
música y textos
efecto coriolis y otros poemas acróbatas
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i.
convocatoria mi
corazón convoca en pleno a sus gamines, censa
sus ghettos, sus favelas, sus suburbios, hace
cuenta de sus panes, de sus peces, se
enfrenta a tanta paja, a pocas mieses, desempolva
sus mentiras, sus augurios, desoxida
sus bisagras, sus balines, reedifica
sus templetes de ceniza, silbatos
de metro, la ordinaria follia y,
aunque le falte nicotina y el aforo, puntual
asume su faena, sin decoro, de
encarar la soledad, la sumatoria de
esa careta tuya y esta mía; el
balance asentará un piolín de nylon sujetando
por el cuello una palabra espléndida, alguna
cama asesinada de contado; resta
el alma de bistró desfinanciado, tu
amor cándida eréndira y
mi actitud buster keaton que, más bien, suman.
el
mío es un piratazgo alimentado de sí mismo, como
si la cojera de uno aumentase
su disfunción al cien por ciento y
como si el parche en el ojo se
tomase por asalto las dos cuencas. le
nace un bucle extraño cualquiera que
gira en cualquier sentido: te
otorga una alegría zoológica y,
equilibrista en las neuronas, te
encuentra fontanero de tiempo, entomólogo
de cachivaches, remolino
de barajas al viento; proyecta
cada puño desmayado, la
anatomía de los aeropuertos, los
pasaportes vencidos, los
gallos que quedarán para esculapio, las
bisagras que mienten una vez de cada dos y,
cosidos a la boca de los párpados, los
ecos de los ecos de una imagen redibujada,
vítrea, transatlántica (la
ceguera te aventaja, te amanece). el
mío es un piratazgo itinerante: como
tristana zapatea la pata, el palo, ama,
desama, practica el piano (la
cojera testamenta, te traiciona); se
conduele al percatarse de
su estrellato de péplum,
de
historia no venida,
de
parapeto saltado; te
embriaga en tal posthistoria, abisma
todas las palabras, desnace
todos los sonidos, deshora
todos los silencios, genera
otro bucle, sentido inverso al anterior, dibuja
los linderos de este abismo; te
paras en el filo del alféizar, te
olvidas de los pianos, das el brinco y,
mientras caes deslenguado, rectificas: "el mío es un piratazgo acantilado".
al
compás de los quelonios se
nos viene el tiempo encima como
boca de lamprea dentro
de sus gabinetes, nuestros
propios extranjeros dan
el último brochazo a
cada uno de sus lienzos y
se entregan al dilema: ¿emprender
otro proyecto, desarmar
rompecabezas? en
tanto, nosotros, al
compás de aquiles, sentimos
la válvula absorbente; nos
corresponde, entonces, el
silencio imperturbable, involuntario; nos
corresponde, entonces, el
aúllido mudo, voluntario; nos
corresponde, entonces, contemplar
a la venus de milo cubrirse los senos con las manos.
entre
ti y mi se
trenza un sol sostenido con
contrafuertes y cariátides es
decir, orquestamos un acorde mayor tríada
filigrana y cúpula de
un cielo discernido somos
un atlas caracol acangrejado y
somos el mismísimo bemol acangrejante.
ubú
hubo hasta en las medias roc
se
vistió de rock y
nietzsche
limpió
un nicho en mí los
estudios
imperativos
como son
(¿es-tu-dios?)
fueron
religión y
el ser animístico
no
significó
ser antimístico. para
nomás
la
paranomasia que
tu mente proceda
prosódicamente que
haya drama
sin
anagrama que
tu garganta corte
con
dureza la guadaña muere
de una vez con mi asepsia
en
tu vereda ya
he cargado
muerto con la tuya.
con
sus ventrículos y callos con
sus diástoles y sus uñas crecidas con
colesterol, con coles con
sus jardines comprimidos con
su correspondencia inatendida con
su futuro silencio con
sus pasados sordos con
sus orejas puntiagudas con
sus trigos calcinados con
su alegría de funámbulo con
su vocación de trapecio con
su temor de silla coja con
su esperanza de viuda con
sus métricas jaurías con
enjauladas vecindades aún
me espera aún
le espero y
sin embargo se mueve y sin empeño le estorbo.
