“Está naciendo octubre

con sus mañanas claras”.

 

Como siguiendo estos versos de Alfonsina, los hombres y mujeres de la ley en otra clara mañana de este inolvidable octubre certificarán con papeles, sellos y firmas una relación que ustedes plantaron hace veintiuna primaveras.

Si ahora -bajo el tecnicismo de "unión civil"- cabe celebrarse oficialmente, pues a festejarlo y a compartir, pero ustedes saben que todos quienes los conocemos y queremos, eso ya lo aplaudimos y alimentamos desde hace más de dos décadas. Como ustedes estamos felices y nos abrazamos todos; los que participaremos del brindis y los que acompañan a la distancia con el mismo orgullo y con la admiración que supieron ganarse.

 

Eran dos gurises recién asomando a la vida, dos pibes decididos, una pareja valiente que se abrió paso a puro amor y coraje cuando decidieron caminar juntos. En estos momentos tan especiales, seguro volverán el recuerdo hasta la primera primavera que pasaron en el diminuto apartamento de la Ciudad Vieja. Fue el primer nido - inolvidable y nostálgico - donde había que moverse apretado y con requiebres, como bailando un tango. Por afuera gris y sobrio, por dentro musical, lleno de vida y optimismo, amueblado con sueños, adornado con esperanzas, apenas con la única pretensión de continuar unidos sin imaginarse tal vez, que algún día las cosas se verían de otra manera.

 

Un poeta señaló: "El amor no pide recompensas, pero se merece unas cuantas". La cita robada por una noble causa me parece apropiada en esta ocasión, creo algo muy justo y merecido este logro alcanzado. Sin proponérselo están haciendo historia y en parte representan y reivindican a tantos y tantas que ya no viven este tiempo de cambios y no disfrutaron el derecho que hoy les asiste.

 

José

 

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