter de "dios
viviente" atribuido a su persona (y que les situaba "por encima de
las nubes" o, dicho de otro modo, fuera de los asuntos de Estado),
abdican, se retiran a un monasterio y desde allí dirigen la política de su país
(se les ha dado el nombre de emperadores retirados).
Esta reconquista del poder tuvo una
corta duración: hacia el final del período Heian se constituye una clase feudal
poderosa que amenaza a la corte y a los propios Fujiwara (los monjes-soldados
de los grandes monasterios, las familias Taira y Minamoto en particular).
Más adelante veremos cómo se formó esta
clase feudal. Retengamos por ahora que los Taira toman el poder en 1160, tras
la victoria de Taira Kiyomori (muerto en 1181), y que a su vez son derrocados
por los Minamoto (batalla naval de Dannoura, el 25 de abril de 1185), quienes
organizan el Japón a estilo feudal y militar.
En el plano cultural, el período de
Heian es prolongación de la era de Nara. La ruptura de relaciones con China y
el retroceso del budismo permiten el desarrollo de una cultura nacional,
cerrada en sí misma y enteramente original.
Rasgo característico de la civilización
intelectual y artística de esta época:
Es una civilización cortesana (como la de la Francia de principios del siglo
XVIII), una civilización hedonista, frívola hasta la licencia e incluso hasta
el libertinaje, que exalta los placeres
espirituales tanto como los de la carne.
También
en esta época se funda la secta shingon.
Las mujeres
Desempeñan un papel importante en esta
cultura del placer, no sólo en cuanto materia prima del erotismo, sino también
porque representan la vanguardia de la literatura japonesa (los hombres
prefieren dedicarse a las letras chinas), que florece gracias al invento de un
sistema de escritura simplificado (los kana), atribuido a los bonzos Kibi No
Mabi (693-775) y Kobo Daishi (774-834).
Entre las numerosas y elegantes obras
de este período, hay que citar los dos grandes clásicos de la literatura
japonesa: El Genji Monogatari (la
Novela de Genji), que relata la vida amorosa del príncipe Genji y proporciona
valiosos datos sobre las costumbres de la corte en el siglo X, escrito hacia
1004 por Murasaki Shikibu, dama de honor de la emperatriz Akiko; y el Makura No
Soshi (Notas de la almohada), ensayo de rara delicadeza, escrito en la misma
época por otra mujer, Sei Shonagen.
Período de Kamakura (1185-1333)
Al Japón de las mujeres y de la
galantería sucede el de los militares y los
samurais, cuyo nuevo dueño y señor es Yoritomo Minamoto (1147-1199).
Este no gobierna desde Heian, sino
desde Kamakura, centro de las posesiones familiares de la familia Minamoto,
donde instala una administración conocida con el nombre de Bakufu (el
"gobierno de la Tienda"), que subraya su carácter militar.
Recibe del emperador el título de
cisei-i-tai-shogun; es decir, de generalísimo. A la muerte de Yoritomo y a
causa de la incapacidad de sus dos hijos, se instituye por encima del shogun un
regente, el shikken, que ejerce el poder efectivo.
Los shikken pertenecen hereditariamente
a la familia de los Hojo (la viuda de Yoritomo era una Hojo).
Nos encontramos así, en esta época, con
una duplicidad del poder a todos los niveles. En Heian, el emperador titular es
duplicado por un kampaku, que a su vez es duplicado -en algunas ocasiones- por
un antiguo emperador, retirado en un monasterio.
Pero todos ellos no ejercen más que un
poder formal: La verdadera autoridad reside en Kamakura, ejercida teóricamente
por el shogun, pero en realidad en manos del shikken. Asimismo, la
administración imperial es ilusoria: el verdadero gobierno está en manos del
Bakufu.
La época de Kamakura es una época de
guerras feudales tanto interiores como exteriores. El peligro extranjero está
representado por los mongoles, que se apoderan del mandato celeste en China
(Kubilay, nieto de Gengis Kan, emperador en Pekín, en 1260) y se lanzan al
asalto del archipiélago nipón en dos ocasiones: en 1272 y en 1281.
Los dos ataques fueron rechazados
gracias al arrojo de las guarniciones japonesas de las islas Tsushima e Iki, y
a la habilidad y a la energía del regente Tokimune, pero también gracias a los
elementos naturales, que la primera vez obligaron a los mongoles a reembarcarse
y la segunda, en forma de tifón providencial, hicieron naufragar a la armada
mongola (14 de agosto de 1281).
Los japoneses, salvados por un tifón,
dieron a este meteoro el nombre de "Viento divino" (Kamikaze).
Sin embargo, la guerra precipitó la
caída del régimen militar de los Hojo: al final de cada guerra victoriosa,
distribuían entre sus administradores tierras tomadas al enemigo, pero en esta
ocasión no se había producido ninguna conquista territorial sobre los mongoles
y, por lo tanto, no había tierras que distribuir.
El descontento fue general, tanto más
cuanto que los preparativos defensivos habían empobrecido al país y el clero
reivindicaba la victoria, la cual, según los bonzos, se debía a que sus plegarias
habían producido el Kamikaze.
El régimen quedó desacreditado, y un
emperador, Go Daigo, intentó restablecer la autoridad de Heian y derrocar el
Bakufu (1324-1332).
Sigue una fase de guerras civiles que ponen fin al poder de los
Hojo. En el norte, en Kyoto, la familia de los Ashikaga toma el poder y crea un
nuevo Bakufu, a la vez que se atribuye el shogunado. En el sur (en Yamato),
siguen existiendo la corte imperial y el "poder legítimo".
Este período, llamado "de las
Cortes de, Sur y del Norte" (Namboku-cho), dura desde 1336 hasta 1392, año
en que los sudistas se inclinan ante el shogun Yoshimitsu (1358-1408).
Señalemos, por último. que en el
período de Kamakura nacen las tres grandes sectas budistas: Yodo-Shin-Shu,
Nichiren-Shu y Zen-Shu, y que la literatura pierde su carácter preciosista y
femenino.
