
Día a día, veo gente tomar decenas de cápsulas y tabletas para detener el avance del virus. Hay quienes deciden evadir los medicamentos y dejar que su propio organismo reaccione ante el proceso infeccioso. Y a pesar de que el VIH no se vale de la saliva ni del sudor ni del aire como medios de transmisión, los contagios, sobretodo por vía sexual, continúan, y las muertes también. Ser seropositivo no implica únicamente una preocupación por el VIH, sino además por el herpes, la diarrea, la meningitis, neumonía, gripes, la familia, la pareja...
Recuerdo los anuncios de televisión y de carteles, durante los años 80's y principios de los 90's de las campañas de lucha contra el VIH-SIDA donde se hacía énfasis del condón como el método más efectivo de protección contra el virus. Sin embargo, más el preservativo parecía elemento decorativo que preventivo: el condón como dije de collar, como pulsera o pendientes, ensortijado entre los cabellos, como gafas, como accesorios en las prendas... Con el paso del tiempo se ha ido notando un cambio en la manera de fomentar el uso del condón, pues se relaciona más con situaciones en prácticas concretas.
Bajo la perspectiva anterior, Juventud y SIDA en una cama de vidrio pretende ser una interpretación frontal, directa y explícita sobre el empleo del condón y de la transmisión sexual del VIH. Los jóvenes, a dos décadas del descubrimiento de la pandemia y en la plenitud del sexo, cuentan con otras armas para protegerse, o en su caso, para combatir el virus. En el proyecto han participado personas entre los 18 y 34 años de edad que llevan una vida sexual activa; cada individuo situado en un determinado contexto: con pareja o sin ella, solteros o casados, heterosexuales, bisexuales u homosexuales, seropositivos o seronegativos, con prácticas sexuales activas, pasivas o ambas, con hijos o sin ellos, con una decisión particular, ante sus circunstancias, del uso o no del condón, y con una postura ante el VIH-SIDA.
En
Juventud y SIDA..., que también pretende ser lúdica,
se ha empleado un scanner de cama plana en lugar de cámara fotográfica
para el registro de las imágenes, jugando éste además
el papel de ventana indiscreta que ventila la intimidad individual, y al mismo
tiempo el de compañero erótico pasivo, voyeurista y frío.
Se exhiben sudores caprichosos, genitales y nalgas machucados y amarillentos
por falta de circulación, despliegue o repliegue de condones. Así,
Juventud y SIDA en una cama de vidrio es una sonrisa fraterna por una
vida sexual posible en un mundo con VIH.
Alejandro Uranga
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