LOS AINOS

 

 

         Un pueblo indogermánico oriundo de Siberia y a punto de desaparecer ha creado muchos problemas a los etnólogos: se trata de los ainos.

 

         La procedencia de este pueblo, es un gran enigma que permanece aún sin resolverse.

 

 

Los pobladores del Japón

 

 

         Resulta increíble que se haya conservado entre los pueblos mongoles del Asia oriental un grupo disperso de la raza caucásica que esté emparentado con los europeos en cuanto a complexión, a la forma del cráneo y al color de la piel.

 

         Parece que esta antiquísima raza caucasiana pobló en tiempos muy remotos todo el mundo insular japonés, antes que polinesios y mongoles se establecieran en el Japón; este país está lleno de lugares cuyos nombres provienen del lenguaje de los ainos: Saporo la capital de Hokkaido, Tarato en Siberia. Incluso la montaña más bella del mundo, el Fujiyama, debe su nombre a este pueblo.

 

         Su religión era un verdadero culto a la naturaleza. Los peñascos, peces, árboles, el Sol y sobre todo el fuego eran adorados como cosas sagradas.

 

         El hechizo y la magia dominaban el mundo de los ainos y el curandero mago, el shamane, unía a los hombres con las fuerzas de la naturaleza. Practicaban un particular culto al oso: "Si el oso se desprende de su piel, se parece al hombre, por lo tanto es un ser humano cubierto de pieles".

 

 

LA CIVILIZACION JAPONESA

 

 

         Acerca de los orígenes del Japón no tenemos otra fuente que las leyendas shinto compiladas en el siglo VIII d. de J.C. en dos textos (escritos en chino): el Kojiki y el Nihongi.

 

         La implantación del imperio nipón en el Yamato (en el sur) se atribuye a un descendiente de la diosa solar Amaterasu, Jimmu Tenno, en 660 a. de J.C.

 

         En realidad, la fundación efectiva de un estado nipón, conquistado por un clan meridional establecido en el Yamato, se remonta -y en ello concuerdan todos los historiadores- a los comienzos de la era cristiana.

 

         Antes de esa conquista, que señala la entrada del Japón en la protohistoria más que en la historia, las islas japonesas estaban habitadas por complejas poblaciones, la más antigua de las cuales eran quizá los  ainos,que todavía encontramos en la isla de Hokkaido y cuyo carácter no mongoloide   es muy patente.

 

         Parece ser que sucesivas oleadas de inmigrantes se superpusieron a este pueblo autóctono: Razas altaicas  llegadas de Siberia, malayo-polinesios procedentes del sur, pueblos de origen coreano, etc.

 

         De este Japón prehistórico, carente de edad paleolítica, sólo poseemos escasos vestigios, testimonios de la vida y de la civilización de los   ainos: Los kaizuka, depósitos de conchas y de restos de alimentos, y la alfarería, del tipo denominado jomon (decoración en relieve) y la más tardía del tipo yayoi (realizada a torno).

 

         A principios de la era cristiana aparece la civilización del bronce (los detaku: objetos de bronce en forma de campana, espejos adornados).

 

 

EL ANTIGUO JAPON

 

 

         La dinastía imperial japonesa, aunque no siempre se haya transmitido de padres a hijos, es la más antigua del mundo.

 

         Desde los tiempos de Jummu, proclamado emperador en el 660 a. de J.C, ha perdurado hasta nuestros días.

 

 

Primeros emperadores

 

 

         Jummu fue efectivamente designado emperador en el año 660 a. de J.C. en Kashiwabara, población situada en el centro de la isla de Hondo.

 

         Ni él ni sus descendientes más inmediatos gobernaron sobre la totalidad del actual Japón, sino que fueron extendiendo progresivamente sus territorios a lo largo de siglos.

 

         El nombre calificativo de nippon fue escogido por el pueblo para este país hace aproximadamente unos 2000 años.

 

         Uno de los personajes más característicos del Japón primitivo fue la emperatriz Jingo, viuda del emperador Chuai y madre del futuro emperador Ojin, que sería divinizado con el nombre de Hachiman, es decir, "dios de la guerra".

 

         Jingo vivió entre los años 201 y 269 d. de J.C. y descendía de una familia coreana de sangre real. Fue el único soberano del Japón que salió de las islas durante su reinado.

 

         El motivo fue la invasión de Corea, que durante siglos permanecería vinculada a la historia del "país del sol naciente".

 

 

Japón tradicional: Economía y sociedad

 

 

         En el período de Nara, los monasterios budistas constituyen el motor de la vida económica japonesa.

 

         Los monjes budistas explotaron las primeras minas de los metales necesarios para la fabricación de los objetos del culto (ejemplo, el Daibutsu), y por iniciativa del clero se construyeron numerosas y costosas edificaciones (templos, monasterios, hospicios, etc.).

 

         Hasta el siglo XVI, no existe, propiamente hablando, dinero en metálico. Todo se paga en arroz, sobre todo los impuestos que abruman a los campesinos. Los nobles, por su parte, roturan tierras francas donde obtienen sustanciales desgravaciones fiscales.

 

         En la época de Kamakura, los mercaderes profesionales, surgidos de las relaciones comerciales con China, están organizados en corporaciones.

 

         Se desarrolla la vida urbana, se extiende el uso de la moneda y se multiplican las ferias y mercados.

 

Y se organiza el fisco: Nobunaga establece catastros e Hideiyoshi racionaliza el sistema de pesos y medidas.

 

 

Los samurai

 

 

         El feudalismo se constituye en el siglo XII, en torno a los grandes señores que escapan al control del gobierno central en sus dominios exonerados de impuestos (los shoen).

 

         Estos nobles toman bajo su protección a los campesinos de sus tierras (les protegen no sólo de los bandidos y de los "bárbaros", sino también de los inspectores fiscales) y se rodean de gentes de armas, los samurai.

 

         Estos constituyen pronto una categoría de hombres semejante a la de los caballeros europeos de la Edad Media, con sus tradiciones y un cierto sentido del honor guerrero que, por otra parte, las leyendas han exagerado.

 

          No es ocioso señalar que, al igual que los caballeros medievales, los samurai no siempre fueron modelos de honor y de bravura: entre ellos había, inevitablemente, arribistas y verdaderos jefes de bandas.

 

         Las incesantes luchas que empeñan entre ellos los señores feudales del siglo XII terminan, como hemos visto, con el triunfo de la familia Fujiwara, que impone al país su dictadura militar.

 

 

Los extranjeros

 

 

         En 1543, un junco a la deriva, cargado de portugueses, arriba a la isla cuyo nombre actual es Tanegashima. En 1549, el jesuita español  Francisco Javier llega a Kagoshima en una expedición portuguesa, con la intención de cristianizar el Japón.

 

         Al principio, la religión cristiana fue acogida favorablemente e incluso protegida por Nobunaga, que por aquel entonces estaba en lucha contra el clero budista (1571-1573) y que veía en el cristianismo un arma eficaz contra éste.

 

         Así pues, durante cosa de medio siglo, el cristianismo pudo implantarse en el Japón, donde ganó para su causa a numerosos señores feudales.

 

         Después de los portugueses, que poco a poco van desacreditándose a los ojos del gobierno japonés, llegan los holandeses y los ingleses (Will Adams, que pilota un buque holandés).

 

         Inquieto por la unidad de los cristianos y por la amenaza que podía entrañar para su poder, Hideiyoshi publica en 1587 un edicto en el que prohíbe el cristianismo.

 

         Este edicto no tuvo aplicación al principio, puesto que, junto con los comerciantes extranjeros, penetraban en el Japón numerosos misioneros, a los que se toleraba (se calcula en más de 500.000 el número de cristianos que existían en el Japón a principios del siglo XVII).

 

          A partir de 1613,  Iyeyasu restablece los edictos de proscripción de Hideiyoshi y, después del descubrimiento de una conspiración encaminada a derrocar a los Tokugawa, organizada por japoneses cristianos, el gobierno nipón adopta medidas cada vez más severas para defenderse contra esta agresión pacífica, pero eficaz, de Occidente.

 

         En 1623, los británicos cierran sus establecimientos. En 1637, se produce en la península de Shimabara una rebelión, apoyada por los portugueses, que termina con el triunfo del Bakufu y la matanza de 30.000 rebeldes (los holandeses, en este caso, se habían puesto del lado del poder central y, a petición del Bakufu, una flota holandesa llegó incluso a bombardear a los sitiados).