mujer
más infinita que conozco cabes
en el bolsillo más pequeño en
la medida música te
engullo toda, no dejo ni un bocado toda
el hambre para ti espiral
puesta en abismo inacabada
hierogamia de tus fuerzas divergencia
y convergencia de comisuras en
ejercicio del beso pupila
acorazada entretejiendo cortezas almanaque
suspendido huella
de tus huellas sombra
de tus sombras mujer
más infinita que conozco sol
y agua de mis medidos días te
guardo como el horizonte al cielo o al desierto cabes
en mí como este invierno en la punta del meñique.
arterias
de qué corazón de carnes caídas alvéolos
de qué pulmones raíces
que sujetan este mundo al cielo paredes
de laberintos matemáticos bocas
y látigos del viento con
esa sombra de tierra que se come mis pasos: crac
crac crac por
qué esa alfombra roja no
soy tan importante y
sin embargo lato y respiro soy
hombre, animal, planta, mineral me
encuentro y extraño ese saber perderme por
qué el recibimiento si
también silbo y golpeo y
no consigo todavía escapar
de ésta, mi sombra tan
hecha de sombra. crac crac crac.
bajo
el pont adolphe mi
sombra se ahoga en el río pintando
un precario modigliani. solamente
temo ser yo quien
ha sido arrojado por mi sombra, caído
a contrapelo hacia esta plataforma, 500
metros escupido hacia el cielo (25
arcos 25 observan
tambalear la
mismísima metafísica en
su pleno ejercicio del columpio y el trapecio).
heme
aquí patafísico
de mí neurótico
de mí misántropo
de mí paralítico
de mí apóstol
de mí camarada
de mí asesino
de mí sol
y luna de mí meandro
de mí costal
al hombro de mí heraldo
de mí cantando
al unísono conmigo polirritmias
de mí venciendo
los registros de mí para
conmigo mismo armar mil coros imposiblemente
amnésicos de mí cargado
bipolarmente de mí cansado
pendularmente de mí de
las euforias e ímpetus de mí de
los plafones y las ínfulas de mí de
los sifones y las pulpas de mí de
las efes de mí más
de mí que si yo fuera mío huérfano
de mí antropófago
de mí sombra
y arena de mí agotado
y comprendido de/en mí avalancha
de mí espectador
de mí paranótropo
de mí huevonsísimo
de mí hermosísimo
de mí más
mío que estos pies que recorrieron canales
y callejas, estaciones y controles mas
mío que estas manos y pellejos que
recorrieron más manos y pellejos pelambres
de fuego, tóraces de agua heme
aquí irremediable taza contra el suelo de mí buscando
juntarse como si fuera en
mí, para mí, contra mí hic
et nunc
de mí más
de mí que si yo fuera mío y de mí.
bastará
un parpadeo: soy
la pestaña en la córnea, eclipso la mirada de los dioses.
de
vez en cuando me destapa los oídos, los
ojos, la lengua, las falanges, esgrime
su bondad inmerecida contra
las torpes aspas de mi testa, se
infiltra, se deja comprender un poco, carboniza
las goteras de
mi fatuo entendimiento. participo
del instante del asombro, me
inicio en ceremonias sin inicio, comulgo
de su risa de agua, intuyo
que devuelvo tanto abrazo inatendido, una
niñez muy niña se apodera de mi vientre brevísimo
flash atlante, trencito
cíclope alumbrando las
huecas notas de un carrizo. un
segundo y yo soy yo, algo
más que circunstancia y
barro seco desgranando vanos
ímpetus al viento, más que espera simple y pura.
ii.