El autor más famoso es un ermitaño:
Kamo-No-Chomei, autor de las "Crónicas de una cabaña de diez pies de
lado" (Hojoki, hacia 1212). De la época Namboku-cho data la perfección del
drama lírico japonés, el no.
Período de Muromachi
(1392-1573)
Recuperada la unidad, la autoridad pasa
a manos de los shogun de la familia Ashikaga, que se instala en Kyoto, en el
barrio denominado Muromachi.
Aparece un hecho nuevo en la estructura
política y social del Japón: las relaciones comerciales con el continente y la
utilización de la moneda metálica (plata).
Los gobernadores provinciales (shugo),
que hasta entonces sólo eran funcionarios encargados de mantener el orden en
las provincias, se enriquecen, mantienen tropas personales y se hacen cada vez
más poderosos.
Se han convertido en "grandes
nombres" (daimyo), en señores, y escapan a la autoridad del shogun, al que
se enfrentan en múltiples guerras privadas.
Pero estos gobernadores-señores
(shugo-daimyo) son superados a su vez por sus propios vasallos, grandes
propietarios locales que también pasan a ser daimyo y a los que, para
diferenciarlos de los precedentes, se da el nombre de sengoku-daimyo.
Al
mismo tiempo, se desarrollan las ciudades y, con ellas, la clase de los,
negociantes, agrupados en corporaciones (za).
Se va
concretando una economía de ferias y se multiplican las vías de comunicación. A
fines del siglo XVI, el Japón es un país activo que exporta arroz y productos
manufacturados (armas, biombos,
abanicos, etc.) y que incluso posee un puerto franco, Sakai, puerto de Osaka;
el caos político en que se debate (1573-1603: período sin shogun) no perjudica
en nada su expansión económica.
Las
guerras privadas terminan a finales del siglo XVI, gracias a la eficaz acción
militar del daimyo Oda Nobunaga (1534-1582), apoyado por su aliado Tokugawa
Iyeyasu (1542-1616) y por su lugarteniente, el plebeyo Toyotomi Hideiyoshi
(1536-1598).
Sin
duda, Nobunaga fue el primero en el Japón que triunfó sobre sus adversarios con
ayuda de armas de fuego, los mosquetes de ánima lisa, introducidos por los
portugueses alrededor de 1550.
En una
docena de años, el Japón es pacificado, reorganizado y unificado, gracias,
sobre todo, al genio político y administrativo de Hideiyoshi, nombrado kampaku
en 1584.
Se
fijan las clases sociales: En lo sucesivo, ningún samurai puede establecerse en
la ciudad, los campesinos deben permanecer en sus tierras y entregar todas sus
armas (la "caza de sables"), y los daimyo quedan neutralizados.
Período de Yedo (1603-1868)
Tras la muerte de Hideiyoshi, Tokugawa
Iyeyasu se queda solo en el poder en 1598. Como pertenece a la casa de los
Minamoto, tiene derecho a aspirar al título de shogun, y lo recibe oficialmente
en 1603.
Establece la sede de su gobierno -su
Bakufu- en la ciudad de Yedo (hoy Tokio), y comparte el poder con su hijo Hidetada,
en cuyo provecho abdica. El shogunado queda en propiedad de la familia Tokugawa
hasta 1868 (decimocuarto shogun).
Durante dos siglos y medio, el Japón,
encerrado en sí mismo (apenas entreabre sus puertas a los chinos y a los
comerciantes holandeses de la isla de Dejima), conoce la paz y la prosperidad
dentro del marco de un régimen feudal de nuevo estilo elaborado por Hideiyoshi
e Iyeyasu.
El 15 de octubre de 1867, el
decimoquinto shogun de la familia Tokugawa, Yoshinobu, devolvía su poder al
emperador Meiji, que había de crear el Japón moderno.
Al llegar al siglo XIX, la
Administración japonesa se organizaba alrededor de las figuras del emperador,
el shogun y el bakufu. Esta estructura, instaurada en el siglo XII, dejaba la
soberanía formal en manos del emperador, mientras que el poder efectivo recaía
en el shogun, una especie de dictador militar.
El shogun, cuyo título era hereditario,
presidía el bakufu como jefe supremo del poder ejecutivo. El bakufu era un
órgano colegiado asesorado por un consejo de tres miembros que se encargaban,
respectivamente, de la guerra, las finanzas y la justicia.
Desde la instauración del régimen
shogunal hasta su desaparición en 1867 hubo tres dinastías de shogunes: los
Miramoto, los Ashikaga y los Tokugawa.
Pese a las apariencias, el régimen bajo
el que vivían los japoneses adolecía de un equilibrio precario. Sólo se
sostenía por el poder de la policía y por la severidad de los castigos que
acechaban a quienes no respetaban las leyes y las barreras (la circulación
estaba rigurosamente reglamentada, los caminos importantes -como el famoso
Tokaido- se vigilaban de día y se cerraban con barreras por la noche, y sus
alrededores eran estrechamente controlados).
Los grandes daimyo (feudatarios) -cuya
riqueza se valoraba según la cosecha de arroz que producían sus tierras- y
los samurai veían disminuir su poder
financiero en provecho de los mercaderes, que formaron, poco a poco, una clase
de capitalistas emprendedores, banqueros de los poderes locales y de los
grandes señores y, por ello, más temidos que respetados.
En cuanto a los campesinos, agobiados
por los impuestos y deudas, y expoliados por los bandidos, debían someterse a
los señores, los representantes de éstos, los funcionarios del poder central,
etc., y sus condiciones de vida eran muy precarias.
En el siglo XIX, el campo vivió
numerosos levantamientos provocados fundamentalmente por la miseria y el hambre
(entre 1853 y 1867, se contaron ciento veintiséis sublevaciones).
Dificultades
económicas
Hacia 1830, la población del Japón
llegaba a unos treinta millones de habitantes. El país vivía casi
exclusivamente del cultivo del arroz, ya que casi no existían relaciones con el
mundo exterior.
El oro y la plata, que circulaban
monetariamente desde el siglo XVI, estaban en manos de los burgueses de las
ciudades, y la relación de valor entre estos dos metales era de 1/6 (1 kg de
oro equivalía a 6 kg de plata en el Japón, mientras que en el resto del mundo
equivalía a 15 kg).
