CRONICAS INFORMALES
CARLOS LISANDRO DANERI - Gualeguaychú – 1998
CAPITULO I
EL GENESIS
" VILLA INDEPENDENCIA "
La luz clara, intensa, penetrante, de la mañana invernal, atravesaba las hojas de los helechos gigantes, los cuales junto con otras plantas en sus testeros, adornaban en cuadro la parte abierta del patio morisco, resaltando aún mas su suelo de mármol blanco y pizarra negra dispuestos en diagonal.
Y al llegar a ellos la luz del día, se teñían de un tenue, joven inmaculado verdor que comunicaban otro encanto mas a esos días pleno, esos días de niños, en los cuales sin tener nada se lo tiene todo en un rayo de sol a trasluz de las hojas verdisimas de los helechos.
Se oyen cercanas, las campanas de la iglesia, esparciendo en el repique de su voz de bronce, inundando el patio, fundiéndose con la mañana, con su luz, en un viaje etéreo por los helechos y sus trasluces verdes, hasta quedar suspendido en un doble golpe de badajos a dúo.
El "primero".
El primer toque de llamado a misa.
CAPITULO II
"VILLA DE SAN JOSE "
El primer toque perdido ya entre el cemento de hoy.
Entre bocinazos y estrépito de motores.
Hay veces que siento otras campanas por casualidad, en este mi pueblo ahora ciudad, y me detengo a escucharlas y aunque no tienen el sonido cantarín de aquellas otras, pues siempre me parecieron estas mas graves, austeras y formales, están llamando para la misma cosa.
Tal vez en ocasiones, habrá que llamen al unísono esparciendo sus ondas sonoras sobre el río de las cuevas y el río de los pájaros.
No lo se ni se me había ocurrido pensarlo hasta este momento.
Puede que no sea un repique, ni dos, ni cuatro badajos golpeando a la vez.
Serán cuartos, medias,
Tres cuartos u horas, en los relojes distantes, en sus sonerias desatadas en villa Independencia o en la de San José.
Unas en el apagado sordo eco de trotar de caballos y llantas de hierro sobre calles de tosca y las otras en el peculiar sonar de herraduras y ruedas sobre el empedrado de las calles.
CAPITULO III
" HOY Y AHORA "
Torres y cúpulas y tañidos, no son hoy mas que ojos de luz y tiempo en las noches, sones casi apagados, casi
inaudibles, ahogados por el tráfago de la marea humana y mecánica insesante, que como las de un extraño mar, se baten sobre si mismas en irrefrenable y estrepitoso movimiento.
Hay ojos que miran
Sin mirar.
Hay oídos que oyen
Sin oír.
Pero yo se que hay campanas vibrando, en villa Independencia y en la de San José por que las he sentido cuando detenido en Urquiza y chile, esperaba la luz verde del semáforo.
O deambulando por la plaza solitaria, alta la noche, frente a la iglesia del Pilar, rumiando viejos recuerdos como el de los helechos muy verdes en una clarisima mañana de domingo.
Diluidos ya, los pasos, voces y sonidos en el tiempo solo encuentran su ultimo refugio y un vago intento de fugaz permanencia, en los estamentos de la memoria, que solo puede hacer de ellos una crónica informal.
CAPITULO IV
" LAS FUERZAS DE LA TIERRA "
Se han acallado ya, los chirridos de las flechas, en las ciudad de las veletas, por que esta fue sin duda alguna , la ciudad de las veletas.
No se escuchan en su vasto ámbito de hoy, la singular monótona canción de los ejes pivotantes al influjo de los vientos, en las silenciosas tardes grises del pueblo.
Ni saetas, caballos o águilas.
Tampoco el gallito de lata se recorta ya ni en las tardes ni en las noches de la vieja villa de san José, perfilando en sus figuras sobre el azul, el gris o el azabache del cielo pueblerino.
Solo de tarde en tarde, alguna de ellas, perdida entre los barrios, prendida por quien sabe que fuerza telúrica sobrevive al paso de los años.
Aquellos días tan grises en el final de los otoños, no nos
traen mas el tañido de la campana del asilo, que batida en su alta mesura, dejaba sentirlo de tanto en tanto, cual una extraña voz.
Y aquel conjunto de muchas voces y muchos pasos transitando dos cuadras de luz y de esperanzas, en abigarrado desfile entre la soiree et la nuit, que ya no son mas.
Ni el ajuste de la orquesta que antecede a la función, en su informal melodía.
Ni el muchacho que vestía campera, en vez de saco.
Pasaron los pioneros de los teatros y los cines, las compañías líricas y teatrales con sus muchos nombres y rostros.
Solo en su mansa corriente y su caminar de siglos solo el río permanece.
Todo el vigor y el sentido parecen emanar de el.
Todas las fuerzas de la tierra de antaño, concentradas, de el provienen.
Aunque sin su muelle de madera, ni casuarinas, ni viejos galpones, ni barcos de Nicolás, llevando y trayendo aquella marea humana de atrayentes contornos y costumbres.
Sin los carruajes de Salagoiti ni los mozos de cordel, ni la campana batida por Roberto con aquel estribillo repetido hasta el cansancio de " visitas a Tierra...."
Sin la estridencia de la potente bocina del vapor en su saludo a la plaza, ni aquel muelle cargado de adioses, de
pañuelos agitados en despedida que se alejan por la popa del barco.
Sin el silbido del viento en las casuarinas de la plaza Colón, ni tan siquiera la titilante luz de gas que se agosta en el Quinqué y termina finalmente por apagarse.
Tampoco aquella colorida sociedad, aquellas damas; y la hermandad, aun que si otras.
Se han abatido las sombras del espantajo, convertido tan solo en leyenda.
Solo el río.
El río serpenteante y colorido.
El río lleno de pájaros, gorjeos, reflejos de sol y luna distorcionandose en las sinuosidades de sus pequeñas ondas.
Solo las gaviotas.
Las gaviotas posadas en bandadas y que se parecen a copos de algodón flotando en el río.
Golondrinas revoloteando en caprichosos giros cortando el fresco y aromado aire de la mañana.
El grito de un biguá que aleteando velozmente, pasa rasante sobre la superficie del agua dejando las marcas paralelas de las puntas de sus alas.
Ya sin el estruendoso redoblante con el que se anunciaba el paso de la corte de Nerón, ni los domadores de caballos de cartón y lona, ni gauchos verseadores en payada interminable, trabándose en lucha con pintarrajeados indios.
Ni adoquines de madera, ni vías de tranway, que se fueron estas ya cansadas de esperar el coche que nunca mas volvió a pasar.
Tal vez el viento nos traiga y se lleve fragmentadas notas de alguna incomprensible melodía que esta cocinando Paúl Whiteman, escapada por algún resquicio del tiempo ante la cómplice sonrisa del regordete rey del jazz.
Pero si, y en este tiempo algunas mágicas manos de hada en el teclado hagan brotar la música de Méndez Casariego sobre la nueva y cambiante arquitectura de la ciudad.
Pero sí y en este tiempo, algún antiguo patio de lajas damero colocadas en diagonal, cuadrado por galerías y algún viejo brocal del aljibe, verdeando de helechos.
Si y en este tiempo, un descolorido toldo recogido en su cenefa de lata.
La casa de Andrade pugnando con el tiempo.
El recuerdo del rancho de Magnasco.
y también el recuerdo del de Lavalleja.
Y también otros, únicamente presentes en las lajas de la acera a manera de zócalos, en lo que fuera la casa de Urquiza.
Pero no, mas gárgolas chorreando sobre los paraguas frente al rancho de Lavalleja.
CAPITULO V
"LA NOCHE "
Cuando los limites de la memoria se trascienden, es que se ha entrado en las vagas zonas de la anécdota.
Los años viejos de la ciudad están surcados por relatos de toda índole, algunos de directa trasmisión como el que sigue.
Al caer la noche la ciudad se cubría de sombras mal disimuladas por los faroles de gas de las esquinas del centro y mas raleados a medida que se alejaban de este.
Pero algún postigo entreabierto y de algunos zaguanes con las hojas abiertas de par en par, escapaban rayos y manchas de luz que se esfumaban bien pronto al avanzar sobre la vereda y apenas llegadas al empedrado de la calle.
El perfume de las magnolias trascendía de tanto en tanto desde los patios frescos, aun mojadas sus baldosas coloradas por la refrescada de la regadera y que la humedad de la noche tibia no dejaban evaporar.
Ahora estamos ubicados en el tiempo, a pocos días antes del centenario.
En la abierta galería, en el sillón de mimbre, la señora mayor se hamaca con lentitud, y mientras la morocha le ceba un dulce , planea la compra de mañana en la feria franca de " la plaza chica".
En el comedorcito al fondo del patio las muchachas de la casa están con visitas y bajo la luz de una lampara conversan con animación de los temas del día.
Desde el cieloraso envarillado de la galería, pende y se balancea apenas con la brisa tenue un globo brillante de color amarillo que refleja como un ojo de pescado en el anaformismo de su espejo, la escena de ese sitio.
Unas macetas de barro que penden de tres cadenillas que se unen al fijarse en el tirante de la galería, vuelca la melena de sus helechos y por entre ellos asoman las lenguas de gato y otras especies de hojas carnudas.
De tanto en tanto se oye el chasquido de una hoja seca de parra que se arrastra sobre las baldosas.
Entre sombras de las plantas y penumbras, en el medio del patio se recorta la figura cilíndrica de un aljibe de chapa con su puerta bombé que se adapta al contorno, y sobre el techo circular una cenefa de chapa estampada con flores de lis, presta apoyo y baranda a una serie de macetines con helechos arroz.
La gran pajarera esquinada que llega hasta el cielorraso de la galería con su carga de pájaros multicolores, ya dormidos, semeja una extraña caja de música en reposo, esa misma música que por las mañanas brota de ella y se esparce reventando en trinos por los patios , las alcobas y estancias invadiendo mas luego la calle.
El reloj de pared, en su caja octogonal de madera, desata su rápida soneria que deja oír ocho campanadas.
Es la exacta hora de la cena y después la sobremesa . Las ultimas tareas en la obscura cocina con el ruido de las ollas y cacharros refregados con ceniza.
El reducido movimiento del pueblo se ha ido acallando casi por completo y contados viandantes demorados, van apretando el paso rumbo a casa.
En marcha están las largas horas de la noche ya.
Se cierran los postigos en las ventanas y las hojas de los zaguanes se calzan firmemente.
Trancas y pasadores velaran la seguridad de los moradores de la casa, El pueblo comienza a dormirse cuando el ultimo soplo de la jornada se lleva la tenue luz de los quinqués.
Pero siempre queda el vecino rezagado al que las once y
media de la noche lo toma fuera del hogar.
Para el es todo el miedo de la noche tenebrosa y toda la soledad de las callejas penumbrosas, aunque el cielo sereno este tachonado de estrellas titilantes.
Un temor oculto lo corroe, mientras busca apartar de su mente una idea que se le va tornando fija, por que hasta ahora nadie sabe si el espantajo es burla o realidad.
Atisbando, perforando las tinieblas, marcha el vecino a quien el intempestivo maullido de un gato en el tapial, sobresalta hasta el espasmo.
A veces tiene suerte y alcanza el zaguán de su casa que traspone como luz, dando el trancazo sobre sus propios talones.
Es el alivio y la autopromesa de no dejarse estar tanto como para que lo agarre nuevamente el casi tiempo de a noche alta.
Otras veces, alguien no tenia tanta suerte y su angustia se colmaba cuando al acercarse a la salvadora luz del farol en la esquina, veía aparecer una alta figura envuelta en santo sudario que en actitud expectante, con su a veces tres metros de altura esperaba a la víctima que se acercaba.
Quien ya retirado de las calles del centro se encontraba, de pronto con esa visión, sabia que debía poner rápida distancia entre el y " la cosa ", la cual por lo general, parecía atraída por la víctima en cuyo pos marchaba con extrañas zancadas que producían un hueco resonar sobre las piedras de la vereda.
Otras veces se trataba de un par y a veces de grupos de espantajos a la vez, y el terror que despertaban llegaba a limites paroxisticos.
Fácil resulta imaginar los comentarios que se entretejieron y corrían las mas fantásticas y desencontradas versiones, tema preferencial y obligado, casi buscados, como corolario de las tertulias y veladas de sobrecena prolongadas en las extrañas horas en que los sucesos se desarrollaban en irregulares periodos y en siempre distintos lugares.
Así como aquel tiempo tuvo grandes zonas de luces y cultura, estuvo también mechada con su parte correspondiente al cono de sombras que agudiza y dilata las cosas tenebrosas.
Hay mil relatos cuchicheados con temor y con respeto, unos locales y muchos originarios de ambas penínsulas que nos volcaron su inmigración laboriosa y con aquella también sus anécdotas, sus miedos y temores como también sus creencias, que prendieron fácilmente cuando la ciudad despertaba a la cultura, pero en que la noche aún era la reina de sus sombras.
Le llamaban, El Fantasma.
O los Fantasmas.
Pero el miedo fue cediendo paso a la curiosidad y la curiosidad le hizo observar a un vecino que venia directo a toparse con el espantajo, cuando este, distraído, cara al farol de la esquina, desde su altura abría la puerta de vidrio, saca un cigarrillo y lo enciende en la llama de gas del artefacto, aspirando con fruición
la primera bocanada.
Un fantasma con hábitos humanos ya es bastante menos que un fantasma.
Y esto es lo que debe haber pensado aquel vecino.
No tardo en correrse la novedad pasada de boca en boca y no faltaron quiénes se pusiesen de acuerdo para espiar a los fantasmas.
Y así fue que si antes los espantajos llegaron a ser los dueños de la noche, ahora la noche se había tornado en su propio peligro frente a los grupos armados con palos que trataban de encontrarse con el fantasma.
Un poco desconcertantes fueron las primeras disparadas del espantajo quien ante los atónitos seguidores, cambiaba de altura y se achicaba perdiedose velozmente en el primer zanjón.
Este nuevo hecho agrego un nuevo elemento de duda.
Pero la curiosidad y por otra parte el deseo de limpiar las noches por lo menos de ese manifiesto y palpable temor, hizo que las cosas siguieran adelante.
Sucedió la noche en que la " patrulla " se encontró con uno, recostado a la pared de la esquina y bajo el farol.
El fantasma no tuvo tiempo ni de moverse.
Un certero palo se le atraco en la piernas y se produjo un horrible crujir como de maderas que se quiebran y se astillan, como un tunal silvestre abatido por su base con un filoso
" collin ", como cae y se desinfla sobre el paracaidista la tela de su salvavidas, así cayo el fantasma entre angustiosos ayes, mas de dolor, de susto al principio por que al dolor lo tiene que haber sentido después de la golpiza de lo que ya fue indignación de aquel vecindario que por tanto tiempo fue tenido en jaque con las espantosas visiones fantasmales.
Después del episodio, los fantasmas no menudearon, desaparecieron todos a la vez y la noche del pueblo se vio al fin libre de espantajos.
también quedo develado el misterio de la altura.
Tras de aquel episodio comentado, aparte de una sabana, podían verse un largo par de zancos quebrados.
Nunca pudo saberse, si el fantasma fue como una institución de la noche una creación local, o si tuvo sus raíces en alguna modalidad peninsular y que al importarse a estas tierras, perdió su significación original y también cual pudo haber sido esta en el muy supuesto de que haya podido tener alguna.
CAPITULO VI
" EL GAS "
La ciudad que fuera un verdadero alarde de adelantos, contaba por esa época con una planta productora de gas.
Estaba ubicada al noreste del pueblo, en las inmediaciones del paraje conocido como barrio franco, que sigue extendiéndose al norte.
Fue lo que otros conocieron posteriormente como corralón del gas, una edificación amplia, de ladrillos colorados, con un estilo de reminiscencias inglesas.
Oficinas, casas habitación para el personal, corralones, depósitos, tanque de almacenamiento de gas, almacenes, grandes pilas de carbón de hulla y la planta de producción.
Entre lo edificado y el sitio libre ocupaba íntegramente una manzana de tierra.
Las oficinas ocupaban la parte norte y la entrada a planta por el oeste y también por este punto casi a la esquina y volcando por el frente sur, estaban las viviendas ya mencionadas.
El signo distintivo del conjunto, era la alta y trabajada chimenea que se erigía en el centro mismo del predio.
La planta proveía de gas a la ciudad, para el alumbrado de las calles, iluminación particular; y lo que es mas interesante, para la alimentación de las cocinas que por entonces había alcanzado un confort que muy pocas ciudades de su tiempo habían logrado aun.
Kilómetros de cañerías de plomo y de hierro atrabesaban la ciudad por calles y veredas y trepaban por las paredes rematando en llaves para cocinas y luz interior, y en bocas para alimentar los picos de gas instalados sobre numerosas esquinas de la ciudad.
Era un combustible económico, rápido y prácticamente seguro.
Durante muchos años, luego de la desaparición de este servicio, veianse aun los labrados picos de las esquinas, aunque ya desprovistos de sus típicas farolas.
Fue un signo distintivo de una época.
Y lo fue para la ciudad, también la enhiesta chimenea roja, tan visible desde muchos lugares del pueblo y aun viniendo por el río era la primera en avistarse por el lado este.
Juntamente con las del molino carabelli, blanca y cuadrada contenida dentro de una liviana estructura de hierro, mas bien baja, junto con la del molino San Pablo o la del saladero Nebel, conferían a la plaza un marco de pujante actividad.
Durante mucho tiempo, la usina del gas, brindo a la población un servicio eficiente distinguiendo a Gualeguaychú, de otras muchísimas localidades cuya iluminación publica era solamente un rudimento colonial.
Por ese tiempo comenzó el auge de la electricidad y la ciudad no seria ajena a un nuevo síntoma del progreso.
Se instala la compania de electricidad del este argentino ocupando un predio en la esquina sudoeste de las calles Bolívar y Siupacha la cual, mas tarde se extendería hasta ocupar la mayor parte de esa manzana, merced a sucesivas ampliaciones.
Constaba de dos maquinas de vapor que accionaban sendos enormes dínamos con los años reemplazados por motores diesel y finalmente cambiada toda la planta con nuevos motores a un nuevo edificio en la esquina de san martín y Pellegrini, pero ya esto es otra historia.
Lo cierto es que una nueva chimenea se levanta en la ciudad.
El tendido de la lineas no se hace esperar; y es muy pronto en que el pueblo se ve enjoyado en una nueva luz, rápida, inodora, mas vale generosa que confiere una nueva y desconocida calidez a los ambientes, incorpora nuevos elementos mecánicos a la industria mediante los dínamos que propulsan rápidamente los establecimientos manufactureros por su sencillez de instalación, su menor volumen, costo inicial y de operación, muy pronto desplazan a la vieja caldera y las maquinas de vapor.
La invasión eléctrica ya estaba a medio camino en la ciudad, pero aun el gas era un elemento preciado en los hogares.
Cada mañana, muy temprano o poco mas luego, las amas de casa celebraban el culto diario del primer encendido en sus cocinas que mediante un fósforo o el chispero, prestamente brotaba el azul de sus mecheros.
Hasta que una mañana, tal vez un poco nublada, quizás un poco temprano, un ama de casa se dirigió a su cocina.
Como todos los días, abrió primero la llave de seguridad, arrimo el fósforo y giro la pequeña manivela niquelada, broto una pequeña llama y se extinguió, Esto mismo sucedió
ese día en todos los hogares que contaban con servicio de gas, por que ninguna cocina, ningún farol, volverían a derramar ni su luz ni su calor, ni esa mañana ni nunca mas.
La compañía de electricidad del Este Argentino, había comprado la planta de gas y sin aviso previo la había clausurado, cerrándola definitivamente.
El intento del cambio del gas por la electricidad, en lo que a cocinas se refiere no prospero por lo caras e imperfectas y en sucesivos atrasos se apelo a la nafta, el alcohol, sucedamos de lo que fuera el gas para terminar, por muchos años en braseros, hornallas y cocinas económicas y volviendo la cocina - recinto, volviendo a su lamentable aspecto anterior.
El gas fue algo mas que luz y calor, este fue uno de sus aspectos, el aspecto practico diríamos, pero ciertamente tuvo otra participación, tanto o mas perdurable aun, por que brillo con brillo propio en las salas de conciertos, en las candilejas teatrales en las salas familiares y en los salones de los clubes. bajo la calidez de su luz emergentes de los picos de cristal de la araña imponente del club casino del plata donde valsaban las parejas deslumbrantes en magnifico atavío, en el tiempo de oro, de los años románicos de la ciudad.
CAPITULO VII
DOS ASTILLEROS Y UNA RAMBLA
El astillero de Giusto, antes de su actual ubicación y que diera lugar a la construcción de la costanera norte, estaba emplazado en el nacimiento de la calle 25 de Mayo a orillas del río.
La navegación tenia enorme importancia y se realizaba en su mayor proporción mediante barcos de vela, que unían la ciudad en viajes directos a Montevideo y Buenos Aires principalmente, de aquí que contábase en ese tiempo con el astillero de Giusto sinó también con el de Izzeta.
El primero de los nombrados, en su primitivo emplazamiento, estaba compuesto de una casa de planta baja y un primer piso, muy amplia de ladrillos colorados y de muy buena construcción.
Formaba esquina con 25 de Mayo y otra calleja breve e innominada y precisamente la calle 25 de Mayo ya mencionada nacía a las puertas del varadero.
A las puertas del astillero, recostada sobre la margen del río se encontraba una pequeña plazoleta alambrada y con un molinete que impedía que los equinos sueltos entrasen a pastar.
A la vera del río una empalizada impedía el desmoronamiento de la costa y concluía con un pequeño muelle de tablas rematada por la clásica escalera que se hunde en el río.
Algunas canoas amarradas, dormidas permanecían al aguardo de sus dueños o de un ocasional usuario.
Se destacaban tres canteros altos bordeados de pasto en sus taludes y en el central, que era circular, una palmera baja y corpulenta y en los dos laterales, de forma triangular equidistantes del central ergianse sendas palmeras esbeltas y mas altas.
Esta plazoleta recibía poco de los rayos solares, dado que aparte de las palmeras, gran cantidad de sauces llorones y otras especies, formaban un espeso velo que mantenían húmeda y verdinegra la tierra de sus breves senderos.
Bancos de tablas, pintados de rojo, completaban aquella recoleta y apacible estampa.
se llamaba " LA RAMBLA ".
Paseo de los días domingo , las tardecitas soleadas, de los días fríos y preferido en el estío durante las ultimas horas de la tarde y el comienzo de la noche.
Detrás mismo de la rambla comenzaban las rampas del astillero multicolorido, con la presencia de los barcos en construcción o reparación cuyas pinturas de vivos matices evocaban mas que un cuadro de quinquela, un pedazo de tierra genovesa.
El astillero todo trasuntaba actividad, trabajo, el chirrido de las maquinas de vapor, las sierras y las garlopas, los cabrestantes en acción, el insesante martilleo de los calafates y las voces de innumerables operarios que deambulaban de un trabajo a otro entre el golpear de los tablones.
Una alta torre de madera, portante de una pluma, servia para la extracción de la arena que se iba sacando de grandes chatas de madera hundidas por la carga hasta los botazos.
La venta de arena era otro de los negocios del astillero.
Pasando la rambla y yendo al sur, la costa baja se prolongaba a la altura de las hoy calle bolívar, había una bajada que conducía a la segunda balsa de cruce del río, ya que la primera se encontraba a la altura del astillero Giusto y próximo a la calle Méndez, estaba emplazado otro astillero no menos importante que el primero descripto, el de Izzeta
Poco tiempo mas tarde la navegación de vapor, y los cascos de hierro junto con la transformación de los viejos pailebots, en barcos de motor, modificando las condiciones que habían permitido una vida tan activa a los astilleros de la rivera, y la incorporación del hierro a la construcción naval, determino la obsolescencia de los primitivos métodos y así vimos desaparecer el astillero de Izzeta y posteriormente el de Giusto.