vestigios ha
aumentado la frecuencia con que noto que
cada vez más frecuentemente tomo
fotos para
observarlas largo tiempo. tomo
la reporter, grabo “probando,
uno, dos, tres, probando
solamente”, luego
rewind, play, el ruido blanco. la
voz se desvanece (¡oh
misterio del instante, ay de mí, ay de zenón!), lo
mismo la acaricio dentro del cráneo en
una región que no conozco ni
aspiro conocer, sin
embargo la puerta hacia
el mundo encendido más
allá del bibelot, del paisaje, sin
embargo el llamado en los dentiles, sin
embargo una armadura de estrellas. pero
es invierno y el exilio etcétera. mido
mis pasos: 0,75
metros cada uno, exactamente. me
bastan 13 pasos y un tercio para
rodear el perímetro de este cuarto. el
piano no dice nada, también se lo cuelga. lo
peino, lo
velo con dos lámparas eléctricas, le
ofrezco claveles de papel, lo
abandono atado a un poste telefónico. un
lápiz, dos crayones, tres papeles coronan
la papelera pirámide. pobre
ofrenda. me
rasco el codo, compruebo
la existencia de mis orejas. ahora
me sueno dos veces más que hace un mes, cruento
descubrimiento. repaso
el reflejo de mis rasgos, mido
el frío y la aspereza del vidrio bajo
las irrepetibles paredes de los surcos dactilares, ahorco
una catedral con un piolín, con un pelo de mujer, busco
cada piel que arrojo, cada uno que he sido (¡oh
zenón, oh yo mismo, ay del misterio del instante!). tras
la ventana, los trenes, las bandadas, los campanazos, las
noticias de ultramar que me esperan sin saberlo, el
exterior de un guante revirado reviso
bajo las alfombras, y
no encuentro más que tickets y pelusas, facturas
atrasadas, recetas imposibles, cementerio
polaroid de muchas vidas baba
de caracol con una muerte. luego,
los guantes, el abrigo, la bufanda, los
caminos, las bocinas, los gendarmes, la
ciudad puño cerrado que conozco y desconozco: los
correos, los cafés, las ambulancias, colegiales,
los mendigos, las mascotas, los
banqueros, sus mujeres, comerciantes, las
protestas, los lamentos, carcajadas, agencias
de empleo, gabinetes, los museos, los
portales, las bancas de los parques, los
clandestinos, los oficiales, ángeles,
muy pocos. a
cada vuelta que doy queda
petrificado un doble, cadena
dominó interminable que
reproduce el cosmos y sus voces, luego
rewind, play, el ruido blanco. y
no hay imitación y
no hay reproducción no
existe el impostor que
mezcle los vestigios de mí mismo, que,
probando solamente, asuma este alfiler en mitad del espinazo.
aré
lo que pude haré
lo que pueda una
hoz una
voz
(a
veces una coz) bastan.
en
aquel tiempo el
maestro dijo a sus discípulos "ye
es igual a
aequis cuadrado más
beequis más
ce" y
mientras los discípulos se
retiraban absurdos el
maestro se marchaba silbando.
una
mujer me alumbra estigmas: de
una mano sangro un par de violoncellos de
la otra, tres fonemas,
dos
sinapsis,
un
cogote por
un pie se me escapa la filia a la fobia por
el otro, la fobia a la fagia del
costado se desgrana ceniza,
tres
pinceles,
las
postales de
una tierra que fue mía, que me tuvo. una
mujer protege dos acuarios tras sus ojos yo
me asomo, ratita borracha, hormiga sin antenas, mas
no encuentro pulpos,
corales
o
escafandras ni
tan sólo sirenas,
cofres,
vientos
alisios. en
su lugar me enfrento a alfa centauri y betelgeuse cortejándose
calidoscópicas en
el poso de una taza de té distraídas,
intraterrenas,
olvidadas. (luego,
la ciudad nos recibe domésticos,
prosaicos,
rutinarios desterrados
para siempre por un día.) luna
tras luna, sin memoria ni ausencia profesando
devoción de sorites panza arriba esta
mujer me alumbra estigmas, peces, estrellas, almas
como hipos aturdidos, banda de ladrones que se escapan piel adentro.
iva y
bienes crack del beintinuebe.
mujer
que me quitas el sueño deténme
y mucho más devuélveme
el imperio de mis sombras devuélveme
el paso tibio y lunar devuélveme mujer
llena de saudades de
levadura sin pan llévate
los huesos rotos el
canto de cisne en equilibrio una
piedra que en sintra
sus
fisuras el
oro y verde
de
limón y olivar tu
orden y progreso
que
es mentira y
por ello madrid y nuevo siglo mujer
que me quitas el sueño conserva
tu huella
y
el peso de
esta nube a 38 centímetros del cuello allí,
donde tus ojos aprietan
un
torniquete de ámbar donde
una lengua de azufre
recorre
el futuro chistera allí,
donde tu costado llora
la sangre de la ofrenda un
compás de piazzolla el
sabor del azogue allí,
donde mi propia sangre se
acumula y no espera
y
espera tu
núbil amor, pequeña candor
falda plisada tu
misterio de carmen tu
cerradura sin llave tu
laberinto sin hilo tu
semilla paloma
flor
japonesa de plástico tu
mirada que engaña a
tu mismo corazón
y
al mío allí,
donde muero de ansia y paciencia allí,
donde naces de ansia y paciencia allí,
donde duermes, naces y despiertas y
me quitas el sueño, pequeña
danzarina de néctar piel
crisálida promesa.