Cuando los mercaderes japoneses, que a
la vez eran prestamistas y usureros, reclamaban sus créditos a los daimyo,
éstos se veían obligados a reducir los salarios de sus samurai, quienes a su
vez recuperaban esta pérdida aumentando la extorsión a los campesinos que
vivían en las mismas tierras que ellos.
La
llegada de los extranjeros
Los únicos contactos con el mundo
occidental se realizaban a través de los holandeses, tolerados en las cercanías
de Nagasaki, donde sus buques iban a cargar "japoneserías".
Sin embargo, también había en el
Japón intelectuales que se interesaban
por el mundo occidental, como Arai Hakuseki (1657-1725) un magistrado, que
publicó una obra sobre dicha materia, o los médicos Maeno Ryotaku (1723-1803) y
Sugita Gempoku (1732-1817), que tradujeron del holandés un tratado de anatomía
(1774).
Portugueses
en Japón.
Los primeros extranjeros que se
interesaron de nuevo por el Japón fueron los rusos, que, a finales del siglo
XVIII y principios del XIX, colonizaron Siberia (autorización de comercio
negada al Gobierno ruso por el bakufu en 1792).
En 1808, un navío inglés se apoderó de
un buque holandés en Nagasaki. Pero los primeros que forzaron las puertas del
Japón fueron los estadounidenses. Después de la conquista de California, los estadounidenses
multiplicaron sus contactos con China, y sus buques atravesaron con frecuencia
las aguas japonesas.
Con objeto de proteger a sus balleneros
-con frecuencia molestados por los japooneses-, y para conseguir un puerto de
escala cómodo en la ruta de China, los Estados Unidos enviaron al Japón, en
1853, una escuadra (los "barcos negros") bajo el mando del comodoro
Perry, quien tenía el encargo de obtener de las autoridades japonesas la
apertura de algunos puertos.
La presencia simultánea de los navíos
rusos del almirante Putiatin en Nagasaki, unida a la firmeza de Perry, quien
remontó la bahía de Yedo despreciando las prohibiciones japonesas, obligaron al
Japón a conceder a los Estados Unidos el derecho de comercio en dos puertos
(Shimoda y Hakodate).
Con Inglaterra, Rusia, Francia y
Holanda se firmaron tratados parecidos.
La
presencia de las potencias occidentales en los puertos japoneses tuvo dos
consecuencias:
1- Al aprovecharse de la relación
ventajosa del oro con respecto a la plata, los occidentales absorbieron todas
las reservas de oro del Japón (al que entregan plata a cambio) y provocaron así
una brutal inflación.
Por
otra parte, la demanda de arroz se hacía cada vez más importante, y los precios
subían a gran velocidad (se multiplican por seis desde 1859 a 1865).
2- La subida de los precios y la
inflación acarrearon una crisis inevitable y frecuentes sublevaciones.
El bakufu, por su política de acogida a
los extranjeros fue señalado como responsable de la situación y en 1860 fue
asesinado Li-Naosoke, uno de los consejeros principales del bakufu.
Se empezó a desarrollar entonces un
movimiento que era a la vez nacionalista y contrario al shogunado, y cuya
consigna, a semejanza de lo sucedido en China, era: Sonno joi-i
("Veneremos al emperador y expulsemos a los bárbaros").
Los principales representantes de este
movimiento eran guerreros (daimyo
y samurai) del clan Choshu (feudo del
sur, entre Hiroshima y Shimonoseki).
Su acción fue al principio violenta
(matanza de occidentales en Yedo y en Yokohama), pero más tarde -al comprender
que era imposible oponer una resistencia física a Occidente- los miembros del
partido anti-shogun (en especial, Ito Hirobumi e Inuye Kaoru) decidieron
transigir discretamente con los anglosajones, los cuales, desde entonces,
apoyan la restauración de la autoridad imperial, mientras que Francia
(representada en el Japón por Léon Roches) apoyaba al bakufu.
La revolución tuvo lugar al socaire de
las circunstancias de sucesión, después de la rebelión de los samurai
"patriotas" de Choshu contra el shogun. Incapaces de hacer frente a
la situación y a las presiones extranjeras, en 1867 el último shogun renunció a
sus prerrogativas en favor del joven emperador
Mutsu-Hito.
El emperador quedaba como único
depositario de la autoridad del Estado. El 3 de febrero de 1868, anunció a los
plenipotenciarios extranjeros que él, y sólo él, ejercía desde entonces el
poder supremo. La "revolución" había terminado. La era del progreso
-la era meiji- comenzaba.
El
nuevo emperador adoptó para su dinastía el nombre de Meiji.
Transformaciones
políticas
En marzo de 1868, el joven emperador
-que había trasladado su corte de Kyotoo a Yedo, convertida en Tokio, "la
capital del este"- enunció los principios del nuevo régimen (declaración
de los Cinco Artículos del gobierno imperial) e inició una política basada en
la occidentalización del Japón y en el poder absoluto del emperador Mikado),
garantía de la perpetuidad de la civilización tradicional.
El régimen feudal fue abolido. Los
feudos de los daimyo se convirtieron en prefecturas (ken), administradas por
funcionarios nombrados por el emperador. Sus castillos-fortaleza fueron
desmantelados y, como compensación recibieron indemnizaciones. A la vez, los
samurai perdieron su rango militar, y algunos de ellos organizaron rebeliones
armadas, la principal de ellas en Satsuma (1877), que fueron aplastadas.
Aunque fueron abolidas las distinciones
sociales, y los mercaderes (e incluso, en ciertas circunstancias excepcionales,
los campesinos) pudieron participar en la vida social del país, no por eso la
revolución de 1868 eliminó el régimen oligárquico que caracterizaba al gobierno
japonés.
Como se ha señalado con frecuencia, la
revolución Meiji es una revolución "desde arriba". La base social del
Estado no sufrió modificaciones, sólo quedó ampliada.
