LA BATALLA DE CANNAS |
||||
|
Los romanos esperaron
a Aníbal en la llanura de Cannas con el ejército más
poderoso que jamás había visto Italia: dos ejércitos
proconsulares, de dos legiones cada uno, se unieron a otras cuatro legiones
en Apulia formando un enorme ejército de ocho legiones, con ocho
unidades aliadas italianas, lo que hacía un total de 80.000 infantes
frente a los que Aníbal opuso 40.000. Pero frente a los 6.400 jinetes
romanos Aníbal enfrentó a sus 11.000. Y sería precisamente
la caballería la que resolvería la batalla, ya que Aníbal,
consciente de la abrumadora superioridad numérica romana, dispuso
que el peso del combate recayera sobre la caballería. El terreno
de batalla había sido cuidadosamente escogido por los romanos que
no querían sorpresas. Por ello escogieron la llanura que va desde
el río Aufidio hasta la ciudadela de Cannas, que estaba en ruínas
y deshabitada. Así, protegidos sus flancos por el río y
el monte, los romanos creyeron estar a salvo de las peligrosas maniobras
envolventes del púnico.
|
||||
![]() |
||||
| En la mañana de 2 de agosto de 216 a.C. Los romanos formaron una gigantesca línea de batalla con sus ocho legiones. En lugar de formar las ocho romanas y las ocho aliadas para formar un frente gigantesco que no cabría en toda la región (¡imagina a 16 legiones en línea), prefirieron superponerlas para conseguir una línea de ocho legiones pero con una profundidad doble, de manera que pudieran combatir incluso un día entero si hacía falta. Las legiones estaban flanqueadas por la caballería romana a la izquierda y la aliada a la derecha. Aníbal formó su línea con la infantería gala y española en el centro alternando las unidades para formar una media luna dirigida hacia los romanos y con los falangistas africanos en dos columnas tras las puntas de la media luna. La caballería númida la dispuso en su flanco derecho y la gala y española en el izquierdo bajo el mando de Asdrúbal | ||||
![]() |
||||
| El encuentro comenzó con el ataque de las tropas ligeras situadas por delante de ambas formaciones. celtas, españoles y africanos gritaron sus consignas de guerra mientras los romanos golpeaban sus pila contra sus escudos. La mayor batalla de toda la Antigüedad estaba a punto de comenzar. La caballería númida se lanzó sobre la aliada a la que derrotó aplastantemente mientras la caballería gala y española al mando de Asdrúbal conseguía hacer retroceder a su contraparte romana. Las legiones, rabiosas, cargaron contra la media luna cartaginesa. Su empuje fue tal que la media luna fue comprimida hacia atrás como un puesto de helados retrocedería ante la embestida de un elefante. En ese momento los romanos pensaron que habían conseguido vencer al maldito púnico, pero el hijo de Amílcar había reservado a sus enemigos una buena sorpresa | ||||
![]() |
||||
| El empuje
de la embestida romana era tal que la media luna se fue plegando sobre sí
misma, pasando de ser convexa a cóncava, y las legiones entraron
en ella llevadas del impulso de su embestida mientras los infantes españoles
y celtas retrocedían. Pero ocurrió lo que los romanos no habían
previsto: las legiones se atascaron dentro de la media luna ya que el espacio
era cada vez más pequeño. Miles de hombres de las líneas
en contacto con los españoles y celtas se vieron empujados por los
que venían detrás y que no podían participar en el
combate. Comprimidos cada vez más romanos en un espacio cada vez
más pequeño, los legionarios y los aliados italianos quedaron
atrapados, encapsulados en la genial trampa de Aníbal sin apenas
espacio para moverse, pegados unos a otros mientras los españoles
y celtas les masacraban. En ese momento, las dos columnas de falangistas
que permanecían inmóviles en los flancos, y que habían
sido imprudentemente rebasadas por los romanos en su alegre embestida, se
volvieron contra los flancos romanos atacándolos. |
||||
![]() |
||||
| Los romanos
no podían ni alzar sus escudos para protegerse del ataque, los legionarios
que caían al suelo eran pisoteados por sus propios compañeros
sin que pudieran hacer nada. Fue entonces cuando la caballería celta
y española, abandonando la persecución de la caballería
romana, regresó al galope para atacar a los romanos por detrás.Las
legiones se vieron encerradas, agolpadas unas contra otras. Los romanos
estaban tan apretados que no podían ni mover sus brazos. Los españoles
causaron la más terrible matanza gracias a sus formidables espadas
cortas, el gladius hispaniensis, que causó tal impresión en
los romanos que éstos se apresuraron a adoptar tan mortífera
arma para sus legionarios tras la guerra. Los legionarios murieron en sus
puestos, impresionando a sus ejecutores por su disciplina y desprecio de
la muerte. Masacrados como terneros en el matadero sin posibilidad de defenderse.
Las pérdidas romanas fueron
espantosas: 50.000 muertos, 10.000 prisioneros. Las púnicas de
8.000 muertos. Aníbal había conseguido la más brillante
victoria registrada hasta entonces. Roma había cosechado la derrota
más gigantesca de toda su historia |
||||