XXXIV
Vendrá
la noche
y
con ella la angustia;
largas
horas de fiebre
e
insomnio
en
que por ti esperaré.
Cuando,
por fin, exhaustos,
los
párpados se cierren,
acudirán
demonios a
decirme,
en sueño,
que
no importa cuanto espere:
jamás
retornarás.
Aunque
la vida se me agote
como
la arena que
se
me escapa por entre los dedos;
aunque
el mundo me niegue
la
alegría de verte otra vez
y
la noche extienda sobre mí
su
manto,
aunque
la tristeza para siempre
me acompañe,
por ti esperaré.