Por tanto, la revolución política
consistió en un cambio de despotismo. El absolutismo del régimen shogunal fue
sustituido por el absolutismo "clarividente" del emperador.
Este gobernaba con ayuda de un reducido
número de consejeros, los genro, la mayoría de los cuales eran antiguos señores
feudales, de los feudos de Choshu y Satsuma.
Las
primeras medidas de reorganización fueron las siguientes:
- Revocación de los edictos contra los
cristianos.
Secularización de los bienes del clero (budista).
- Proclamación de la igualdad de todos
los ciudadanos ante la ley.
- Instauración de la instrucción
pública obligatoria (1872).
El emperador y los genro, tras haber
prohibido toda reunión pública (ley de 1880) promulgaron -en nombre de la
autoridad imperial- la Constitución de 1889 inspirada en la prusiana:
- El mikado dirige el ejecutivo,
promulga las leyes y elige a los ministros.
- El Parlamento comprende una Cámara
Alta y una Cámara de Diputados elegida por sufragio censatario restringido.
Vota las leyes y el presupuesto, pero no existe ninguna clase de
parlamentarismo (los ministros sólo son responsables ante el emperador).
En estas condiciones, es muy difícil
hablar de una vida política en el Japón. Las formaciones políticas no
correspondían a las aspiraciones profundas de la opinión pública, y sólo eran
agrupaciones más o menos a sueldo de los políticos locales, de los ministros o
de grupos de intereses privados (los zaibatsu), como el Partido Liberal, que
dependía de la familia Mitsui, y el Partido Progresista del conde Okuma, ligado
a los Mitsubishi.
Al principio de la era meiji, el Japón
posía por toda riqueza su mano de obra y una gran cantidad de materias primas.
Pero carecía de capitales, de bienes de
equipo y de técnicos. Los fondos se obtenían en principio por medio de
impuestos y por la confiscación de los bienes feudales (en particular de los
Tokugawa), y a través de empréstitos, tanto interiores como exteriores (se
contrataron empréstitos en Londres en 1870 y 1873).
Además, la institución de una nueva
moneda, el yen, permitió al Estado realizar una serie de manipulaciones
económicas interiores que no dejaron de provocar cierta inflación. Los bienes
de equipo y los técnicos (ingenieros, especialistas, juristas, etc.) vinieron
de Occidente.
Los "tratados desiguales"
anteriores a la era meiji subsistieron hasta finales de siglo (no serán
abolidos hasta 1894 y 1899), y conferían al comercio japonés un carácter
semicolonial (en las cifras de exportación, las primeras materias superaban a
los productos manufacturados).
La principal fuente de ingresos era la
exportación de seda cruda. Sin embargo, esta dependencia con respecto a
Occidente fue desapareciendo de manera progresiva.
El
nuevo régimen económico era, por tanto, un capitalismo ampliamente favorecido
por el gobierno central, que creó las bases de la economía (vías férreas,
fábricas, etc.) y las cedió después a empresas privadas, con excepción de las
industrias relacionadas con la defensa nacional.
A finales del siglo XIX, se organizaron
en el Japón cárteles (zaibatsu) al estilo alemán; los principales eran Mitsui,
Sumitomo y Mitsubishi.
La potencia de estos cárteles aumentará
con ocasión de la guerra china (1894) y a causa de las grandes necesidades del
gobierno nipón en este período. El crecimiento de la economía japonesa fue
considerable.
Se inició la construcción de dos flotas
poderosas (de guerra y mercante), las vías férreas se multiplican y la
industria hullera y metalúrgica aumentó sus niveles de producción: 20 veces más
de carbón entre 1875 y 1905, y 6 veces más de hierro de fundición entre 1896 y
1906.
Añadamos, para terminar, que entre 1880
y 1899 el gobierno japonés perfeccionó el sistema legislativo con la
promulgación de una serie de códigos (Código Civil, Código Penal, Código
Procesal, Código de Comercio) basados en principio, en los códigos franceses y
más tarde -desde 1893- en el Código Civil alemán, que acaba de ser publicado.
La influencia alemana ya no dejó de
extenderse en el Japón a partir de esta época.
La política exterior del Japón se
caracteriza por los esfuerzos de expansión en Asia continental. Dos guerras
caracterizan este período: la guerra
chino-japonesa (1894) y la guerra
ruso-japonesa (1904-1905).
Los dos países rivalizaban a propósito
de Corea, península rica en bosques, en arroz y en minas. Además, la península
coreana representaba para el Japón una base de expansión hacia el continente.
La guerra estalla en agosto de 1894 y
sus acciones son rápidas. La flota china es destruida, y un ejército japonés
ocupa la península de Lao-tong, mientras otros desembarcos tienen lugar en el
Shan-tong, en la isla de Formosa y en las islas Pescadores.
Ante estas rápidas victorias del Japón,
China acepta la paz de Shimonoseki
(abril de 1895), que supone la independencia de Corea, la anexión de Formosa
por el Japón, así como de las islas Pescadores y del Lao-tong (donde está
situada la ciudad de Port Arthur), y el pago de una gravosa indemnización de
guerra, que iba a servir para subvencionar la industria privada japonesa y para
dar un nuevo impulso a la expansión económica.
Estas pretensiones inquietaron a las
potencias occidentales (Rusia, Alemania y Francia), que intervinieron para
reducirlas: el Japón debía limitar sus anexiones a Formosa y a las islas
Pescadores; a cambio, las grandes potencias renunciaban a ciertos privilegios
de extraterritorialidad.
La derrota de China atrajo la atención
de las grandes potencias hacia aquel país: Alemania, Francia y, principalmente,
Rusia se establecieron entonces en territorio chino. Se creó un banco
ruso-chino, y Rusia obtuvo el derecho de paso a través de Manchuria para acabar
el Transiberiano, cuyo término era Vladivostok.
En marzo de 1898, después de una
anexión alemana en Shan-tong, el zar se hace ceder la parte marítima de
Lao-tong (que el Japón no había podido obtener en 1895), con Port Arthur.
China había sido reducida a la
impotencia, y Rusia pasó a ser la potencia rival del Japón en Extremo Oriente,
con sus pretensiones sobre Corea.