De esos tiempos quizá lo único que quede, en las postrimerías de este siglo veinte, sean anguileras, una vieja rampa, quietos, silentes ya, quizá a la espera de un nuevo día, que nunca llegará.
CAPITULO VIII
EL PUERTO
La rivera entre el viejo astillero de Izzeta y el muelle de piedra, se caracterizaba por su poco relieve, especie de playada no muy limpia, que se adentraba entre las actuales calles de san Lorenzo y orilla de Alem.
A la altura de G. Méndez y la hoy 3 de caballería, existía una laguna, mas larga que ancha, anticipo del río y solaz de la muchachada que se entretenía con la pesca de especies menores y ranas que abundaban en el lugar.
Hasta hace algunos años, entrecortada por las calles, que convergieron con la espléndida hoy, costanera, podían verse en los varios baldíos que quedaron tras la obra comentada, restos del bajío y el lagunon ya fraccionado por el paso de las calles circundantes, aun quedaban algunos sauces y los típicos cañaverales enclavados en esos predios en su lucha con un tiempo que aun no logro vencerlos totalmente.
Viniendo por la playada, podían verse casi a diario, las típicas lavanderas, las cuales aprovechando los lajones de piedra que emergían en las orillas, ejercían la profesión de poner en blanco las ropas de media población el golpetear del torcel enjabonado contra la superficie del duro piso del improvisado fregadero, agregaban un sonido mas a las mañanas y a las tardes del puerto.
Por la calle de arriba, la Alem, sobre los rieles tendidos sobre el empedrado bruto, avanzaba el tranway de caballos con su rodar sordo mezclado con el pito del mayoral y el resonar de los cascos de los caballos.
Recostados al muelle de piedra, los pailebotes acoderados en primera segunda y hasta en una cuarta andana aguardaban el momento de su alije o de su carga, que se producía sin interrupción mediante el hormigueo humano de hombreadores que pasaban de uno a otro barco por las planchadas que servían de nexo entre una y otra nave.
El agua quieta reflejaba como en un espejo ligeramente sinuoso y con las coloraciones que el día iba presentando, no solamente las irregulares piedras del muro, sino también las proas, los botalones y barbiquejos y no pocas veces un grácil mascarón.
el muelle de piedra se prolongaba en un largo atracadero de madera, describiendo una gran curva frente al extremo sur de la isla de la libertad para culminar un poco mas allá, rumbo al oeste.
Mucho antes del muelle de piedra los barcos fondeaban al veril del bajío
El eje central de la zona puerto era la plaza colón.
En casi todos los puertos o cerca de ellos hay una plaza que se llama colón.
Un merecido homenaje al ilustre Genovés que se llamara Cristóforo Columbus.
La Colón, era una especie de plazoleta, abigarrada de cimbrantes jóvenes casuarinas, ululantes al paso del viento del río.
El suelo de la colón invariablemente presentaba una coloración pardusca característica, producida por un colchón de filamentos secos del follaje de las casuarinas.
Poseía el puerto dos galpones de cinc, uno parte de asiento de autoridades, sala de revisión de equipajes y el resto deposito de mercaderías, el otro para cereales.
El asiento de la capitanía era una construcción de forma octogonal, que poseía una habitación central, rodeada de galería circundante con ocho arcos correspondientes a cada cara del octógono.
Un techo a ocho aguas, de cinc, rematado en la punta con una veleta completaba el todo de una construcción que aunque modificada, se conserva en el lugar.
Los rieles prolongados desde la estación traían los vagones de
carga del ferrocarril del Noreste Argentino hasta los galpones del puerto mientras que una singular grúa de vapor sobre rieles y que podía moverse manualmente por cabrestante, terminaba de componer el cuadro portuario, sin faltar una excelente construcción próxima a la curva del muelle destinado a los gabinetes higiénicos.
El contorno de la colon estaba dado al sur por el almacén Borro, verduras, mimbrerias y productos varios de la zona. Al oeste teníamos la aduana, edificio con recova y planta alta y al norte otro edificio de planta alta y también con recova en su planta baja igualmente dedicado a ramos generales y, terminando el muelle de piedra una solitaria casa de material con techo a dos aguas.
Prácticamente la terminal del tranway era frente al edificio recova del norte.
Allí se efectuaba el cambio de caballos de lugar para retomar el viaje de regreso.
Pero la vida del puerto como tal tuvo varios tiempos.
El tiempo en que era solo un bajío, con naves casi varadas en el veríl y otras esperando su turno recostadas en el sauzal de la isla.
El tiempo del primitivo muelle de piedra, con su vasto comercio con Montevideo, y finalmente el del muelle de madera que fuera principio y fin de la época de oro de la navegación entre nosotros.
Con ese viejo muelle y su desaparición, también muere la actividad naviera y mercantil, con el nuevo puerto, los nuevos ocho galpones, la nueva colon de alto nivel y el progreso que llego dejando vacíos y tristes, espacios que fueron otrora un canto al trabajo.
CAPITULO IX
LOS CARRUAJES
Los medios habituales para llegar al puerto, para los pasajeros de los vapores, consistían en los coches de plaza llamados comúnmente victorias y de las cuales quizás la ciudad fue casi uno de sus últimos bastiones frente al avance del automóvil particular y al de alquiler que aparte de su mayor practicidad, terminaron por conferir un mayor estatus.
Las Victorias estaban protegidas contra el excesivo viento frío de las calles y de la lluvia, por una especie de capote de cuero que se prendía del borde de la capota y se afirmaba en el pescante, o sea el asiento del cochero, y los costados caían en cenefas convirtiendo el recinto en penumbrosa cueva y; de ahí también que se hubiese comenzado a preferir el medio mecánico, pese a sus escapes aromatizantes a gasolina, preferibles indudablemente a los aromatizados a caballo.
Pero, primeramente fueron las victorias y también algunos " cupe " artefacto de propulsión a sangre que poseía ciertos refinamientos, encaramados en sus ventanillas con cristales que se podían bajar o subir y aislarse por completo de la planta motriz y conducción.
Exquisitos personajes de su tiempo, supieron usar ese vehículo para llegarse al puerto.
Desde luego el cupé tenia otros usos habituales tales como tasladación de la pareja a la iglesia, o para los bautismos y sin excepción coche de dolientes.
Por que de todo hizo el cupe, precursor de la cálida intimidad del automóvil de hoy.
Mucho antes de media hora antes de la partida del vapor, venían llegando las victorias al puerto.
Con suavidad, de los que se saben con tiempo suficiente los primeros carruajes.
Arrimaban en las inmediaciones de la colon y dando culata quedaban los equinos, cara al río.
De inmediato los carruajes eran rodeados por los changadores, hoy mozos de cordel, hasta que su cliente lo reconocía y autorizaba a hacerse cargo de los bártulos para la "revisación ".
por ese tiempo se viajaba con mucho y muy voluminoso equipaje aunque se tratase de un viaje sumamente breve.
pero si el calculo de días aumentaba, también en proporción directa crecida e impedimentaba o sea que lo que le impide a una persona moverse en libertad.
Los changadores no tenían una tasa fija por sus servicios, y estos se compensaban de acuerdo al criterio del comitente o de su capacidad económica, pero nunca se producían inconvenientes por tal motivo.
No era extraño oír, " a la vuelta te pago " o anda cobrame a casa.
Se trataba de un juego galante que se practicaba en el puerto entre changador y cliente y a ambos satisfacía por igual.
Algunos changadores mancomunaban su esfuerzo y mediante carretillas y angarillas se disputaban las torres de valijas, cestos y grandes cestos de mimbre.
El cochero de plaza y el changador, bien puede decirse que constituyeron verdaderos puntales del puerto, en parte de la estampa de viajes, marco de tantos " hasta la vuelta ", alegrías y tristezas de mil partidas, y otros tantos arribos.
CAPITULO X
LAS COMUNICACIONES
Lógicamente la ciudad no era un isla, las comunicaciones tuvieron su inicio desde los albores mismos de la villa de san José de Gualeguaychú.
Ferrocarril y vapores, o veleros que se convirtieron en barcos de motor y buques de hierro que reemplazaron definitivamente a los de madera.
Una de las primogénias embarcaciones para la comunicación entre la ciudad de Fray Bentos se llamaba " la siempre Anita " de quien decían que era una lancha, pero era mucho mas que eso ya que poseía maquina de vapor, tenia casilleria baja y se destacaba por su color gris.
Prestó importantes servicios no solamente con la banda oriental sino también con el trasbordo a Buenos Aires o hasta Concordia en los vapores de bajada o subida que surcaban el Uruguay.
Es posible que ya nadie recuerde a " la siempre Anita " cuya vida se extinguió en el varadero cerca del que fuera astillero Izzeta en las proximidades de la calle Gervasio Méndez.
Pero a principio de siglo la ciudad que venia creciendo, reclamaba por un mejor servicio de trasbordo y de comunicación directa también con la capital y fue así que distintas empresas intervinieron para cumplimentar ese anhelo y fue tal la competencia en que el pasaje a Buenos Aires llego a pagarse cinco pesos de moneda nacional y además cada pasajero recibía gratis un sombrero "canotier".
Lógicamente esta terrible competencia no podía durar mucho y esas empresas no pudieron resistirlo debiendo abandonar el intento.
Entonces aparece don Nicolás Mihanovich y su empresa, la Compañía Argentina de Navegación Limitada (canl) copando el sistema de las hidrovias del Paraná y el Uruguay, con cada vez mas buques, mas grandes, lujosos y eficientes.
Algunos propulsados por palas y otros, muy pocos por hélices.
Colon, Berna, Lambaré, surcan el Paraná y el Uruguay, por nuestro puerto aparecen en los viajes directos el vapor " Golondrina ", el cual luego de una interrupción del servicio nos es devuelto con el nombre de " Viena " y tras una prolongada estadía es retirado y puesto en servicio entre Bs. As. y Colonia donde en extrañas circunstancias naufraga, sin víctimas, frente al puerto de esa ciudad uruguaya.
Y fueron llegando y cambiando nombres en el puerto.
Yaguaron, el Yerba que se quemo totalmente en el puerto, y la anécdota de este suceso. A la mañana siguiente de este hecho, el marinero al entregar la guardia dijo " sin novedad jefe ".
En viejas fotografías de época solemos ver el puerto con sus muelles y las naves atracadas a los mismos.
En algunas se aprecias el " golondrina ", y sobre todo aquel inolvidable vapor de principios de siglo, " El Pingo ".
El " pingo " tuvo una relevante actuación en la vida del puerto y de la ciudad, tal vez su nombre esté entrando ya en el cono de sombras que antecede al olvido.
Pero fue historia.
Y seguirá siéndolo.
Luego otros barcos de pala, reemplazaron al viejo " Pingo "
" EL Dorado ", el " Yaguaron ", reemplazaron al " pingo "y finalmente debieron cederle paso al vapor " Luna ".
Así como el Pingo marco una etapa en la historia de las comunicaciones en el riacho, de la misma manera que los largos años del " Luna " en nuestro puerto, marcaron otra brillante etapa, alternada brevemente por el " Yaguaron ", mientras esta iba a carena periódicamente.
Tal vez fue esta la ultima visión de la extraordinaria empresa de Nicolás Mihanivich, pionero ejemplar que esta mas allá de toda alabanza.
Seria el " Luna " el último barco del CALN, luego Dodero, y finalmente de la Flota Fluvial del Estado, en el servicio de pasajeros que tendría esta ciudad.
El Luna, figura familiar, en los puertos de Gualeguaychú y Fray Bentos, fue una embarcación traída del norte y que efectuaba la travesía entre Dover y Caláis.
Con algunas reformas , fue lo que conocimos por estas latitudes, primeramente con silenciosa maquina de vapor y luego desmejorando con la incorporación de potente diesel que ni le aumento la velocidad ni lo mejoro, pues se convirtió en maquina trepidante por un calculo deficiente en la relación potencia - hélice.
Brindaba el una cuestión aparte de sus vibraciones, mas amplitud en su salón principal y en la simpática salita de la cubierta inferior a la cual se accedía por la cómoda escalera desde el mismo comedor.
La salita también contaba con cuatro camarotes reservados.
Sobre la cubierta superior o sea la correspondiente al comedor, se extendían por ambas bandas frente a los pasillos exteriores, una serie de camarotes, interrumpidos primero por un vano para la chimenea, protegida por barandillas, luego venia un cuerpo de camarotes y un pasillo lo separaba del ultimo bloque de camarotes de proa.
A la cubierta superior se accedía por una escalerilla ubicada en el pasillo extremo de la nave.
En esta cubierta estaban ubicadas la clásica toldilla, botes salvavidas en sus pescantes, bancos de plaza, chalecos salvavidas , ventiladores, chimenea, y finalmente la timonera.
Desde la altura de esta cubierta, se tenia una panorámica extraordinaria del río y de sus costas y mucho mas allá de los caminos de sirga, o mejor dicho espacios de sirga puesto que tales caminos nunca existieron.
Así se descubría que la vegetación tupida de las costas cedía lugar a los grandes espacios desmontados de los campos de labranza, y lo que antes pudimos suponer monte tupido, había sido tan solo la idea de algo que tubo lugar mucho antes y en el pasado lejano.
El ultimo nexo directo a Bs. As. que cierra este capitulo fue un buque motor importante llamado " Ciudad de Concepción ".
La desaparición de los servicios fluviales, tuvieron su origen y final en los estremecimientos Socio - políticos y en una profunda depresión económica y también el deseo de encuentro de un acceso mas rápido a la capital.
Así nacieron los servicios terrestres que no dieron mas que una breve economía a los viajes de pasajeros y si muchos inconvenientes.
en cuanto al ferrocarril, ni el transporte terrestre lograron conferir a los viajes, tanto de los pocos de placer, sino por verdadera necesidad y que eran los mas, no lograron, decía comunicar ni el encanto del río, ni su paisaje , ni su poesía infinita, que hacia ve las cosas lindas de la vida, mas lindas aun y las tristes menos tristes, por que los viajes en barco tenían alma y ángel, algo que ni el ferrocarril ni el automotor podrían tener jamas.
Perdidos ya, para la ciudad los servicios fluviales con el retiro del luna con su pase al cementerio de los barcos en el río Luján, este vacío se llena con el advenimiento de las lanchas isleñas que no ofrecen ni mucha comodidad ni la debida seguridad en los viajes de travesía en esta zona del río Uruguay.
Uno de los últimos transportes que llenaba medianamente esta necesidad estuvo determinado por el " Ambrosoni ", pequeño barco de motor con reminiscencias del pasado.
Después otra vez las lanchas que hacían la carrera a Fray Bentos y mas luego, nada....
Y las lanchas se fueron con el puente de un nuevo día que nos unió con el Uruguay mediante un corto trecho de camino.
Por sobre la obra imponente, contemplamos el abismo cubierto, el río vencido y muy abajo, barcos y lanchones de carga que remontan o bajan el río, entre los destellos del sol espejando el piélago.
Con los barcos de Mihannovich, también se fue una época y un estilo de vida de los integrantes de la ciudad, pero no solo eso, también se fue el puerto, su actividad, sus ruidos, las casuarinas de la Colón, las victorias, un sello, una forma de ver la vida, de mirarmos con la naturaleza y de sentirnos.
CAPITULO XI
" LAS COMUNICACIONES II "
" Salagoity, mándame un carruaje a las cuatro, para tomar el vapor.
Era este un pedido verbal o telefónico por demás habitual en ese
entonces.
El vapor, salía a las cinco, pero a las cuatro estaba el coche en el domicilio indicado.
Acomodados los bártulos en el pescante, se ubicaba prestamente toda la familia en el carruaje mientras el jefe del grupo familiar consultaba nervioso las manecillas de su reloj de bolsillo, trepaba el ultimo al vehículo y con un pie aún sobre el estribo ordenaba: " rápido cochero, el puerto ".
Según pasan los años, los viejos nombres de los barcos, también se iban con estos.
Mientras tanto, proa al rumbo, en el puerto el " Pingo " recibía ya el pasaje y las visitas, y ya la bandera de partida ondeaba suavemente desde un brazo de la crucata.
Insesante subir y bajar por la planchada, changadores con equipaje menor, mientras que a proa se repetía la escena de los bultos de mayor porte.
Pasajeros que aprietan la marcha sobre los últimos tramos del muelle, resonando sus pasos, como una música de fondo, parte integrante del viaje.
No nos equivocamos si decimos que los pasos de los regresos siempre sonaban distintos.
Hora: 16.55
Uno de los mozos de abordo sacaba una campana con mango de madera y comenzaba a agitarla con estudiada precisión y cadencia paseándose por corredores y pasillos.
" visitas a tierra "
eso significaba la inminencia de la partida.
Entre las despedidas , los abrazos y los besos, las recomendaciones interminables, se oía un rodar desesperado de llantas de hierro sobre el empedrado y veíanse brotar las chispas de las herraduras de los caballos sobre el pavimento.
Un rezagado, el que cae justo con la hora de partida se tiraba prestamente del carruaje y corría hacia la planchada , los changadores hacían su parte y muy pronto el sofocado viajero se encontraba a bordo.
Pero no falto el episodio del que llego cuando el barco ya desprendido de sus amarras flotando casi al medio del riacho comenzaba su lenta impulsión y cuando se escuchaba el campanilleo del telégrafo que ordenaba " despacio, avante ", venia la contraorden " pare" y quedaba el barco librado a una lenta inercia y el rezagado aun podía emprender su accidentado viaje mediante uno de los tantos botes surtos contra el muelle.
Mientras el barco era alcanzable nadie perdió su viaje.
Cosas de ayer.
Entonces si, la nave empezaba a alejarse. Tres largas pitadas anunciaban su saludo a la plaza.
Los viajeros acomodados en la barandilla daban su adiós, o hasta la vuelta, agitaban sus brazos en la despedida y muchos pañuelos se agitaban también desde el muelle.
El pasaje veía alejarse el muelle, las voces apenas un murmullo, los carruajes iniciando su lenta desconcentracion y a su vez la gente que aún restaba en el muelle veían como el vapor se perdía en la primera curva del saladero.
CAPITULO XII
EL RIO
El río que como arroyo serpenteante tiene sus fuentes en el departamento Colon, al llegar al encuentro con el arroyo Gualeyán, luego de los saltos de Méndez y las piedras, pequeños saltos rumorosos y cristalinos, se ensancha abruptamente hasta tomar las proporciones de río, algunos le llaman arroyo, otros riacho, pero la verdad que se trata de un río verdadero y de características únicas.
En su confluencia con el Gualeyán daría la impresión de que el Gualeguaychú se continuara realmente en su afluente, pero el cause natural indica precisamente, que ese brazo mas ancho es realmente su afluente.
El paisaje del río es, excepto las obras que la mano del hombre agregó, prácticamente casi el mismo que se ofrecía a la vista del hombre a principios de este siglo.
El agua ha seguido reflejando los mismos paisajes celestes, las mismas formas de nubes, los verdes del sauzal frente al puerto; y acariciando en su corriente generalmente mansa los mismos tallos de juncos y las barbadas raíces de los camalotes.
Las aves que surcan su ámbito son las mismas especies que antes lo surcaban, el Biguá, las Gaviotas peregrinas a veces posadas en bandadas como copos blancas sobre sus aguas ora azules, ora verdes, ora grises.
Igual que sus peces, los bagres, la vieja del agua o el pejerrey en días fríos de invierno, a veces las bogas, todos siguen representados con sus formas, sus nombres y su presencia.
No se fueron ni los sauces llorones frente al puerto, en la isla, a veces un tanto ralos, ni el Timbó, los talas, algún paraisal, laureles, atrevidos espinillos de la costa.
Ni otras especies de lánguidas acuáticas.
Son las mismas.
Hijas de otras hijas.
Pero siempre las mismas.
Las mismas aves, el mismo río, el mismo cielo.
Todo repetidamente infinitamente.
El primer tramo ancho del río desde su confluencia con el Gualeyán es casi recto hasta tomar un curva casi cerrada frente al arroyo
" Zapallo " y luego hace una suave " ese " hasta pasar frente al astillero de Giusto.
era la parte cercana a la ciudad, zona agreste donde solo podiase escuchar el rumor del viento al pasar entre las ramas de los arboles o el salto de un pez en el agua, los pájaros del monte
o el grito natural de algún Biguá.
O los sonidos del monte inexplorado.
El rancho de Camilo frente al Gualeyán, constituiría la ultima avanzada de la civilización por ese entonces.
Frente a la ciudad y a la rambla existía el vado al camino de Concepción del Uruguay, en los campos de "El Potrero" de unzué, que se salvaba mediante el uso de balsas de acción manual.
Estas balsas transportaban carros, jinetes en sus caballos y entre ellos los míticos Ford "T", que iban o venían desde la ciudad.
También frente a la calle G. Méndez a la altura del astillero de Izzeta prestaba servicios otra balsa de iguales característica, aun hoy quedan vestigios de esos asentamientos, uno dónde esta emplazado
El galpón de botes del club Neptunia y el otro entre este y el club náutico, hoy casi borradas las pendientes.
Por el año 1930 , ambas márgenes quedan unidas por el puente de hierro que era levadizo para permitir el paso de las embarcaciones y cuyos contrapesos de plomo desaparecieron, por lo que quedo fijo.
El puente en cuestión fue denominado "La Balsa" precisamente por estar ubicado en las inmediaciones de esta, y por esos abatares de la política criolla, cambio innumerables veces de nombre.
La obra se vio completada, con un regalo anterior que hiciera a la ciudad don Saturnino Unzué para la instalación de un amplio parque en la fracción que daba frente a la población, río por medio.
La donación tenia plazo para la iniciación de la obra del parque, y si esta no comenzaba, la donación quedaba sin efecto y el predio volvería a su donante.
Ya próxima la expiración , el puente queda habilitado y el paso fluido a la otra margen permite la iniciación de las obras y así la ciudad pudo contar con un amplio y pintoresco parque que permitiera la ampliación de los limitadisimos horizontes ciudadanos comprendidos por el cinturón del río, sino que al par dieron origen a la instalación de clubes náuticos, primeramente el náutico y luego el Neptunia.
CAPITULO XIII
LA FILANTROPIA
Muchas fueron las formas de la filantropía que tuvieron su desarrollo en la ciudad.
Por una parte, las benéficas desarrolladas dentro del marco netamente
cristiano, gestión abrazada por caracterizadas señoras dentro de esa esfera, estamento social de efectos visibles y constructivos, de amparo a los realmente desposeídos y que se traducían en obras de verdadero aliento, tales como la llamada " sociedad de Beneficencia"
y comisión de damas de beneficencia a cuyo influjo se levantaron obras para la comunidad tales como el asilo "La Caridad" que se levantara en calle Urquiza esquina Angel Elias, posteriormente trasladado a Urquiza al oeste.
El colegio "San José" que al igual que la caridad, también llamado Escuela de la Hermanas era regenteado por las hermanas de la caridad.
El hospital "Centenario" inicialmente sostenido por la sociedad de beneficencia tenia igual administración que los anteriores, al igual que el colegio "Villa Malvina" y posteriormente Pía Unión de San Antonio su asilo de ancianos.
El asilo de ancianos ocupaba y ocupa hoy un viejo local de retiros llamado El Oratorio, actualmente remodelado y ampliado.
Y debemos recordar también a la escuela de artes y oficios del inolvidable Padre Colombo y de su no menos inolvidable capilla de San Ignacio.
Durante larguisimas décadas esas tesoneras e infatigables comisiones y sub comisiones de la damas de "la beneficencia", crearon, construyeron y mantuvieron tales obras mediante el aporte de la comunidad y asombra hoy el hecho de que tales núcleos pudiesen haber concretado semejantes obras, imposibles de realizar hoy.
Entre las formas de recaudación se contaba con los aportes, voluntarios, las colectas callejeras, para fines determinados, las gestiones ante los organismos nacionales , para la obtención de subsidios y otras tales como la colecta llamada "de la flor", que en cierto día del año, señoras y señoritas de "la beneficencia" iban de casa en casa solicitando el óbolo o bien en la calle en el ojal del saco una pequeña flor amarilla.