te
mueves y
cantas y
estás hermosa como
un canarito lo
que mejor te queda es la jaula.
tú
tan ansiosa de
quitarte la
vida yo
tan dudoso de
quitarme la muerte.
callamos
la boca del estómago talamos
las plantas de los pies desnudamos
el nudo en la garganta nos
leímos hasta el apéndice nos
pescamos los pescuezos y
rompimos las caderas de la opresión. en
los momentos de mayor peligro nos
tendimos de las cuerdas vocales con
tal fuerza que decidí
tocarla como a una guitarra es
decir hasta que cante y
que ella decidió atravesarme como
se hace con los túneles es
decir hasta perderse in
illo tempore. escalé
el pico-de-ella-mirándola triunfé
en mi expedición hacia el monte de venus y
me dejé caer con una aceleración igual a 9,8 metros sobre segundo
cuadrado —es
decir, en caída libre— hasta
las cuencas de sus ojos. conservé
la línea de su espalda y
mantuve la forma o,
mejor dicho, las formas de
sus nalgas terrestres apliqué
toda la trigonometría necesaria para
llegar de mis tangentes a sus senos y
finalmente me encontré en la médula ya
no del asunto sino
de sus mismos huesos. ella
hizo lo propio y lo impropio conmigo. y
sin embargo este
día es de sal y
escayola, su
sabor es la nada; este
lugar es de sol y
produce sombra, no asombro; ella
está y, como si no, le
digo "mira" y no admira le
digo "siente" y solamente busca sonriente,
presurosa, un asiento.
he
llegado a amarte como
se ama a una piedra. y
es un cumplido. palabra. hoy
te arrojo como se arroja una piedra.
un
poema de
amor es,
ante todo, un
poema de
amor (tigua) miento.
"una
vez muerta la bestia he de volver" predije
el día en que sin saberlo sostuve
hilo y espada en sendas manos como
repitiendo el mito y
como en él, al laberinto dio la puerta y
al despliegue del tiempo como hilo tantas
hebras en la mano ya
sucias de cornisas y tensiones tantas,
como cabellos contados hebras
que esperan el repliegue el
nuevo tiempo que recoja otro
tiempo como hilo otros
pasos —territorios como tiempos canales
a tu puerto, a la patria verdadera— me
entregarán como un ovillo el
día que rindas en mis dedos un
papel madriguera de un poema que
has iniciado borroneando "una vez muerta la bestia he de volver".
y
de repente, ciudad mía, te
resuelves en la suma desfasada de
postales más reales que ti misma, uno
se olvida que el tiempo como lluvia te
labra, marca arrugas, se evapora te
encontraré un día tan cambiada y
me hallarás tan extranjero que
nos amaremos desvencijada, intensamente como
se quieren sólo un par de pasajeros en
el vagón de un tren, de un metro, con
el ruido goteando como flecos con
el miedo lloviendo como fuego y
el silencio incubándose en los puños, en
las suelas y pulmones, con
la fugaz paciencia, la dulzura de
que se alimentan los fingidos llantos y
los no tan fingidos, también, con
reglamentarios diez segundos, antesala del
knockout de la última esperanza. luego
stop, aquí me bajo y el abrazo despidiente y paliativo.
tus
rostros en tu rostro iluminan
el nadir donde las
almas en mi alma esperan
eclipses parcialmente
totales de mí.
el
tren atraviesa una camisa, una sábana. el
tren atraviesa un par de libros ¡puentes
que me abrasan! un
vagón se descarrila un
avión ruge su furia encima
del mundo, tan cerca, pero
las estrellas. camino
en las rieles de
historias imposibles. mas
camino. aprendiz
de astróforo camino. un
barco a vela entre tanto buque arde
como una llave. el
mar soporta, el viento empuja. las
víboras dominan de un beso o un abrazo. ds
sombras en el muelle. una
tierra. una tierra.
hábitos disfrazar el
payaso descifrar el
ya pasó y viceversa.
iii.
gödeliana contundente
es un vocablo contundente horrísono,
horrísono finito,
finito cerrado,
cerrado enredado,
enredado escabroso,
escabroso pentasílabo,
pentasílabo feo
suena feo y
cristalino, cristalino rápido
impide leerse lento buenísimo
es un término buenísimo y
sin embargo bonísimo suena malísimo infinito
es limitado abierto,
cerrado perenne
tiene su declive lento,
fugaz (y
aun permite detenerse, tomarse tiempo para
acariciar su tiempo) etéreo
es siempre corpóreo (a
rose is not always a rose pero
una rosa es un nombre los
que engañan adjetivan) conjunto
es un conjunto y
palabra, una palabra etimología
permite la etimología sacapuntas
saca sus puntas matraca
matraca sus dientes y los míos mas
parangón no tiene parangón número
tiene sus letras y amor casi nunca es amor.
