Batalla de Garellano

 

Después de la batalla de Ceriñola, en abril de 1.503, el Papa Alejandro VI, viendo que los franceses se hallaban en mala situación, inició negociaciones con los españoles, dispuesto a preparar una expedición hispano-pontificia que recorriera la Italia del norte y del centro. Aunque las negociaciones llegaron a buen término, no ocurrió lo mismo con la expedición, que hubo de suspenderse ante la repentina muer­te del Papa, en agosto de 1.503.

El rey de Francia disgustado con esta situación mandó al general La Tremuille con un ejército de 10 mil hombres a caballo, un numeroso cuerpo de infantería y 36 piezas de artillería que totalizaban 30 mil hombres, dispuestos a vencer a Gonzalo Fernández de Córdoba. Informado éste, recurrió, como era su método, a una defensa activa, para irlos batiendo por partidas y así igualarse a su adversario, al menos en fuerza numérica, ya que en fuerza moral se sabía superior.

Conseguida la colaboración de los capitanes Andrade y Pedro Navarro con sus gentes, logró entretener el avance francés, apoyándose en el río Garellano, que des­embocaba en el mar entre Gaeta y Volturno. Para ello una vez que trasladó su ejército a la orilla izquierda del río, se situó en San Germán, tras apoderarse de las fortalezas de Rocaseca y Montecasino.

El río tenía un puente que conducía a Nápoles, cuya defensa encomendó al capitán Pedro de Paz, para impedir lo pasasen los franceses que estaban en Gaeta y les permitiera atacar de flanco a los españoles.

El general francés La Tremouille dejó el mando al marqués de Mantua, el cual atravesó con el ejército el río Garellano por un vado existente en Ceprano. El primer obstáculo que encontró el ejército francés fue Rocaseca, que aunque intentaron to­marla en tres ocasiones fracasaron dada la resistencia opuesta por García de Paredes. Desanimado el marqués de Mantua y comprendiendo que mayores dificultades en­contraría en Montecasino, optó volver a pasar el Garellano por el vado de Coprano y regresar a la orilla derecha. Pero al observar que el Gran Capitán intenta cortarles la retirada, los franceses, al objeto de evitarlo, se lanzan con furia sobre el puente de Sessa. Para evitarlo le prende fuego el capitán Pedro de Paz. A la vista de este nuevo inconveniente los franceses deciden marchar a toda velocidad sobre el puente de Pontecorvo, antes de que los españoles pudieran evitarlo.

Los dos ejércitos se encuentran en orillas diferentes. Los españoles siguen en la izquierda y los franceses en la derecha.

El marqués de Mantua disponiendo de más recursos que el Gran Capitán y aprovechando que su orilla estaba más elevada que la de los españoles, construye un puente de barcas sobre el Garellano, intentando atravesarlo, a lo que se opone García de Paredes. En una segunda intentona apoyado por su numerosa artillería lo logra, apoderándose de uno de los reductos construidos por los españoles.

Al Gran Capitán no se le oculta la importancia de la nueva posición de los franceses, entablándose un encarnizado combate, logrando expulsar a los franceses del reducto y del puente. El marqués de Mantua, perdida para sus tropas la fuerza moral, resignó el mando en el marqués de Saluces.

En estos combates ocurrió la hazaña protagonizada por el alférez Hernando de Illescas, que al perder en la lucha el brazo derecho, siguió combatiendo llevando la bandera de España con el izquierdo; pero seccionado éste por una bala de cañón, tomé la bandera con ambos muñones y marchó adelante gritando: ¡España!

No era Gonzalo Fernández de Córdoba hombre que permaneciese inactivo, asi es que, al recibir los refuerzos de 3 mil hombres mandados por Alviano decidió atacar nuevamente a los franceses. Para ello mandó construir un puente seis millas más arriba del que tenían los contrarios.

Para no alarmarlos con su marcha dejó allí parte de sus tropas y con el resto del ejército, en la noche del 27 de diciembre de 1.503, se trasladó a la orilla derecha del río Garellano por el puente recién construido.

En vanguardia iban las fuerzas mandadas por los capitanes Alviano, Pedro Navarro, Villalba y Zamudio, a los que les seguía el Gran Capitán con el resto del ejército. El terreno con el que se iban a encontrar era llano con ligeras ondulaciones. Algo separadas del río se encontraban las ciudades de Pantecorvo, Suyo y Trajeto, seguidamente, casi paralelo al Garellano, existía otro río que iba a desembocar en el mar entre la desembocadura del Garellano y la ciudad de Gaeta. Pasado dicho río se encontraba la ciudad de Mola que tenía un puente sobre dicho río, y era ciudad de cierta importancia estratégica.

Los capitanes Alviano y Zamudio se apoderan de los pueblos de Pantecorvo, Suyo y Trajeto, sorprendiendo a los franceses, que al huir alarmaron al resto del ejército. Gonzalo le ordena a Próspero Colona, que con la caballería les corte la reti­rada, lo que permitió al Gran Capitán alcanzar la retaguardia francesa cerca de Mola.

Aunque los franceses habían obstruido el puente con numerosos carros y cureñas, los españoles lograron tomar la ciudad.

El ataque que realiza la vanguardia española es rechazado en primera instan­cia. Con la llegada del Gran Capitán se reorganiza las unidades y recobra la superio­ridad. Pronto le llegan los refuerzos del capitán Andrade, que venía de intervenir en el paso del Garellano y de Próspero Colona. Los franceses, al verse cercados, se retira­ron hacia Gaeta, a donde llegaron muy diezmados.

Los españoles detuvieron el avance para descansar aquella noche en Castellone y llegar al día siguiente a Gaeta.

El 4 de enero dc 1.505 los españoles eran dueños de todo el reino de Nápoles. Francia, imposibilitada de actuar, tuvo que aceptar el Tratado de paz que le propuso España.

 

Enrique de la Vega  Sucesos militares durante los reinados delos Reyes Católicos hasta Isabel II

 

 

  

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