SIN GREMIOS NO HABRA SINDICATOS

Por Héctor Recalde

El gremio es la actividad, el oficio o la profesión en que se desempeña el trabajador. Cuando los asalariados de un gremio se organizan, se constituye el sindicato."

Una clarificación de conceptos nos lleva, como enseño en cualquier curso de derecho colectivo en la facultad, a diferenciar "gremio" de "sindicato". El gremio es la actividad, el oficio o la profesión en que se desempeña el trabajador. Cuando los asalariados de un gremio se organizan, se constituye el sindicato.

De la mano de la flexibilización del derecho laboral (decretos y leyes) y de la flexibilización de facto (desocupación y precarización) podemos afirmar que subsisten los gremios en cuanto continuidad de la actividad, pero la creciente relación del sujeto trabajador produce una pérdida de pertenencia a la empresa y al gremio.

La resultante de la inexistencia de continuidad de los trabajadores en un gremio encamina al empequeñecimiento del sindicato, precisamente por la constante entrada y salida de los trabajadores a los diferentes gremios. La metalurgia continuará, pero ya no habrá metalúrgicos.

Esta pérdida de identidad que provoca la rotación y sustitución de los trabajadores viene in crescendo desde 1991, con la creación por ley de los primeros contratos basura.

Para refrescar la memoria de los lectores, detallaremos cuales y cuantos son: cuatro (4) nacidos de la ley de empleo, dos (2) de la modificación de la ley de Contrato de Trabajo y cinco (5) de la Ley PyMEs. A ellos hay que añadir las pseudopasantías, el falso contrato de aprendizaje, los contratos mediante agencias de empleo, el contrato de trabajo eventual, el contrato a plazo fijo, el trabajo de temporada y, por último, el periodo de prueba que se aplica a todos los contratos que se celebran por tiempo "indeterminado". Un simple conteo da como resultado 18 modalidades de contratación, número que si revela que hay alguna rigidez en nuestro derecho será la de la rigidez cadavérica. La rotación (efecto puerta giratoria o calesita) que produce esta interminable lista de contratos importa además un cambio en la obra social del trabajador.

Esto conlleva a la inestabilidad no solo en la identidad, sino también en la tensión de la salud del asalariado y su núcleo familiar, circunstancia que paradójicamente perjudica a la integridad psicofísica de quienes deben ser atendidos. En definitiva, podemos observar como se van perdiendo los marcos de pertenencia. Ya no habrá un "yo soy bancario" o "yo soy textil".

En esta dirección se encamina el Gobierno, el que se ha allanado nuevamente a las ordenes del FMI, cuando en el punto 28 de la carta de intención que suscribió en diciembre del año pasado prometió toda la flexibilización requerida, al extremo de -aumentando el desprestigio de la mayoría disciplinada de la Corte Suprema- comprometerse a "seguir gestionando" ante ella por los decretos sobre convenios colectivos. Pongo en relieve que también se obligó a flexibilizar la salud de la familia trabajadora.

En este aspecto debo hacer un paréntesis. Cuando "haya libre elección", tanto entre obras sociales sindicales como con las de medicina privada, el beneficiario de esta " libertad" será el empleados y no el trabajador.

En la relación laboral quien puede imponer condiciones es el capital. Por eso nació primero el derecho individual del trabajo y luego el derecho colectivo, ambos ahora en vías de extinción. Volviendo al tema central, cuando el trabajador no tenga la obra social de su gremio, se sumara otro factor gravitante en la perdida de identidad y de pertenencia.

A mi criterio, y como consecuencia de lo que expuse, creo que la prioridad del movimiento obrero es analizar como defender la actividad, el oficio o la profesión en que se desempeñan los trabajadores ya que sin ellos no habrá sindicatos. La primera lucha es contra el modelo económico. Después analicemos el modelo sindical.

Defender el derecho a trabajar y a la estabilidad del trabajador en el empleo preservar su identidad y pertenencia] es condición imprescindible para la democracia y la libertad sindical, con su correlato de participación del trabajador en la vida interna de su organización.

De esta manera se contribuirá a la necesaria unidad, a la solidaridad con los desocupados e implicara la apertura de un camino para salir de la fragilidad sindical actual. Además, por estas mismas razones es imperiosos compatibilizar la necesidad de organizaciones sindicales fuertes con democracia hacia adentro [sindical] y hacia fuera [con relación a las empresas]. La legislación protectora de la actividad sindical que todavía subsiste no solo debe ser defendida, sino ampliada a todos los representantes sindicales, y esto incluye a quien actúa como tal mas allá de su designación formal.

Estas carencias, que hacen a la practica democrática real y en sentido lato, la padecen no solo el sindicalismo argentino, sino también muchas instituciones de nuestra República.

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