Esta modalidad de recaudación también se daba durante la gran exposición feria anual de la Sociedad Rural Argentina, con sede en Rocamora entre Goldaracena y Bueno aires por ese entonces y donde aparte de los magníficos stands que en cada exposición se presentaba, rurales e industriales de la zona , constituía una verdadera reunión de característica sociales , de verdadero nivel.
La Rural concitaba al par de la característica apuntada , una muestra de la suma del quehacer de la ciudad por aquellos años. Agregamos que el local ocupado por la sociedad Rural, antes lo fue asiento del Ejercito Argentino.
Así era como en las amplias salas al frente del vastisimo local se presentaban las ultimas novedades en el campo agrario y ganadero con la presentación de la famosa desnatadora manual, Alfa Laval que causaba admiración al igual que las maquinas desgranadoras y muchos otros elementos ferreteros, sembradoras, discos y rastras, y el famoso tractor "Fordson" (el hijo de Ford) con ruedas de hierro.
Entremezclados con los anteriores apreciábanse curiosas y finisimas maquetas de material en verdadera escala de casas que presentaban los constructores locales.
En la parte posterior de la rural se encontraban los varios galpones
de la institución. Allí se encontraban expuestas las maquinarias pesadas y las que por su tamaño no entraban, estaban estacionadas afuera.
Allí se exponían el resto de las maquinarias agrícolas, y los stands de las agencias de automóviles con mucha propaganda, prospectos ilustrados, algunos flamantes automóviles, cada cual "el mejor automóvil" y así entramos a caminar entre los lujosos Buick, los populares Ford modelo "t" en sus variadas versiones, los chasis para Camión cuatro ruedas y un motor.
Los neumáticos Good Year y Michelin, los viejos surtidores de nafta, y finalmente afuera encontrábamos otra interesante novedad dada por las maquinas cosechadoras y por la entonces popular "trilladora" especie de gigantesca locomotora techada y de enorme tractor.
Después y bajo el galpón, ya al fondo del predio ferial, encontrábamos los bretes de lanares finos, ovinos y los toros de exposición sobre un piso de pasto seco desparramado sobre el suelo.
Entre el frente y el fondo existió una hermosa terraza adornada con palmeras y fuente central, lugar de ubicación de las numerosas mesitas de confitería desde donde el publico asistente observaba el paisaje de a exposición ganadera presentada por los distintos criadores y ganaderos de la zonales.
En este lugar se desarrollaba la parte social de la muestra y por allí veianse circular esas damas que ya hemos mencionado ocupadas en la labor de repartir flores y recibir el óbolo de los asistentes, la mayoría de las veces , no esperaban que los viniesen a buscar para prestar sus colaboración.
CAPITULO XIV
LA KERMESSE
La Kermesse fue otro de los medios para recabar fondos para el mantenimiento del hospital, el asilo y otras obras muchas veces poco conocidas en cuyo marco la filantropía tuvo su desarrollo .
La organización de una kermesse no era cosa simple dado que suponía el montaje de todo un espectáculo complicado.
Alguna de las últimas Kermesses tuvieron por marco el ámbito de la plaza chica, la "Libertad" hoy Urquiza.
En la zona aledaña a las calles Magnasco y Palma se ubicaban la mayoría de los quioscos destinados a los entretenimientos, juegos destinados a las personas mayores aunque también participaban activamente la muchachada de entonces, apiñandose alrededor de los quioscos.
El atractivo principal era el juego de dados llamado "la chica y la grande" los dados cubiertos por una especie de embudo, era un paso ingles sintetizado, luego venían la ruleta, rueda grande empernada en un palo, los caballitos, el juego de aros, las loterías, los números por sorteo para diferentes premios, estos si dedicados a los niños.
Se cobraba entrada.
Era una de las pocas veces que se cobraba entrada para algo, claro está, aparte de los espectáculos tradicionales como el cine o el teatro.
Oscilaba entre veinte y cincuenta centavos.
Se cerraban las cuatro esquinas de a placita con unos vallados semejantes a largas tranqueras , fabricadas con lo que en construcción se denomina tabla de chiquero , tabla ordinaria de pino de quince centímetros de ancho y pulgada de espesor por cuatro y medio o cinco de largo.
Una mesita y tres o cuatro sillas servían de apostadero a los de la "entrada".
Los quioscos estaban fabricados comúnmente por un cerco también de tablas y muchas veces revestidos de lienzo a las barandas, y las barandas pintadas a color uniforme o con detalles de elemental bisserie.
Algunas breves guirnaldas de lamparillas blancas y otras en color prestaban una mejor iluminación que la habitual de la plaza la cual por ese tiempo era completamente mínima.
El barrio de la placita se veía mas animado por los días de la Kermesse, con su vecindario en las puertas o sentados en sus sillas o butacas en las veredas y desde allí tranquilamente contemplaban la fiesta que se prolongaba hasta cerca de la medianoche.
Por que en realidad era una fiesta fuera del calendario.
Hemos llegado aquí a un nueve de enero del 31.
un día cualquiera, en un año cualquiera en un tiempo que va transformándose, modificándose insensiblemente sin que nos vayamos cabalmente dando cuenta de tal circunstancia.
Pero sin duda, fueron los últimos tiempos de aquellos Kermesses.
CAPITULO XV
OTROS PLANES
Otros planes benéficos tuvieron lugar en la ciudad mucho mas anteriormente.
volviendo a los albores del siglo.
por lo general, y esto como verdadera regla, las acciones personales estaban regidas por un verdadero código de honor, el cual, aunque no escrito con carácter impreso, si lo estaba en el sentir de cada ser, que se ajustaba a este en la mejor y mayor forma posible.
No fue esto característica privativa del lugar, sino sentimiento generalizado de época era mayor y mas poderosa que cualquier trozo de papel con una firma, que obliga a quien la estampa.
En los comercios de ciertos vecinos muchos clientes y amigos depositaban sus pertenencias de valor y su dinero dentro de botijas de barro que alineadas en una estantería de madera quedaban a disposición de sus dueños para cuando estos lo requiriesen.
O sus sucesores.
Era mayor la confianza en el amigo que en las instituciones que nacían y desaparecían en las incidencias de un esbozo mercantilista.
El concepto filantrópico simboliza un inequívoco sentido de alturismo en relación de hermandad.
Y la hermandad aparte de la principal base que es la confianza y la amistad viene a constituir una sociedad dentro de a sociedad y en la cual sus miembros buscan ayudarse amparase y protegerse.
Aliviarse mutuamente el infortunio, socorrerse en fin, con verdadero sentido de hermandad.
El fin primordial de la hermandad el de propender a la dignidad humana en todo sus aspectos.
Mantener el espíritu del hombre y su figura evitando su ruina y deshonor para si mismo y al que comportaría a su familia.
Propender a que el individuo se baste a su sustento estable con decoro y dignidad inherentes a la condición humana y pueda proveer por ende, de las mismas a su núcleo.
La cuota de aporte a la hermandad: valor de la palabra por la palabra
misma, valores morales, valor del concepto de honor e integridad de estos conceptos.
La hermandad existió en la ciudad desde los tiempos en que esta hacia pininos.
Y no tanto fueron los hermanos, cuanto lo fueron sus obras.
Los principios de la hermandad como hemos visto, eran rígidos y su funcionamiento de carácter hermético.
No obstante, ni cuna ni fortuna impedían el acceso de nuevos miembros dado que el principal requisito lo era la bien probada honestidad del aspirante.
Tampoco era un juego de caballeros desocupados.
Ninguno de sus integrantes revistió este carácter, fuere cual fuese su actividad, desde la mas alta jerarquía, hasta el mas humilde empleado nada era ocioso al conjunto.
Pero solo se accedía a los altos grados, mediante sucesivas etapas jalonadas solamente por el deseo del bien común.
Por ello, quede bien claro, que no era esta un empresa para repartir prebendas ni favores, ni tenia un espíritu mercantilista
o utilitario, ni espectacular o publicano, pues innumeras veces el destinatario de una ayuda, aun miembro de la hermandad, logro saber por quien venia esta.
Se cumplía cabalmente aquello de que " tu mano izquierda, ignore lo que tu derecha ".
Y es muy poco lo que el común de las gentes ha podido saber acerca de la hermandad.
Antítesis total de la "cosa nostra", de la trenza, del aprovechamiento de situaciones y circunstancias, de la deshonestidad y la mentira, la hermandad presto su decidido apoyo a cuanta obra relevante a la comunidad se presentó, velando por que cada miembro constituyese un arquetipo ciudadano.
Dije que es muy poco lo que sabe el común de las gentes sabe de la hermandad.
Y he dicho bien; Basta agregar algo aun. Sucedió aquí.
La Gran Logia Unión y Filantropía, la que agrupó a los hermanos tres Puntos, como también se la supo conocer.
CAPITULO XVI
LA ARQUITECTURA
Tuvo la ciudad sus grandes maestros de la arquitectura, algunos nombres figuran estampados en las fachadas a la manera de quien firma su obra.
Los de Americo patriarca y de Luis Delfino aún pueden verse en algunas casas viejas de clásico estilo, pero en las mas de ellas ya es poco probable saber de quien es la obra, salvo claro esta, un paciente y rebuscado estudio en los archivos de la época, cual no es la finalidad de este trabajo.
Viajeros de la época en sus comentarios, sostenían que la ciudad configuraba un barrio de Buenos Aires, lo cual por aquellos días era todo un elogio.
Una mezcla de estilos, secuencia de las distintas corrientes inmigratorias dieron una fisonomía propia al pueblo, desde las viejas construcciones de neto corte colonial, pasando por los estilos romanos y franceses que culminaron en las estilizaciones de estos hasta llegar al que se diera en llamar " futurista" y que se convertiría mas tarde en el arte de la arquitectura moderna y actual.
Enorme influencia en la ciudad tuvo esta nueva concepción estilista de la que fuese padre y pionero, el recordado arquitecto Paúl Tack.
La absoluta formalidad de los diseños de entonces, se vieron ganados por una concepción audaz, desenvuelta y liberada de los antiguos cánones revolucionaria en extremo y al principio resistida.
El advenimiento del nuevo estilo, no solamente en la edificación sino también en sus complementos y el enriquecimiento de sus interiores, aparte de la introducción de un nuevo sentido de confort, desconocidos hasta entonces, pusieron viviendas mas al alcance, con una serie de detalles de funcionalidad y comodidad que dieron otra tónica al modo de vida ciudadana.
la revolución arquitectónica de Paúl Tack, adelanto en muchos años el progreso en este aspecto de la ciudad, que de otro modo hubiese demorado décadas en llegar debido al extraordinario conservadorismo lugareño.
Si bien el fuerte de este arquitecto fue el nuevo estilo propulsado por el padre de la arquitectura moderna, Le Corbusier, y que ya se imponía en todo el mundo, y a pesar de todos los obstáculos, Tack logro imponer rápidamente sus conceptos por entonces extremadamente modernistas y audaces y por ello luce hoy la ciudad muchos edificios debido al tablero de este extraordinario pionero.
Si bien el fuerte de Tack fue el nuevo estilo no fue ajeno a otras obras de estilo clásico y así tuvo directa intervención en el proyecto de la construcción del mayor edificio particular que se levanta en la esquina de 25 de mayo y España.
El modernisimo hogar de niñas, que serviría para trasladar el antiguo de calle Elias y Urquiza iniciado bajo los últimos gobiernos Conservadores, devió aguardar, casi en su mayor parte construido, que las distintas corrientes políticas dejaran de pugnar entre sí al sucederse en el poder y entendieran mejor las razones del orden social que les dieran origen, pues era costumbre que si una política determinada había comenzado una obra y no lograba terminarla en su mandato, la corriente que le sucedía en el manejo de la cosa publica la dejaba inconclusa y arruinándose en el tiempo , para no aportar méritos a la causa contraria.
También los hubo, aquellos que se vistieron con las plumas ajenas, terminando las obras pero cambiándoles el destino y la nomenclatura.
Pero este sentir y este proceso no fue privativo de la ciudad.
La ciudad lo sufrió como una consecuencia del juego politiquero de entonces y de siempre y de acuerdo al mayor o menor grado de decencia y honestidad de cada estrato actuante.
He mencionado una vasta edificación confiada a un solo arquitecto al igual que su dirección, no solo por su tamaño espectacular y lineas de avanzada, que aun hoy sirven perfectamente a su propósito ya que hasta funciona una escuela primaria, en la misma sino por que quizás por primera vez en la ciudad, que es una ciudad mal orientada, como casi todos lo saben, se contemplo tal circunstancia que permite la racional distribución de luz y ventilación durante todas las horas del día.
Tack no vería terminada su obra en razón de los avatares socio políticos devinientes, pero lo que si pudo ver fue la transformación que un estilo produjo en lo atinente al sentido de funcionalidad, de confort y de nuevos hábitos que introdujeron no solamente la alegría de la luz, el color, la forma y la ventilación, sinó que constituyeron al par de la revolución arquitectónica, un sentido nuevo de vivencia y consubstatación del individuo con un concepto de dinámica proyectada a planos futuros del tiempo y la plena conciencia de estarlos viviendo ya.
Este plan esbozado claramente en la remodelación de vetustos edificios mediante el aporte de nuevos enlucidos y materiales nobles, nuevos diseños de aberturas, nuevos colores, nuevo diseño de frentes e interiores, y finalmente el cierre de los grandes patios transformados en espaciosas salas de estar y de recibo, va ganando la aspiración popular en el deseo de una vida acorde a los nuevos tiempos.
Y es así que muy pronto aparecen las grandes obras.
El cambio de corriente continua por la alternada influye notablemente al permitir la instalación de ascensores que solucionan la edificación en altura.
Múltiples obras del revolucionario arquitecto francés, visten hoy la ciudad y detallarlas seria un capitulo aparte.
En honor de Paúl Tack solo basta agregar que fue un hito, pionero y transformador de estructuras perimidas en el concepto de hábitat de la época, al aportar un nuevo estilo, marcando con toda precisión el fin y el principio entre dos épocas, y no solo ediliciamente.
Y aquí también recordaremos a don David Angelini otro de los pioneros del nuevo estilo y a su hijo Oreste que adoptaron la nueva línea que se imponía rápidamente en la ciudad.
CAPITULO XVII
EL CARNAVAL
Mucho antes del efímero reinado, pero de duraderos recuerdos, comenzábase a hablar del carnaval.
Erase algo de raíces tan profundas y arraigadas en el sentir popular de entonces, que hasta los catálogos que editaban las grandes tiendas de entonces, se incluían adornos, disfraces y elementos propios del culto de Momo.
Con Antelación a fin de año, recibíanse los gruesos volúmenes a total ilustración de Gath y Chaves, Harrolds y ciudad de México, según se fuese cliente por correo y por contra reembolso, de una u otras casa comerciales.
Ya por las páginas finales, se encontraba todo el compendio de lo necesario para hacer un excelente papel, tanto para los niños como para los mayores en estas celebraciones de carácter general y que en nuestro pueblo revestía inusitadas característica que lo diferenciaba de todos sus pares litoraleños.
En las figuras de los catálogos, desfilaban aldeana, marinero, guardia civil, bombero, payaso, el inolvidable arlequín y el pierrot "mon ami pierrot" al decir de una conocida poesía francesa, la dama antigua y la española, la holandesita con su típico tocado y los suecos de madera, la recetada odalisca y la princesa, cerrando los grabados con el clásico y rojísimo disfraz de "diablo" con cuernos y cola rematados en cascabel, sendos atributos rellenos con algodón y completando el todo con el tridente infernal.
Todos estos disfraces veianse mas luego en el espectacular desfile del corso, ya fuesen de Gath, Harrolds o México, o bien, de hechura casera copiados de los catálogos, allí estaban todos.
Diablos y Polichinelas tristes (por que realmente sí que eran tristes) domadores montados sobre enloquecidos corceles, mitad superior hombre y parte media caballo, e inferior piernas humanas, ensordecían con sus gritos y guachasos sobre el "anca" del animal o sobre el pavimento y todo el mundo se abría para darles paso.
En medio de la baraúnda infernal solían aparecer los indios, que al cruzarse con un conjunto de gauchos desmontados, luciendo típico atuendo, en medio de interminables monologas payadas, se trababan en feroz lucha de "lanzazos" y "planazos" con facones de madera, hasta que unos y otros se desbandaban y perdían absorbidos por la incesante marea humana y los coches y carros adornados que en prieta
fila de doble mano circulaban luciendo sus mascaritas multicolores en medio de chubascos interminables de papel picado, arabescos trazados en el aire por la serpentina galante y el ramito de jazmines o la vara de nardo que se intercambiaban de palco a coche y de calle a ambos.
El "ramito", o se llevaba ya desde la casa o se adquiría a un módico precio en el recorrido del corso a los canasteros floristas, y en las esquinas y a mitad de cuadra estaban los puestos de los vendedores de papel picado fino, serpentinas "el loro" y una exquisiteces mas, constituida por la serpentina japonesa de papel de seda.
Se practicaba una especie de juego con agua muy discreto, agua que se expendía en pomos de plomo, con tapita de rosca del mismo material, envuelto en vistosa etiqueta en la que predominaba el tono verde y que contenían 'agua florida", traducción: "agua perfumada".
Los había en tres tamaños: chico, mediano y grande.
Estas sizas descritas corresponden a dimensiones generosas y permitían después de las once (23 hs), la práctica de otra fina
galantería, la de perfumarse mutuamente damas y caballeros con aquel elemento.
Y a medida que se acercaba la medianoche, final de la fiesta callejera se raleaba la multitud, se intensificaba aquel juego sutil y elegante entre damas y caballeros, las chicas y chicos enredado en serpentinas multicolores, con los cabellos "tapados" de papel picado y luciendo aún un ramito de jazmines en una mano, en la otra pomo en ristre, al ataque de simpatía.
Apareció posteriormente otro elemento, el llamado el lanzaperfume con base etílica, en envase de vidrio con válvula de goma que al abrirse dejaba escapar un finísimo chorro que al evaporarse sobre la piel producía un frío intensísimo.
Muchos días antes ya comenzaba a vivirse el "clima", pero que no se anticipaba con el pre-carnaval y menos aún con el posterior invento que se diera en llamar Mi-careme o sea media cuaresma.
Por que en realidad la media cuaresma, jamas ha existido.
La cuaresma es cuaresma entera y nada mas y comienza con el miércoles de ceniza, pero esto es ya otro asunto.
Sábado, Domingo, Lunes y Martes de carnaval.
A veces existía la expectativa de un sábado y otro Domingo mas, pero esa expectativa se diluía prontamente cuando los encargados de la intendencia comenzaban a retirar guirnaldas y cartelones.
Por que después de la guirnaldas vinieron los cartelones, tres o cuatro por cuadra a doble faz, con motivos alegóricos.
Creo que el día en que se nos recordó, con mascarones sonrientes la presencia del carnaval, ese mismo día el carnaval comenzó a morir de un poco.
Recordar, equivale ya a un recuerdo y un recuerdo es cosa pasada.
Recordar carnaval en carnaval es casi tan ridículo y fuera de lugar como esos que quieren recordar a los demás a si mismo "yo amo a mi patria y usted ?".
Las guirnaldas con bombitas de colores pendían de vereda a vereda sobre la "25" desde Rocamora hasta chile y en el principio de su máximo esplendor se daba a todo lo largo de esta calle es decir, de Rocamora hasta mitre.
La calidad del espectáculo era total, colorido, disfraces, luces y alegría y el derroche de fineza en la concurrencia eran prácticamente absolutos sin que episodios lamentables o la grosería, empañasen la fiesta.
A eso de las diez de la noche, aquello estaba en todo su apogeo el desfile abigarrado de carruajes con cabalgaduras lustrosas, enjaezadas de gala, con pretales rematados con campanillas tintineantes, cocheros impecables en cuya indumentaria destacabanse los guantes blancos, el cuello duro, almidonado, y el remate del bombín.
Iban los carros adornados con varas de sauce entrelazadas y ramas de paraísos formando como una enrramada y con aquel o aquellos farolitos japoneses, que para mas datos eran plegables, alumbrados interiormente con un cabo de vela, se balanceaban al compás de la marcha del carro y en su interior las mascaritas competían en alegría, entre el sonar de las matracas comunes y los matracones gigantes.
Los bombos de las murgas resonaban al batir de los parches y la repetida melodía de la bocina del viejo fonógrafo, con membrana de papel de seda, se esparcía por el ámbito y se entreconfundia con los sones de otra murga que venia en sentido contrario.
De pronto se dejaba sentir un redoblar mas preciso que el de las murgas, casi marcial, se divisaban a lo lejos los grandes estandartes, los haces lictores, los cascos romanos, los pectorales lustrosos.
Sí, era un pedazo de la Roma de los Césares que anulando el tiempo estaba pasando sobre el adoquinado de madera de una calle de Gualeguaychú.
La comparsa de Nerón.
La comparsa de Nerón fue una de las mas grandes tradiciones del carnaval Gualeguaychuense y con decir que parecía escapada de un colorido cromo de su tiempo, sin faltar detalle está todo dicho.
Y pasaba la comparsa de Nerón en medio de los vítores y aplausos y mal disimulada emoción de los muchos Italianos que por aquél entonces había en la ciudad.
Cerraba el desfile la chiquillada enloquecida, y luego la calle era cubierta nuevamente por la marea humana desfilante.
Momentos hubieron, en que el derroche de papel picado se convirtió en tupida alfombra, espeso manto, que dificultaba el avance de los caballos que tiraban coches y carros, y mas de una vez los cocheros tenían que descender a destrabar las patas de los equinos prácticamente maneadas en las cintas multicoloridas y también liberar las ruedas atracadas en el torcel de las larguisimas cintas, espectáculo único, insólito e increíble.
Otra comparsa de sobresalientes contornos, fue UNION ARGENTINA una verdadera orquesta caminante, de lo cual, aparte de su uniforme naval, era el sonido de los violines.
El carnaval de Gualeguaychú , fue tan vasto, tan insólito, y tan multifacético, tan único, que hace que su descripción fiel no pueda ser contenida en una sola memoria, ni en una crónica informal
únicamente.
Por ello quiero reiterar, que esta descripción costumbrista no tiene pretensión taxativa sinó la mera enunciación de ciertos hechos registrados bajo el rubro de vivencias.
Se acaba de describir una calle.
Mas no, aún, sus veredas.
Si maravilloso era ya de por s el espéculo en la strada, no era menos lo que estaba sucediendo en las sendas veredas de todo el recorrido, alguna vez, en un viejo galpón donde se amontonan los trastos de una casa, un amplio garage, o en un simple fondo a veces protegido por unas cuantas chapas viejas, supe reencontrarme lo que con el tiempo, el olvido y los años, un curiosos entarimado, con patas bien trabadas, una especie de cajón alto, las patas delanteras mas largas que las posteriores.
A veces las barandas perimetrales eran simple cerco de tablas canteada, ora bien pulidas y otras tal como salían de la sierra, ora su barandal con reminiscencias de columnata y otras veces enrrejillada.
Las tablas se cubrían en su entorno con cretona o lienzo y en su interior tenían un largo banco por lo general, en cambio otros tenían capacidad para instalar sillas y butacas.
Se llamaba "el palco".
se accedía por regla general, por una escalerilla instalada en uno de sus extremos y esta era rebatible y al levantarse ya constituía la puerta.
Eran casi una pequeña fortaleza, simbólica, pero fortaleza al fin.
Nunca ha habido fortaleza mayor, que la de una sociedad con principios.
Ubicados frente a los zaguanes del domicilio de los propietarios, quiénes galantemente cedían espacio a amigos y conocidos para que en el resto de la vereda sobrante, instalasen estos los suyos, vecinos de otras calles y de otros barrios, cuya capacidad económica o manual le permitía tener palco propio.
El palco quedaba instalado justamente en la línea del cordón de la vereda, he aquí y el porqué de las patas largas delanteras, estas descansaban sobre la calzada y las patas cortas equilibraban la diferencia de nivel entre la calzada y la acera.