 

         Poco después de este episodio, el Japón se cierra definitivamente para el mundo occidental. Sólo son tolerados unos pocos holandeses, encerrados en la pequeña isla de Dejima, y, cuando en 1640 arriba un navío portugués que procedía de Macao y transportaba parlamentarios, el shogun en ejercicio hace detener y decapitar a los recién llegados, excepto a trece de ellos que son enviados de vuelta a Macao con un mensaje que dice sustancialmente lo siguiente:

 

         Decid a Occidente que haga como si nosotros ya no existiéramos.

 

         De este modo, hasta el advenimiento del emperador Meiji, la política llamada de sikoku ("cierre del Estado") contribuirá a preservar el régimen feudal y mantendrá al Japón en un statu quo político, económico y social.

 

 

Japón bajo los Tokugawa  

 

 

Organización política

         El emperador, acantonado en su corte, donde reina una etiqueta rigurosa, no gobierna.

 

         El poder central, cuyo jefe es el shogun, es ejercido por intermedio del Bakufu, que comprende en particular un grupo de funcionarios de gobierno: El tairo (Gran Anciano), cuatro o cinco "ministros" (roju) y cuatro secretarios de Estado (wakadoshiyori).

 

         Unos administradores (bug yo) están encargados de los asuntos religiosos (jisha), de las finanzas (kanjo) y de los asuntos municipales de la capital

(machi).

 

         Las provincias son gobernadas por señores locales (daimyo) divididos en tres categorías jerárquicas, de arriba a abajo: los shimpan daimyo (de la familia de los Tokugawa), los fudai daimyo (que eran vasallos de Iyeyasu antes de la batalla de Sekigahara, en 1600, que estableció definitivamente el poder en aquél) y los tozama daimyo (señores sometidos a Iyeyasu después de 1600).

 

         Los señores, soberanos en sus provincias, eran vigilados por una red de funcionarios especializados (los "Grandes Vigilantes"). Las grandes ciudades, como Kyoto u Osaka, tenían una administración particular, igual que el dominio propio del shogun (que correspondía aproximadamente a la cuarta parte de las tierras del Japón).

 

         Una organización muy compleja imponía a los daimyo visitas regulares al shogun de Yedo y contribuciones que recibían el nombre de "embarazosos favores"; es decir, las cargas fiscales.

 

         Sus movimientos estaban controlados: Tanto ellos como sus familias eran espiados constantemente, para sofocar por anticipado cualquier veleidad de insurrección.

 

         Los daimyo más vigilados eran los adheridos a última hora, los tozama daimyo, tanto más sospechosos cuanto que eran ricos y poderosos. Con el apoyo de los tozama daimyo, el emperador Meiji derrocará al shogun en 1868.

 

         Las clases sociales, en número de tres, están rigurosamente jerarquizadas.

Aquellos que no pertenecen a ninguna clase son los etu (parias).

 

         - Clase de los nobles de espada:

 

                   1-daimyo (vasallos directos del shogun).

                   2-hatamoto y gokenin (vasallos directos del shogun).

                   3-baishin: vasallos de los precedentes

                   4-ronin: bushi que no tiene soberano, "hombres sin amo".

 

 

         - Clase de los campesinos:

 

         Están agrupados en comunidades rurales llamados mura, dotadas de un alcalde y de "vigilantes" encargados de velar por los intereses de los campesinos de la comunidad.

 

 

         - Clase de los burgueses:

 

                   ko (artesanos)

                   sho (mercaderes).

 

 

         La historia del período de Yedo a lo largo de doscientos setenta años es considerablemente monótona. Los catorce shogun que se sucedieron no tuvieron otra preocupación que la de mantener el orden establecido, cosa que se realizaba sin dificultades.

 

         Los raros levantamientos de campesinos sólo fueron episodios esporádicos. Los únicos hechos notables son los relativos a las relaciones con los extranjeros.

 

 

Expansión e introducción del budismo    

 

 

         En el siglo IV d. de J.C. es, sin duda, cuando la expansión nipona hacia Corea se hace más agresiva. Bajo el reinado de la emperatriz Jingo Kogo, se establece una colonia al sur de la península coreana (los pequeños estados del Shiragi, en el sudeste, y del Kudara, en el sudoeste).

 

         Las consecuencias de estos contactos con el continente (sobre todo en el Kudara) fueron la introducción de la escritura con el Japón, en 405, por el letrado Achiki y el escriba Wani (a decir verdad, el japonés, lengua polisilábica, se habría adaptado mejor a una escritura fonética o alfabética.

 

         La escritura ideográfica destinada a transcribir la lengua monosilábica de los chinos pareció al principio, en el Japón, una complicación lingüística, y no se extendió hasta el siglo VIII, cuando fue utilizada para propagar la fe budista).

 

         También provienen del Kudara las influencias religiosas: el rey de Kudara envía, en 552, estatuas y libros budistas al emperador Kimmei Tenno, y en 554, dos bonzos coreanos. Tonei y Doshin, inician la predicación del budismo. 

 

 

         En esta época (siglo VI d. de J.C.), el "emperador" aún no es más que un jefe de clan, escasamente más poderoso que los otros jefes que le rodean en la corte de Yamato.

 

         Estos jefes, dirigentes de una aristocracia militar y terrateniente, conservan intacta su autoridad sobre los propios territorios y detentan funciones más o menos importantes, según el poder de su clan, en el seno de la asociación de clanes que constituye el naciente estado japonés.

 

         La introducción del budismo, que rivaliza con la religión popular ("nacional"), el shinto, tiene por efecto enfrentar entre ellos a los clanes en una serie de guerras civiles en las que el antagonismo religioso sirve de pretexto a las querellas políticas.

 

         El budismo, defendido por el clan de los Soga, dirigido por Soga No Iname, triunfa gracias al apoyo de la familia imperial: La emperatriz Siko, que reina de 593 a 629, y sobre todo el príncipe heredero -de hecho, soberano del Japón- Shotoku Taishi.

 

         Este último (muerto en 622) implantó el budismo en el país y fundó la primera organización política del Japón (Constitución de los Diecisiete Artículos): Un Estado centralizado, dirigido por un rey absoluto y por una jerarquía de funcionarios escogidos a la manera china, es decir, en función de su competencia y no de su nacimiento.

 

         Fue también en esta época cuando se estableció el minucioso protocolo que regulará las relaciones de la jerarquía y cuando se construyeron los siete grandes templos, al mismo tiempo que penetraba en el Japón la ciencia china y coreana.

 

         La familia Nahatomi -cuyo nombre fue cambiado en Fujiwara por el emperador Tenchi- era la gran rival de los Soga. Su jefe -Nahatomi No Kamatari- toma el poder tras un golpe de estado en 645, y promulga, al año siguiente, el Edicto de la Gran Transformación (Taika), que instaura en el Japón un sistema de gobierno calcado de la organización china de los T'ang.

 

         Esta reforma era ambiciosa: Se trataba de suprimir los poderes de la nobleza clásica, de dividir el país en provincias dirigidas por un gobernador imperial, de instituir un censo, un catastro, un reparto de los impuestos, un código civil y penal (el Taiho, en 702), de organizar el poder central, etc.

 

         En realidad, la estructura política china no pudo adaptarse al Japón, donde, a fin de cuentas, las grandes familias conservaron el control del poder.

 

         Sin embargo, el programa de Fujiwara Kamatari sentó la idea de la preeminencia del emperador sobre toda la nobleza, la cual, teóricamente, poseía a través de él su poder y sus bienes: Veremos cómo los Fujiwara -en el poder durante cinco siglos- supieron mantener este estado de cosas.

 

 

Los grandes períodos históricos

 

 

         Es norma tradicional distinguir los diferentes momentos de la historia japonesa por el nombre de la ciudad en la que se instaló la capital en cada período  (Nara, Heian, etc.).

 

         Es notable que los cambios políticos del Japón (ocupación del poder por una familia o por un grupo religioso preponderante, shogunado, etc.) no hayan perturbado jamás la dinastía solar: nadie ha tenido jamás la idea de derrocar al emperador, con la única excepción, tal vez, de un monje llamado Dokyo, favorito de la emperatriz Koken, hacia 769.

 

 

Período de Nara (710-794)   

 

 

         En 710, la corte imperial se establece por primera vez en una capital permanente, edificada según el modelo de Ch'ang-ngan, la brillante capital china de las dinastías Suei y T'ang.

 

         Durante todo este período, el poder está en manos de la familia Fujiwara, que favorece el desarrollo del budismo.

