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Hace unos días se vivió un momento
muy emotivo, cuando se concentraban los escogidos del Señor Jesús en aquel
lugar de San Pedro Totoltepec, Toluca, Estado de Mexico. mi corazón se llenaba de emoción cuando desde el autobús donde
viajaba se iba acercando a las inmediaciones de aquel Santo Lugar, por mi
mente surcaban todas y cada una de las penalidades que sufre la Iglesia del Señor para
poder llegar a la Ciudad
de Dios, pero al cruzar por la puerta principal a todos invade un éxtasis
con deseos de correr hasta el altar de aquella Casa de Oración a derramar
con melancolía y desesperación una oración al Señor y en ese momento se
olvidad el trabajo, la escuela, los deberes de las casa, el cansancio del
viaje, es decir todo.
Al
transcurrir los días, el Espíritu del Señor se dejaba manifestar, desde el
servicio infantil cuando se escuchaban las infantiles voces de aquellos
pequeños demostrándole a muchos cual es la verdadera adoración a Dios, sin
complejos, sin deseos vanos, sin demostrarle nada a nadie solo el deseo de
adorar a Dios. Que tan grande es la palabra de Dios al decirnos que solo
siendo como niños podríamos tener el reino de Dios.
Al pasar los días, el
corazón de muchos se iba confortando cuando los Siervos del Señor daban a
los presente la leche espiritual de la Palabra de Dios, los mensajes, las enseñanzas
daban a cada uno de los presentes un porque del poder de Dios, uno de los
servicios que mas cautivó a los
fíeles fue el de Sanidad Divina cuando el Siervo del Señor Jesús nuestro Hermano
Julio Prieto Campos, a pesar de la condición de su garganta demostró que
solo el Señor Jesucristo tiene la potestad de sanar y que su poder va más
allá que solo simples milagros, sino que todo milagro de Dios tiene un
porque y para que, yo por mi parte no podía centrar mi atención en otra
cosa, solo en la palabras que emanaban de aquel Siervo de Dios, aun que no
salían de el, sino del Espíritu del Señor que estaba dentro de el, en aquel
momento tan sublime “... mas lo que os fuere dado en aquella
hora, eso hablad; por que no son vosotros los que habláis, sino el Espíritu
Santo...” .
Pero
a mas de uno y entre ellos yo, nos arrancaron lagrimas de sentimientos
encontrados que no podría yo explicar, cuando una pequeña, Rosa Maria, nos
demostró a los que estábamos presentes cual es la verdadera gratitud a
Dios, sus palabras lastimaban mi ser, cuando ella trataba de explicar su
sufrimiento, pero todo cambio cuando ella exclamo con su vocecilla
entrecortada por las lagrimas ¡...el Señor me sano..!
y todo estallo con exclamaciones de alabanzas, y se
glorifico grandemente el nombre de Dios.
el clímax de aquel evento se
desbordo cuando el Siervo del Señor nuestro amado hermano David Núñez R.
Nos decía que contadas nuestras fuerzas le clamáramos al Señor pidiendo un
milagro el nos oiría y son respondería. los coros
por su parte engalanaban el precioso evento con sus melodiosos himnos,
arrancando ¡GLORIAS Y ALELUYAS!
Recuerdo una alabanza en particular, que la letra nos declaraba el
porque estábamos en aquel lugar.
....Hoy
estamos aquí
Para
darte loor
Hoy
estamos aquí
Para
rendirte muestra canción
Por
que tu eres un Dios de Poder
Por
que tu eres un Dios de Verdad
Nadie
iguala tu grandeza y belleza
Digno
eres de honra y de majestad ...
Y
esto era cierto no solamente fuimos para ver a los que en mucho tiempo no
aviamos visto, ni conocer a los que no conocíamos, ni para traer recuerdos
o curiosidades, sino para rendir honor al que honor merece, darle la
gloria, reconocer que el es el Todopoderoso, rendirle adoración, cantarle
nuestros himnos y entregarnos a Él, al Señor Jesucristo sea todo esto.
Cabe
señalar que este evento solo es un simulacro, que cuando el Señor venga,
así como en todos los templos de la Iglesia quedan prácticamente abandonados y
cerrados y no ahí quien predique, así también se dará en aquel momento, que
cuando al sonar de las trompetas y sean dadas las bodas y asimismo la Iglesia del Señor ya
no se concentrara en aquel lugar de San Pedro sino que se reunirá con todos
los santos en aquella Gran Ciudad de la Buena Jerusalén,
y ya no estará ahí por solo cinco o
seis días, ni por semanas, ni por meses, sino para siempre, en una
constante adoración al Señor Jesús “...Gocémonos
y alegrémonos y démosle gloria; porque son venidas las bodas del Cordero, y
su esposa se ha aparejado...” “...Bienaventurados los que son llamados a la
cena del Cordero...”
Ahora
pues solo nos resta, trabajar, orar y velar, por que solo nos falta esperar
la hora del sonar de las trompetas.
Así
es y que así se haga.
Para
la gloria de Dios
J.
Israel P. S.
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