Este conflicto de intereses pudo
haberse solucionado pacíficamente, como deseaba el ministro ruso Witte (Corea
para el Japón y Manchuria para Rusia), pero el zar Nicolás II hizo caso omiso
de los prudentes consejos de Witte.
La situación se agravó a partir del
momento en que Gran Bretaña concluyó con el Japón una alianza análoga a la
Entente Cordiale.
La
intransigencia de los rusos (que exigían el control de la Manchuria del sur y
la neutralización de una zona en Corea, al norte del paralelo 39) la conciencia
que tenía el gobierno nipón de su potencia militar y naval, y el extremado
sentimiento nacionalista de la opinión pública japonesa llevaron al gobierno
Katsura a una ruptura de las conversaciones con el gobierno zarista (6 de
febrero de 1904) y a un desembarco en Corea.
Seúl fue ocupada en la tarde del 8 de
febrero. En la noche del 8 al 9, los torpederos japoneses destruyeron -con una
audacia y una eficacia que asombran al mundo- la flota rusa anclada en la rada
de Port Arthur (sólo después del éxito
de estos golpes de fuerza, los japoneses declaran oficialmente la guerra a
Rusia el 10 de febrero).
He aquí las principales fases de esta
guerra, en la que se hicieron famosos el mariscal Oyama y el almirante Togo:
1- En el mar, el almirante
Togo bloquea Port Arthur (febrero-abril de 1904) y con ello permite que los
ejércitos japoneses desembarquen en Corea.
El intento de salida de la flota rusa
en el mes de agosto, cuando los navíos anclados en Vladivostok quedan libres de
su prisión de hielo, termina en un desastre sin precedentes en la historia de
Rusia. La escuadra rusa de Extremo Oriente es hundida casi en su totalidad.
2- En tierra, los rusos
(general Kuropatkin) son derrotados en la
batalla de Lao-yang (31 de agosto de 1904) y más tarde en Mukden (20 de
febrero- 11 de marzo de 1905), después de la caída de Port Arthur (2 de enero
de 1905), con la que quedan disponibles las tropas japonesas que asediaban la
ciudad.
En Mukden se enfrentaron unos 750.000
hombres. Las pérdidas fueron muy grandes: 100.000 hombres del lado ruso y
40.000 del japonés. El ejército ruso quedaba definitivamente derrotado.
3- Al zar le quedaba una sola
carta por jugar: la flota rusa agrupada en el Báltico (unos cuarenta buques).
Esta flota, al mando del almirante
Rozhdestvensky, zarpó de Cronstadt en octubre de 1904 y, después de un largo
periplo (Paso de Calais, El Cabo, Singapur), en cuyo curso se produjo incluso
un cañoneo contra algunas embarcaciones inglesas en el mar del Norte,
Rozhdestvensky llega (mayo de 1905) al mar del Japón, donde le aguarda el
almirante Togo, cerca de las islas Tsushima, aproximadamente a medio camino
entre Japón y Corea.
En veinticuatro horas (27-28 de mayo de
1905), la flota rusa es aniquilada (sólo dos buques lograron escapar al
desastre). En julio, los japoneses desembarcaban en la isla de Sajalín.
El Japón, victorioso, quedó casi tan
debilitado como su enemigo vencido, y, por esta razón, el mikado solicitó al
presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, que interviniera de
mediador y ofreciera la paz a Rusia.
El Tratado de Portsmouth (New
Hampshire), firmado el 5 de septiembre de 1905, puso fin a las hostilidades: el
Japón se hacía cargo nuevamente del arriendo de Port Arthur y del Lao-tong, que
pertenecía a los rusos, y éstos evacuaban Manchuria y abandonaban la parte
meridional de Sajalín.
Además, a consecuencia de este tratado
cesó la oposición de Rusia al protectorado japonés sobre Corea.
Las
consecuencias de esta guerra fueron numerosas:
En Rusia, la derrota tuvo por efecto
despertar el movimiento revolucionario.
En Europa, los estados mayores de las
grandes potencias extrajeron consecuencias técnicas de esta guerra, que suele
considerarse la primera de las grandes guerras modernas:
- La duración de las
batallas.
- La extensión de los
frentes.
- El papel capital que en los
encuentros había desempeñado la artillería.
- La aparición de la guerra
de posiciones (asedio de Port Arthur: trincheras, alambradas, etc.).
Todo ello fue como un signo precursor
de lo que iba a ser la guerra de 1914-1918.
Es útil señalar que, a fin de cuentas,
la guerra ruso-japonesa tuvo resultados beneficiosos en lo que respecta a la
prosecución de las relaciones entre ambos países.
Por los acuerdos de 1907 (reanudados y
ampliados en 1910), los rusos y los japoneses proyectaban repartirse Manchuria.
Además, en 1910, el Japón se anexionaba
Corea, hecho que hizo nacer poco a poco, en los Estados Unidos y en Europa, el
temor del "peligro amarillo".
Los
progresos de la economía en este período pueden calificarse de fulminantes;
pero el hecho más notable es la magnitud de las inversiones japonesas (en
especial por parte de los grandes zaibatsu) en China y en el resto de Asia, de
la que el Japón esperaba convertirse en dueño y señor (el Gran Japón, Dai
Nippon).
Este expansionismo se realizó,
evidentemente, a expensas de las potencias coloniales de Europa y América, que
retrocedieron ante las pretensiones japonesas.
También es preciso señalar que la Rusia
de los zares dejó de contar como gran potencia en Extremo Oriente después de la
derrota de 1905, y que, tras la revolución bolchevique, dejó de beneficiarse
del apoyo de las potencias europeas, que vieron en el Japón un buen aliado
contra el sovietismo.
Los partidos políticos japoneses -que
seguían siendo simples facciones- manifiestaron su oposición no ante el
principio de la expansión, sino ante los medios con que ésta se realizaba. Los
partidos burgueses, entregados a los cárteles, preconizaban una política de
expansión progresiva.