 

         El crecimiento de los monasterios fue, por otra parte, uno de los grandes motores económicos del siglo VIII japonés, y lo que subsiste de los templos de la era de Nara constituye todavía una prueba de su pujanza (la gigantesca estatua del Buda de Nara, Daibutsu, fue consagrada en 752: Su ejecución había requerido quince años de esfuerzos colectivos y centenares de toneladas de cobre y de oro).

 

         La época de Nara es un verdadero siglo de oro cultural. La filosofía religiosa se ilustra con el monje Gyogi (670-749), verdadero Leonardo da Vinci japonés, a la vez economista, arquitecto y filósofo, y el primero en intentar la síntesis del sintoísmo y del budismo (que el monje chino Kien Chen reforma a partir de 754).

 

         La literatura hace su aparición: El Kojiki hacia 711, el Nihongi hacia 720 y, sobre todo, el Ramillete de las Diez Mil Hojas (Manyoshu), antología poética que reúne cerca de cinco mil pequeños poemas de un refinamiento extremado.

 

 

Período de Heian (794-1185)   

 

 

         Para sustraerse a la influencia excesivamente agobiante del clero budista, la corte se traslada, en 794, a una nueva capital, Heian.

 

         Esta fue edificada por el emperador Kwammu, y su nombre -Heian-kyo- significa "la Ciudad de la Paz" (es la actual Kyoto).

 

         El traslado se realizó a instancias de los Fujiwara, cuya preeminencia estaba amenazada por el clero de Nara. He aquí los rasgos principales del período de Heian:

 

         Los emperadores, que hasta entonces gobernaban más o menos por sí mismos, van a ser apartados del poder efectivo por los Fujiwara, del modo siguiente: Un joven emperador se casa con una heredera Fujiwara y abdica en favor del primer hijo que ésta le da.

 

         El miembro más importante de la familia Fujiwara toma entonces el título de regente (sessho) durante la minoría de edad del nuevo emperador, y después el título de kampaku (regente permanente, dictador civil).

 

         Los Fujiwara se transmiten la regencia en forma hereditaria a partir del siglo X, así como todos los cargos gubernamentales importantes, y se libran sistemáticamente (casi siempre enviándolos al exilio) de sus rivales. El más famoso kampaku fue Fujiwara Michinaga (966-1027), que se mantuvo en el poder durante treinta años, desde 995 hasta 1025.

 

         A finales del siglo XI, los emperadores recuperan por algún tiempo el poder: atados por el carácter de "dios viviente" atribuido a su persona (y que les situaba "por encima de las nubes" o, dicho de otro modo, fuera de los asuntos de Estado), abdican, se retiran a un monasterio y desde allí dirigen la política de su país (se les ha dado el nombre de emperadores retirados).

 

         Esta reconquista del poder tuvo una corta duración: hacia el final del período Heian se constituye una clase feudal poderosa que amenaza a la corte y a los propios Fujiwara (los monjes-soldados de los grandes monasterios, las familias Taira y Minamoto en particular).

 

         Más adelante veremos cómo se formó esta clase feudal. Retengamos por ahora que los Taira toman el poder en 1160, tras la victoria de Taira Kiyomori (muerto en 1181), y que a su vez son derrocados por los Minamoto (batalla naval de Dannoura, el 25 de abril de 1185), quienes organizan el Japón a estilo feudal y militar.

 

         En el plano cultural, el período de Heian es prolongación de la era de Nara. La ruptura de relaciones con China y el retroceso del budismo permiten el desarrollo de una cultura nacional, cerrada en sí misma y enteramente original.

 

         Rasgo característico de la civilización intelectual y artística  de esta época: Es una civilización cortesana (como la de la Francia de principios del siglo XVIII), una civilización hedonista, frívola hasta la licencia e incluso hasta el libertinaje,  que exalta los placeres espirituales tanto como los de la carne.

 

También en esta época se funda la secta shingon.

 

  Las mujeres

         Desempeñan un papel importante en esta cultura del placer, no sólo en cuanto materia prima del erotismo, sino también porque representan la vanguardia de la literatura japonesa (los hombres prefieren dedicarse a las letras chinas), que florece gracias al invento de un sistema de escritura simplificado (los kana), atribuido a los bonzos Kibi No Mabi (693-775) y Kobo Daishi (774-834).

 

         Entre las numerosas y elegantes obras de este período, hay que citar los dos grandes clásicos de la literatura japonesa: El   Genji Monogatari (la Novela de Genji), que relata la vida amorosa del príncipe Genji y proporciona valiosos datos sobre las costumbres de la corte en el siglo X, escrito hacia 1004 por Murasaki Shikibu, dama de honor de la emperatriz Akiko; y el Makura No Soshi (Notas de la almohada), ensayo de rara delicadeza, escrito en la misma época por otra mujer, Sei Shonagen.

 

 

Período de Kamakura (1185-1333)  

 

 

         Al Japón de las mujeres y de la galantería sucede el de los militares y los  samurais, cuyo nuevo dueño y señor es Yoritomo Minamoto (1147-1199).

 

         Este no gobierna desde Heian, sino desde Kamakura, centro de las posesiones familiares de la familia Minamoto, donde instala una administración conocida con el nombre de Bakufu (el "gobierno de la Tienda"), que subraya su carácter militar.

 

         Recibe del emperador el título de cisei-i-tai-shogun; es decir, de generalísimo. A la muerte de Yoritomo y a causa de la incapacidad de sus dos hijos, se instituye por encima del shogun un regente, el shikken, que ejerce el poder efectivo.

 

         Los shikken pertenecen hereditariamente a la familia de los Hojo (la viuda de Yoritomo era una Hojo).

 

         Nos encontramos así, en esta época, con una duplicidad del poder a todos los niveles. En Heian, el emperador titular es duplicado por un kampaku, que a su vez es duplicado -en algunas ocasiones- por un antiguo emperador, retirado en un monasterio.

 

         Pero todos ellos no ejercen más que un poder formal: La verdadera autoridad reside en Kamakura, ejercida teóricamente por el shogun, pero en realidad en manos del shikken. Asimismo, la administración imperial es ilusoria: el verdadero gobierno está en manos del Bakufu.

 

         La época de Kamakura es una época de guerras feudales tanto interiores como exteriores. El peligro extranjero está representado por los mongoles, que se apoderan del mandato celeste en China (Kubilay, nieto de Gengis Kan, emperador en Pekín, en 1260) y se lanzan al asalto del archipiélago nipón en dos ocasiones: en 1272 y en 1281.

 

         Los dos ataques fueron rechazados gracias al arrojo de las guarniciones japonesas de las islas Tsushima e Iki, y a la habilidad y a la energía del regente Tokimune, pero también gracias a los elementos naturales, que la primera vez obligaron a los mongoles a reembarcarse y la segunda, en forma de tifón providencial, hicieron naufragar a la armada mongola (14 de agosto de 1281).

 

         Los japoneses, salvados por un tifón, dieron a este meteoro el nombre de "Viento divino" (Kamikaze).

 

         Sin embargo, la guerra precipitó la caída del régimen militar de los Hojo: al final de cada guerra victoriosa, distribuían entre sus administradores tierras tomadas al enemigo, pero en esta ocasión no se había producido ninguna conquista territorial sobre los mongoles y, por lo tanto, no había tierras que distribuir.

 

         El descontento fue general, tanto más cuanto que los preparativos defensivos habían empobrecido al país y el clero reivindicaba la victoria, la cual, según los bonzos, se debía a que sus plegarias habían producido el Kamikaze.

 

         El régimen quedó desacreditado, y un emperador, Go Daigo, intentó restablecer la autoridad de Heian y derrocar el Bakufu (1324-1332).

 

          Sigue una fase de guerras civiles que ponen fin al poder de los Hojo. En el norte, en Kyoto, la familia de los Ashikaga toma el poder y crea un nuevo Bakufu, a la vez que se atribuye el shogunado. En el sur (en Yamato), siguen existiendo la corte imperial y el "poder legítimo".

 

         Este período, llamado "de las Cortes de, Sur y del Norte" (Namboku-cho), dura desde 1336 hasta 1392, año en que los sudistas se inclinan ante el shogun Yoshimitsu (1358-1408).

 

         Señalemos, por último. que en el período de Kamakura nacen las tres grandes sectas budistas: Yodo-Shin-Shu, Nichiren-Shu y Zen-Shu, y que la literatura pierde su carácter preciosista y femenino.

 

         El autor más famoso es un ermitaño: Kamo-No-Chomei, autor de las "Crónicas de una cabaña de diez pies de lado" (Hojoki, hacia 1212). De la época Namboku-cho data la perfección del drama lírico japonés, el no.

