XXXIX
Ya
no puedo llorar,
tengo
el corazón seco
y
la vista nublada
por tu pelo.
¿Qué
más puedo decirte?
¿Que
aún te quiero?
¿Más
aún que ya le quise
yo
a alguien?
¡Eso
ya lo sabes!
Tan
solo me resta decirte
que,
al partir,
llevas
contigo mis alegrías
y
mis sueños,
y
solo me dejas
la
esperanza de volver,
un
día, a verte.
Si
así hay que ser,
entonces
que así sea,
¡hasta
la vista!