C. Marx
Escrito por C. Marx en la primavera de 1845. Fue publicado por primera vez por Federico Engels en 1888 como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
Tomado de C. Marx y F. Engels Obras Escogidas en tres tomos. tomo 1. Editorial Progreso, Moscú, 1973, pp. 7-10
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El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluido el de
Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la
forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana,
no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo
fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de
un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad
real, sensorial, como tal. Feuerbach quiere objetos sensoriales, realmente
distintos de los objetos conceptuales; pero tampoco él concibe la propia
actividad humana como una actividad objetiva. Por eso, en La esencia
del cristianismo sólo considera la actitud teórica como la auténticamente
humana, mientras que concibe y fija la práctica sólo en su forma suciamente
judaica de manifestarse. Por tanto, no comprende la importancia de la actuación
"revolucionaria", "práctico-crítica".
2
El problema de si al
pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema
teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que
demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su
pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se
aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico.
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La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y
de la educación, y de que por tanto, los hombres modificados son producto de
circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los
hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el
propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la sociedad
en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad (así, por ej.,
en Robert Owen).
La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad
humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica
revolucionaria.
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Feuerbach arranca de la autoenajenación religiosa, del desdoblamiento del mundo
en un mundo religioso, imaginario, y otro real. Su cometido consiste en disolver
el mundo religioso, reduciéndolo a su base terrenal. No advierte que, después de
realizada esta labor, queda por hacer lo principal. En efecto, el que la base
terrenal se separe de sí misma y se plasme en las nubes como reino
independiente, sólo puede explicarse por el propio desgarramiento y la
contradicción de esta base terrenal consigo misma. Por tanto, lo primero que hay
que hacer es comprender ésta en su contradicción y luego revolucionarla
prácticamente eliminando la contradicción. Por consiguiente, después de
descubrir, v. gr., en la familia terrenal el secreto de la sagrada familia, hay
que criticar teóricamente y revolucionar prácticamente aquélla.
5
Feuerbach, no contento con el pensamiento abstracto, apela a la
contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad
sensorial humana práctica.
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Feuerbach diluye la esencia religiosa en la esencia humana. Pero la esencia
humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad, el
conjunto de las relaciones sociales.
Feuerbach, que no se ocupa de la crítica de esta esencia real, se ve, por tanto,
obligado:
1) A hacer abstracción de la trayectoria histórica, enfocando para sí el sentimiento religioso (Gemüt) y presuponiendo un individuo humano abstracto, aislado.
2) En él, la esencia humana sólo puede concebirse como "género", como una generalidad interna, muda, que se limita a unir naturalmente los muchos individuos.
7
Feuerbach no ve, por tanto, que el "sentimiento religioso" es también un
producto social y que el individuo abstracto que él analiza pertenece, en
realidad, a una determinada forma de sociedad.
8
La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que
descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la
práctica humana y en la comprensión de esa práctica.
9
A lo que mas llega el materialismo contemplativo, es decir, el
materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a
contemplar a los distintos individuos dentro de la "sociedad civil".
10
El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad "civil"; el del
nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada.
11
Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo,
pero de lo que se trata es de transformarlo.