 

 

Período de Muromachi (1392-1573)   

 

 

         Recuperada la unidad, la autoridad pasa a manos de los shogun de la familia Ashikaga, que se instala en Kyoto, en el barrio denominado Muromachi.

 

         Aparece un hecho nuevo en la estructura política y social del Japón: las relaciones comerciales con el continente y la utilización de la moneda metálica (plata).

 

         Los gobernadores provinciales (shugo), que hasta entonces sólo eran funcionarios encargados de mantener el orden en las provincias, se enriquecen, mantienen tropas personales y se hacen cada vez más poderosos.

 

         Se han convertido en "grandes nombres" (daimyo), en señores, y escapan a la autoridad del shogun, al que se enfrentan en múltiples guerras privadas.

 

         Pero estos gobernadores-señores (shugo-daimyo) son superados a su vez por sus propios vasallos, grandes propietarios locales que también pasan a ser daimyo y a los que, para diferenciarlos de los precedentes, se da el nombre de sengoku-daimyo.

 

Al mismo tiempo, se desarrollan las ciudades y, con ellas, la clase de los, negociantes, agrupados en corporaciones (za).

 

Se va concretando una economía de ferias y se multiplican las vías de comunicación. A fines del siglo XVI, el Japón es un país activo que exporta arroz y productos manufacturados (armas,  biombos, abanicos, etc.) y que incluso posee un puerto franco, Sakai, puerto de Osaka; el caos político en que se debate (1573-1603: período sin shogun) no perjudica en nada su expansión económica.

 

Las guerras privadas terminan a finales del siglo XVI, gracias a la eficaz acción militar del daimyo Oda Nobunaga (1534-1582), apoyado por su aliado Tokugawa Iyeyasu (1542-1616) y por su lugarteniente, el plebeyo Toyotomi Hideiyoshi (1536-1598).

 

Sin duda, Nobunaga fue el primero en el Japón que triunfó sobre sus adversarios con ayuda de armas de fuego, los mosquetes de ánima lisa, introducidos por los portugueses alrededor de 1550.

 

En una docena de años, el Japón es pacificado, reorganizado y unificado, gracias, sobre todo, al genio político y administrativo de Hideiyoshi, nombrado kampaku en 1584.

 

Se fijan las clases sociales: En lo sucesivo, ningún samurai puede establecerse en la ciudad, los campesinos deben permanecer en sus tierras y entregar todas sus armas (la "caza de sables"), y los daimyo quedan neutralizados.

 

 

Período de Yedo (1603-1868)   

 

 

         Tras la muerte de Hideiyoshi, Tokugawa Iyeyasu se queda solo en el poder en 1598. Como pertenece a la casa de los Minamoto, tiene derecho a aspirar al título de shogun, y lo recibe oficialmente en 1603.

 

         Establece la sede de su gobierno -su Bakufu- en la ciudad de Yedo (hoy Tokio), y comparte el poder con su hijo Hidetada, en cuyo provecho abdica. El shogunado queda en propiedad de la familia Tokugawa hasta 1868 (decimocuarto shogun).

 

         Durante dos siglos y medio, el Japón, encerrado en sí mismo (apenas entreabre sus puertas a los chinos y a los comerciantes holandeses de la isla de Dejima), conoce la paz y la prosperidad dentro del marco de un régimen feudal de nuevo estilo elaborado por Hideiyoshi e Iyeyasu.

 

         El 15 de octubre de 1867, el decimoquinto shogun de la familia Tokugawa, Yoshinobu, devolvía su poder al emperador Meiji, que había de crear el Japón moderno.

 

 

Dificultades del régimen shogunal      

 

 

         Al llegar al siglo XIX, la Administración japonesa se organizaba alrededor de las figuras del emperador, el shogun y el bakufu. Esta estructura, instaurada en el siglo XII, dejaba la soberanía formal en manos del emperador, mientras que el poder efectivo recaía en el shogun, una especie de dictador militar.

 

         El shogun, cuyo título era hereditario, presidía el bakufu como jefe supremo del poder ejecutivo. El bakufu era un órgano colegiado asesorado por un consejo de tres miembros que se encargaban, respectivamente, de la guerra, las finanzas y la justicia.

 

         Desde la instauración del régimen shogunal hasta su desaparición en 1867 hubo tres dinastías de shogunes: los Miramoto, los Ashikaga y los Tokugawa.

 

         Pese a las apariencias, el régimen bajo el que vivían los japoneses adolecía de un equilibrio precario. Sólo se sostenía por el poder de la policía y por la severidad de los castigos que acechaban a quienes no respetaban las leyes y las barreras (la circulación estaba rigurosamente reglamentada, los caminos importantes -como el famoso Tokaido- se vigilaban de día y se cerraban con barreras por la noche, y sus alrededores eran estrechamente controlados).

 

 

         Los grandes daimyo (feudatarios) -cuya riqueza se valoraba según la cosecha de arroz que producían sus tierras- y los  samurai veían disminuir su poder financiero en provecho de los mercaderes, que formaron, poco a poco, una clase de capitalistas emprendedores, banqueros de los poderes locales y de los grandes señores y, por ello, más temidos que respetados.

 

         En cuanto a los campesinos, agobiados por los impuestos y deudas, y expoliados por los bandidos, debían someterse a los señores, los representantes de éstos, los funcionarios del poder central, etc., y sus condiciones de vida eran muy precarias.

 

         En el siglo XIX, el campo vivió numerosos levantamientos provocados fundamentalmente por la miseria y el hambre (entre 1853 y 1867, se contaron ciento veintiséis sublevaciones).

 

Dificultades económicas

         Hacia 1830, la población del Japón llegaba a unos treinta millones de habitantes. El país vivía casi exclusivamente del cultivo del arroz, ya que casi no existían relaciones con el mundo exterior.

 

         El oro y la plata, que circulaban monetariamente desde el siglo XVI, estaban en manos de los burgueses de las ciudades, y la relación de valor entre estos dos metales era de 1/6 (1 kg de oro equivalía a 6 kg de plata en el Japón, mientras que en el resto del mundo equivalía a 15 kg).

 

         Cuando los mercaderes japoneses, que a la vez eran prestamistas y usureros, reclamaban sus créditos a los daimyo, éstos se veían obligados a reducir los salarios de sus samurai, quienes a su vez recuperaban esta pérdida aumentando la extorsión a los campesinos que vivían en las mismas tierras que ellos.

 

 

La llegada de los extranjeros

         Los únicos contactos con el mundo occidental se realizaban a través de los holandeses, tolerados en las cercanías de Nagasaki, donde sus buques iban a cargar "japoneserías".

 

         Sin embargo, también había en el Japón  intelectuales que se interesaban por el mundo occidental, como Arai Hakuseki (1657-1725) un magistrado, que publicó una obra sobre dicha materia, o los médicos Maeno Ryotaku (1723-1803) y Sugita Gempoku (1732-1817), que tradujeron del holandés un tratado de anatomía (1774).

 

 

 Portugueses en Japón.

 

 

         Los primeros extranjeros que se interesaron de nuevo por el Japón fueron los rusos, que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, colonizaron Siberia (autorización de comercio negada al Gobierno ruso por el bakufu en 1792).

 

         En 1808, un navío inglés se apoderó de un buque holandés en Nagasaki. Pero los primeros que forzaron las puertas del Japón fueron los estadounidenses. Después de la conquista de  California, los estadounidenses multiplicaron sus contactos con China, y sus buques atravesaron con frecuencia las aguas japonesas.

 

         Con objeto de proteger a sus balleneros -con frecuencia molestados por los japooneses-, y para conseguir un puerto de escala cómodo en la ruta de China, los Estados Unidos enviaron al Japón, en 1853, una escuadra (los "barcos negros") bajo el mando del comodoro Perry, quien tenía el encargo de obtener de las autoridades japonesas la apertura de algunos puertos.

 

         La presencia simultánea de los navíos rusos del almirante Putiatin en Nagasaki, unida a la firmeza de Perry, quien remontó la bahía de Yedo despreciando las prohibiciones japonesas, obligaron al Japón a conceder a los Estados Unidos el derecho de comercio en dos puertos (Shimoda y Hakodate).

 

         Con Inglaterra, Rusia, Francia y Holanda se firmaron tratados parecidos.

 

 

La rebelión de los samurai

 

 

La presencia de las potencias occidentales en los puertos japoneses tuvo dos consecuencias:

 

         1- Al aprovecharse de la relación ventajosa del oro con respecto a la plata, los occidentales absorbieron todas las reservas de oro del Japón (al que entregan plata a cambio) y provocaron así una brutal inflación.