Constituía un sitio de gran privilegio, ya que por su aislación natural, evitaba a los ocupantes las molestias propias de los apretujones al par que los colocaba a nivel de los carros y carruajes y algo mas altos que los automóviles recalentados por los frecuentes cambios de marcha y la lentitud del desplazamiento, terminaban echando vapor por todos lados y expedían el aire recalentado a su paso.
Los coches y los automóviles pasaban con capota baja y las mascaritas encontraban su sitial preferido sobre aquellas y desde allí desparramaban su gracia y alegría.
Poseer un palco era un símbolo inequívoco en la mayoría de los casos, de gran distinción, y ser invitado una noche al palco de una familia amiga, lo era aún más, aparte que el gran honor que esa invitación comportaba.
Tiempo hubo en que la fila de palcos era tan prieta en ambas márgenes en que no había espacio entre uno y otro y por esto el público se desplazaba por la calle.
Otras veces quedaban pequeños espacios entre los palcos los cuales eran ocupados por sillas de vecinos del lugar.
En cuanto a las bocacalles eran ocupadas por bancos de plaza, sillas y algunas improvisadas cantinas.
Frente al antiguo local de "Jockey Club" ( 25 entre Montevideo y Suipacha ), en el "café de Marpez" (25 y Suipacha), "EL Lírico,(25 y Pellegrini) , "El Tokio" (25 y Chacabuco), El antiguo "Café Argentino", en (25 y Rocamora) y el "Club Recreo Argentino", eran estos los lugares donde se colocaban las mesitas para sus asociados y familiares.
Desde los balcones de las casas de alto, muy pocas por aquel entonces, las familias preferían contemplar la fiesta, y en los del Club Recreo Argentino se daba cita una gran parte de la sociedad de entonces.
Una semana antes de la iniciación del Corso de la "25" veianse pasar carros llevando los palcos al lugar de ubicación los que se quedaban guardados a los fondos de la calle, sobre todo en la calle San Martín, prácticamente se trasladaban a mano.
Así lentamente se iba armando el escenario y creo que ya, quince días antes , previos a la fecha, el municipio comenzaba al tendido de las lineas ornamentales de luz y los adornos de madera, óvalos y volutas con bombitas de colores y otras enteramente blancas.
Dichos adornos lumínicos, eran curvones de madera, listones conformados, pistoletes, para mejor describirlos, con óvalos centrales , a los cuales una tormenta inesperada los desbarataban al igual que a los cartelones de tela pintada y quedaban estos dispersos por el suelo.
Posteriormente estos adornos fueron construidos con planchuela de hierro resultando mas fuertes, posteriormente estos adornos, ya decaído el carnaval, algunos sectores que simulaban flores de lis, pasaron, como último destino a ser parte de la iluminación de la "vía blanca" de tres cuadras de la calle 25, entre Churruarín y Suipacha.
Y así en medio del estruendo, la algarabía, las espectativas y las ilusiones, llegaba el martes de carnaval.
También se jugaba con agua.
De Una a Cuatro de la tarde, había días en que todas las calles de la ciudad jugaban los vecinos y baldeaban a los demás.
Sí uno salía, seguro que lo mojaban.
Pero, hasta las Cuatro, nada más.
Y como decíamos, llegó el martes y con él, el entierro de carnaval.
El Reino de Momo tocaba a su fin.
A eso de las 23 comenzaban a pasar los disfrazados de "muerte" con sus caretas inexpresivas de calavera, sudario blanco y clásica guadaña.
Y después , el "entierro".
Entierro de utilería, con llorónas, velones y muerto "vivo" transportados en carretilla, en carro o simplemente pulseados en rústico cajón, los muertos mas "refinados".
Comenzaba entonces el juego con agua de todos los días que ya se describiera, tal vez mas violento, mas intenso, se desparramaban las alegres mascaritas y los sones marciales de la corte de Nerón se iban acallando, desaparecían los indios y domadores y solo algún gaucho trasnochado recitando versos de Martín Fierro, solitario casi, seguía
transitando a paso vivo, los últimos minutos de aquel carnaval que se iba.
Sonaban las rodajas de las llorónas, con aquel típico rodar sobre la calle y las veredas, mientras volvía a pasar la guadaña, el muerto y sus llorónas.
Se apagaban los sones de las murgas, disgregados sus componentes, comenzaban a apagarse desde una punta del corso, las guirnaldas y los arabescos multicolores.
Había terminado la última noche de corso.
los palcos abandonados ya por sus dueños, eran ocupados ahora por muchachos, por algunos máscaros sueltos, el gaucho dicharachero, un indio cansado, un domador cuyo caballo de cartón su medio caballo descansa ahora, al pié de un palco, como una cosa sin sentido.
Mas lejos en otro palco, un chico que lee una revista.
La calle oscura, con sola las luces de las esquinas, un colchón de serpentinas de papel picado y un montón de chiquilines que vienen enbolsando serpentina y papel.
Con el correr de los días, los bancos de plaza que también tenían su lugar en el recorrido del corso, iban volviendo a las plazas, la plaza grande, la chica, y la Colón, de donde salieron para integrarse a la fiesta.
Comenzaban a ralear los palcos, último bastión del carnaval, algunos pulseados hasta el galpón de la vuelta y otros en carros buscando el lugar para dormir el sueño de papel.
Cuando veíamos pasar sobre el carrito, el largo palco que acababan de retirar de la vereda, rumbo a su larga orfandad, se me antojaba un mastodonte, cual un viejo Mamut, arqueado fuera del tiempo y de la realidad.
Así como el viejo mastodonte, así se fueron los palcos de Gualeguaychú, los palcos que dieron marco y figura al carnaval de un tiempo, de una época y una manera de vivir.
Se fueron junto con las serpentinas y el pomo de agua florida y los ramitos de jazmines y las varas de nardo, no por que pudiéramos suponer que fueron arrollados por el progreso.
Se fueron por que los arrolló la tristeza.
CAPITULO XVIII
LA CONFITERIA
En un lugar que se destacaba por tantos valores culturales, humanos y filantrópicos como mas adelante habremos de ver, aparte de sus instituciones sociales, no pudo dejar de contar con una gran confitería céntrica.
Estimo, sin lugar a equivocación alguna, que fue la mejor, la mas elegante y distinguida que tuvo Gualeguaychú en lo que va de este siglo.
Ubicada en la esquina de Humberto Primo y 25 de Mayo se levantaba el espléndido edificio de la confitería Serserriche.
Puesta a todo lujo y confort de época, con todos sus muros interiores enriquecidos por una boisserie de roble, rematada por espejos rectangulares, conferían al recinto una calidez poco común.
Mesitas de basamento fundido, tapa de mármol blanco con borde metálico, sillas de Viena esterilladas, mostradores de roble y mármol
vitrinas metálicas con cristales que exhibían todas las delicadezas de fabricación propia.
Un espléndido aparador con espejos de cristal dominaba la escena interior.
Amplias vidrieras a la calle 25 de Mayo y por la mas amplia ochava con que haya contado la ciudad en todo ese tiempo.
Impecable y siempre pulcro suelo de mosaicos claros completaban la instalación.
Un impecable caballero en correctisimo traje y chaleco negro, y camisa blanca de cuello duro y moñito negro completaban el atuendo del propietario que de la amabilidad y cortesía no fementidas, verdadero anfitrión de su casa, el propietario.
La confitería de Senserriche tenia una significación especialísima. No puede decirse que el lugar de verdadera atracción, para la culta sociedad de la época, contase con un ambiente de corte barroquista, nada de eso, tan solo tenia el encanto conferido por su propietario de la reproducción en Gualeguaychú, de una buena confitería de principios de siglo, de Buenos Aires o Montevideo.
Gran confitería.
Clásicas eran sus masas y sus postres exquisitos.
Tradicional era su envoltura de papel blanco, asegurado con cinta argentina y que finalmente se portaba con una manijita de madera atravesada con un alambre gancho que tomaba de la parte superior de la atadura cruzada.
O la bombonera de cartulina decorada, con cierre elástico tan comunes en el obsequio a una preciada dama de tantos desvelos para muchos caballeros.
Casi al filo de la mañana se veía el local concurrido de una selecta concurrencia, que en animada tertulia, gustaban de la Hesperidina, el Nolly Pratt, el Carabachel el 8 hermanos o la famosa granadina con soda.
Por las tardes y ya casi caída la noche y después de la cena, en verano, las damas eran parte obligada de la reunión elegantemente ataviadas, aquel marco superábase aún mas y se respiraba así una atmósfera de la Gran Vía o de reminiscencias parisinas.
La descripción de la confitería de Serserriche podría ajustarse cabalmente a la que pudiese hacerse de cualquier establecimiento europeo de su categoría y de su época.
Y como no hablar de aquellos helados de sabor incomparables, servidos en coquilles metálicos , con cucharitas paleta, relucientes, pulidas, que convertían un simple helado, en un total placer de degustación estival.
Por el invierno a través de sus amplias vidrieras observábanse las animadas tertulias, cuyo punto mayor alcanzábase a la terminación de las veladas teatrales o líricas de entonces, cuyo obligado cierre de daba en la confiterías de Senserriche, frente a los pocillos de café, las copitas de licores y las damas con sus humeantes exquisitos chocolates y masitas de anís.
Fue en las primerisímas décadas del siglo, era como al filo del medio día, un domingo tras la vuelta de la misa.
Como una filigrana delicada, como un cristal finisimo, de coloraciones inenarrables, así pasó Senserriche, el mejor establecimiento de su género, que haya poseído la ciudad en tiempo alguno.
Calidez humana fue su principal atributo.
Fue en las primerísimas décadas, con mi padre estábamos ese domingo en lo de Senserriche y me pregunté:
pero esto estaba realmente sucediendo ?.....
CAPITULO XIX
LOS TEATROS Y LOS CINES
Teatro 1º de Mayo
Fue un teatro.
Un teatro que tubo tremenda importancia cultural y extraordinario vínculo social, ubicado en calle Urquiza casi Mitre, en tiempos posteriores convertido en un semi baldío y ex talleres de una empresa de transportes colectivos frente a la fuente de la plaza San Martín y hoy la moderna clínica San Lucas, fue un claro exponente de los recursos arquitectónicos de la época.
No puedo precisar exactamente bajo que circunstancias vine a descubrirlo, parcialmente desmantelado, polvoriento, desteñido, abandonado.
Quizá fue un domingo, a la salida de misa, por el lado del este , se filtraba toda la intensa claridad de una mañana soleada a través del enorme hueco producido por el faltante de chapas que servían de pared al recinto.
Por el lado sur veíase la boca de un escenario del que aún pendían bandeletas y dosel amarillentos, sucios de polvo, deprimentes.
Y me encontré de pié, en uno de los palcos altos, con sus divisiones laterales, cenefas con graciosas curvas y claros vestigios de fileteado azul. Recuerdo que asombrado pregunté que había sido aquello y me respondieron que era cuanto quedaba del otro hora famoso " 1º de Mayo ". Madera, cartón, bolsas, lienzo, tal había sido su estructura y viéndolo, de ninguna manera pude imaginar aquellos restos bajo la luz de las candilejas en una velada de gala.
Tampoco pude imaginarme sobre las tablas a Pepe, Totón ni a Rosa Podesta ni a mi padre el día en que sus amigos pusieron en escena
" Flor que Sufre ", obra de teatro de su autoría.
Es cierto sí, que conocía a los Podestá un día que el me los presentó pero no fue en el viejo 1º de Mayo.
El 6 de Octubre de 1995 se cumplió el centenario del nacimiento de José ( Pepe ) Podestá, nacido en la ciudad de Montevideo y quien posteriormente con sus hermanos se inician en las tablas circenses en las incipiencias del teatro, con historias gauchescas en las que Pepe interpreta al Martín Fierro, de José Hernandez y también interpreta al celebre payaso " Pepino el 88 ".
Los hermanos Podestá tuvieron hondas raíces en Gualeguaychú, raíces de profunda amistad que este pueblo les brindó.
Luego radicados ya en La Plata abren una sala " COLISEO PODESTA ", hoy monumento histórico que perdura la memoria de aquellos pioneros de lo que hoy es el teatro nacional, desde la carpa del pequeño circo familiar a los grandes escenarios del país.
CAPITULO XX
EL COLON
Ubicado en la ex Humberto Primo, hoy Italia, justo en el centro de la calle, lado oeste, fue el máximo exponente lírico en la localidad y en su tiempo, y ya antes del año 15, era solo un recuerdo que se desvanecía rápidamente en el tiempo, y de todo aquel viejo esplendor solo quedaba la fachada de acceso, tapiado y de lineas netamente románicas.
CAPITULO XXI
EL LIRICO
En la esquina sur oeste de las calles 25 de Mayo y Pellegrini supo haber un cine teatro llamado " EL LIRICO ", justamente contiguo a una acreditada librería e imprenta de entonces, lo de Elizalde.
El Lírico era una curiosidad de nuestro ambiente, pues se trataba de un Cine Teatro al aire libre de ahí entonces, que solo funcionaba en verano.
Que como era el lírico ?
Prácticamente tenia una media cuadra de profundidad por otra media de ancho y quedaba en la esquina de 25 de Mayo y Pellegrini, en el ángulo Sur Oeste de esa intersección.
Sobre esas calles estaba bordeado por un alto paredón que impedía la visión de lo que pasaba en el recinto.
Al frente y por la calle 25 de Mayo había un portón de chapa de doble hoja y la vista de la pantalla que estaba al fondo Sur se veía impedida por una construcción de chapa y madera de dos plantas, de un estilo normando, abajo ocupada por la boletería y una especie de pequeño bar y la planta alta estaba ocupada por la caseta de proyección cinematográfica.
La típica casilla pintada de blanco y con las columnas vigas y riostras entrecruzadas, tan clásicas del estilo, estaban pintadas de rojo brillante y el todo era rematado por una brevísima torrecilla cuadrada.
Tres pinos al frente sobre lo de Elizalde y cuatro rumbo a la esquina, a ras del muro, completaban la decoración vegetal del "Lírico".
En el interior de los palcos laterales, que eran a cielo abierto estaban constituidos por una baranda a todo lo largo y separaciones entre unos y otros de igual manera se accedía a ellos por una larga galería comunicante, cada palco tenía seis sillas tijera de madera y la platea poseía bancos de plaza comunes.
Todo al aire libre, inclusive el proscenio y la pantalla de proyección, la pared blanqueada del fondo.
El escenario y los palcos estaban levantados sobre el nivel de la platea un metro, lo que ponía a estos con una mejor visibilidad a la escena.
Las funciones líricas, eran frecuentes en el principio y mas luego fue el Cine como última y mas frecuente actividad.
Presentaba películas de gran jerarquía, una de las ultimas grandes producciones fue " SIGFRIDO " filme de origen Alemán y tiempo después se anunciaba con carteles pegados sobre las paredes del centro, la continuación de esta película " LA VENGANZA DE KRIMILDA", la cual no llego a darse por que el " LIRICO " cerro sus puertas.
Largo tiempo permaneció así, los pinos atisbando por sobre la pared de la " Veinticinco ", el escenario mudo y los palcos y las plateas silentes bajo el sol o las estrellas o recibiendo el agua de las lluvias.
Un buen día desapareció la torreta y otro desapareció del resto de la típica construcción de reminiscencias normandas.
Otro día se desbasto el terreno se abrió la esquina en amplia entrada y se redujo la altura de las de " 25 " hasta dejarla a sesenta centímetros y con otra gran portada al centro mientras a los fondos nacía un largo cobertizo y sobre Elizalde aparecía una pequeña y moderna Estación de Servicios por mucho tiempo conocida como la
" Shell ".
Era la primera estación publica, las otras agencias solo tenían surtidores al borde de las veredas.
Duró bastante, aún alguien tenga una vieja foto con la esquina de la Shell, la agencia de Lotería de Pesado, los Altos de Elizalde, la Farmacia Del Indio y ya perdiendosé a lo lejos, el Café de Benito Marpez y la alta figura del Banco de Italia.
La ciudad entraba ya en la época moderna, así que otro día cerro la Shell, los pinos se fueron y quedo un desolado páramo que mas tarde vino a convertirse en una espléndida propiedad de bajos y altos de neto estilo francés.
El tiempo siguió su curso y la estampa del Lírico se fue desvaneciendo primero en el recuerdo y luego en el olvido.
CAPITULO XXII
EL TEATRO
Mientras todo esto sucedía en la ciudad, desaparecidos ya el 1º de Mayo, y, el Colon, había tomado forma y actividad, el cine teatro Gualeguaychú, obra de gran importancia muy acorde con los tiempos que ya se vivían, fue considerado como el segundo de la provincia, hoy 1996, al extremo del siglo y tras muchas vicisitudes ha llegado a este, nuestro tiempo.
Desde los esplendores de las grandes compañías nacionales hasta el tiempo de la decadencia que le tocó vivir, y desde este a la reforma en que se amplio la platea y corredores laterales en base a la supresión parcial de la herradura de palcos.
Y así, en medio de los aires de " RAMONA ", popular Vals de ese tiempo, volvió a resurgir el primer coliseo.
Llegaron a brindarse al público hasta cuatro funciones completas los días Domingos.
Sección " Rosas " a las 10.30 A.M., tras la salida de misa, la " infantil " a las 13.30, la Familiar a las 17 y " Nocturna
a las 21 Hs , y se creo los Jueves, función tarde y noche, como " día de moda " , ya en las postrimerías de la época de oro del Cine, en la ciudad se instituyo el "trasnoche " que comenzaba a la una de la mañana.
Posteriormente el teatro sufre otra remodelación, tendiente a ampliar la capacidad de la "tertulia" , tal vez mas espectacular técnicamente, pero de menor lucimiento que la primera, pues aquella ofreció al publico asistente, una estampa colorida, casi barroca, de exquisito gusto en que los detalles clasistas se prodigaban generosamente, las columnas de estuco rosa, planchado, los filetes dorados o el rojo vivo de los tapizados, los apliques de bronce con tulipas opal, el cortinado de terciopelo azul en la boca del escenario, el bordado en oro de las bandeletas y la cenefa igualmente bordada de flecos también dorados, y al centro el monograma " TG " esmeradamente bordado y finalmente la gran novedad, el enorme telón se recogía a la manera de cortinados bandeaux.
Estos detalles suscintamente descritos estaban realzados por la iluminación que comunicaba una verdadera tibieza a la sala.
Aquel conjunto de cosas bien dispuestas, en una arquitectura decorativa, con el tinte de las grandes salas europeas fueron marco de aquel público correcto, elegante, bien vestido, que de una función de teatro o de cine la convertían en un encuentro social distinguido.
En la planta alta y sobre la calle se habrían grandes ventanales y en los primeros tiempos funcionó una confitería que en los intervalos de media función y al termino de las veladas solía verse muy concurrida, y en verano los concurrentes salían al largo balcón que corre por su frente.
pero como suele suceder, la época romántica, con el llamado progreso, también se fue y comenzó la segunda era decadente del otro hora floreciente Cine Teatro Gualeguaychú.
Bastante tiempo después, cuando la ciudad estaba sufriendo una metamorfosis económico social, estaba con un amigo asistiendo a una función de cine con muy poco publico cuando acertó a entrar un joven vestido con campera.
Mi amigo que era un rebuscado con sus expresiones, dijo:
" seguramente debe tratarse de un desilusionado de la vida "
por mi parte no supe que pensar, estaba correctamente vestido, sí, pero tenia campera en vez de saco.
En realidad lo que veíamos no era nada mas que un recuerdo del futuro.
Y sí fuimos capaces de perder el romanticismo de una calle con su pintoresco desfile de los días de fiesta, en aras del progreso, en nombre de este mismo, también pudimos perder el saco.
Pero las crónicas informales de Gualeguaychú, no estarían bien cumplidas, si no recordáramos al gerente que tubo por larguisimos años Humberto Viola, gerente con mayúscula, del teatro Gualeguaychú.
El hombre del timbre prolongado con que se anunciaba la proximidad de la hora de la función, el hombre de las entradas, el hombre que atendía el teléfono,.. " resérveme dos en la 10, punta de banco... " el hombre de la sonrisa y de la cordialidad, el gerente del teatro, Humberto Viola.
Nótese a esta altura, que muy pocas fechas hay citadas aquí, ni siquiera una exacta cronología.
Para los que lo vivieron, cada momento está ubicado, por lo tanto no necesitan de fechas.
Y para los que no lo vivieron, la relación entre aquel tiempo y este ya esta dada y en todo caso el espacio entre entonces y ahora no existe.
Y casi a modo de corolario de este sucinto transitar por Teatros y Cines digamos también que en la llamada época del " Teatro del silencio " ( cine mudo ) , la animación musical en el Gualeguaychú, tenia un extraordinario grupo de profesores, bajo la dirección del recordado maestro, Peregrín Herrero.-
Aún deben resonar en muchos oídos la completa informalidad melódica, que produce el afinamiento de los instrumentos, antes de iniciar la primer partitura.
Pero toda aquella exquisitez, concluyó con el advenimiento del
" sonoro " que traía su propia música incorporada a los records y mas tarde a la banda de sonido y que incluía una cola musical a posteriori de la exhibición, con lo que se continuaba el clímax del filme aún mas allá del las puertas del foyer.
CAPITULO XXIII
EL CINE MODERNO
En la calle 25, en un local que había sido casa de remate feria, con posteriores reformas, aparecía en la ciudad un nuevo cine que se llamaría " CINE MODERNO " .
Ubicado en la calle principal, entre las de Montevideo y Humberto Primo, hoy Italia, cuando aun quedaba el adoquinado de madera y los rieles del Tranway y el Lírico era ya una estampa pueblerina y el Gualeguaychú comenzaba a envejecer y antes de su primera reforma, nacía esta nueva sala la que de inmediato gano el apoyo popular.
Por entonces el cine era mudo y las funciones eran animadas con orquestas, como en el caso del Gualeguaychú y pianistas como fue el caso del "moderno", y posteriormente en el cine "Urquiza".
Pero volvamos al moderno.
Como dijimos, fué un local de feria, con pisos de tabla ancha, con techo de chapa a dos aguas en el medio del cual tenia una gran claraboya ciega, que al correrse permitía ventilación y luz al recinto.
Su extensión era de media cuadra de largo por aproximadamente unos doce metros de ancho, el terreno restante y sin edificación daba a la calle san martín. En cambio el frente, nada tenia que ver con el interior pues era de portland y moldurado, dos amplias puertas laterales y una vidriera central. Pertenecía a la firma martillera de Galia, quien en ese lugar realizaba sus exposiciones feria y remates de productos pecuarios y era por ello que su interior estaba dividido en bretes y el piso recubierto por espesa capa de pasto, donde se exhibían vacunos y lanares.
Es decir, un local feria en el ya corazón de la ciudad.
Un buen día el local cambio de mano y comenzaron las reformas, se hizo una división entre la sala y foyer con dos puertas de acceso, tapizadas en cuero rojo, en ese muro divisorio, del lado externo estaba la boletería y por el interno la pantalla.
Es decir que el acceso a la platea lo era por el lado de la pantalla, no había escenario, pero a un costado se ubicaba el clásico piano, las paredes enlucidas con empapelado recuadrado, el piso recubierto con un hermoso piso de madera y las butacas también de madera, sin tapizar dispuestas en grupo central y dos laterales.
Al fondo y sobre la elevada estaba la tertulia con una gradería de largos bancos de madera con una larga baranda de pared a pared, hecha de chapa repujada.
El cielorraso estaba construido con baldosas metalizas repujadas, estampadas igual revestimiento tubo la garganta de la claraboya bordeada por tulipas.
La tertulia tenia entrada por calle san martín, mediante una escalera externa y al aire libre.
Aún las proyecciones no tenían sonido, eran los últimos tiempos del cine mudo y como solo tenían un solo proyector entre rollo y rollo de película se producía un impasse y se prendían las luces de la sala mientras se cambiaba el rollo.
Era una interrupción breve y a la mitad de la proyección había un intervalo mas largo en el cual los asistentes, no todos, se levantaban de sus localidades y salían al foyer a fumar o charlar.