Los
partidos militaristas, por el contrario, eran partidarios de una expansión
brusca, por medio de las armas. Contaban con el apoyo de sociedades secretas,
como la Sociedad del Kokuryukai (sociedad a la que los autores occidentales dan
a veces el nombre de "Sociedad del Dragón Negro").
A la muerte del emperador Meiji (1912),
el general Nogi, vencedor de Port Arthur, se suicidó con su mujer, siguiendo la
tradición samurai (junshi), que exigía que, cuando moría un soberano o un
señor, sus vasallos y sus hombres de guerra se dieran muerte por harakiri en
señal de lealtad.
El hijo de Meiji, el emperador
Yoshi-Hito, eligió como nombre de su reinado Taisho ("Gran
Rectitud"). Físicamente débil, Yoshi-Hito no tardó en despertar
inquietudes en cuanto a su salud mental, y en 1921 su hijo Hiro-Hito asumió la regencia.
Hiro-Hito
se convirtió en emperador a la muerte de su padre, el 25 de diciembre de 1926.
Tras una breve tentativa de gobierno parlamentario, los militares, a través de
una serie de golpes de estado y de asesinatos, terminan por tomar el poder en
1936.
El Estado Mayor del Ejército se
convirtió entonces en el director de la política del Japón belicista que iba a
llevar a este Estado a aliarse con la Alemania nazi y a participar a su lado en
la Segunda Guerra Mundial.
Las
grandes líneas de la evolución política
Después del general Katsura, primer
ministro en 1912, ocupó la jefatura del gobierno del Japón el almirante
Yamamoto, el cual, en 1914, y a consecuencia de un escándalo financiero, tuvo
que ceder el puesto a Okuma, quien llevó al Japón a la guerra al lado de los
aliados, bajo la influencia del Partido del Ejército (yamagata).
El papel del Japón durante la guerra de
1914 a 1918 fue puramente local: apuntaba a la consolidación de los intereses
en los territorios chino y manchú.
A partir de 1921, la situación
económica y social empeoró. Los impuestos aumentaron, el poder adquisitivo de
los campesinos y de los obreros disminuyó, el paro forzoso y las dificultades
(huelgas) se multiplicaron, y Japón sentía la amenaza del exceso de población.
Al mismo tiempo, en plenos "años
locos" (a los que el Japón, o al menos su clase dirigente, se lanza con
frenesí), se propagó la agitación revolucionaria (sobre todo entre los
estudiantes y los intelectuales).
El 1 de septiembre de 1923, con ocasión
del terrible seísmo que asoló Yokohama y la mitad de la ciudad de Tokio (no
existen estadísticas, pero el número de muertos se calcula en más de 100.000),
se propagó el rumor de una conspiración comunista y anarquista, e incluso estalló
una pequeña guerra civil larvada.
En 1925, cuando se estableció el
sufragio universal, los partidos de extrema izquierda fueron declarados fuera
de la ley.
Entre los acontecimientos políticos que
conmovieron a Japón entre las dos guerras mundiales, destacan los siguientes:
- El papel del liberal
Shidehara en el Ministerio de Asuntos Extranjeros (de 1924 a 1927, y después de
1929 a 1931).
- El plan de expansión
militar en Extremo Oriente, llamado Plan Tanaka (1927).
- El atentado contra el primer
ministro Hamaguchi en 1930.
- El asesinato del primer
ministro Inukai por los ultranacionalistas.
- La tentativa de golpe de
Estado militar, en 1936, que terminó con la muerte de varios ministros.
En
1932, el ejército japonés penetró en China del norte, y las autoridades
militares niponas fundaron el Estado del Manchukuo, a cuya cabeza pusieron a un
hombre de paja, el último emperador de China, P'u-yi.
1933,
fue ocupado Jehol, y Japón se retiró de la Sociedad de Naciones. Los progresos
en China del norte fueron entonces irresistibles: ocupación de Chahar y de la
región Pekín-Tien-tsin (1935).
En 1936, el gobierno nipón firmó con la
Alemania nazi y la Italia mussoliniana el
Pacto Antikomintern, dirigido claramente contra la URSS, y en 1937, la
guerra contra China se generalizó y se oficializó: para el Japón, ya era el
comienzo de la Segunda Guerra Mundial (toma de Shanghai y de Nankín).
Al mismo tiempo, el Japón vio alzarse
contra él a la opinión pública mundial. Condenado en la Sociedad de Naciones
por violación del Tratado de las Nueve Potencias (firmado en Washington) en
1921 y por violación del Pacto Kellogg (1928), fue convocado a Bruselas para que
las potencias signatarias del Tratado de Washington examinaran juntamente la
situación; pero no se presentó, y la conferencia constituyó un fracaso.
El ejército japonés se atascó en China,
donde, pese a sus victorias, no consiguió una solución definitiva.
Al
igual que Alemania en Europa, Japón invadió con sus ejércitos numerosas zonas
del continente asiático, que convirtió en el escenario de la guerra contra los
aliados, despertando, por otra parte, sentimientos nacionalistas de rechazo
entre los pueblos invadidos.
Evolución
de la situación internacional
Japón estaba aliado con Alemania y con
Italia por dos series de acuerdos: el Pacto Antikomintern de 1936 y los
acuerdos tripartitos firmados en septiembre de 1940.
La China de Chang Kai-chek, aliada
provisionalmente con las fuerzas comunistas, recibió ayuda militar aliada por
la ruta de Birmania, pero esta asistencia fue todavía limitada. Las relaciones
con la URSS fueron más complejas.
El Japón era ferozmente antisoviético,
tanto más cuanto que la URSS apoyaba -de un modo precario- al ejército chino,
lo que produjo enfrentamientos militares importantes entre las tropas japonesas
y soviéticas en las fronteras de Manchuria.
Por otra parte, la Rusia soviética, que
-a pesar del pacto germano-soviético dee agosto de 1939- temía una agresión
nazi, quería evitarse problemas en Extremo Oriente y firmó con el Japón un
acuerdo de no agresión.
Este pacto de neutralidad (firmado casi
en el mismo momento en que Hideki Tojo, ministro de la Guerra -después primer
ministro, en octubre de 1941-, patrocinaa la ocupación del Tonkín y de la
Indochina francesa- dejó aislada a China, tanto más cuanto que los británicos
habían cerrado la ruta de Birmania.