 

Por otra parte, la demanda de arroz se hacía cada vez más importante, y los precios subían a gran velocidad (se multiplican por seis desde 1859 a 1865).

 

         2- La subida de los precios y la inflación acarrearon una crisis inevitable y frecuentes sublevaciones.

 

         El bakufu, por su política de acogida a los extranjeros fue señalado como responsable de la situación y en 1860 fue asesinado Li-Naosoke, uno de los consejeros principales del bakufu.

 

         Se empezó a desarrollar entonces un movimiento que era a la vez nacionalista y contrario al shogunado, y cuya consigna, a semejanza de lo sucedido en China, era: Sonno joi-i ("Veneremos al emperador y expulsemos a los bárbaros").

 

         Los principales representantes de este movimiento eran  guerreros (daimyo y  samurai) del clan Choshu (feudo del sur, entre Hiroshima y Shimonoseki).

 

         Su acción fue al principio violenta (matanza de occidentales en Yedo y en Yokohama), pero más tarde -al comprender que era imposible oponer una resistencia física a Occidente- los miembros del partido anti-shogun (en especial, Ito Hirobumi e Inuye Kaoru) decidieron transigir discretamente con los anglosajones, los cuales, desde entonces, apoyan la restauración de la autoridad imperial, mientras que Francia (representada en el Japón por Léon Roches) apoyaba al bakufu.

 

         La revolución tuvo lugar al socaire de las circunstancias de sucesión, después de la rebelión de los samurai "patriotas" de Choshu contra el shogun. Incapaces de hacer frente a la situación y a las presiones extranjeras, en 1867 el último shogun renunció a sus prerrogativas en favor del joven emperador  Mutsu-Hito.

 

         El emperador quedaba como único depositario de la autoridad del Estado. El 3 de febrero de 1868, anunció a los plenipotenciarios extranjeros que él, y sólo él, ejercía desde entonces el poder supremo. La "revolución" había terminado. La era del progreso -la era meiji- comenzaba.

 

 

 

Transformaciones políticas y económicas

 

 

El nuevo emperador adoptó para su dinastía el nombre de Meiji.

 

Transformaciones políticas

         En marzo de 1868, el joven emperador -que había trasladado su corte de Kyotoo a Yedo, convertida en Tokio, "la capital del este"- enunció los principios del nuevo régimen (declaración de los Cinco Artículos del gobierno imperial) e inició una política basada en la occidentalización del Japón y en el poder absoluto del emperador Mikado), garantía de la perpetuidad de la civilización tradicional.

 

         El régimen feudal fue abolido. Los feudos de los daimyo se convirtieron en prefecturas (ken), administradas por funcionarios nombrados por el emperador. Sus castillos-fortaleza fueron desmantelados y, como compensación recibieron indemnizaciones. A la vez, los samurai perdieron su rango militar, y algunos de ellos organizaron rebeliones armadas, la principal de ellas en Satsuma (1877), que fueron aplastadas.

 

         Aunque fueron abolidas las distinciones sociales, y los mercaderes (e incluso, en ciertas circunstancias excepcionales, los campesinos) pudieron participar en la vida social del país, no por eso la revolución de 1868 eliminó el régimen oligárquico que caracterizaba al gobierno japonés.

 

         Como se ha señalado con frecuencia, la revolución Meiji es una revolución "desde arriba". La base social del Estado no sufrió modificaciones, sólo quedó ampliada.

 

         Por tanto, la revolución política consistió en un cambio de despotismo. El absolutismo del régimen shogunal fue sustituido por el absolutismo "clarividente" del emperador.

 

         Este gobernaba con ayuda de un reducido número de consejeros, los genro, la mayoría de los cuales eran antiguos señores feudales, de los feudos de Choshu y Satsuma.

 

Las primeras medidas de reorganización fueron las siguientes:

 

         - Revocación de los edictos contra los cristianos.

          Secularización de los bienes del clero (budista).

         - Proclamación de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

         - Instauración de la instrucción pública obligatoria (1872).

 

         El emperador y los genro, tras haber prohibido toda reunión pública (ley de 1880) promulgaron -en nombre de la autoridad imperial- la Constitución de 1889 inspirada en la prusiana:

 

         - El mikado dirige el ejecutivo, promulga las leyes y elige a los ministros.

         - El Parlamento comprende una Cámara Alta y una Cámara de Diputados elegida por sufragio censatario restringido. Vota las leyes y el presupuesto, pero no existe ninguna clase de parlamentarismo (los ministros sólo son responsables ante el emperador).

 

         En estas condiciones, es muy difícil hablar de una vida política en el Japón. Las formaciones políticas no correspondían a las aspiraciones profundas de la opinión pública, y sólo eran agrupaciones más o menos a sueldo de los políticos locales, de los ministros o de grupos de intereses privados (los zaibatsu), como el Partido Liberal, que dependía de la familia Mitsui, y el Partido Progresista del conde Okuma, ligado a los Mitsubishi.

 

 

Transformaciones económicas 

 

 

         Al principio de la era meiji, el Japón posía por toda riqueza su mano de obra y una gran cantidad de materias primas.

 

         Pero carecía de capitales, de bienes de equipo y de técnicos. Los fondos se obtenían en principio por medio de impuestos y por la confiscación de los bienes feudales (en particular de los Tokugawa), y a través de empréstitos, tanto interiores como exteriores (se contrataron empréstitos en Londres en 1870 y 1873).

 

         Además, la institución de una nueva moneda, el yen, permitió al Estado realizar una serie de manipulaciones económicas interiores que no dejaron de provocar cierta inflación. Los bienes de equipo y los técnicos (ingenieros, especialistas, juristas, etc.) vinieron de Occidente.

 

         Los "tratados desiguales" anteriores a la era meiji subsistieron hasta finales de siglo (no serán abolidos hasta 1894 y 1899), y conferían al comercio japonés un carácter semicolonial (en las cifras de exportación, las primeras materias superaban a los productos manufacturados).

 

         La principal fuente de ingresos era la exportación de seda cruda. Sin embargo, esta dependencia con respecto a Occidente fue desapareciendo de manera progresiva.

 

         El nuevo régimen económico era, por tanto, un capitalismo ampliamente favorecido por el gobierno central, que creó las bases de la economía (vías férreas, fábricas, etc.) y las cedió después a empresas privadas, con excepción de las industrias relacionadas con la defensa nacional.

 

         A finales del siglo XIX, se organizaron en el Japón cárteles (zaibatsu) al estilo alemán; los principales eran Mitsui, Sumitomo y Mitsubishi.

 

         La potencia de estos cárteles aumentará con ocasión de la guerra china (1894) y a causa de las grandes necesidades del gobierno nipón en este período. El crecimiento de la economía japonesa fue considerable.

 

         Se inició la construcción de dos flotas poderosas (de guerra y mercante), las vías férreas se multiplican y la industria hullera y metalúrgica aumentó sus niveles de producción: 20 veces más de carbón entre 1875 y 1905, y 6 veces más de hierro de fundición entre 1896 y 1906.

 

         Añadamos, para terminar, que entre 1880 y 1899 el gobierno japonés perfeccionó el sistema legislativo con la promulgación de una serie de códigos (Código Civil, Código Penal, Código Procesal, Código de Comercio) basados en principio, en los códigos franceses y más tarde -desde 1893- en el Código Civil alemán, que acaba de ser publicado.

 

         La influencia alemana ya no dejó de extenderse en el Japón a partir de esta época.

 

 

Guerras contra China y Rusia

 

 

         La política exterior del Japón se caracteriza por los esfuerzos de expansión en Asia continental. Dos guerras caracterizan este período: la  guerra chino-japonesa (1894) y la  guerra ruso-japonesa (1904-1905).

 

La primera víctima: China 

         Los dos países rivalizaban a propósito de Corea, península rica en bosques, en arroz y en minas. Además, la península coreana representaba para el Japón una base de expansión hacia el continente.

 

         La guerra estalla en agosto de 1894 y sus acciones son rápidas. La flota china es destruida, y un ejército japonés ocupa la península de Lao-tong, mientras otros desembarcos tienen lugar en el Shan-tong, en la isla de Formosa y en las islas Pescadores.

