"13,99 Euros" de Frédéric Beigbder
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¿Qué es la felicidad? - Podríamos decir que la felicidad es Nestlé. - ¿Y qué nos sugiere el color azul? - ¿Azul?, ¿Azul es Pepsi, no? Esta podría ser tranquilamente una conversación extraída de cualquier clase universitaria de la carrera de publicidad y relaciones públicas. Porque sí señoras y señores, esto es lo que nos viene a denunciar Frédéric Beigbeder en su Best-seller sobre su crítica sangrante de la publicidad; el mundo que le dio de comer, un mundo rastrero donde el consumidor final (es decir, nosotros) hace ganar dinero a marcas que nos deprecian como personas (“no toméis a la gente por tonta, pero nunca olvidéis que lo es”).
La novela viene a ser una crítica en forma de sátira despiadada a nuestra forma de vida, la vida del consumidor, la cual, Octave odia crear y, por eso, decide redactar y relatar las peripecias que sufre y conoce a la perfección con el fin de conseguir que le echen de la empresa en la que trabaja. Octave, personaje obsesionado con el sexo donde los haya, nos deja entrever los entresijos de la forma de vida que lleva en la agencia donde trabaja (drogas, sexo y violencia pueblan su mundo) y lo profundamente que odia su trabajo.
Los seres humanos somos consumistas por naturaleza. Sólo con un buen título y un/a chico/a guapo/a anunciando un batido de un sabor nuevo y revolucionario ya nos formamos en la agenda de nuestra compleja mente una orden: “ Comprar aquel batido (cuya marca no recuerdo) que bebía Sharon Stone la próxima vez que vaya al Súper.” También hay que decir que si un personaje
famoso anuncia dicho producto ayuda a que ansiemos comprar el producto
aún más. Solo hay que analizar el mundo en el que vivimos. La música, las estrellas de cine, la televisión y otros medios de comunicación y/o culturales, la ropa, el qué visitar, el dónde ir, qué comprar… todo está condicionado. Si nos fijamos, nos daremos cuenta que incluso
los informativos están condicionados. La verdad es que realizando esta tesis, te das cuenta que somos marionetas manejadas por los altos cargos millonarios de las empresas más importantes del mundo.
¿Qué podemos hacer nosotros para
luchar contra este tipo de control mental? Un texto de Norman Marsà |
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© Atzukak, 2004