Antes de comenzar la proyección, y esto sucedía en todas las salas, se producía un introito musical repetido al principio o al final.
Cuando ya se hablaba de " cine parlante ", cine sonoro después, se anunciaban las películas " con música adaptada " es decir una ambientación musical con relación al tema proyectado.
Cuando los músicos se tardaban en medio de la exhibición, en hacerse oír, el publico comenzaba a insinuarse al grito de " música, música " y si no se les hacia caso prestamente, comenzaba un feroz pataleo contra el piso que no cesaba hasta que la música comenzaba a hacerse oír.
En el " moderno" había función los sábados, Domingos y Jueves, aparte sea dicho de la popular infantil, oportunamente los día Lunes, se proyectaba una sola película, la del Domingo al precio de ! 10 centavos ! .
El gerente era un Italo Argentino de apellido Bonamico y el pianista Macoco Vázquez.
En ese tiempo un grupo de alumnos del Colegio Nacional fundaron un Centro de Estudiantes Secundarios, hicieron un diarito llamado "Antorcha" e hicieron un carne mediante el cual conseguían descuentos en diferentes comercios y los del "Moderno" le hacían el 30 % de descuento en el precio de la entrada.
El Gualeguaychú fue el primero en incorporar el "sonoro" en la ciudad y que al principio era a base de records (discos).
En una función el Moderno quiso emular al Gualeguaychú y anunciaba ".. vea y escuche a Ernesto Famá en " Adiós Argentina ".
Ese día vimos y escuchamos a Ernesto Famá que en una parte de la película que era muda, cantar acompañado de Vázquez al piano, la canción motivo del filme "Adiós Argentina".
Muchas películas fueron las proyectadas, entre ellas los famosos episodios como "fantomas" y "sobre la ruta a santa fe".
Y cuando incorporaron el sonoro tiempo después otras películas llamaron nuestra atención " la plaza de Bekerley " quizás la primera de ciencia ficción, hoy lo seria, o , el Rey del Jazz con su grande y verdadera orquesta de jazz.
Ben Hur, Quo Vadis, King Kong iban desfilando por la pantalla del moderno y sin saberlo nos íbamos acercando al final de la era cinematográfica de nuestra ciudad.
El año 30 ya estaba cerca y con el la gran crisis.
CAPITULO XXIV
EL CINE URQUIZA
OTRA HISTORIA
Osvaldo Machado viajante de Particulares de Virginio H. Grego, y Bartolomé Garbino Agente de los automóviles Rugbi - Durand y Flint deciden encarar un nuevo emprendimiento cinematográfico en la ciudad, estábamos entonces en las postrimerías de los años 20, la ciudad necesitaba una nueva sala, no tanto por que la capacidad de las existentes estuviera excedida sinó por las grandes deficiencias que por ese entonces presentaban las presentes.
El Lírico, ya solo un nombre en el recuerdo y las dos restantes salas con los padecimientos y achaques de la vejez.
El Urquiza esta ubicado en el centro de la cuadra de la calle Homonima, entre las de Montevideo y Humberto Primo.
Era una sala pequeña y agradable parecida al Moderno, sin embargo su vida fue efímera pues los llenos del principio fueron amenguándose rápidamente con el paso de los días, es que el Urquiza también había empezado a sentir los efectos de la gran crisis, cuya sombra temible comenzaba a cubrir el país.
Queda el recuerdo de una simpática sala , que no pudo sobrevivir a los avatares de un tiempo y a la falta de un mayor capital.
También y para algunos, ya muy pocos, casi ninguno, permanece flotando aún, otro ahora viejo Vals Cata , ejecutado por la orquesta del Urquiza , o una película entre policial y misteriosa, " el gato y el canario" con la participación de la actriz Laura La Plante, nombres títulos y melodías que ya a nadie dicen nada.
El Urquiza cierra así la era del cine mudo, y de alguna forma el tiempo de oro del cine, en la ciudad.
CAPITULO XXV
EL SALON PARROQUIAL
" CINE PALMA "
Hubieron en la ciudad también, pequeños cines y apéndices de cines.
Durante algún tiempo no ya tan lejano, el Gualeguaychú, para aprovechar la temporada estival, época del año en la cual la actividad decae, intentó reeditar el biógrafo al aire libre en el baldío que dejara la demolición del antiguo Molino Harinero Carabelli en la esquina de Urquiza y Roca, ángulo nor - este y que tuvo poquisima vida, apenas una temporada y que culmino con un fracaso total.
En la sociedad Italiana que existió en calle Montevideo, entre las de San Martín y Bolívar hubo otro intento, una precaria sala, sucursal económica de Gualeguaychú, que resultó también fallida.
Y de todos los intentos modernos el que realmente perduró fue el del salón parroquial, originariamente un hermoso proyecto edilicio que presentara Miguel Gennaro, un constructor con ideas.
En la esquina NO de las calle Urquiza y San José luego de construirse el edificio de planta baja y dos pisos para asiento de la curia y oficinas, la vieja edificación cuya mayor parte daba a calle Urquiza quedo desafectada y en disponibilidad y ahí es cuando nace la idea de una Biblioteca publica y una gran sala de reuniones todo con entrada por la esquina y en dos plantas.
La presentación del proyecto y una hermosa perspectiva, hecha en una de las vidrieras de las tiendas "Barato Argentino" causaron sensación
y mas aun un cartón de gran formato con la perspectiva nocturna del edificio realizado por la profesora Isabel Chaca de Pinto.
Durante algún tiempo se mantuvo la ilusión de que tan espléndido proyecto se realizaría pero debido a las inevitables cuestiones economías solo pudo realizarse el salón parroquial y muy mal terminado, que aunque mejorado posteriormente, no fue ni por asomo lo que se proyectara.
El salón parroquial para reuniones de congregaciones y conjuntos corales a poco se convirtió en el "Cine Palma" al principio precario piso plano y de portland y luego muy mejorado, buenas butacas y piso de parquet y con la clásica "cuerda" vale decir con un desnivel de mayor a menor, lo que permite ver la función sin inconvenientes a los ocupantes de las filas posteriores, se mejoró la tertulia con buenos asientos, en fin una verdadera sala cinematográfica.
Comenzó como un cine hobby y fue Antonio Di Masi junto con otros jóvenes de la Acción Católica de la parroquia, pero el alma del enprendimiento posteriormente fue Alfredo (tito) Angelini, gestor y alma de la "sala" que se convirtiera mas luego, con un proyector de "verdad".
Y tuvo éxito, el éxito de toda obra que se emprende a "pulmón" pero con la visión de las cosas grandes.
Para ese entonces solo quedaba en pié el Teatro Gualeguaychú y el Cine Palma como única competencia.
Pero el Cine Palma era un ente independiente del Trust que desde Santa Fe domina el mercado Entrerriano de modo que mas de una vez
estuvo cerrado, fue reabierto por un industrial local, Alberto Bahillo, volvió a cerrar luego de algún tiempo, actualmente es nuevamente reabierto por una empresa foránea y Dios dirá.
Otro gran proyecto fue el de los hermanos Rossi Oyamburu.
El molino harinero de don Domingo Caravelli había cerrado sus puertas, y posteriormente demolido todo el edificio que ocupaba media manzana de superficie con frentes a L.N. Palma, Roca y Urquiza.
Había sido comprado para la Biblioteca Popular Sarmiento y ya estaba el proyecto listo. Seria una obra magnifica, pero los devenires políticos impidieron la concreción de tan extraordinaria obra.
Fue entonces que nació la obra, mejor dicho la idea de los hermanos Rossi.
Pudo la ciudad tener una gran sala acorde con la mejores de la Capital, y debió tenerla, pero entre el pudo y el debió, naufragó el proyecto en el mar proceloso de los intereses creados de los grandes Trust.
Y esta es, mas o menos contada, la historia del Cinema, la de los viejos teatros, cuando no se sabia bien cuando terminaba el circo y comenzaba el teatro.
CAPITULO XXVI
UN TANGO
Una tarde de invierno, fría y bastante nublada, mi amigo Lalo, me invitó a su casa de vuelta de nuestra común maestra particular, para que viéramos una LMS Hornby que sus padres le habían regalado.
Pasamos a una habitación interior, especie de escritorio y sala de música.
Sobre la pared sur había un piano. Fue así como en aquella tarde conocí al padre de Lalo y también a su madre, ambos unas personas encantadoras, que irradiaban ese don de gentes y que solo poseen personas especiales cual sea su cuna.
"Papito toca el piano y escribe música", me comento el que se convirtió en mi amigo de la infancia con el correr de los años.
Sobre el piano, varias piezas musicales y por sobre todas, una cartulina con dibujo entre sepia y amarillo tenue y con rostro de mujer con el estereotipo de la época de Alfonsina y de la Bristol.
Días pasado fuimos con mi esposa a conocer una amiga que hiciese por teléfono, no es una cosa muy común, pero visto está que puede suceder.
Ella y su amiga especial, comenzaron a recorrer la casa, ver las plantas, las flores, volvieron a pasar de nuevo por el hall y pregunta va y pregunta viene, aparece un piano.
La señora hacia cinco años que no lo tocaba, la ternura de mi esposa consiguió que lo volviera a hacer.
Nos pregunto si nos gustaban los tangos.
Por supuesto que sí, los buenos claro está.
Y entonces brotó de aquel piano pulsado con seguridad, con una fuerza interpretativa mas que extraordinaria, las notas de un tango, una tango si pero con mayúsculas.
Pense en canaro, pero también en pichuco.
Pero no, aquello era completamente distinto.
Les gusta? nos dijo enseguida y como quien no quiere, nos aclaro:
Este tango es de un hijo de Gualeguaychú, cuando lo compuso se lo llevo a Canaro para que lo interpretara en la orquesta.
Después de escucharlo, Canaro le dijo que lo tocaría con su orquesta únicamente si renunciaba los derechos a su favor.
Ustedes conocieron a Eduardo Méndez Casariego ?
Cuando la terminó y comenzamos a caminar hacia el auto, aún vibraban las notas de "Saudades" como un perfume extraño que va desvaneciéndose lentamente en el aire en ondas sinuosas.
Tu amiga nos ha hecho un regalo maravilloso, aunque no lo sepa, dije a mi esposa.
No lo creas, ella también lo sabe, me contesto.
La casa de la calle Rosario, aun existe igual.
Ya no, sus moradores, Eduardo y Doña Amalia.
Si ; y a la distancia, mi amigo Lalo.
Canaro nunca tuvo los derechos de "Saudades".
Y la ciudad se perdió de la música de Méndez Casariego.
CAPITULO XXVII
EL VIAJE
Al tomar cierta estropada la nave, los pasajeros acodados sobre la barandilla, miraban aun hacia tierra tratando de hacer preciso algún rostro que se indefinida ya por la distancia, la estridente bocina dejaba oír tres largas pitadas que significaban "saludo a la plaza", es decir, despedida, adiós al lugar, al pueblo, al puerto.
Comenzaba entonces el pasaje a buscar cómoda ubicación, algunos en la cámara principal (y única en ese barco) mientras otros preferían sentarse en los bancos de la cubierta superior, adoptando una actitud contemplativa de la belleza agreste y casi misteriosa de la naturaleza, en un lugar al que no era fácil acceder por medios comunes y del cual se pudiese disfrutar plenamente desde la altura, en este caso desde la cubierta del navío que avanzaba ahora, a marcha avante.
Una hilera de boyas, unas luminosas y otras ciegas, brillando las primeras día y noche, marcaban el difícil paso de la cancha del saladero que en sus inmediaciones se cerraba en una garganta de peligrosas piedras y dejaba por babor un extraño islote, el Martín Chico, desgastada formación que en un remoto pasado, estuviese siglos atrás, unido a la ribera.
Entre Martín Chico y la costa, pueden observarse con bajantes normales los asechantes bancos de piedra.
Pasado este accidente, nuevamente el tintineo de telégrafo ordenaba a toda maquina, "Toda Avante".
Al fondo casi, de la cancha del frigorífico, siempre por babor, aparece un arroyo de aguas quietas y espesa fronda, llamado el cura que se remonta tierra adentro, hasta aparecer en los confines del pueblo.
Una curva, un brazo corto, es la cancha del este, que remata en el codo de las pantallas de enfilacion de la cancha larga, el tramo recto y ancho, de mayor extensión del río.
Atrás de las pantallas, un enorme paraisal y los sauces se suceden abigarrados por las márgenes de este tramo. A poco de andar hemos pasado por el arroyo La Capilla y ha quedado por estribor y luego, casi al final de la cancha larga, a babor encontrábamos El Venerato, otro arroyo de larguisimo recorrido, serpenteante por los campos de costa Uruguay y así frente a la proa del Dorado, aparece amplia la vuelta del Francés, una verdadera "U" que nos hace desandar el camino en busca del último ángulo de casi 90 grados, que nos coloca ya en las tres sinuosas curvas de la "Correntina" o "paso de la guardia", balizado también, con tres boyas seguidas, marcando el eje del pedregoso canal.
Siempre a babor dejamos ahora el arroyo "Lorenzo", zona de la cual, tras un espeso manto de arboles, existe un extraño lago, ancho como el río y muy alargado, habitado, en medio de un gran silencio por pájaros y aves de todas las especies, garzas blancas y moras; y donde las nubes del cielo espejan en las aguas quietas como en un perfecto cristal.
La entrada al Lorenzo esta oculta por un tupido sarandizal, pero fácilmente ubicable por un corpulento y solitario eucalipto.
Por el lado de estribor se ven ya nítidamente las casuarinas del resguardo, la casilla gris y el muelle internándose brevemente en el río y con un fondo de sauces y sarandíes y un embarcadero de hacienda, y el comienzo de la escollera de piedra.
Entonces si, el panorama se ampliaba como si se fuese descorriendo en enorme telón que nos va mostrando poco a poco el caudaloso río Uruguay y la lejana y casi borrosa figura de las costas barrancosas de la República Oriental.
Un viento fresco sureño se va levantando entonces y las aguas tranquilas del riacho se van ondulando poco a poco y encrespando luego al salir al Uruguay, y dejando atrás la boca del riacho.
Las palas impulsoras no han dejado de golpear y empujar sobre el río con isocrónica monótona canción, pero al compás del río picado hay veces en que parecen atoradas de agua y por el enrrejillado externo de los tambores, arroja desecha en espuma los excedentes que colman estos.
Va desfilando la escollera de piedras que se interna bien en el Uruguay y al abandonar las torres de entrada, el agua se agita y rebulle como si con los golpes de sus olas quisieran detener la marcha del barco.
Pero El Dorado sigue avanzando; cabeceos y rolídos, a veces alarmantes, y que acallan el vocerío y las conversaciones, hasta hace un momento animadas.
Espeso humo negro sale de la boca de la chimenea, mientras que el silvo del vapor escapa como chistando al río.
Mientras tanto en las entrañas de ese casco negro, los brazos acerados de las bielas rematadas en sus muñones de bronce afirmados al cigüeñal siguen su trabajo imperturbables.
Avanzando por entre una doble hilera de boyas y aumentando la "refrescada", un termino marino para decir que la cosa empeora, con un pasaje mudo, pálido y que ya no atisba las costas, atentos solo a los corcovos del Dorado Este comenzaba a virar frente a la boya 90, una boya que no es boya, si no torre, pero que siempre se le ha dicho la " boya 90 " y así seguirá siendo.
Al tomar la empopada, todo el ajetreo parece calmarse y las cosas van retomando a limites de normalidad.
Nuevamente las voces comienzan a dejarse oír, primero con timidez, luego resueltamente.
Alguien llama al mozo para pedir un café y la rueda de los pedidos se anima y aumenta.
Empujado por el pampero, con sus clinas de humo hacia adelante, los escobenes como dos ojos ceñudos puestos en un fijo lugar en la distancia el barco parece volar ahora, latiendo en sus entrañas la suavidad de su maquina de vapor, con un ronroneo imperceptible.
Las luces de la tarde se van perdiendo en el poniente, allá en la parte del Uruguay en que el cielo se junta con el agua.
Las rompientes en la cresta de las olas, parecen un campo de algodón.
El barco esta ya frente al Liebigs, el frigorífico que después de la primer gran guerra pasó a llamarse Anglo.
Algunas luces comienzan a prenderse en las calles de Fray Bentos y el sol ya se ha hundido en el horizonte.
El "Dorado" a marcha lenta traspone la ensenada y ya frente al muelle queda detenido y al pairo aguardando los botes que llevaran el pasaje a tierra.
Pero los botes no vienen vacíos, pues traen el pasaje que transbordará al vapor "grande" que viene de bajada desde Concordia
pasando por Colon y Concepción, siendo la ultima escala el puerto de Fray Bentos haciendo el trasbordo frente a esa localidad y en medio del río ya que el muelle no era apto para el arrime de vapores y además, por falta de calado.
Es por ello que embarques y desembarques se hacían por medio de frágiles botes cuyos fornidos remeros eran capaces de cumplir con su peligroso cometido en cualquier condición de tiempo.
Poco después a la lejanía se insinuaba la silueta del "paquete" que se acercaba para acoderarse al Dorado para efectuar el trasbordo, desembarcando unos pocos que venían a Fray Bentos y tomando el pasaje a Buenos Aires y una vez cumplido, continuaba su marcha. El vapor grande no disminuía su marcha durante el acoderamiento, si bien lo hacia a mínima velocidad, así que el vapor chico quedaba retirado del puerto cada vez mas, pero el alije de pasajeros y equipaje estaban cumplidos y el Dorado emprendía su vuelta a casa.
Mientras tanto, botes y lanchas, estaban llegando al muelle que se interna en el río, el lucerio del vapor grande casi perdido en lontananza, mucho mas atrás, mucho mas lento, el Dorado va en busca del riacho.
En la obscuridad de la noche, hacia el oeste, el vislumbre de Gualeguaychú se divisa.
Y en Fray Bentos, en el muelle ya vacío, un viejo botero, ha terminado la labor del día, y ha amarrado su esquife llamado "respeto"
y con los remos al hombro, el también va de regreso al hogar. Farías, una leyenda Fraybentina.
Y nos vamos del río, dejando en el puerto, junto a los barcos, otros nombres.
El de Solari, los dos Jorges Czar, Vanini.
Los capitanes.
También los encargados de a bordo, Castillo, Valli y el siempre joven y sonriente rostro de Roberto Fernández.
Muchos nombres habrán también junto a estos, hombres y barcos, y que no hayan quedado registrados en esta Crónica Informal, por que no se trato de ser historia sino, breve paso por el río.
CAPITULO XXVIII
LA CALLE
La calle principal de la ciudad, en un principio lo fue la Urquiza, allí se establecieron los principales comercios y levantaron sus casas, caracterizados vecinos, aun hoy pueden verse algunas, muy pocas ya, de lo que fueron en su tiempo, tanto comercios como viviendas.
Aun permanecen la casa del Dr. Marchesini, no así la de los Elía, si la de Galia, la mansión de los Rossi, pero otras, solo para el recuerdo, como la casa de los Lamas, el antiguo almacén de Piaggio, llamado "El Pobre Diablo" (ahora el Automóvil Club) o el almacén de Nóbile, también se fue el viejo café Apolo haciendo cruz a la plaza "grande", y de los grandes almacenes Caviglioni Hermanos solo resta el hermoso edificio que fue.
Y así otros tantos, al este y oeste de Urquiza centro, que alguna vez cuando era empedrada supo estar arbolada con acacias de oriente.
Sin embargo, siendo la principal y divisoria de nomenclaturas, no logro mantener su cetro.
Pavimentada primero con piedra bruta, luego adoquinada, la Urquiza era la calle de entrada desde el oeste y la "25" era obligado acceso desde el puerto, de cualquier forma que haya sido, la calle "25", tenia algo especial, carisma, diríamos.
Imperceptiblemente fue desalojando a la Urquiza y cuando se penso en dotarla de un nuevo pavimento se busco un material que la destacara de todas las demás.
Las calles paquetas de la capital estaban construidas con madera lo que les daba un lucimiento especial y entonces se adopto ese pavimento, que en realidad no tuvo larga vida por defectos de construcción primero, y por muy malas reparaciones después.
Por otro lado cuando se tendieron los rieles del tranvía de caballos que iba desde el puerto por calle Alem, venia justo a tomar la calle "25" y continuaba luego por Rocamora hasta la estación del Ferrocarril.
El tendido de la línea del "Tranway" le confirió el espaldarazo definitivo y el tramo de Mitre a Rocamora pasó a ser eje y centro de la ciudad, y, por supuesto, el cambio del empedrado bruto por el adoquinado de madera, terminaron por dar adecuado marco a la "25" que ya estaba brillando por mérito propio.
Contaba ya, con hermosos edificios, como el palacio Clavarino con su típico mirador, o mejor dicho torreón, primer edificio que por aquella época contaba con ascensor, el cual por cuestiones de voltaje, era de accionamiento manual, fue sin lugar a dudas un verdadero "recuerdo del futuro" dado que los ascensores llegarían a nuestra ciudad a mas de un lustro después.
Haciendo cruz, a la casa de Casareto, el palacio Clavarino, el hotel "Del Vapor", luego hotel "Comercio" que nace primitivamente en calle 3 de Febrero, y luego con línea europea se extiende por calle 25 de Mayo.
Enfrente del mismo, la panadería y almacén de Cerdá Hermanos, el importante edificio del Club Recreo Argentino, cuyos comienzos se dieron en nuestra ciudad, bajo el nombre de Casino Del Plata.
La gran placa de mármol con este nombre quedo perdida durante muchos años hasta que un buen día un socio la rescato de un bar y confitería local, donde puesta al reves, y por su gran formato, la tenían de tabla de amasar. Acondicionada que fue, esta hoy colocada en una de las paredes de la mencionada Institución.
La cuadra del "Club" aun alberga en pie, las casas de los Cantini, la de don David Dellachiessa, pionero del camino a la capital y pionero del otro tiempo famoso, y orgullo de la ciudad, el Frigorífico Gualeguaychú.
Don David, aparte de ganadero de la zona, fué visionario y luchador infatigable.
En la esquina de Chile y 25 estaba la hermosa mansión de los Morrogh Bernard, y digo estaba por que ya no lo esta. Ahora en pleno centro, hay un deplorable baldío y un incongruente decreto, transformo el proyecto de un gran hotel, en un lamentable baldío.
Muchas grandes obras que hubieron de hacerse en la ciudad, se quedaron en los papeles, a merced de las maquinas burocráticas "de impedir".
La cuadra del "Recreo", albergó otros establecimientos. como la peluquería de Villar, luego llamada "La Buenos Aires", un excelente salón de peluquería; Lo de Manuel Pesado, agencia de Lotería; La librería de Caramelli, y en frente la botica Del Indio, propiedad de don Horacio Rébori, El Lírico en la esquina opuesta, y siguiendo la librería, imprenta, juguetería y artículos varios de don Ramón Elizalde, y en la esquina de Suipacha, el café de Benito Marpez justo frente al Banco de Italia y Río de La Plata, y en la esquina del norte el rancho de Zuñiga donde después supo estar la famosa parrilla de Di Sorbo. La tienda "EL chic Parisién", una de las grandes tiendas de la ciudad, siguiendo nuestro paseo hacia el oeste, la mansión de Deken, que tiene una curiosa historia; El matrimonio De Deken - Irazusta paseando por París, ven una hermosa casa y quedan fascinados por ella y deciden hablar con los dueños para que les permitieran visitarla, lo que así hicieron y sin pensarlo mucho llamaron a la puerta y fueron deferentemente atendidos. Enterados los dueños de lo deseos de nuestros copoblanos, no solo les hicieron conocer la casa, sinó que les dieron la dirección del arquitecto que la había proyectado, el cual por supuesto, les facilito copias del proyecto, con todos sus detalles.
Ya de vuelta en el país y encontrándose nuevamente en la ciudad, encargan la construcción de un edificio similar al que tan buena impresión les causara en su viaje por París.
En la vereda de enfrente se levantaba una hermosa casa de dos plantas, la baja, ocupada por el Jockey Club, y contiguo, la librería y agencia de lotería de Blas González, en cuya vidriera tenia un tren eléctrico, hasta con luz.