 

         Ante estas rápidas victorias del Japón, China acepta la  paz de Shimonoseki (abril de 1895), que supone la independencia de Corea, la anexión de Formosa por el Japón, así como de las islas Pescadores y del Lao-tong (donde está situada la ciudad de Port Arthur), y el pago de una gravosa indemnización de guerra, que iba a servir para subvencionar la industria privada japonesa y para dar un nuevo impulso a la expansión económica.

 

         Estas pretensiones inquietaron a las potencias occidentales (Rusia, Alemania y Francia), que intervinieron para reducirlas: el Japón debía limitar sus anexiones a Formosa y a las islas Pescadores; a cambio, las grandes potencias renunciaban a ciertos privilegios de extraterritorialidad.

 

         La derrota de China atrajo la atención de las grandes potencias hacia aquel país: Alemania, Francia y, principalmente, Rusia se establecieron entonces en territorio chino. Se creó un banco ruso-chino, y Rusia obtuvo el derecho de paso a través de Manchuria para acabar el Transiberiano, cuyo término era Vladivostok.

 

         En marzo de 1898, después de una anexión alemana en Shan-tong, el zar se hace ceder la parte marítima de Lao-tong (que el Japón no había podido obtener en 1895), con Port Arthur.

 

La guerra ruso-japonesa 

         China había sido reducida a la impotencia, y Rusia pasó a ser la potencia rival del Japón en Extremo Oriente, con sus pretensiones sobre Corea.

 

         Este conflicto de intereses pudo haberse solucionado pacíficamente, como deseaba el ministro ruso Witte (Corea para el Japón y Manchuria para Rusia), pero el zar Nicolás II hizo caso omiso de los prudentes consejos de Witte.

 

         La situación se agravó a partir del momento en que Gran Bretaña concluyó con el Japón una alianza análoga a la Entente Cordiale.

 

         La intransigencia de los rusos (que exigían el control de la Manchuria del sur y la neutralización de una zona en Corea, al norte del paralelo 39) la conciencia que tenía el gobierno nipón de su potencia militar y naval, y el extremado sentimiento nacionalista de la opinión pública japonesa llevaron al gobierno Katsura a una ruptura de las conversaciones con el gobierno zarista (6 de febrero de 1904) y a un desembarco en Corea.

 

         Seúl fue ocupada en la tarde del 8 de febrero. En la noche del 8 al 9, los torpederos japoneses destruyeron -con una audacia y una eficacia que asombran al mundo- la flota rusa anclada en la rada de  Port Arthur (sólo después del éxito de estos golpes de fuerza, los japoneses declaran oficialmente la guerra a Rusia el 10 de febrero).

 

         He aquí las principales fases de esta guerra, en la que se hicieron famosos el mariscal Oyama y el almirante Togo:

 

                   1- En el mar, el almirante Togo bloquea Port Arthur (febrero-abril de 1904) y con ello permite que los ejércitos japoneses desembarquen en Corea.

 

         El intento de salida de la flota rusa en el mes de agosto, cuando los navíos anclados en Vladivostok quedan libres de su prisión de hielo, termina en un desastre sin precedentes en la historia de Rusia. La escuadra rusa de Extremo Oriente es hundida casi en su totalidad.

 

                   2- En tierra, los rusos (general Kuropatkin) son derrotados en la  batalla de Lao-yang (31 de agosto de 1904) y más tarde en Mukden (20 de febrero- 11 de marzo de 1905), después de la caída de Port Arthur (2 de enero de 1905), con la que quedan disponibles las tropas japonesas que asediaban la ciudad.

 

         En Mukden se enfrentaron unos 750.000 hombres. Las pérdidas fueron muy grandes: 100.000 hombres del lado ruso y 40.000 del japonés. El ejército ruso quedaba definitivamente derrotado.

 

                   3- Al zar le quedaba una sola carta por jugar: la flota rusa agrupada en el Báltico (unos cuarenta buques).

 

         Esta flota, al mando del almirante Rozhdestvensky, zarpó de Cronstadt en octubre de 1904 y, después de un largo periplo (Paso de Calais, El Cabo, Singapur), en cuyo curso se produjo incluso un cañoneo contra algunas embarcaciones inglesas en el mar del Norte, Rozhdestvensky llega (mayo de 1905) al mar del Japón, donde le aguarda el almirante Togo, cerca de las islas Tsushima, aproximadamente a medio camino entre Japón y Corea.

 

         En veinticuatro horas (27-28 de mayo de 1905), la flota rusa es aniquilada (sólo dos buques lograron escapar al desastre). En julio, los japoneses desembarcaban en la isla de Sajalín.

 

         El Japón, victorioso, quedó casi tan debilitado como su enemigo vencido, y, por esta razón, el mikado solicitó al presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, que interviniera de mediador y ofreciera la paz a Rusia.

 

         El Tratado de Portsmouth (New Hampshire), firmado el 5 de septiembre de 1905, puso fin a las hostilidades: el Japón se hacía cargo nuevamente del arriendo de Port Arthur y del Lao-tong, que pertenecía a los rusos, y éstos evacuaban Manchuria y abandonaban la parte meridional de Sajalín.

 

         Además, a consecuencia de este tratado cesó la oposición de Rusia al protectorado japonés sobre Corea.

 

Las consecuencias de esta guerra fueron numerosas:

 

         En Rusia, la derrota tuvo por efecto despertar el movimiento revolucionario.

 

         En Europa, los estados mayores de las grandes potencias extrajeron consecuencias técnicas de esta guerra, que suele considerarse la primera de las grandes guerras modernas:

 

                   - La duración de las batallas.

                   - La extensión de los frentes.

                   - El papel capital que en los encuentros había desempeñado la artillería.

                   - La aparición de la guerra de posiciones (asedio de Port Arthur: trincheras, alambradas, etc.).

 

         Todo ello fue como un signo precursor de lo que iba a ser la guerra de 1914-1918.

 

         Es útil señalar que, a fin de cuentas, la guerra ruso-japonesa tuvo resultados beneficiosos en lo que respecta a la prosecución de las relaciones entre ambos países.

 

         Por los acuerdos de 1907 (reanudados y ampliados en 1910), los rusos y los japoneses proyectaban repartirse Manchuria.

 

         Además, en 1910, el Japón se anexionaba Corea, hecho que hizo nacer poco a poco, en los Estados Unidos y en Europa, el temor del "peligro amarillo".

 

 

De la expansión a la confrontación 

 

 

         Los progresos de la economía en este período pueden calificarse de fulminantes; pero el hecho más notable es la magnitud de las inversiones japonesas (en especial por parte de los grandes zaibatsu) en China y en el resto de Asia, de la que el Japón esperaba convertirse en dueño y señor (el Gran Japón, Dai Nippon).

 

         Este expansionismo se realizó, evidentemente, a expensas de las potencias coloniales de Europa y América, que retrocedieron ante las pretensiones japonesas.

 

         También es preciso señalar que la Rusia de los zares dejó de contar como gran potencia en Extremo Oriente después de la derrota de 1905, y que, tras la revolución bolchevique, dejó de beneficiarse del apoyo de las potencias europeas, que vieron en el Japón un buen aliado contra el sovietismo.

 

         Los partidos políticos japoneses -que seguían siendo simples facciones- manifiestaron su oposición no ante el principio de la expansión, sino ante los medios con que ésta se realizaba. Los partidos burgueses, entregados a los cárteles, preconizaban una política de expansión progresiva.

 

 

         Los partidos militaristas, por el contrario, eran partidarios de una expansión brusca, por medio de las armas. Contaban con el apoyo de sociedades secretas, como la Sociedad del Kokuryukai (sociedad a la que los autores occidentales dan a veces el nombre de "Sociedad del Dragón Negro").

 

         A la muerte del emperador Meiji (1912), el general Nogi, vencedor de Port Arthur, se suicidó con su mujer, siguiendo la tradición samurai (junshi), que exigía que, cuando moría un soberano o un señor, sus vasallos y sus hombres de guerra se dieran muerte por harakiri en señal de lealtad.

 

         El hijo de Meiji, el emperador Yoshi-Hito, eligió como nombre de su reinado Taisho ("Gran Rectitud"). Físicamente débil, Yoshi-Hito no tardó en despertar inquietudes en cuanto a su salud mental, y en 1921 su hijo  Hiro-Hito asumió la regencia.

 

         Hiro-Hito se convirtió en emperador a la muerte de su padre, el 25 de diciembre de 1926. Tras una breve tentativa de gobierno parlamentario, los militares, a través de una serie de golpes de estado y de asesinatos, terminan por tomar el poder en 1936.

 

         El Estado Mayor del Ejército se convirtió entonces en el director de la política del Japón belicista que iba a llevar a este Estado a aliarse con la Alemania nazi y a participar a su lado en la Segunda Guerra Mundial.

