DECORACIÓN NAVIDEÑA


      Año a año comprobamos, in situ o a través de la televisión, el progreso que experimentan las decoraciones navideñas de nuestras ciudades. Aunque para ser más exactos, deberíamos hablar del progreso decorativo que tiene lugar en determinados municipios, del estancamiento de otros y del retroceso de unos pocos, para bochorno de sus habitantes y de los que aun viviendo lejos de la patria chica sienten vergüenza ajena.
      Con motivo de la Cabalgata de Reyes, muchos andaluces, a través de nuestra televisión autonómica, pudimos comparar las cantidades y calidades presentes en las ocho capitales de la Comunidad y, sinceramente, las diferencias entre unas y otras eran abismales, pudiendo hablarse tranquilamente de capitales de primera, de segunda y de quinta categoría en lo que a este aspecto se refiere. Y lo peor de todo es que en algunos casos esta ridiculez decorativa no se debe a motivos económicos, sino a una evidentemente deficiente organización. Sevilla y Málaga, como cada año, volvieron a tirar la casa por la ventana ofreciendo una profusa y moderna decoración navideña; muy de cerca les seguía Granada; detrás Córdoba y Almería; y para finalizar, las dos cenicientas: Huelva y Jaén (Cádiz no puede verla).
      Por mi origen jiennense, no pude menos que avergonzarme hasta el extremo al ver desfilar a Sus Majestades por una Avenida de Andalucía que evocaba las Navidades de los años 50, es decir, con decoración de "bombillón" y escasísimo además. En un determinado momento, se dijo que el Ayuntamiento de la ciudad tenía un déficit en sus arcas. Lamentable, desde luego, pero eso no explica por qué la Cabalgata no recorría exclusivamente las calles del centro de la localidad, en las que además se debería concentrar la máxima decoración. Así ocurre -salvando la distancia del presupuesto- en Málaga, por ejemplo. Sin embargo, en Jaén tenemos la mala costumbre de repartir nuestro reducido presupuesto de decoración navideña por toda la ciudad, con lo que el resultado final es penoso, máxime en estos tiempos en los que los medios de comunicación difunden la imagen de un lugar a los cuatro vientos.
      Esto no quiere decir que los grandes sean perfectos, ni mucho menos. Los que vivimos en Málaga, por ejemplo, nos vemos obligados a disfrutar cada año de ese grotesco belén de hojarasca, origen de pesadillas de grandes y pequeños, colocado a los pies del famoso marqués de Larios, que a Dios gracias le da la espalda. ¿Y qué decir de la casinera iluminación del puerto de la ciudad o de la chillona decoración de la fachada principal del Corte Inglés?
      Son éstos aspectos a tener en cuenta a la hora de engalanar una ciudad en fechas tan señaladas, por respeto a la propia ciudad, a quienes la contemplan y al buen gusto.




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