poseía nunca poesía.
he
aprendido a escribir sin pluma a
marchar como ciego que
ha dejado tirado el
bastón en el camino como
verdadero ciego como
músico que abandona el instrumento para
volverse música nunca
melancólico siempre
iluminado y
toda ruta todo
signo todo
medio me
son insuficientes, unos
dirán por impotencia otros
dirán por estatura yo
no diré nada. si
intento algún apoyo todo
es demagogia todo
es castración todo
es escenario. mas
si callo y me abandono es
sólo el silencio postigo
abierto al sol o
a la noche o
al relámpago más
ciertos que este timbre sin su piano más
ciertos que este piano sin sus dedos más
ciertos que estos dedos sin su pluma más ciertos que esta pluma sin palabras.
me
gusta juntar poemas buenos y poemas malos con
el único fin de no tener fines, los
junto como se juntan los días con las noches con
más días y más noches, llenos
de noia unas veces llenas
de gozo, otras. pero
los días y las noches no se dan por enterados no
distinguen lo que es bueno ni
deciden lo que es malo no
conocen el tedio ni se bañan en júbilo ése
es mi problema, no se culpe a nadie. aun
así, los junto como a los poemas los
junto como a las personas que,
dicho sea de paso, son personas solamente: máscaras
y etimologías que
gastan su tiempo, sus cigarros, en
controversias llenas
de noia unas veces llenas
de gozo, otras. y
la poesía sólo
es eso: poesía, llena de poemas como colillas apagadas.
tantas
ganas de escribir y
al tener la pluma entre los dedos no
escupió ni un accidente. sin
embargo, se despeñan cinco líneas. como un mantra, como deuda.
y
tengo una palabra que no habita en la punta de la lengua, se
escurre por cada intersticio de los dientes, por
cada capilar del cuerpo; la
persigo, no la alcanzo, me burla, se resiste, me
le entrego, me repudia, la olvido, me posee; una
palabra tatuada en mis tejidos, inquilina
inquisidora de esfenoides y de esteras; se
refugia en el patio de la infancia, en
la última euforia, en el primer agobio, en
la esperanza nonata, en
el epitafio y la losa, en
cada miasma, en
cada prístina intención, en
cada próxima extensión. navega,
la persigo, y es muda y se muda. me
ocupa y la ocupo. esa
palabra es yo mismo y yo soy esa palabra.
hombre
sin huellas hay días en que me doy tanta lata, que recojo mis huellas de un solo bofetón al piso, las visto de naipe, las mato a la víspera. luego las reparto indistintamente dentro de los buzones, sobre los pasos cebra, las despido en la estación, las empujo desde el puente. las ordeno con tal arbitrariedad que yo mismo dudaría que les he puesto los ojos bizcos, las derechas sobre las izquierdas, las que vienen sobre las que van. luego me dan pena, pobres huellas mareadas, y las regalo como aretes a los árboles, a los postes, a las barandas. ya sin huellas, camino sobre la nieve, pluma sin tinta, clavo sin sonido. la gente me mira desconfiada, piensa "¿quién es este tipo que no deja huellas?, parece cosa del diablo". pero yo me río. sé que a los tres días exactos mis huellas llegarán con la correspondencia. o hallarán solitas el camino a casa, ya son huellas grandes que no se pierden ni se ahogan. o me escribirán desde bruselas: "carlos, querido, nos hemos duchado bajo el manneken-pis y hemos patinado en su estanque". o se acomodarán del lado correcto de árboles, postes y barandas, no conviene alborotar a perros, bicicletas y paraguas. será entonces cuando nos reconciliemos y de tanto abrazo y tanta caricia les arquearé sus espalditas de gato, luego se dormirán con un ojo abierto, no vaya a darme otra vez la lata. este
poemario se escribió entre
1994 y 2000 en
las ciudades de quito, luxemburgo, bruselas,
amberes, amsterdam, tréveris, jerez
de la frontera, mérida, granada, lisboa, barcelona y madrid.
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© 2009 Carlos Arboleda. Derechos reservados.