Esta situación cambió por completo con
el ataque a Pearl Harbor en 1941,
ataque que sumió al Japón en la Segunda Guerra Mundial y que había de provocar,
tras la derrota, la democratización de este país.
Para derrotar a Japón, los aliados
lanzaron dos bombas atómicas, la primera sobre la ciudad de Hiroshima y la
segunda sobre bomba atómica Nagasaki.
El salto a la modernidad política y
social
La
capitulación japonesa tuvo lugar el 2 de septiembre de 1945, y fue firmada en
el puente del acorazado Missouri y recibida por el comandante supremo de las
Fuerzas Aliadas en el Pacífico, general MacArthur (Supreme Comand of Allied
Powers, o SCAP).
Este "procónsul"
estadounidense gobernó prácticamente Japón hasta el mes de abril de 1951, en
que fue llamado a Estados Unidos por el presidente Truman. Al parecer, es a él
a quien se debe, en gran parte, la reconstrucción política del Japón moderno.
Una de las consecuencias de la victoria
norteamericana sobre Japón fue la imposición del sistema democrático-liberal,
basado, en parte, en el propio modelo de los Estados Unidos. En la imagen, el
edificio que alberga la Dieta o Parlamento japonés, en Tokyo.
El SCAP impuso a Japón una nueva
Constitución, de carácter democrático, que fue adoptada en 1947 y que
garantizaba los derechos del hombre y reservaba un papel puramente simbólico al
soberano.
La depuración de responsabilidades
políticas aplicada por los Estados Unidos en Japón, a causa de la guerra,
implicó a unos doscientos mil ciudadanos, políticos y militares, pero dejó al
margen al emperador Hiro-Hito, que siguió en el trono de Japón como monarca
constitucional.
El
Parlamento quedaba formado por dos Cámaras de Representantes (unos 460
miembros, elegidos por sufragio universal cada cuatro años) y la Cámara de los
Consejeros (unos 250 miembros).
En el plano interior, fueron disueltos
los zaibatsu, se suprimieron el Ministerio del Interior y la policía secreta y
fueron libertados los presos políticos.
Animado de un idealismo un poco
abstracto, el SCAP intentó -y en parte lo logró- instalar en el Japón un
régimen político semejante al de Estados Unidos. La transformación se extendió
incluso al plano de la enseñanza, hasta entonces bajo el control del Estado.
La consigna de MacArthur:
"democracia y descentralización", introdujo en el Japón un sistema
educativo análogo al de Estados Unidos (enseñanza mixta, universidades
autónomas, etc.).
Por último, la antigua idea de la
divinidad del emperador fue desechada: el emperador-dios se había convertido en
un pequeño cuarentón tímido, llamado
Hiro-Hito.
Al mismo tiempo, la nación se
reestructuró bajo la dirección del gobierno liberal de Shidehara. Un tribunal
internacional, que funciona como el de Nuremberg, se reunió para juzgar a los
criminales de guerra.
Siete antiguos dirigentes, entre ellos
Hideki Tojo e Hirota, fueronn condenados a muerte; el príncipe Konoye se había
envenenado antes del proceso. Una depuración eliminó de la vida nacional a
todos aquellos que participaron en la política de agresión (unas doscientas mil
personas se vieron afectadas por esta medida).
Tras la primera limpieza, el SCAP, de
acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos, proyectó "lanzar" de
nuevo al Japón, a la vez que mantenía la ocupación de su territorio.
El político que dominó la escena en ese
momento fue el primer ministro Shigeru Yoshida, quien, tras suceder a Shidehara
en 1946, dominó la vida electoral japonesa hasta noviembre de 1954.
La guerra de Corea dio a Japón -a
juicio de los estadounidenses- un valor preponderante. No sólo era una sólida
base para el ejército estadounidese que combatía en Corea del Sur, sino una
fuente de productos manufacturados destinados a las fuerzas de las Naciones
Unidas.
Después
de la guerra, la industria pesada japonesa fue sometida a una intensa y costosa
reconversión, pues en los últimos diez años había sido orientada exclusivamente
para la producción bélica.
Fue negociado por el consejero especial
del presidente Truman, Foster Dulles. Las negociaciones no se interrumpieron
por la destitución de MacArthur -destitución cuya brusquedad sorprendió a la
opinión pública japonesa-, y el tratado fue firmado el 8 de septiembre de 1951
en San Francisco.
Este tratado provocó una serie de
desavenencias entre los Estados Unidos y sus aliados, en particular Gran
Bretaña. Esta temía la expansión económica del Japón y habría deseado que el
gobierno de la China popular, reconocido por el Reino Unido como legítimo,
participara en las negociaciones.
Por otra parte, las naciones que habían
sido invadidas o amenazadas por el Japón (por ejemplo, Australia, Nueva
Zelanda, Filipinas) exigieron un pacto de seguridad (Pacto ANZUS, y pacto de
seguridad mutua Estados Unidos-Filipinas). Por último, la Unión Soviética atacó
violentamente el tratado de paz e incluso se negó a firmarlo.
Con este tratado, Japón renunciaba a
sus pretensiones sobre Corea, las islas Pescadores, Formosa, las Kuriles y el
sur de Sajalín, y aceptaba un control estadounidense sobre las islas Ryu-Kyu y
las islas Bonin. El tratado de paz estaba respaldado por un pacto de seguridad
Japón-Estados Unidos, y entró en vigor el 28 de abril de 1952. Japón volvía a
ser una nación independiente.
De la destrucción al Japón
moderno
Una
vez que Japón volvió a recobrar plenamente su calidad de país independiente, no
tardaron en producirse los primeros enfrentamientos entre componentes de la
izquierda (sobre todo pertenecientes al medio estudiantil) y fuerzas del orden,
los primeros de los cuales revistieron un carácter claramente
antinorteamericano, centrado en la cuestión de las bases militares
estadounidenses en territorio japonés.