Una mañana temprano, los chicos que iban para la escuela encontraron lo de Blas González en ruinas , solo en el medio del salón con la hoja abierta estaba la caja de hierro que aún humeaba en su interior; la noche anterior se había quemado y en la ciudad no habían bomberos, ellos llegarían medio siglo mas tarde.
Enfrente a la librería de Elizalde, se encontraba el desvío del Tranway, como la vía era única, el coche que venia desde el puerto, debía detenerse a esperar el que venia desde la estación, y como el del puerto ya estaba en el desvío el coche de la estación pasaba sin detenerse.
Hablando de tranvías, es bueno recordar el tema. Había dos clases de coches, los abiertos mas propios para el clima estival y los cerrados, muy similares a los que circularon en la capital y usados preferentemente en invierno o en los días lluviosos.
Los tranvías en Gualeguaychú nacieron antes de tiempo, como esos grandes barcos, que cuando los botaron, se encontraron sin puerto que los cobijara.
Los talleres de la empresa estaban en calle Tala y fin de la Avenida Rocamora, a la sazón, aún sin pavimento; lo único que tenia era el empedrado en medio de los rieles.
Cuando los coches terminaban su recorrido en cada cabecera del trayecto se desataban los equinos y se pasaban a la otra punta del coche.
El tranvía mas que utilitario, fue un motivo de paseo de los días feriados, y la empresa, tal vez, de quijotes.
Los empresarios algo de quijotes tuvieron. Quizás visionarios de un futuro que se daría mas adelante pero que la velocidad de los tiempos superaría para Gualeguaychú.
No duraría mucho tiempo el intento. Una noche se desató un furioso temporal de lluvia y fortísimos vientos que arrancaron los techos de las caballerizas y depósitos de los Tranway, matando las caballadas y destruyendo gran parte de los coches.
Uno de los socios, por falta de recursos, debió retirarse y el socio que pudo sobrevivir a la catástrofe consiguió otros aportes de capital, continuando un tiempo mas hasta que un buen o mal día, el tranvía de Gualeguaychú, cerró un capítulo mas de la ciudad.
Como mudos testigos, de lo que no pudo ser, quedaron por mucho tiempo, tendidas las vías esperando los coches que nunca mas volverían a pasar.
La esquina de 25 y Suipacha, fue por aquel entonces una esquina tradicional, y esa tradición arranca con la apertura del que fuera famosisimo café España de don Mariano Trasols, ubicado en la media cuadra de Suipacha.
Esa tradición empieza a perfilarse en los años treinta, cuando los
muchachos del "Nacional" se reunían allí, o se citaban en ese lugar para jugar al truco, el mus, o simplemente al billar, el España fué parte del antiguo edificio del " Chic Parisién " y consecuencia del fraccionamiento que comenzaba a darse en la zona del centro.
Posteriormente la mano de Paúl Tack, cambiaría el frente del España adentrándolo en el tiempo "moderno" que sobrevendría.
Pero volvamos a un tiempo que ya se nos escapa.
Montevideo y 25.
La esquina de lo de Landó, por mejor decir " la botica de Landó ".
La farmacia de don Fernando, fue también lugar de reunión, pero de personas mayores, de la amistad del farmacéutico.
Era una amplia casa de dos plantas, en cuya planta baja estaban, farmacia, laboratorios y deposito, y por sobre 25 había otro local contiguo, cuyo primer destino fuera una importante biblioteca, que posteriormente fue ocupado por la agencia de Radio Prieto, y luego por una casa de artículos para Hombres, "Casa Fontana".
Supo haber una pequeña casa de fotografía, en el lugar que poco después vendría a ocupar la firma martillera de Landó, Bonzón y Elgue, ya desaparecida.
La Fotografía del Puentecito, como diría yo.
Entre los muchos elementos para fotografiar a los niños, tenia un hermoso puente a esos efectos. Un puentecito con reminiscencias bucólicas.
Después de los de Galia, ya hablamos de esa firma, la Talabartería de Huarte.
Otra gran tienda en Humberto Primo y 25, la de Pérez Azcoitía, la casa de la familia de Ernesto Rossi, y pasando la calle, la confitería de Senserriche, que después fue la gran tienda " El Barato Argentino ", la familia Duarte, Buschiazzo, los Britos, Casa Silva y joyería Anastasi, y cruzando Churruarín, la sastrería de Miguel Pérez y el antiguo café Tut Ank Amon; Los Campi, la casa de la familia del doctor Goñi, y pasando la Alberdi, la casa Taglioretti, famosa sombrerería para damas y caballeros, y en la esquina de en frente, otro importante negocio para hombres, la casa Calvoso, seguían Angel Santa María, dedicado a la venta de cafés, te y maníes tostados, y en un pequeño local iniciaba su actividad José Luis Ferrando con librería, juguetería y revistas.
Seguía la casa del general Urquiza para cuando venia a Gualeguaychú, la tienda de Chichizola y en la vereda del norte, la botica de don Félix Fontana, El Consulado de la República Oriental del Uruguay, donde don Antonio Daneri tenia las oficinas, y en el mismo predio estaba su casa habitación y además la acreditada Platería Daneri y sus talleres, esta casa había sido fundada en el año 1860 y cerró sus puertas en 1949.
Pasado calle España nos encontramos con las grandes tiendas Galli, fundada en 1913, ya desaparecida, al igual que la de Fernandez Grova y Cia, Blanco y Negro en la siguiente esquina de la misma cuadra. Este negocio fue destruido por un incendio.
Por la otra acera encontramos la vivienda y consultorio del doctor E. Rossi, la mansión de los Clavarino y contiguo el popular café Tokio, calle por medio, la casa de remates feria y agencia de los automóviles Buick, de don Angel C. Ferrari que en esa misma cuadra tenia su casa de familia; Don Alejandro Sureau, un dentista francés que puso una fabrica de vidrio que no prosperó; continuaba ya en la esquina la confitería de Dobón y enfrente la farmacia de Blasi.
Atravesando nuevamente la calle, esta vez Maipú, encontramos la Ferretería de Fullgraff, la joyería de Bustelo, la antigua farmacia Caferatta y traspuesta Ayacucho los grandes almacenes de ramos generales de los hermanos Frávega, y finalmente en la esquina de Rocamora, el café Argentino, y así hemos completado un viaje ideal desde Mitre hasta Rocamora.
No hemos dicho todos los nombres ni lugares, sinó, solo algunos que hemos querido rescatar en el tiempo.
Lo cierto, es, de que nos encontramos en la esquina donde en otro tiempo supo doblar hacia el sur, rumbo a la estación, el tranway de Gualeguaychú; Y aquí si tenemos que recordar a los pioneros: Daneri y Rossi, el dueño del saladero, otra importante industria de la ciudad de entonces, los fundadores de la línea.
Dos soñadores.
Abundaban los baldíos en las calles principales, pero poco a poco y a partir del día en que el tranvía tomo por ultima vez el camino de la estación, los años comienzan a correr para la ciudad y esos tapiales empezaron a ser historia.
El hermoso adoquinado de madera que fuera orgullo de la ciudad y envidia de las otras, ha comenzado a desaparecer, por defectos de construcción, por causa de las lluvias, la madera se hincha y se hacen grandes globos que al descomprimirse estallan y desparraman adoquines por doquier.
Se intenta reparar los daños, pero la impericia hace de las reparaciones un mal remedio, entonces los baches se rellenan con hormigón y la calle remendada va perdiendo su figura. Entonces se toma la decisión de colocar un nuevo pavimento.
Claro esta, de que venia el carnaval, y este seria innagurado para esa fecha.
La nueva calle seria de hormigón armado y esta era la primera vez que se intentaba en la ciudad.
Así fue que se retiraron los adoquines de madera y bajo estos apareció la carpeta de hormigón pobre que sustentaron los maderos.
Esto facilitaba los trabajos de hormigonado y la obra comenzó a ritmo rápido y estuvo sobre la fecha pero sin darle tiempo a un fraguado correcto.
Duró poco como era de esperarse y las reparaciones fueron frecuentes y cada vez mayores, y entonces hubo que hacer otro similar, que se va manteniendo gracias a continuos bacheos.
Y esta es, sucintamente contada, la historia de una calle, la cual, no siendo en su origen la principal, termino siendo la primera.
Los paseos en tranvía, la "promenades" en las victorias, los paseos en los primeros ómnibus Ford "T", uno abierto con los asientos atravesados, el otro cerrado con los vidrios recubiertos con papel vitreaux y asientos laterales, parecia que yá habíamos llegado y en realidad solo estábamos marchando.
CAPITULO XXIX
LAS PLAZAS
El gran paseo en el primer cuarto de siglo, era ir por las tardes al caer el día, a la retreta, que ofrecía la banda del regimiento 10, los días de fiesta, y allí se caminaba por la vereda de frente a la Iglesia y por la que da a calle Urquiza.
En verano era cuando esto mas se daba con mas afluencia de publico, pero este hecho fue decayendo lentamente en los años que siguieron por que la ciudad va cambiando sus hábitos y las preferencias se fueron volcando hacia la calle 25, donde se fue concentrando el comercio principal.
Y la plaza grande, es decir, la Independencia luego San Martín, iba quedando marginal, aparte de su poca iluminación y viejas veredas de baldosa colorada, presentaban poco atractivo al paseo, comparación hecha con la "25", la mayoría del paseo era con caminos de tierra y por el lado de la hoy Rivadavia, ni siquiera tenia vereda.
El gran lucimiento de la plaza estaba dado por la figura ecuestre del General San Martín, anteriormente en el lugar del emplazamiento, hubo una alta columna, en la parte posterior de la plaza había una gran glorieta que servia para guardar útiles de plaza y elementos del placero, por que entonces había placero "visible". Una gran pajarera completaba el fondo de la plaza grande, las palmera con "cocos" y los altos canteros con sus bordes de romero con ese olor tan característico del adorno vegetal.
En la plaza chica, o sea Libertad, hoy Urquiza, también había retretas, pero de tarde y temprano, frente a la Municipalidad, y las audiciones estaban a cargo de la Banda Municipal cuya dirección la ejercía el maestro Sabattoli, que entre otras composiciones de su autoría, dedicó al fundador de la banda Municipal, durante su intendencia, Don Antonio Daneri, una marcha que llevaba su nombre.
La cuestión fue que alrededor de las plazas se concentró la actividad principal de la ciudad, en la San Martín, la actividad parroquial, policial, tribunalicia, el teatro primero de Mayo, el diario del periodista Furques, "El Noticiero" y varias casas de vecinos de la ciudad, como las de Irazusta, la antiquisima casa de los Haedo, la de Aguilar Vidart, Etchebarne, Grané, la casa de dos plantas de Luciano, Echazarreta, Vazquez y la Escuela Mixta.
En cuanto a la plaza chica, la Libertad, era un centro cívico también, pero menor, dominaba el panorama la Municipalidad, y estaba rodeada de casas de conocidos vecinos de la época, los Zuloaga y Pintos al norte, y al sur, los Vieyra, al este la familia Chichizola y Ledesma y sobre el oeste y a cada lado de la Municipalidad, al norte lo de Villagra y al sur Muñoz, todas viejas y tradicionales familias.
En el centro de la plaza se encontraba la fuente, la misma de nuestros días, pero, de aquel tiempo sobreviven dos hermosos arboles, ya centenarios, la Gavilea, frente a la escuela, y el Higerón en el triángulo nor este.
La puerta del municipio estaba celosamente guardada por sendos cañones montados en cureñas de madera, los mismos que defendieron en el "combate" de la Isla (libertad), a la población.
Durante mucho tiempo permanecieron celosos custodios a la entrada del municipio, y era en las fechas patrias en que al despuntar el sol volvían a tronar desde el lugar de su emplazamiento para recordar que estaba amaneciendo en la patria.
Esta tradición se mantuvo viva por algunos años, especialmente durante la administración del intendente don Julio T. Villagra, pero después decayó, hasta el punto de que los cañones desaparecieron de las puertas de la municipalidad y reaparecen en una oportunidad formando parte, muchos años después, de una carroza estudiantil.
Como vemos, el sentimiento de patria se iba perdiendo lentamente en el país, como se perdieron muchas cosas en el devenir de los años.
CAPITULO XXX
LA CALLE II
Nos vamos de la plaza grande, con el recuerdo de la que fuera la mas antigua casa de la ciudad, la casa de los Haedo, en donde Garibaldi estableciera su cuartel general en los tiempos en que dominó a Gualeguaychú, y hemos vuelto a nuestra principal arteria, la calle 25.
La calle, comienza a cambiar, lentamente primero, mas rápidamente mas luego.
Estamos asistiendo a las postrimerías del Cine Moderno, ha desaparecido Senserriche y en su lugar ya esta establecido "El Barato Argentino", en la cuadra entre Alberdi y Churruarín se abre un moderno café: el de Uzal y Mendoza, con billares que se instalaron en el subsuelo; y con la novedad de sillas y mesas metalicas apilables, aumenta la luz de las vidrieras. Nuevos locales van dándole otro aspecto a la calle.
La gente se va habituando al paseo de los días de fiesta, Sábados y Domingos, y luego los Jueves se agrega como un día mas.
Se abren nuevos negocios, se reforman viejas propiedades y la mano de Paúl Tack se hace ver en distintos lugares junto a la de Vismara un ingeniero que puso mucho de sí en la ciudad.
Cierra el Moderno, pero en la esquina de Humberto Primo abre un bar, el Richmond, de Rogelio Bargas, mientras tanto en lo que fuera el Cinema, las jóvenes de la caridad innaguran con fines benéficos un local bailable denominado Pomposamente "la Boite".
Tiempo después Marcelo Prevost libra al publico un bar donde antiguamente fue la confitería De La Cruz, con el frente reformado y el cielo raso sumamente decorado y curiosamente también le llaman La Boite, especie de bar entresemana y local bailable los feriados.
El local del Moderno, se usa esporádicamente para ferias de la ciudad, es usado como sede transitoria del Club Neptunia, el que luego pasa a la boite de Marcelo Prevost.
Las dos Boites tuvieron poca vida pues eran para gente mayor y muy formal, bien arreglada y que prestigiaban los lugares a los que solían concurrir.
La trayectoria del Neptunia se va dando a través de sus distintas ubicaciones, hasta el logro de su sede central y propia en pleno centro de la ciudad.
Mucho tuvo que ver con la calle 25 y el Moderno pues allí fue su nacimiento.
Alrededor de los años 30, la población ya se había volcado decididamente al paseo de calle Veinticinco, "La Veinticinco", como se la denominó desde entonces, y ese ha sido su nombre desde aquellos tiempos y el paseo se realizaba en lo que la población entendía como el corazón de la ciudad, de Suipacha a Churruarín, tres cuadras, ese era el centro total.
La gente caminaba al comienzo por las aceras y la preferida era la del lado sur, pues allí estaban ubicados los principales comercios.
No eran muchos, pero a decir verdad constituían un interesante núcleo.
Durante esa década se sucedieron grandes y continuos cambios en esa zona de la calle, a la cual el intendente denomino "Vía Blanca" debido a la iluminación profusa de esas cuadras mediante arabescos y flores de Lis en planchuela de hierro con múltiples lamparillas, que le daban una claridad extraordinaria al lugar, iban adosados a los muros de las esquinas y a media cuadra en ambas aceras.
El intendente, que a la sazón era don Claudio Méndez Casariego, había hecho mucho por la ciudad, tuvo mucho que ver en el ordenamiento de las calles cuando la empresa que hacia los zanjeos para las obras sanitarias, comenzó a abrir el pavimento a tontas y locas por toda la ciudad, no dejando ya, por donde pasar.
También se le recuerda por importantes obras en el parque Unzué, entre ellas el "Chateau Vert", significativa construcción a orillas del río.
Y de este intendente fue el rescate de los arabescos luminosos pertenecientes al carnaval, para la iluminación de la "Vía Blanca".
Desde temprano, con las ultimas luces de la tarde, comenzaban a reunirse en las esquinas, sobre todo en la de la librería Ferrando, grupos de personas que mas luego serian protagonistas de la reunión autoconvocada.
El desfile le llamaban.
Caía la noche, se prendían los artefactos y se cortaba la calle, entonces comenzaba el espectáculo y a eso de las diez la velada estaba en pleno apogeo.
Abigarradas ambas aceras, abigarrada la calzada, un ir y venir, de una esquina a otra, paseando sueños, esperanzas, yendo y viniendo.
El viejo Tutankamon había renacido en el desaparecido Cine Moderno y las mesitas colocadas en la calle por la estrechez de las veredas estaban colmadas, en las esquinas un conjunto de jóvenes, y no tan jóvenes derrochaban galantería ante las chicas que pasaban una y otra vez entre miradas y piropos, un juego ya desaparecido y que quizás, no vuelva nunca mas.
En las caminatas de la "promenade" de la 25, que se sucedía entre la "Soiree et la Nuit" de los días de fiesta, sábados y domingos y los jueves día de "moda", cuantos noviazgos, cuantos matrimonios, nacieron de allí.
Quizás en aquel ayer, muchos desde las mesitas de la confitería estuvieron recordando sus días de novios, aun no tan lejano de ese tiempo.
Avatares y sucesos de la época fueron opacando la promenade de la veinticinco, entre ellos los bailes que comenzaban temprano en la confitería, no mas de las veintiuna en el Tut Ank Amón hacían ralear poco a poco la concurrencia al desfile.
También las funciones del Cine - Teatro Gualeguaychú contribuyeron al comienzo de la decadencia del paseo, pues era coincidente con las horas clave de iniciación de los espectáculos de la ciudad, otras cosas, otras costumbres, determinaron el fin del paseo de la Veinticinco.
Posteriormente y por decreto municipal se intento recobrar lo perdido, se cortó la calle intentando reeditar aquel multifacético paseo, pero el intento no paso de eso, solo un intento, por que hay cosas que pasan solo una vez en una calle con alma.
Se fue, y es recuerdo, como el viejo carnaval de Gualeguaychú, al igual que el Lírico, el teatro primero de Mayo, o los varios cinemas, que tuvo la ciudad. Fueron hitos, marcas de tiempo vivido.
Si hoy algún fatigado viajero del tiempo volviera a ese lugar, solo lo reconocería en alguna cornisa, algún capitel subsistente, que traiga a su memoria, como fue, como era aquel desconocido, lleno de innumeros boquetes luminosos.
CAPITULO XXXI
DESPUES
El tiempo siguió corriendo, los años y las costumbres, el sombrero, los nanotier, el saco, quedaron atrás, cada vez menos; los sinsombreristas desafiaban abiertamente a la ciudad, los primeros carteles de neón hacían irrupción en el ambiente, y la noche comenzaba a tomar un nuevo color, los locales se modernizaban y fue precisamente en aquellas cuadras preferidas y olvidadas donde primeramente llego un nuevo progreso.
Así el antiguo "Tutankamon" de Chocrón, (que fue un deportista del Football ), desde su emplazamiento en calle 25, entre Alberdi y Churruarín, acera sur, a mitad de cuadra, pasó con ese nombre a donde fuese el Moderno y como propietario el "oriental" Damasco, luego con Mondelo y siempre con ese nombre, que tiene que ver un poco con historia. Por ese tiempo Lord Carnarvón, había descubierto en Egipto la tumba de Tut - Ank - Amón, y en ella entre los tesoros mayores, gran cantidad de joyas de diseño extraordinario y diferente, que estimularon a los artesanos y joyeros a reproducirlas en ese tiempo, naciendo una nueva corriente en el arte joyeríl, siendo al principio ejecutadas en materiales nobles y luego se popularizaron en fantasías, terminando ese estilo en vulgares charrerías, pero lo cierto es que durante mucho tiempo se mantuvo la moda de Tutankamón.
Esto influyo ciertamente en los nombres de los locales y justamente prendió en el propietario, de poner ese nombre a su bar, nombre que se perpetuó por varias décadas.
Luego ese negocio cambia de dueño, ahora es Haneke, quien lo remodela con hermosas pinturas murales y le cambia el nombre,
" Bar y Cervecería Munich ", la decoración del frente fue hecha con troncos, muy pintoresca y bien al estilo Alemán, la pared del frente. Por el lado del interior del local decorada con pintura de racimos de uva y hojas de parra, ostentaba sobre la puerta un cartel que decía: " Dem Glusglischen slagt Keina Sturde "
La pintura se completaba con un beodo total, copa en mano y trastrabillando, y un reloj sin agujas.
El hombre feliz no tiene horas.
Bajo lo que fuera la tertulia del cine, ( el paraíso para otros )
se disponían las mesitas de juego y allí se reunían muchos alemanes y otras personas sin serlo, cualquiera dirían que lo eran.
como curiosidad, el pintor que realizo la decoración, había dibujado en uno de los cuadros de ese lugar, un grupo de personas en una semipenumbra, jugando a las cartas, y entre ellas se reconocía a los contertulios del Munich.
Tiempo después este establecimiento cierra sus puertas, desaparece el ornamento tradicionalista del frente y con el nombre de Confitería "París" se reabre, estando al frente los hermanos Heinrich, esta confitería también tiene su tiempo como bar y salón
bailable, ya en las postrimerías del paseo de la Veinticinco, luego vendría "Bang" un intento de local nocturno a puertas
cerradas y con total cambio en la decoración interna y externa; Se tapiza con machimbre todo el frente y solo queda una gran portada del mismo material y sin ningún valor estético, ya no hay romanticismo en la calle, este es un valor casi perdido, cediendo paso al descarnado utilitarismo, el intento también, es solo eso, había nacido antes de tiempo, pero no mucho después el germen estaba latente.
Aparece otra iniciativa. El Bowling que sustituye a Bang ( un tiro en la noche, tal es su eslogan ), que fuera el primer centro nocturno, cerrado y penumbroso, que no prosperó, pues aun quedaban en la ciudad vestigios de otra cultura, pero que en el futuro es lo que vendría a reemplazar a una sociedad que tenia otras lecturas.
El Bowling tampoco prosperó, así que con nuevo dueño se innagura una nueva confitería remozada bajo la denominación comercial de su nuevo dueño; Tiempo después también cierra, parece un juego de cambios el destino de este local, desde los Galia hasta la fecha, en que hay instalada una tienda (1995) y el edificio en remate.
Y es en ese punto, que aquí termina la historia y el origen de un nombre, el de Tut - Ank - Amón vulgarmente conocido como Tutankamón.
Otro café del lugar fue el bar Richmond ( 25 y H. Primo ángulo SSE ), cuyo propietario era don Rogelio Bargas, yerno de don Mariano Tresola propietario del café España de calle Suipacha, del cual ya nos hemos referido anteriormente.
Estaba ubicado en pleno corazón de la 25 y su desfile, y en su esquina se reunían con predilección la juventud de entonces, y lo siguieron haciendo luego de desaparecido el Richmond, que vino a dar su lugar a la sección zapatería del "Barato Argentino" que después cambiaría su nombre por Azcarate, y luego por el de los Vascos. En los últimos tiempos del Barato, fue reformado el edificio adoptando una línea totalmente moderna con grandes vidrieras y cuidados escaparates."El Barato ".Tenia la ochava mas amplia de la ciudad y esta característica se mantuvo en la reforma.
En el 94, la anacrónica reglamentación municipal, impidió la realización de un importantísimo edificio en ese lugar, así como varios otros con el retraso edilicio que esto significó.
Las Oficinas del Correo Central, tenían otra sucursal, la N°1, en Bolívar y Mitre, también tuvieron su lugarcito en la 25, en la esquina de Churruarín, ángulo NNO, en la casa que fuera propiedad del doctor Mario Cesar Grás, abogado, profesor en el Colegio Nacional y autor de sendos libros: " la casa trágica" novela referida a la penitenciaría de Gualeguaychú y la otra, " El pintor Grás" descriptiva de la vida y obra de su tío Amadeo Grás.
