DESALOJEMOS A LOS ESPECULADORES. HAGÁMOSLES PAGAR LO QUE NOS ROBAN.

Para pagar tu vivienda necesitas tu empleo. Esto no es nada nuevo. Asimismo, buscar un piso significa necesariamente tener o buscar un trabajo. En esta actualidad tan democrática, esta equivalencia se encuentra completamente asumida pero, sin embargo, sólo una parte de la población lo hace con entusiasmo (¡l@s que se benefician de ello!) mientras que el resto lo aceptamos con absoluta resignación.
Esto se demuestra cada vez que nos escandalizamos con las cifras sobre la subida de los precios (20% en los productos frescos -verduras, huevos, etc...- y entre el 15% y el 19% la vivienda, dependiendo de las comunidades, ciudades o pueblos. Todo esto en 2003). Cada año nos cabreamos y cada año vuelve a ocurrir. Si no sube por el euro (aunque todavía no lo reconozcan), será por la “burbuja inmobiliaria”, por crisis a nivel europeo, o algo que nunca se entiende bien y que tampoco nos interesa en realidad.
Lo que si se palpa es que la mayor parte de nuestro salario de mierda se destina a la compra de una vivienda. Es decir, somos los perros del jefe durante treinta y pico años para pagar la hipoteca a un banco que nos tiene esclavizados durante otros tantos años. Está claro que lo tienen muy bien montado: la constructora (cuyo propietario es un banco o varios accionistas entre los que, seguramente, haya cajas de ahorro y bancos) compran el suelo; el ayuntamiento, la Junta o la administración competente recalifica el suelo para que la constructora pueda hacer pisos; la inmobiliaria (propiedad del banco y de la constructora) nos vende el piso y el banco nos " presta" una hipoteca. Es decir, el suelo que vale 1, con la recalificación vale 2, con la venta de la inmobiliaria vale 3 y con la hipoteca ya son 4. Si esto lo ponemos en miles de euros la cosa está bien clara: 30.000 euros vale el suelo, 60.000 cuando el ayuntamiento lo hace urbanizable, 90.000 cuando nos lo vende la inmobiliaria y 120.000 es lo que tenemos que pagar al banco para poder tener una vivienda. Y esto si la cosa es normal porque, si como está sucediendo en muchas ciudades, el suelo pasa a subasta "pública" el precio se encarece el triple desde el principio (por ejemplo, es lo que está pasando con antiguos cuarteles del ejército). Para los burgueses, la vivienda es una inversión: compran un piso, y esperan a que el precio suba para venderla.
Pero para nosotros, proletarios y proletarias, la vivienda no es una inversión, sino una necesidad que el capitalismo, como todo, ha convertido en mercancía. Nosotr@s pensamos que no nos queda otra opción que enfrentar este problema como una parte del problema social. No podemos comprar una vivienda (mercancía) porque no tenemos dinero (nuestro salario es una mierda cada vez más gorda). Pero podemos acceder a ella de otras formas. Hay miles de casas vacías (un total de 2.895.000 en todo el estado), paradas por los especuladores para engordar su precio. Podemos okupar una de estas casas, entrar por la fuerza y quedarte a vivir en ella; pero enseguida te mandan a la policía para desalojarte... Entonces ¿dónde queda el tan cacareado derecho a la vivienda? En un papel mojado que se llama Constitución. Nuestra única salida ante la barbarie capitalista es luchar contra la especulación inmobiliaria y la carestía de la vida como una parte más de la lucha contra el actual orden económico y social. El problema de la vivienda no tiene solución en el marco de una sociedad capitalista. Las “soluciones parche” que esta nos ofrece, como viviendas de protección oficial (VPO), cooperativas sindicales, okupaciones negociadas.... son las migajas (60.000 solicitudes para 774 plazas, EMV de Madrid) con las que pretenden que nos contentemos los que estamos debajo de la mesa mientras los capitalistas se dan el festín.
El problema no es sólo el precio de los pisos, sino la dominación económica que sufrimos: la vivienda y el trabajo son las cadenas que nos atan de por vida a nuestros amos. Para romperlas no hay más opción que luchar contra el sistema capitalista de raíz, contra el salario y el trabajo asalariado, contra el consumo, el mercado y la mercancía.
Y podemos hacerlo cara a cara: lo primero, demostrarles nuestro rechazo, intentar devolverles la presión a la que nos tienen sometidos. Lo segundo, organizarnos en torno a nuestro problema y nuestro objetivo común. Y lo tercero, actuar YA! y sin intermediarios.
CUANDO A LOS TRABAJADORES SE NOS QUITA EL MIEDO A LOS ESPECULADORES LES ENTRA EL PÁNICO.
Uníos, Herman@s Proletari@s
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