Rápidamente, las fuerzas conservadoras
se reunieron en una coalición de partidos, el Jiyu Minshuto (formado por
liberales y demócratas), que contó de inmediato con el apoyo de la mayor parte
de los campesinos, los industriales y los comerciantes, quienes cerraron filas
ante la posibilidad de una orientación socialista del Estado.
Mientras tanto, el país se vio inmerso
en el clima de la Guerra fría e incluso abocado a incidentes con los soviéticos
(derribo de un avión U2 estadounidense sobre territorio de la URSS). En mayo de
1960 se apruebó la eliminación política de los diputados socialistas y la
intervención del Ejército; el gobierno, no obstante, se vio obligado a reprimir
el persistente movimiento antiestadounidense, en especial con ocasión de la visita
a Tokio del presidente Eisenhower.
Toda esta situación llevó a una
división de Japón entre los partidos de una perspectiva asiática (apoyada por
socialistas, comunistas y algunos nacionalistas de extrema derecha) y los que
preconizaban un alineamiento con Estados Unidos (propiciado por los
conservadores, en el poder).
Los conflictos políticos surgieron en
el Japón democrático por cuestiones sociales y nacionalistas. El dirigente
socialista Inejiro Asanumamen, en el momento de ser apuñalado por un estudiante ultraderechista, en Tokyo (1960).
En 1969, el Jiyu Minshuto perdió una
buena parte de su supremacía política, especialmente disputada por el Komeito,
partido de profundas raíces religiosas
budistas; no obstante, no perdió por completo los resortes del poder y
fortaleció la posición del país como principal avanzada del capitalismo mundial
en Asia.
A partir de 1971, el gobierno de Sato
inició un acercamiento a China y la URSS, debido sobre todo a la crisis del
petróleo y a los cambios de la política económica del coloso occidental. Igual
política siguió su sucesor Tanaka (1972-1974). Japón, por otra parte, tomó
partido por los palestinos en el conflicto árabe-israelí.
En 1976 llegó al poder una coalición de
independientes encabezada por Fukuda, que en líneas generales siguió la misma
política en lo exterior, y que colaboró en ciertos aspectos con la izquierda
parlamentaria. A medida que se concluían tratados territoriales importantes
(Ryukiu, acuerdos comerciales con China tras el tratado de paz chino-japonés de
agosto de 1978, etc.), Japón se consolidaba como uno de los países
económicamente más poderosos del mundo. Este desarrollo económico, junto con
una marcada estabilidad política, predominaron en el Japón de los años ochenta.
En 1987 el país se colocó claramente en
el tercer lugar de las potencias económicas mundiales: primer productor de
coches (desde 1980) y de acero, así como líder en la producción de electrónica de consumo. Por otra parte, el
acusado bienestar económico japonés se basaba en sus excedentes de la balanza
de pagos, que era de 35.000 millones de dólares con Estados Unidos (en 1985) y
de 12.000 millones con la CEE.
Estos logros no impedían que el país
viviera profundas tensiones internas debido sobre todo al aumento de las
desigualdades sociales y a la exigencia cada vez mayor de productividad que
implicaba, entre otras cosas, la jornada laboral más larga del mundo.
Al igual que en las naciones
industrializadas occidentales, en Japón, la enorme expansión industrial ha
contribuido a modificar el hábitat y ha creado graves problemas de
concentración demográfica y de
deterioro del medio ambiente, lo que dio lugar a la aparición de activos
núcleos ecologistas a principios de los años setenta.
A pesar de los drásticos cambios de
todo orden operados en el Japón de la posguerra, la familia se ha mantenido
como una institución que asume las remotas
tradiciones de una sociedad profundamente conservadora respecto a sus
principios básicos.
Las costumbres tradicionales y la religión
siguen siendo factores muy importantes en la vida nipona, a pesar del enorme
proceso de modernización.
Aspecto de una ceremonia religiosa en el
templo de Kasuga.
Por
otra parte, los gobiernos se han visto implicados en diversos escándalos. Así,
el gobierno de Yashiro Nakasone, primer ministro desde noviembre de 1982,
asistió a la corrupción de su colaborador Kakuei Tanaka por parte de la empresa
Lockheed.
Naboru
Takeshita, su sustituto desde 1987, se vio implicado en un escándalo bursátil
que forzó la dimisión de varios miembros de su gabinete. Por último, su
sucesor, Sasuhe Uno, (1989) apareció vinculado a un escándalo de índole sexual.
En
enero de 1989 murió el emperador Hiro-Hito y accedió al trono su hijo Aki-hito.
Durante
toda la década de los 80, la prosperidad económica de Japón corrió paralela con
un proceso de rearme, favorecido por la administración Reagan. Así, en 1984 el
gobierno instaló en la isla de Iwo-Jima, 1.000 km al sur de Tokio, una
destacada base militar.
De momento, el papel de Japón en el
continente asiático apunta exclusivamente al suministro de ayudas (Filipinas,
Tailandia, Indonesia, etc.) y a aunar a su alrededor la cooperación cultural y
científica de la zona; no obstante, también aparece cada vez más clara la
posibilidad de que el país se convierta en la principal potencia de todo el
ámbito del Pacífico. Esto presupone, además, la posibilidad de que Japón se
convierta asimismo en el principal valedor militar de los intereses de los
países occidentales en la zona, especialmente de Estados Unidos, lo cual
enturbia las relaciones con la URSS, país con el que incluso se mantiene el
contencioso sobre las islas Kuriles.
Desde 1988, por último, Japón asiste a
las exigencias muy fuertes de un sector neoliberal que propugna una reforma de
la Constitución que permita al país la fabricación de armamento y su venta al
exterior.
Las elecciones de 1990 supusieron el
afianzamiento de la mayoría absoluta liberal-demócrata, liderada por Toshiki
Kaifu, a pesar de un fuerte avance socialista, que volvería a subir en las
siguientes elecciones generales, alterando el panorama político.
Sin embargo, el sistema de partidos
establecido desde la guerra se perpetúa, con ligeras variaciones de matiz, al
amparo de unos dictados económicos procedentes de los intereses de los grandes
conglomerados industriales y financieros, los nuevos "shogunes" del
Japón.