 

Las grandes líneas de la evolución política

         Después del general Katsura, primer ministro en 1912, ocupó la jefatura del gobierno del Japón el almirante Yamamoto, el cual, en 1914, y a consecuencia de un escándalo financiero, tuvo que ceder el puesto a Okuma, quien llevó al Japón a la guerra al lado de los aliados, bajo la influencia del Partido del Ejército (yamagata).

 

         El papel del Japón durante la guerra de 1914 a 1918 fue puramente local: apuntaba a la consolidación de los intereses en los territorios chino y manchú.

 

         A partir de 1921, la situación económica y social empeoró. Los impuestos aumentaron, el poder adquisitivo de los campesinos y de los obreros disminuyó, el paro forzoso y las dificultades (huelgas) se multiplicaron, y Japón sentía la amenaza del exceso de población.

 

         Al mismo tiempo, en plenos "años locos" (a los que el Japón, o al menos su clase dirigente, se lanza con frenesí), se propagó la agitación revolucionaria (sobre todo entre los estudiantes y los intelectuales).

 

         El 1 de septiembre de 1923, con ocasión del terrible seísmo que asoló Yokohama y la mitad de la ciudad de Tokio (no existen estadísticas, pero el número de muertos se calcula en más de 100.000), se propagó el rumor de una conspiración comunista y anarquista, e incluso estalló una pequeña guerra civil larvada.

 

         En 1925, cuando se estableció el sufragio universal, los partidos de extrema izquierda fueron declarados fuera de la ley.

 

         Entre los acontecimientos políticos que conmovieron a Japón entre las dos guerras mundiales, destacan los siguientes:

 

                   - El papel del liberal Shidehara en el Ministerio de Asuntos Extranjeros (de 1924 a 1927, y después de 1929 a 1931).

                   - El plan de expansión militar en Extremo Oriente, llamado Plan Tanaka (1927).

                   - El atentado contra el primer ministro Hamaguchi en 1930.

                   - El asesinato del primer ministro Inukai por los ultranacionalistas.

                   - La tentativa de golpe de Estado militar, en 1936, que terminó con la muerte de varios ministros.

 

 

El camino hacia la guerra

 

 

         En 1932, el ejército japonés penetró en China del norte, y las autoridades militares niponas fundaron el Estado del Manchukuo, a cuya cabeza pusieron a un hombre de paja, el último emperador de China, P'u-yi.

1933, fue ocupado Jehol, y Japón se retiró de la Sociedad de Naciones. Los progresos en China del norte fueron entonces irresistibles: ocupación de Chahar y de la región Pekín-Tien-tsin (1935).

 

         En 1936, el gobierno nipón firmó con la Alemania nazi y la Italia mussoliniana el  Pacto Antikomintern, dirigido claramente contra la URSS, y en 1937, la guerra contra China se generalizó y se oficializó: para el Japón, ya era el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (toma de Shanghai y de Nankín).

 

         Al mismo tiempo, el Japón vio alzarse contra él a la opinión pública mundial. Condenado en la Sociedad de Naciones por violación del Tratado de las Nueve Potencias (firmado en Washington) en 1921 y por violación del Pacto Kellogg (1928), fue convocado a Bruselas para que las potencias signatarias del Tratado de Washington examinaran juntamente la situación; pero no se presentó, y la conferencia constituyó un fracaso.

 

         El ejército japonés se atascó en China, donde, pese a sus victorias, no consiguió una solución definitiva.

 

         Al igual que Alemania en Europa, Japón invadió con sus ejércitos numerosas zonas del continente asiático, que convirtió en el escenario de la guerra contra los aliados, despertando, por otra parte, sentimientos nacionalistas de rechazo entre los pueblos invadidos.

 

Evolución de la situación internacional 

         Japón estaba aliado con Alemania y con Italia por dos series de acuerdos: el Pacto Antikomintern de 1936 y los acuerdos tripartitos firmados en septiembre de 1940.

 

         La China de Chang Kai-chek, aliada provisionalmente con las fuerzas comunistas, recibió ayuda militar aliada por la ruta de Birmania, pero esta asistencia fue todavía limitada. Las relaciones con la URSS fueron más complejas.

 

         El Japón era ferozmente antisoviético, tanto más cuanto que la URSS apoyaba -de un modo precario- al ejército chino, lo que produjo enfrentamientos militares importantes entre las tropas japonesas y soviéticas en las fronteras de Manchuria.

 

         Por otra parte, la Rusia soviética, que -a pesar del pacto germano-soviético dee agosto de 1939- temía una agresión nazi, quería evitarse problemas en Extremo Oriente y firmó con el Japón un acuerdo de no agresión.

 

         Este pacto de neutralidad (firmado casi en el mismo momento en que Hideki Tojo, ministro de la Guerra -después primer ministro, en octubre de 1941-, patrocinaa la ocupación del Tonkín y de la Indochina francesa- dejó aislada a China, tanto más cuanto que los británicos habían cerrado la ruta de Birmania.

 

         Esta situación cambió por completo con el ataque a  Pearl Harbor en 1941, ataque que sumió al Japón en la Segunda Guerra Mundial y que había de provocar, tras la derrota, la democratización de este país.

 

         Para derrotar a Japón, los aliados lanzaron dos bombas atómicas, la primera sobre la ciudad de Hiroshima y la segunda sobre  bomba atómica  Nagasaki.

 

 

El salto a la modernidad política y social 

 

 

         La capitulación japonesa tuvo lugar el 2 de septiembre de 1945, y fue firmada en el puente del acorazado Missouri y recibida por el comandante supremo de las Fuerzas Aliadas en el Pacífico, general MacArthur (Supreme Comand of Allied Powers, o SCAP).

 

         Este "procónsul" estadounidense gobernó prácticamente Japón hasta el mes de abril de 1951, en que fue llamado a Estados Unidos por el presidente Truman. Al parecer, es a él a quien se debe, en gran parte, la reconstrucción política del Japón moderno.

 

         Una de las consecuencias de la victoria norteamericana sobre Japón fue la imposición del sistema democrático-liberal, basado, en parte, en el propio modelo de los Estados Unidos. En la imagen, el edificio que alberga la Dieta o Parlamento japonés, en Tokyo.

 

Reformas políticas

         El SCAP impuso a Japón una nueva Constitución, de carácter democrático, que fue adoptada en 1947 y que garantizaba los derechos del hombre y reservaba un papel puramente simbólico al soberano.

 

         La depuración de responsabilidades políticas aplicada por los Estados Unidos en Japón, a causa de la guerra, implicó a unos doscientos mil ciudadanos, políticos y militares, pero dejó al margen al emperador Hiro-Hito, que siguió en el trono de Japón como monarca constitucional.

 

         El  Parlamento quedaba formado por dos Cámaras de Representantes (unos 460 miembros, elegidos por sufragio universal cada cuatro años) y la Cámara de los Consejeros (unos 250 miembros).

 

         En el plano interior, fueron disueltos los zaibatsu, se suprimieron el Ministerio del Interior y la policía secreta y fueron libertados los presos políticos.

 

         Animado de un idealismo un poco abstracto, el SCAP intentó -y en parte lo logró- instalar en el Japón un régimen político semejante al de Estados Unidos. La transformación se extendió incluso al plano de la enseñanza, hasta entonces bajo el control del Estado.

 

         La consigna de MacArthur: "democracia y descentralización", introdujo en el Japón un sistema educativo análogo al de Estados Unidos (enseñanza mixta, universidades autónomas, etc.).

 

         Por último, la antigua idea de la divinidad del emperador fue desechada: el emperador-dios se había convertido en un pequeño  cuarentón tímido, llamado Hiro-Hito.

 

         Al mismo tiempo, la nación se reestructuró bajo la dirección del gobierno liberal de Shidehara. Un tribunal internacional, que funciona como el de Nuremberg, se reunió para juzgar a los criminales de guerra.

 

         Siete antiguos dirigentes, entre ellos Hideki Tojo e Hirota, fueronn condenados a muerte; el príncipe Konoye se había envenenado antes del proceso. Una depuración eliminó de la vida nacional a todos aquellos que participaron en la política de agresión (unas doscientas mil personas se vieron afectadas por esta medida).

 

La reconstrucción  

         Tras la primera limpieza, el SCAP, de acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos, proyectó "lanzar" de nuevo al Japón, a la vez que mantenía la ocupación de su territorio.