En los años 20, las oficinas de correos y Telégrafos estaban ubicadas frente al molino Carabelli, en una propiedad del señor Ferrer Guasp (ángulo SSE) y de allí fueron trasladadas, siempre en calle Urquiza al edificio del ex Banco Galia, y luego al del Banco Nación cuando este se traslado a su nuevo local de 25 y Alberdi, ya en los años 30.
Luego el correo seguirá su trayectoria, pasando a la casa del doctor Grás, donde permanece por un espacio prolongado de tiempo antes de sufrir el penúltimo cambio en la casa de la familia Galdós en las calles Bolívar y Rocamora, para finalizar ese prolongado viaje por la ciudad y en el tiempo arribando definitivamente a Urquiza y Elías, a su moderno edificio propio,
donde funcionó el asilo de niñas "la Caridad", regenteados por las hermanas mercedarias a donde funcionaba una escuela, y el que fué quizás el primer Jardín de infantes que tuvo la ciudad, instalaciones que fueron demolidas para dar paso al nuevo Correos y Telégrafos de Gualeguaychú.
CAPITULO XXXII
EL ROYAL
1923 - Diciembre
Ya existía en esa fecha el Royal, un pequeño café enclavado en el corazón de la city, bar y confitería, calles Urquiza y Santiago
Días, Derudi y Toni, la sociedad.
Café y billares, y también por Santiago Díaz una fila breve de mesas con paño verde acojinado y tacitas de bronce embutidas para depositar las fichas del juego de cartas que suelen practicar los parroquianos que se reúnen allí, tras la jornada de labor; No mucha luz, como en la mayoría de los negocios de aquellos tiempos.
Puerta en la ochava, y por Urquiza una vidrierita y otra puerta de acceso al local, piso de baldosa roja y en un corte de una pared interior, un mostrador de madera, la caja y en un extremo la maquina del express con una hilera de pocillos recostados a la cenefa del techo del artefacto.
El exterior, paredes rosadas, un viejo y descolorido rosado.
La calle empedrada y en algunas veredas, acacias de oriente.
Enfrente, por calle Díaz, la librería, casa de óptica, e imprenta de Máximo Chichizola.
En la cochera, un sedan Ford "T" de dos puertas, al medio de la carrocería., esta descansado sobre tacos que lo separan del piso para que no se perjudiquen los neumáticos.
Frente al mismo y por Urquiza, la sastrería de Neder, y haciendo cruz la casa del doctor Marchini.
Diciembre del 23, Día de la Virgen, segundo domingo de adviento, ya es la tarde luminosa cayendo lentamente, mientras los rayos del sol se abeten sobre la ciudad con la intensidad del verano.
La vidrierita nos deja ver las yemas quemadas rodeadas por cabello de ángel, los merengues gigantes y los postres de bizcochuelo, en medio de botellas de licores, sidras Sagardúa y algunas de champagne Veuve Clicot o el popular vermout Glauda, Carabanchel u 8 hermanos, todo ornamentado con autenticas tiras de lameta plateada, por que esta cerca la Navidad.
El café Royal, contaba con fabrica de masas y postres y demás exquisiteces que salían de su horno.
Al principio de los años 30 es modificado totalmente, y aquí aparece nuevamente la mano de Paúl Tack, el reformador, que convierte aquel lugar obscuro en una joya del arte moderno, un neo francés simple de lineas sugestivas, con sendas amplias vidrieras, gran portada en la esquina, losas voladas, puertas laterales, y mantiene ese color rosa fuerte en su frente, mientras que columnas y contramarcos de puertas y ventanas, terminadas en medio punto, y los cornisones quebrados de las vidrieras son blanco intenso.
Se transforma así el viejo Royal que ahora en su esquina tiene un gran cartel rojo, que por las noches se ilumina destacando las cinco grandes letras de su nombre ROYAL.
Con el tiempo la primitiva firma, ahora encarada por solo uno de los socios, vende a Laborde Hermanos el fondo de comercio.
Con cariño quiero recordar a Rivero, Riverito a Piquet y Chichizola los "mozos" de esta confitería que desapareció físicamente luego de ser vendida al Banco Comercial del Este, para levantar allí su sede, cosa que nunca se concretó, quedando un baldío por muchos años y que luego se reconstruyó, no presisamente el Royal, sino una serie de locales bajos.
Una de las característica de esta nueva confitería fue la modalidad de las tertulias después del almuerzo, que hacían los estudiantes del secundario ya sea del Nacional o Normalistas, se estilaba el juego de los telegramas que se enviaban de una a otra de las mesitas y finalmente se concretaba un animado baile tempranero con la animación musical de un tocadiscos de gran tamaño, colocado sobre un tablado para la orquesta que actuaba por las noches en fines de semana.
El viejo Royal del segundo tiempo era luminoso a toda hora, pues por sus amplias vidrieras sin escaparates, la luz penetraba a raudales en el amplio recinto, y por las noches la iluminación interior le hacia tracender al exterior como un verdadero diamante.
Estaba ubicado a cuadra y media del teatro, de manera que a la salida de las funciones era punto de cita obligado para tomas un café en rueda de amigos o de familiares que habían asistido a la función.
Fue el Royal, un lugar de encuentros. Cada hora del día, tenia sus parroquianos fijos y el del cliente apurado que solo se detiene para tomar su café y luego continua su trajinada mañana.
O el que se sienta junto a la vidriera y mira pasar sin ver la vida de la calle, esa vida que se va transformando casi sin que lo advirtamos.
El Royal fue grande hasta el final, hasta el día en que cerro sus puertas, cuando Laborde Hermanos compraron el local de la ex Botica de Félix Fontana, para transformarla en un edificio de dos plantas, abajo el café y confitería y arriba el salón de fiestas.
Luego de esto el Royal no se abrio mas y los propietarios del inmueble decidieron la venta del hermoso edificio.
CAPITULO XXXIII
LA PARRILLA
Frente al teatro estaba instalada la parrilla de Gudemond, un comercio donde además de casa de comidas, tenia expendio de comida y verduras. Era un establecimiento múltiple, pues enviaba a domicilio platos preparados y viandas, las chuletas y milanesas eran su especialidad que gozaban del favor popular y como tenia la privilegiada ubicación de la proximidad de la sala de espectáculos, se veía muy concurrida en los entreactos y sobre todo en la finalización de los espectáculos.
Gudemond falleció trágicamente un verano, y este negocio cambio de mamo, previo algunas mejoras, quedando al frente Pepe Zoilo quien asistido por su familia, le dio un gran impulso y en adelante operaría bajo el nombre de "Bar Americano", con un excelente servicio de comedor.
Eran lugares populares de la década del 40, cada uno tenia su característica y clientela propia, pero de todos los barrios de la ciudad el bar americano tenia su gente.
Largos años mantuvo su actividad el "Americano", y hoy, habrá todavía mucha gente que fué cliente de este bar y amigo del dueño y su familia.
CAPITULO XXXIV
LA NAUTICA
Un pueblo que ha vivido desde sus albores junto a un manso río, viendo los barcos saliendo y entrando a puerto, observando la febril actividad de los muelles y astilleros de las proximidades, es casi imposible que no haya podido despertar a los lugareños hacia el panorama de ese camino que anda.
Los botes de los pescadores con sus velas de arpillera taninada, marchando hacia el Uruguay, en procura de la pesca abundante y generosa, que al final de la jornada, ofrecerán en la ciudad, atados a la larga percha que porta el pescador, balanceándose sobre su hombro, mientras vocea por la calle la fresca mercadería.
! Pescador ! Pescador es el grito que anima las tardecitas o las primeras horas del pueblo, es la voz del río que sube hasta la ciudad, y esa voz y esas ideas aparte de lo yá visto, van despertando la curiosidad por saber como es el río mas allá del puerto, mucho mas allá de la cancha del saladero; Fueron sin dudas vagas ideas primero, las cuales con el tiempo tuvieron respuesta.
Descubrir lugares, paisajes ingnotos, "caminar el río", esa era la cuestión.
Por entonces, el río era solo conocido por pescadores, barqueros, lancheros aparte de los capitanes y patrones de los barcos y Paileboats de carga y vapores de pasajeros y entre todos, ellos los viajeros a quiénes interesaba el tema.
Pero la manera de viajar, y además la única era hacerlo para el común de la gente, conocida, aceptada y sujeta a cánones inmutables era una sola, El Vapor.
Algunas personas, muy pocas pos supuesto, eran propietarias de alguna embarcación de tamaño reducido, impulsado con motor, generalmente monocilíndrico, tipo de casco "redondo" y con popa "cola de pato".
Había fondeado, frente al muelle, amarrado en la isla libertad, una embarcación que le decían "Yate".
Pertenecía a un descendiente de ingleses y estanciero de la zona de Almada, mister Jack Seguí Wesley, quien lo tenia con el único fin de pasear por el río.
La embarcación tenia la apariencia de un remolcador, casco rojo y obra muerta y chimenea negra.
Como todas las embarcaciones de la época el derecho de proa era recto y la terminación de la popa era de cola de pato.
La propulsión desde luego a hélice, movida por maquina de vapor.
Pocas veces lo vimos moverse de su atracadero y era una figura familiar frente al muelle.
Mucho tiempo ha de pasar hasta que sepamos como es el río de "al lado".
CAPITULO XXXV
VEINTE AÑOS MAS TARDE
En la calle 25 de Mayo, contiguo al Colegio Nacional, y al "patio de las toronjas", había, y digo había por que ya no esta mas, una hermosa propiedad con su frente pintado al aceite, de color verde obscuro, de lineas y depurado estilo románico, que me recuerdan al arquitecto Palladio, allí vivió junto a su esposo, la educadora Camila nievas y Eleododo Capdevila, un eximio artista del piano que se destacó en Europa, dando conciertos en diferentes países entre ellos España, Francia, Alemania y Noruega.
De regreso a esta ciudad fué nombrado profesor de música del Colegio Nacional.
Camila Nievas juntamente con Ana Bugnone, otra educadora fundaron la primer biblioteca por mujeres en el país, bajo el nombre de Osvaldo Magnasco, y con la sigla "Por la Patria y el Hogar"; siendo además Camila profesora de castellano en nuestro Nacional.
No solo fue casa Biblioteca y casa de conferencias sino también un extraordinario museo con piezas autenticas de la guerra del 14, donde era dado ver armas, municiones, bayonetas y granadas (desactivadas) cascos alemanes y linternas de acción manual.
Aparte de ello su acervo bibliotecario contaba con volúmenes incunables y solo con la venta de uno de ellos habrían podido levantar el gran edificio que anhelaban las fundadoras.
Pero Camila nunca los quiso vender.
El grandioso edificio que se construyó mas tarde, ocupaba cuarta manzana, y la nación hizo los aportes necesarios para su ejecución.
Entonces quedaron , la primitiva casa y una finca en la esquina que fuera propiedad de la profesora de matemáticas María Méndez, también del colegio, y que fueran demolidas para completar la imponente obra que Camila no pudo ver terminada.
No obstante, su velatorio se realizo en el gran hall de entrada de la obra aun inconclusa.
Durante largos años, permaneció un gran baldío en la esquina de la calle 25 y Perú, hoy esta ultima rebautizada con el nombre de Camila Nievas, la educadora, la visionaria.
Hoy se levanta en el baldío, la continuación de la obra y se ha convertido en la manzana que alberga dos centros de la cultura de la ciudad, la manzana de las luces.
En la casa descrita, antes de que fuera residencia de Camila y su esposo, antes del parque unzué, el puente y los clubes de río, allí nace el Yacht Club Gualeguaychú, cuyo fundador fue Domingo Carabelli (h), hijo se esta ciudad, y que fuera guardiamarina, habiendo dado la vuelta al mundo en la Fragata Sarmiento.
El Club en aquella época tuvo pocas posibilidades de supervivencia dado que, para esta ciudad había nacido antes de tiempo.
Sin embargo la semilla que después fructificaría estaba puesta.
La figura de un esbelto Yacht velero de reducida manga aparece un día flotando frente a la isla, fondo plano quillote fijo, y doble proa.
Su casco negro hace honor a su nombre, "PETREL GHOST" y por supuesto lo había hecho construir Carabelli en el astillero de Giusto.
Fue el anticipo, de lo que era una embarcación de vela deportiva.
Este ejemplo fue tomando cuerpo, y otro entusiasta de la navegación deportiva, quien también había estado en la escuela Naval, don Pablo J. Daneri, encargo al constructor naval Scarpa, un pequeño Velero de cuatro metros de eslora, con orza de cuchillo, y velamen compuesto de Mayor y Foque.
Se llamaba "Corsario", evocador de aventuras fantásticas.
Estos navíos iniciaron a otros nautas, que sin recursos ni medios económicos concluyeron por construir sus propios barcos, rudimentarios es cierto, pero fueron el principio de lo que continuaría mañana.
Lancha de doble casco, con mástil bajo, pedida en préstamo, con una vieja lona, una cortina secuestrada de una galería, botes de alquiler, con improvisado aparejo, todo era bueno para practicar el deporte de la navegación a vela.
El advenimiento del náutico en 1930 y luego Neptunia, vendrían a facilitar las cosas y a poner un orden relativo en las ideas y sistemas, aproximándolos al conocimiento de técnicas de construcción y navegación, todo lo cual vino a erradicar la improvisación.
El Náutico, había comprado unos botes de paseo, construidos con el sistema de tingladillo remachado, doble par y asiento con respaldo para el timonel, estos botes se lucían, navegando en el "lagón" que forma el río entre el puente y la isla y alrededor de esta.
Pero el Náutico, en un principio, no estaba al alcance de la generalidad de las gentes, así que cuando se creo el Neptunia, llenó ese lugar que faltaba.
Neptunia incorporo botes y se hicieron remeros, hubo competencias, y poco a poco fue surgiendo el espíritu de aventura entre los cultores del remo.
El remo que se practicaba en el Neptunia era distinto, era mas bien de carácter competitivo, desde luego había otros deportes como bochas, volley, y contaba con una pista de baile de baldosa colorada.
El galpón de botes estaba ubicado sobre la pendiente que en tiempo pasado, fuera la cabecera sur de una de las balsas que cruzaban el riacho cuando el puente no existía, de allí que en un principio el puente se llamara "La Balsa", pues su ubicación es próxima a ese vado.
El Ing. Pizza, al frente de la sección Obras Publicas Municipal, tuvo mucho que ver en las primitivas instalaciones del club.
Desde los modestos tiempos de su iniciación, se fueron utilizando elementos de deshecho como las baldosas coloradas de la pista de baile, hasta los techos y los parantes de los viejos tranvías de la ciudad, para hacer con ellos pintorescas pérgolas, donde aun se conservaban los asientos largos colocados entre parante y parante.
Angel Pizza, con su visión de futuro, fue quien proyecto, e hizo realidad, el local donde se instalarían los vestuarios y baños para caballeros y damas socias y socios de la institución, con sus correspondiente bancos y casillas para guardar sus efectos.
La construcción estaba rematada con una terraza con barandas de neto estilo romano y completada con un pérgola y el acceso a ésta, estaba dado por dos amplias escaleras una a cada extremo de la obra.
Para construirla, los elementos que la componían fueron fabricados en el lugar y en el suelo, nivelado a tal efecto.
Cemento, arena, canto rodado y varillas de hierro redondo, fue el material empleado, y por supuesto, tablas para encofrar, la cuestión es que una vez fraguados todos los elementos se efectuó en forma rápida la sencilla pero vistosa construcción.
Bajo las escaleras de acceso a la terraza se encontraban, sendas habitaciones para deposito, y la del lado izquierdo posteriormente fue la cabina de trasmisión dónde se instalo el equipo de música, que animaba los bailes y las tardecitas del club, el equipo muy complicado y gran potencia, había sido construido por José (Pepe)
González, propietario de Silver Star Radio, una conocida empresa local que fabricaba excelentes aparatos de radio, y otros equipos no menos importantes.
El club , contaba con pileta olímpica flotante frente a sus instalaciones, compuesta por dos balsas sobre tambores y las canchas marcadas por andariveles flotantes.
Allí se celebraron los mas exitosos eventos en los que participaban socios y socias de la institución, cuyas autoridades propulsaban los deportes náuticos, en todas las facetas posibles, así nacieron las pruebas de natación de la vuelta a la isla, y las competencias desde el arroyo Gualeyán hasta frente la playa del club.
Pruebas repetidas innumerables veces, al igual que las regatas de los doble par de la institución.
En estos botes se entrenaban los remeros, cuyo grupo llego a ser numeroso y anotaron dos hechos importantes para la vida del club, y que constituyeron en su momento una arriesgada empresa, la de unir de una singlatura la sede del club con el REMEROS de la ciudad de Fray Bentos en el tiempo récord de tres horas veinte minutos.
Salieron un sábado y regresaron el domingo por sus propios medios y con igual marca horaria.
En el club Remeros de Fray Bentos una nutrida multitud aguardaba el arribo de los deportistas de Gualeguaychú, los cuales fueron recibidos por el presidente de la institución, Sr. Goñi Etchenique, quien les dio la bienvenida recibiendo de manos del capitán de Remeros un recuerdo de la singlatura, consistente en un par de pequeños remos símiles a los empleados en el raid, los cuales habían sido fabricados por el carpintero naval Antonio Bonazzola, constructor de uno de los botes usados en el evento, que acababan de cumplir. Por la noche el Remeros se vistió de gala para agasajar a los raidistas y se celebro un baile en las instalaciones del club.
Poco tiempo después tuvo reedición este singular evento con algunos remeros nuevo y otros de la anterior singlatura con el mismo éxito que la primera.
Resta decir que la manga de esos botes es de solamente sesenta centímetros y que el río tiene 24 kilómetros, y la parte del Uruguay donde fue cruzado cuenta con ocho kilómetros de río abierto al pampero.
Algunos nombres de aquellos pioneros, se rescatan aquí, y ellos fueron: Faud Al Jarrat, Doello, Roberto Piaggio, Bottani, Amarillo, Carboni, Da Luz, Freyre, y el que esto escribe.
Este singular hecho, despertó un mayor entusiasmo por el remo y así nació la idea de un insólito emprendimiento, cual seria unir Gualeguaychú con la ciudad de Montevideo, y para esto se contaba con la embarcación adecuada, que seria uno de los botes empleados en los raids anteriores y dos capacitados remeros Al Jarrat y Amarillo.
Los cultores del remo, entusiasmados, aplaudieron el proyecto y lo aprobaron, y como resultado, la Comisión Directiva dio su consentimiento.
Estos acontecimientos pertenecen a la década del 40, y amplios comentarios se reflejaron en los diarios de la época, especialmente El Argentino, cuyas destacadas crónicas eran leidas con avidez.
El viaje debería haber durado una semana, así fueron dejando atrás y a buen ritmo, el destacamento boca, la noventa, el Río Negro, Playas de la Agraciada, Nueva Palmira, Carmelo, y al cruzar Martín
Garcia comenzó lo mas bravo del recorrido, habían superado el Parque Anchorena y el puerto de Colonia y decidieron hacer noche en las proximidades de Juan A. Lacaze.
Restaban apenas 100 Km. para finalizar el raid, habían sacado el bote a tierra como lo hacían cada noche y asegurado y colocado boca abajo, y se pusieron a dormitar, para emprender la ultima etapa.
La noche estaba cerrada y presagiaba tormenta, pero nunca se espero el tornado que se desato pasada la medianoche en medio de una tremenda obscuridad, y fue tan violento el temporal que levanto la frágil embarcación destrozándola totalmente.
Desde Lacaze, los remeros debieron volver por tierra hasta Fray Bentos y de allí en el Luna hasta nuestra ciudad.
Poco falta para que nos separen sesenta años de aquel suceso, y si bien que el fuego sagrado no se apagó, el interés por el remo, comenzó la búsqueda por otros caminos.
"Andar el río", esa era la consigna.
El río se iba poblando de embarcaciones de todo tipo, lancha isleñas como la Delia de Ideartegaray, Yachts como el "Robin Hood" del doctor Etchegorry, "Hirondelle" de Gauvry y que antes fuese de Mignaquy; o el "Kiwi" de los amigos Britos, Etchebarne y Spangemberg, "La Alborada" de artusi, y la lancha con portátil "Eblajú" también de Britos.
Prácticamente todas estas embarcaciones, pertenecían al Registro Nacional de Yates, dependiente de la entonces Sub - Prefectura Gualeguaychú y bajo el gallardete del club Náutico y aquí es donde verdaderamente comienza la historia de la náutica que después fue grande, con la navegación a vela en nuestro medio.
Había otras embarcaciones, inscriptas en la matricula nacional, como un velero tipo pescador denominado "titi" y el "Quo Vadis", este era un bote con aparejo marconi y que ya era un verdadero velerito pues contaba con orza de cuchillo, lo que le permitía marchar contra el viento hasta un máximo de 80% de penetración, estas embarcaciones eran de Martín Recalde, un vecino próximo a la rivera.
Antes de que todas estas historias ocurriesen, habían llegado a esta ciudad dos hermanos descendiente de franceses, Hipólito y Luis Gauvry, en los comienzos de la era automotriz.
Ambos excelentes mecánicos, tenían deposito de combustibles en las proximidades del saladero, y también taller donde podían verse dos lanchas de madera, con "escalón" y en sus bandas leíase "Elto".
Eran de las denominadas "de carrera", en la jerga de entonces, cuando no se conocía el plástico.
Eran totalmente de madera y armadas con cuadernas "las costillas" al decir de los neófitos.
"Elto", por que era la marca del motor portátil como se decía en criollo, mas rebuscado después, fuera de borda, y actualmente "out board", no es nada que no sepamos que dice, queda bien.
La novedad del escalon, consistía en levantar la parte posterior del fondo de la embarcación para dar menor superficie de apoyo lo que aumentaría la velocidad, como se ve un detalle de alta técnica.
Luego vendría otra época, seria el tiempo de los botes con cabina y portátil un sucedáneo económico del Yacht, con un mínimo de confort y costo, nos permitiría navegar y disfrutar de la naturaleza.
Así fueron llegando el "Irupé" de Risso, la "Tapera" de Romero y "Ave Marína" de Cécere, y vuelven a aparecer otros yates, el "Gurí" del Dr. Specktor, la lancha de gran porte "Halcón" de Elías y la "All Right", una hermosa lancha automóvil, en realidad una Cris Craft, propiedad de Boggiano.
Se cierra aquí una etapa en la cual tuvo gran participación el club Náutico.
Ahora vendría la de los socios navegantes de pocos recursos, ingeniosos, transformistas, otros mas hábiles, constructores de sus embarcaciones.
Algunos socios del Club Nautico convencieron a Tamburini, de lo bárbaro que era navegar a vela y lo fácil que resultaría transformar su bote con motor fuera de borda, en un eficiente velero, entonces se le practico una caladura en la quilla y se le coloco una caja por donde pasara la cuchilla u orza, cosa que le permitiría navegar sin ronzar y marchar contra el viento en un ángulo muy cerrado.
Se cerro la cubierta y se le coloco una cabina y timón, y para la propulsión un aparejo marconi.
Así se construyó lo que seria un velero de 5 metros pero si bien, de reducida eslora, de gran actuación en nuestro río y en el Uruguay mismo por varios años, pero lo importante fue que dio escuela a muchos jóvenes de su tiempo, los cuales se declararon entusiastas cultores del deporte de la navegación a vela.
El JET, que así se llamaba, fue una figura popular en nuestras costas y mas allá de ellas.
Poco después el Náutico incorpora un "Snipe", comprado al mayor Alcides B. Spil, en Gualeguay. El "Pitá", que quiere decir colorado, pues así estaba pintado, y en el club de San Isidro de la Capital se adquiere el RUMBO, el cual ya era un barco mayor, un estilo Río de La Plata, sin llegar a tener las dimensiones de estos.
La necesidad de efectuar competencias hacen tomar a los directivos de la institución, la decisión de adquirir dos snipes mas, y serian estos el JOVHI que significaba azul, y el JHENDI YASI, que equivale a plateado en lengua guaraní.
Estas embarcaciones fueron encargadas al constructor naval, Antonio Bonazzola que tenia su taller, primeramente en le deposito del Sr. Delfino en la esquina de 3 de Febrero y Paraná ( hoy D. Jurado).
