Caminhos

 

XXIII

 

Cuando la angustia cierre mis ojos

y la tristeza me lleve consigo,

dejen que las campanas lloren por la noche

y que de día la lluvia sea las lágrimas

sobre mi ataúd.

Que la plegaria de mi entierro

sean los gritos de los locos

y que ninguna tristeza pese sobre mí.

Que mi lápida no tenga nombre

y sea mi epígrafe:

"reposa aquí un hombre triste

que de mucho amar murió".

Y, aunque por muerto me tengan,

sabrás que vivo estoy,

porque mi corazón lo llevas tú.

 

Voltar Home Avançar

Hosted by www.Geocities.ws

1