 

         El político que dominó la escena en ese momento fue el primer ministro Shigeru Yoshida, quien, tras suceder a Shidehara en 1946, dominó la vida electoral japonesa hasta noviembre de 1954.

 

         La guerra de Corea dio a Japón -a juicio de los estadounidenses- un valor preponderante. No sólo era una sólida base para el ejército estadounidese que combatía en Corea del Sur, sino una fuente de productos manufacturados destinados a las fuerzas de las Naciones Unidas.

 

         Después de la guerra, la industria pesada japonesa fue sometida a una intensa y costosa reconversión, pues en los últimos diez años había sido orientada exclusivamente para la producción bélica.

 

El tratado de paz

         Fue negociado por el consejero especial del presidente Truman, Foster Dulles. Las negociaciones no se interrumpieron por la destitución de MacArthur -destitución cuya brusquedad sorprendió a la opinión pública japonesa-, y el tratado fue firmado el 8 de septiembre de 1951 en San Francisco.

 

         Este tratado provocó una serie de desavenencias entre los Estados Unidos y sus aliados, en particular Gran Bretaña. Esta temía la expansión económica del Japón y habría deseado que el gobierno de la China popular, reconocido por el Reino Unido como legítimo, participara en las negociaciones.

 

         Por otra parte, las naciones que habían sido invadidas o amenazadas por el Japón (por ejemplo, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas) exigieron un pacto de seguridad (Pacto ANZUS, y pacto de seguridad mutua Estados Unidos-Filipinas). Por último, la Unión Soviética atacó violentamente el tratado de paz e incluso se negó a firmarlo.

 

         Con este tratado, Japón renunciaba a sus pretensiones sobre Corea, las islas Pescadores, Formosa, las Kuriles y el sur de Sajalín, y aceptaba un control estadounidense sobre las islas Ryu-Kyu y las islas Bonin. El tratado de paz estaba respaldado por un pacto de seguridad Japón-Estados Unidos, y entró en vigor el 28 de abril de 1952. Japón volvía a ser una nación independiente.

 

 

De la destrucción al Japón moderno 

 

 

         Una vez que Japón volvió a recobrar plenamente su calidad de país independiente, no tardaron en producirse los primeros enfrentamientos entre componentes de la izquierda (sobre todo pertenecientes al medio estudiantil) y fuerzas del orden, los primeros de los cuales revistieron un carácter claramente antinorteamericano, centrado en la cuestión de las bases militares estadounidenses en territorio japonés.

 

         Rápidamente, las fuerzas conservadoras se reunieron en una coalición de partidos, el Jiyu Minshuto (formado por liberales y demócratas), que contó de inmediato con el apoyo de la mayor parte de los campesinos, los industriales y los comerciantes, quienes cerraron filas ante la posibilidad de una orientación socialista del Estado.

 

         Mientras tanto, el país se vio inmerso en el clima de la Guerra fría e incluso abocado a incidentes con los soviéticos (derribo de un avión U2 estadounidense sobre territorio de la URSS). En mayo de 1960 se apruebó la eliminación política de los diputados socialistas y la intervención del Ejército; el gobierno, no obstante, se vio obligado a reprimir el persistente movimiento antiestadounidense, en especial con ocasión de la visita a Tokio del presidente Eisenhower.

 

         Toda esta situación llevó a una división de Japón entre los partidos de una perspectiva asiática (apoyada por socialistas, comunistas y algunos nacionalistas de extrema derecha) y los que preconizaban un alineamiento con Estados Unidos (propiciado por los conservadores, en el poder).

 

         Los conflictos políticos surgieron en el Japón democrático por cuestiones sociales y nacionalistas. El dirigente socialista Inejiro Asanumamen, en el momento de ser  apuñalado por un estudiante ultraderechista, en Tokyo (1960).

 

         En 1969, el Jiyu Minshuto perdió una buena parte de su supremacía política, especialmente disputada por el Komeito, partido de profundas raíces religiosas  budistas; no obstante, no perdió por completo los resortes del poder y fortaleció la posición del país como principal avanzada del capitalismo mundial en Asia.

 

         A partir de 1971, el gobierno de Sato inició un acercamiento a China y la URSS, debido sobre todo a la crisis del petróleo y a los cambios de la política económica del coloso occidental. Igual política siguió su sucesor Tanaka (1972-1974). Japón, por otra parte, tomó partido por los palestinos en el conflicto árabe-israelí.

 

         En 1976 llegó al poder una coalición de independientes encabezada por Fukuda, que en líneas generales siguió la misma política en lo exterior, y que colaboró en ciertos aspectos con la izquierda parlamentaria. A medida que se concluían tratados territoriales importantes (Ryukiu, acuerdos comerciales con China tras el tratado de paz chino-japonés de agosto de 1978, etc.), Japón se consolidaba como uno de los países económicamente más poderosos del mundo. Este desarrollo económico, junto con una marcada estabilidad política, predominaron en el Japón de los años ochenta.

 

 

         En 1987 el país se colocó claramente en el tercer lugar de las potencias económicas mundiales: primer productor de coches (desde 1980) y de acero, así como líder en la producción de  electrónica de consumo. Por otra parte, el acusado bienestar económico japonés se basaba en sus excedentes de la balanza de pagos, que era de 35.000 millones de dólares con Estados Unidos (en 1985) y de 12.000 millones con la CEE.

 

         Estos logros no impedían que el país viviera profundas tensiones internas debido sobre todo al aumento de las desigualdades sociales y a la exigencia cada vez mayor de productividad que implicaba, entre otras cosas, la jornada laboral más larga del mundo.

 

         Al igual que en las naciones industrializadas occidentales, en Japón, la enorme expansión industrial ha contribuido a modificar el hábitat y ha creado graves problemas de concentración demográfica y de  deterioro del medio ambiente, lo que dio lugar a la aparición de activos núcleos ecologistas a principios de los años setenta.

 

         A pesar de los drásticos cambios de todo orden operados en el Japón de la posguerra, la familia se ha mantenido como una institución que asume las remotas  tradiciones de una sociedad profundamente conservadora respecto a sus principios básicos.

 

  Las costumbres tradicionales y la religión siguen siendo factores muy importantes en la vida nipona, a pesar del enorme proceso de modernización.

 

 Aspecto de una ceremonia religiosa en el templo de Kasuga.

 

Por otra parte, los gobiernos se han visto implicados en diversos escándalos. Así, el gobierno de Yashiro Nakasone, primer ministro desde noviembre de 1982, asistió a la corrupción de su colaborador Kakuei Tanaka por parte de la empresa Lockheed.

 

Naboru Takeshita, su sustituto desde 1987, se vio implicado en un escándalo bursátil que forzó la dimisión de varios miembros de su gabinete. Por último, su sucesor, Sasuhe Uno, (1989) apareció vinculado a un escándalo de índole sexual.

 

En enero de 1989 murió el emperador Hiro-Hito y accedió al trono su hijo  Aki-hito.

Durante toda la década de los 80, la prosperidad económica de Japón corrió paralela con un proceso de rearme, favorecido por la administración Reagan. Así, en 1984 el gobierno instaló en la isla de Iwo-Jima, 1.000 km al sur de Tokio, una destacada base militar.

 

         De momento, el papel de Japón en el continente asiático apunta exclusivamente al suministro de ayudas (Filipinas, Tailandia, Indonesia, etc.) y a aunar a su alrededor la cooperación cultural y científica de la zona; no obstante, también aparece cada vez más clara la posibilidad de que el país se convierta en la principal potencia de todo el ámbito del Pacífico. Esto presupone, además, la posibilidad de que Japón se convierta asimismo en el principal valedor militar de los intereses de los países occidentales en la zona, especialmente de Estados Unidos, lo cual enturbia las relaciones con la URSS, país con el que incluso se mantiene el contencioso sobre las islas Kuriles.

 

         Desde 1988, por último, Japón asiste a las exigencias muy fuertes de un sector neoliberal que propugna una reforma de la Constitución que permita al país la fabricación de armamento y su venta al exterior.

 

         Las elecciones de 1990 supusieron el afianzamiento de la mayoría absoluta liberal-demócrata, liderada por Toshiki Kaifu, a pesar de un fuerte avance socialista, que volvería a subir en las siguientes elecciones generales, alterando el panorama político.

 

         Sin embargo, el sistema de partidos establecido desde la guerra se perpetúa, con ligeras variaciones de matiz, al amparo de unos dictados económicos procedentes de los intereses de los grandes conglomerados industriales y financieros, los nuevos "shogunes" del Japón.

 

 

 

 

 

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