Allí se construyeron entre otros: la ballenera WHALER y la reforma del PIROSCAFO, un bote de lona que se transformo en velerito.
Otros veleros: AVE MARINA de cécere, construido por A. Bonazzola y SEA BREEZE, de los Guastavino, GAVIOTA de V. Gasparovic, KARUBI de O. Risso, PINGUINO de Olaechea, TRITON del autor, EOLO de Elías, son otras tantas muestras de la capacidad de estos aficionados que construyeron sus propios barcos.
Y este fue el verdadero comienzo de las actividades náuticas en nuestro medio, cuyo crecimiento y desarrollo pleno fue interrumpido por una falta de visión de algunos miembros del club respecto de su no creencia sobre la importancia que mucho mas tarde tendría ese deporte, aunque no con el espíritu que animó en sus pioneros - constructores - navegantes.
CAPITULO XXXVI
CELEBRACIONES
El culto católico fue desde los principios de la villa, no solo tradición, sino fé de los pobladores, fé trasmitida por generaciones y arraigada firmemente.
Tal así, que desde los albores de la patria, en la constitución primigenia figura formando parte de nuestro acervo.
También aquello de que el presidente de la Nación debía de ser católico para ejercer la mas alta magistratura de la Nación.
Era lógico que un país de raíces hispánicas abrazara y defendiese esta posición, en donde la mayoría pertenecía al credo cristiano.
El primer lugar donde se celebro el santo oficio en la villa de San José de Gualeguaychú, fue en la esquina de las hoy San José y Urquiza, exactamente donde se encuentra el cine palma, allí había un rancho y ese era el templo.
Esa manzana era el primitivo cementerio, que después fue trasladado al Hospital Centenario y mas luego al lugar que hoy ocupa, Cementerio Norte tal su designación.
La iglesia funcionó en ese lugar, hasta que el padre cura se negó a seguir celebrando misa en un rancho, así es que en dicho predio tiempo después se erije una construcción de material, que primeramente sirve a los fines de templo, y cuando estuvo terminado el definitivo, paso a ser casa parroquial. Al frente y hasta su demolición, ostentaba en su frente la cruz de hierro que marcara donde era la vieja Iglesia.
La parroquia de San José, fue desde siempre el centro de evangelización y catequesis de la numerosa feligresía de cuando era una villa y luego una ciudad mayor.
Los gruesos muros del templo comenzaron a levantarse y cuando estos habían alcanzado la altura de un metro, por falta de fondos, estuvo paralizada la construcción por algún tiempo, y los chicos de la zona se daban cita para sus juegos en dicho lugar.
La parroquia, igual que en todos lados y en ese tiempo, tuvo gran importancia además de lo que significo en el marco espiritual, pues se efectuaban las anotaciones sobre nacimientos, bautismos, casamientos y defunciones, actas que tenían valor como documentos públicos y a falta de otra autoridad, allí se requerían las constancias para justificar la identidad, hoy, aun ya a fin de siglo, estos testimonios siguen vigentes para aquellos casos de que se trate de acreditar la identidad, por supuesto de aquellas personas anotadas en esas circunstancias y que no figuraron en los posteriores registros civiles, por que no existían.
Los grandes festejos eran los 25 de Mayo, y los 9 de Julio, especialmente el primero y esto lógicamente en lo que se refiere a las celebraciones civiles.
La jornada del 25 de Mayo, comenzaba a la salida del sol, y esto se anunciaba con disparos de bombas de estruendo, mediante un mortero que se ubicabas frente al municipio, pero también en una época se usaban los viejos cañones del combate de la isla Libertad, apostados a cada lado de la puerta de entrada, que eran cargados por la boca con pólvora y atascados con papel y trapos, se encendían por los "oídos" donde asomaba una breve mecha.
Los estampidos despertaban el pueblo anunciando un nuevo amanecer de la patria.
La bebida de rigor era el desayuno con chocolate caliente, tan caliente que quemaba hasta los dientes y que se bebía en la intendencia por el intendente y sus empleados, tras los disparos de bombas y cañonazos.
La plaza San Martín era y fue el centro de las conmemoraciones patrias.
A eso de las diez de la mañana en la parroquia de San José, tenia lugar el Te Deum con asistencia de civiles, militares y autoridades de la ciudad. Tras el oficio venia el desfile de efectivos acantonados en la ciudad, que primeramente estuvieron dados por la "Guardia Nacional" y después por lo que fuera el regimiento "10", ese querido y recordada "10 de infantería", por todo el pueblo de aquel tiempo.
La plaza era embanderada profusamente y en las columnas de luz se instalaban escudos con sendas banderas entrelazadas, escuelas y colegios de toda la ciudad, rodeaban el monumento ecuestre del padre de la patria, el General don José de San Martín, nuestro máximo héroe.
El publico y las autoridades entremezclados acompañaban a la banda del regimiento, cantando a coro y enfervorizados, la canción patria.
Después de escucharse las palabras del orador de turno, una niña de alguna escuela recitaba con verdadero sentimiento una poesía alusiva.
En muchas circunstancias y esta era una de ellas, se apersonaba a las casas de familia, a veces uno y hasta tres guitarreros, y en los zaguanes, sin previo aviso ejecutaban con maestría marchas militares y otros sones del terruño.
Terminada la ejecución, se abrían las canceles, los propietarios agradecían la serenata y agregaban una propina.
El recorrido de los guitarreros abarcaba toda la jornada, la cuál finalizaba ya bien caído el día.
No pasaban tanques, ni Carriers, ni Unimog. por que no habían.
Unicamente cañones en sus cureñas tirados por la caballería; Infantería con todo su equipo a la espalda y cocinas de campaña con sus servidores; La caballería montada y la banda.
El pueblo agolpado en las esquinas, participaba del desfile militar y un chico estaba soñando con reproducir la parada con sus soldaditos de plomo.
Estaba cayendo la tarde y el sol comenzaba a ocultarse.
Era el fin de la jornada.
Los cañones de frente del municipio volvieron a dejar oír su voz y el eco recorrió todos los confines del pueblo.
Mas, la celebración del día no se había cumplido totalmente aún, faltaban los dos broches finales con los que cerrarían los festejos.
Ellos eran la velada de gala, función que se celebraba en nuestro primer coliseo, la cual termino siendo el Cine Teatro Gualeguaychú.
Y la Recepción de Gala del Club Recreo Argentino.
La función de gala, era algo especial dentro de los festejos de la ciudad, asistían a el las mas altas autoridades Civiles, Militares y Eclesiásticas.
El Teatro estaba engalanado con escudos y banderas en los frentes de palcos y columnas. Damas y caballeros lucían hermosas vestimentas y colmaban palcos, plateas y cazuelas.
Afuera sobre el balcón largo sobre la calle lucían con orgullo una serie de banderas argentinas.
Los militares vestían un uniforme de gala y guantes blancos.
El acto comenzaba con la ejecución del Himno que se escuchaba de pie y ejecutado por la orquesta estable del teatro.
Luego de finalizado este, una cerrada ovación de los presentes constituían el corolario a la canción patria.
El espectáculo que se presentaba eran compañías prestigiosas de la capital, mas tarde fueron suplantadas por grandes producciones cinematográficas.
El cambio de costumbres, fue poco a poco restando brillo a los fastos, la orquesta desapareció y fueron los discos los encargados de transmitir a la sala, la canción patria.
Ya no había uniformes de gala, ni caballeros y damas luciendo sus hermosos y correctos atuendos.
A eso de las 22 horas, se abrían las puertas del club para comenzar a recibir a sus asociados, sus familias e invitados especiales y entre estos las autoridades de la ciudad y jefes y oficiales de la unidad destacada en la ciudad.
Los concurrentes eran esperados en la puerta del Club por el mayordomo, quien se les solicitaba la tarjeta que los acreditaba como invitados.
A los presentes en el Club se los agasajaba con una excelente cena servida en su amplio comedor de la planta alta, y luego un baile de gala en el salón de fiestas del club, amenizado con músicos pertenecientes a destacadas orquestas locales.
Los nueve de Julio, se realizaba un almuerzo en la planta baja, con iguales característica, pero mas informal.
El Primero de Mayo, aniversario de fundación del Recreo, era otra fecha para la celebración.
Y hablando del Club, prestigiosa Institución de la ciudad, cada fin de año, es decir el 31 de Diciembre, celebraba el "reveillon" en el cual se despedía al año viejo y se recibía al que se iniciaba.
Era habitual que en esta fiesta, cena y reunión danzante, se presentaba en sociedad a las niñas que cumplían 15 años.
El Recreo segundo club Social de la República, el primero lo fue en importancia el Club Progreso, no fue ajeno tampoco a la recepción de altas autoridades de la nación, tales como el presidente, General Agustín P. Justo.
Luego del Te Deum oficiado en la parroquia de San José, se traslada la comitiva a pie por la entonces calle chile, y luego breves metros por 25 hasta la sede del club, donde los visitantes son agasajados.
El grupo era encabezado aparte del Presidente Justo, por los máximos dirigentes de la institución, el Escribano Alfredo Garbino (H) y el doctor Zabala Carbó.
En los días de carnaval de antaño, el club realizaba un baile de disfraces para sus asociados y familias, el cual era muy comentado por la calidad de los disfraces presentados.
El Recreo conoció épocas de brillo y esplendor, desde aquellos días en los cuales, la araña del salón de fiestas era iluminada con gas, y la sociedad del lugar se daba sita allí, cuando en los días de fiesta, damas y caballeros venían accediendo a la planta alta, por la gran escalera alfombrada de rojo, mientras Camilo, nuestro viejo Camilo seguía en la puerta recogiendo tarjetas.
Tenia la ciudad, otros festejos marcados en rojo en el almanaque, eventos religioso que parecían estas concatenados.
Comenzaban silenciosamente el 7 de Noviembre por la tarde; Por lo general a las diecinueve horas, entre otros lugares, en la parroquia San José.
El 7 de Noviembre no era una fecha marcada en rojo del calendario, la marca estaba en cada corazón creyente, que entonces eran muchos.
Se trataba del mes de María, un suceso de fé de carácter extraordinario.
Un mes entero en el cual la parroquia desbordaba de fieles, escaños, naves laterales, todo para rendir homenaje a María, madre de Dios.
Flores blancas, calas y gladiolos, vestían de fiesta al templo.
La nota tocante de cada uno de esos 30 días estaba dada al iniciarse el acto, por la entrada de una doble fila de niñas vestidas de blanco portando las flores que dejarían al pie de la virgen; Un grupo de chicas mas pequeñas que encabezaban el conjunto, portaban alas en sus espaldas y entraban cantando ... Venid y vamos todos con flores a María .. que madre nuestra es ...
Y no se faltaba un solo día de aquel mes para recibir las bendiciones con que se cerraba el acto.
El mes de María desemboca en el 8 de Diciembre, precisamente el día de María y en el cual era tradicional la celebración de la primera Comunión, otra gran jornada espiritual en la cual la Iglesia se encontraba de " bote a bote.
Era por lo general una mañana luminosa, una mañana de cristal diría tal la diafanidad observada desde dentro y fuera del templo.
Las chicas vestían totalmente de blanco y los chicos de azul y camisita de cuello volcado y con gran moño en el brazo.
Terminado el oficio, los de primera comunión pasaban a la casa parroquial donde les esperaba servida una taza de chocolate.
Luego los chicos y chicas salían a llevar recordatorios a familiares y amistades.
Estábamos yá por el segundo Domingo de Adviento, así que pronto seria Navidad.
El pueblo todo trasuntaba un aire festivo.
Los comercios de librería exhibían para la venta, arbolitos de Navidad de pluma de ganso, cajas con globitos y tiras de lameta plateada, porta velas y velitas de cera en colores, para adornar el árbol, figuras de yeso y de papel massé, niños dios de cera, es decir todo para armar el retablo navideño.
En muchos hogares se hacían pesebres que podían visitarlos quiénes quisiesen, uno de ellos estaba ubicado en las esquinas de Urquiza y Pellegrini, en la gran sala con sus ventanas abiertas, la gente podía verse desde la calle, la bubólica escena que se ofrecía a su vista.
En efecto, a todo el largo de la sala, montado sobre una plataforma se desarrollaba el Belén, pastores con sus majadas venianse aproximando desde un bosquecillo, simulando atravesar lagos y arroyos conformados por espejos, donde nadaban patos y simulaban beber algunos animales; Mientras en un costado emergiendo de pinos, un árbol de Navidad con todos sus adornos, globitos y lameta plateada dominaba ese ángulo del retablo que se encontraba mas a la derecha, y se destacaba entre una gruta hábilmente construida con un papel salpicado con pintura que imitaba el color de la piedra.
Una escena estática, que a pesar de su estatismo daba impresión de movimiento, tal el realismo que se había logrado.
Lo mismo sucedía con otras casas de familia que exhibían sus belenes, y en infinidad de hogares se realizaba este culto privadamente, pero el eje central estaba dado por el nacimiento o retablo.
Cada uno lo armaba de acuerdo a sus medios y ese era el verdadero, tal el sentimiento cristiano.
En la iglesia de San José, se disponían el retablo, al pie del altar mayor, con el tiempo, este sufrió distintos cambios y
metamorfosis, desde aquellos reales y pacíficos pesebres ideados por san francisco como belenes vivientes, hasta los días en que ya va quedando atrás, en los cuales, una corriente surrealista o existencialista permisiva y tolerante en extremo, se va apoderando de ciertos jóvenes estamentos directrices, al punto de deshechar lo tradicionalmente aceptado, y convertirlo en un aquelarre de irreverencias, presentando al sagrado niño tirado sobre bolsas y con un neumático de tractor por cabezal, y todo ello a la entrada del templo.
O como cuando se lo presento al pesebre con figuras, siluetas mejor dicho, de telgopor.
La noche por excelencia era el 24 de Diciembre, noche buena, en la cual las familias de la grey preparaban sus mesas para recibir el Cristo con serena alegría, cada uno a su manera, solo bastaba un trozo de pan dulce y a veces una copa de sidra, y rodeando la mesa, la familia unida.
A las doce (24), las campanas de San José, se echaban a vuelo, los silbatos de las locomotoras y de los vapores en el puerto y los molinos; Anunciaban el nacimiento esperado, soñado largamente, mientras el cielo era surcado por luces multicolores y las ristras de cohetes chinos ponían su nota ruidosa en las calles del pueblo, y las luces de bengala pendiente de las ramas de algún arbolito en la vereda dejaban escapar múltiples estrellas blancas.
Después era la paz de la noche estrellada y silente que todo lo iba inundando, era la noche de paz y de amor, que se repetía año tras año, por que ya era la Navidad.
Los primeros esbozos turísticos se van dando por estas fechas, en la ciudad con la llegada por el río, de algunos yates, unos arribando al puerto y otros al incipiente Club Náutico.
Solían allegarse los visitantes a las misas de las 10 o 10.30 y se les reconocía por su ropa casi informal pero correcta.
Estos arribos también sucedían y de la misma forma, para los días de semana santa.
La semana santa es fin y es principio.
Termina en la pasión y comienza con la resurrección.
El domingo de Ramos, era un día festivo, era la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, aclamado por la multitud, pasaba entre palmas y olivos.
En la iglesia se repartían gajos que eran bendecidos al comienzo del oficio y luego con ellos se marchaba en procesión por el interior del templo.
En los días siguientes, esa alegría del Domingo de ramos se iba diluyendo y ese era el sentimiento predominante en la ciudad.
El Jueves Santo caía sobre el pueblo un manto de tristeza, el sermón de la montaña.
El Viernes santo completaba el cuadro de pesadumbre, la ciudad parecia desierta y en el templo las imágenes estaban ocultas con un velo al igual del altar mayos, con un enorme cortinado.
Pero, finalmente llegaba el sábado de gloria y previas las Letanías el velo se corría, apareciendo el altar mayor totalmente iluminado e irrumpía la música del Organo.
Desde ese momento la tristeza de días anteriores desaparecía y todo recobraba el ritmo anterior, y finalmente llegaba el Domingo de Pascuas.
Pascua de resurrección.
Mucha agua ha pasado bajo los puentes desde entonces, se han reformado algunas cosas y cambiado otras, pero es el mismo espíritu cristiano, el que sigue prevaleciendo aun, no quizás como entonces, es posible que no, pues para comprender aquel clima del espíritu, es lógico que debimos vivir ese tiempo, pero así fue San José de Gualeguaychú.-
Hace ya casi 70 años, llego a Gualeguaychú Don Enrico Vercelli, un Italiano que venia, por encargo, a instalar el gran órgano de la Iglesia Catedral de Concepción del Uruguay, y terminado este, fue interesado para realizar otro similar en nuestra parroquia, así que concluido el trabajo, se traslado a nuestra ciudad para efectuar su construcción, pero con una diferencia, el nuestro fue íntegramente hecho en Gualeguaychú, cada pieza, cada tubo, cada pedalera, es obra de ese gran artista que se llamo Enrico Vercelli.
En el año 30, quedo inaugurado oficialmente este hermoso instrumento, con un concierto dado en la Catedral y en el cual participo como violinista, el eximio Maestro Luis Quaranta.
Aquí debemos recordar a Luis Rossi, quien fue organista durante mucho tiempo y de su valia como tal lo da el hecho de que la firma Lotermoser importadora de un impresionante órgano para el teatro opera de Buenos Aires, no lo podía instalar por que no había quien lo entendiese.
El órgano en cuestión se exhibía en el local de Lotermoser y pasando Rossi por el lugar, entró a verlo y luego solicito permiso para ejecutar algo en él, entonces le dijeron que no había nadie quien lo pudiese hacer.
Rossi sin decir nada, se sentó, coloco los registros en el lugar correcto y ejecuto varios temas de jazz.
Cuando termino, fue calurosamente felicitado y salió del local contratado como organista del cine.
Así eran los de Gualeguaychú.
CAPITULO XXXVII
LA PIZZERIA
Uno de los lugares que se solían frecuentar hasta altas horas de la noche, era la "Pizzeria".
Se entiende por altas horas, la una y media, casi , las dos de la mañana, siempre tenia publico, en la mañana, a la tarde y especialmente a la noche, el lugar siempre presentaba un ambiente de actividad.
Ubicada en el ángulo SSE, de la esquina de 25 y Montevideo, paredes rosadas, hornos de leña al sur del local, siempre encendido y en largo mostrador, apoyados en el, los parroquianos degustaban, moscato mediante, un sabroso trozo de pizza tomando con un papel o un exquisito fainá.
Aunque los dueños eran dos hermanos extranjeros, los Chichimanoff, este local era conocido como la "pizzeria de Pedro" o mas familiarmente "lo de Pedro".
Tenia su publico fijo y muchos otros que no lo eran, se daban cita allí para paladear esas dos especialidades principalmente, aunque elaboraban otros productos tales como empanadas criollas fritas y al horno, y para las fiestas se agregaban lechones y pollos al horno.
En la pizzeria de Pedro recalaba todo el mundo, eran pocos los que no conocían el lugar o no hubiesen concurrido alguna vez.
Fue lo de Pedro, nuestra primera y verdadera pizzeria, en aquellos tiempos, aunque esos tiempos se acercaban mucho a estos.
En los meses de verano, se sacaban mesitas a al calle, y las colocaban en la calzada de Montevideo pues la aceras eran estrechas.
Y lo mismo, esto sucedía para Carnaval, pero entonces estaban en las bocacalle y se juntaban con las del Bar Central que estaba enfrente, y que también colocaba sus mesitas sobre la vereda.
Al finalizar el viejo paseo de la 25, a la salida del teatro y el cine moderno que estaba a la media cuadra, muchos asistentes se daban cita en ese lugar para comer una pizza y tomarse un moscato, antes de regresar a sus hogares.
La pizzeria fue un hito en la ciudad, un punto de arranque para que otros similares que llenaron el vacío que dejo la ausencia de lo de Pedro.
Algunas veces el Bar Central, cerraba antes sus puertas y era un espectáculo risueño ver a los propietarios cruzarse a la vereda opuesta y juntarse con los de la pizzeria en una de sus mesas a tomar la ultima copa o comerse un trozo de pizza o una empanada mientras echaban el ultimo párrafo del día.
CAPITULO XXXVIII
AYER
Algunos suelen decir, "todo tiempo pasado fue mejor" y muchos hasta se lo creen.
Ayer, no fue ni mejor ni peor.
Ayer, fue un tiempo con características, hechos y costumbres que fueron propias a su tiempo.
Modos y costumbres propias.
Ayer asistimos en el devenir presuroso que nos colocó en un tiempo distinto y que nos mostró como un joven entro a una función de teatro con campera en vez de saco, y también asistimos al hecho de los sinsombreristas al paseo de la 25.
Ayer, está en la informal cuasi música de la orquesta de Peregrín Herrero, en el teatro, antes del inicio de la función.
Quizás ayer, este en la música de Jazz, de Paúl Whiteman, en una sentida canción de Al Jolson, en el "reverie" de Shuman, el "cascanueces" de tchaycowsky, tal en vez Serenata a la luz de la luna de Glen Miller.
Ayer, bien puedo ser el génesis de cada uno, como lo será el de cada cual mañana, con amaneceres llenos de helechos o sin ellos.
Ayer fueron las veletas pivotantes, los barcos de pasajeros, la comparsa de Nerón y el gaucho verseador, el tranvía, el adoquinado de madera en la 25, y el paseo de la calle.
Ayer existían cánones y lecturas distintas con sus aciertos y errores, pero que sirvieron a su tiempo.
La transgresión es lo normalmente aceptado hoy.
Mañana serán otras las leyes que rijan los modos y costumbres, y serán estas las normales, por lo que no podemos decir que cada tiempo pasado fue mejor, en todo caso cada tiempo tuvo lo suyo.
Ayer fue distinto a otros ayeres pasados y también a los futuros y no por ello se pueda decir que serán mejores ni peores.
Fueron ayer y solo ayer.
Crónica Informal, solo fue un relato de un espacio de tiempo que no se puede retrotraer, aunque si recordar algunas pequeñas cosas, o tal vez grandes, que pasaron en la ciudad en el último siglo.
FIN
INDICE
CAPITULO I GENESIS " VILLA INDEPENDENCIA
CAPITULO II VILLA SAN JOSÉ
CAPITULO III HOY Y AHORA
CAPITULO IV LAS FUERZA DE LA TIERRA
CAPITULO V LA NOCHE
CAPITULO VI EL GAS
CAPITULO VII DOS ASTILLEROS Y UNA RAMBLA
CAPITULO VIII EL PUERTO
CAPITULO IX LOS CARRUAJES
CAPITULO X LAS COMUNICACIONES
CAPITULO XI LAS COMUNICACIONES II
CAPITULO XII EL RIO
CAPITULO XIII LA FILANTROPIA
CAPITULO XIV LA KERMESSE
CAPITULO XV OTROS PLANES
CAPITULO XVI LA ARQUITECTURA
CAPITULO XVII EL VIAJE
CAPITULO XVIII LA CARNAVAL
CAPITULO XIX LA CONFITERIA
CAPITULO XX LOS TEARTOS Y LOS CINES
CAPITULO XXI EL COLON
CAPITULO XXII EL LIRICO
CAPITULO XXIII EL TEATRO
CAPITULO XXIV EL CINE MODERNO
CAPITULO XXV EL CINE URQUIZA
CAPITULO XXVI EL SALON PARROQUIAL CINE PALMA
CAPITULO XXVII UN TANGO
CAPITULO XXVIII EL VIAJE
CAPITULO XXIX LA CALLE
CAPITULO XXX LAS PLAZAS
CAPITULO XXXI LA CALLE II
CAPITULO XXXII DESPUES
CAPITULO XXXIII EL ROYAL
CAPITULO XXXIV LA PARRILLA
CAPITULO XXXV LA NAUTICA
CAPITULO XXXVI VEINTE AÑOS MAS TARDE
CAPITULO XXXVII CELEBRACIONES
CAPITULO XXXVIII LA PIZZERIA
CAPITULO XXXIX AYER