Un
hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público,
asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente,
pues se trataba de un famoso pintor, reconocido artista. Llegado el momento, se
tiró el paño que revelaba el cuadro. Hubo un caluroso aplauso.
Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta, parecía querer oír si adentro de la casa alguien le respondía.
Hubo
discursos y elogios. Todos admiraban aquella preciosa obra de arte. Un
observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro. La puerta no tenía
cerradura. Y fue a preguntar al artista: "Su puerta no tiene cerradura, ¿Cómo
se hace para abrirla?"
"Así
es," respondió el pintor. "Porque esa es la puerta del corazón del
hombre. Sólo se abre por el lado de adentro."
Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía.
Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios y el barbero dijo: - Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.. Pero, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente. Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, ¿acaso si Dios existiera, habrían tantos enfermos, habrían niños abandonados? Si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero. - ¿Sabe una cosa?, los barberos no existen. ¿Cómo que no existen? - preguntó el barbero - si aquí estoy yo y soy barbero. -¡No! -dijo el cliente - no existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle. -¡Ah!, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí. -¡Exacto! -dijo el cliente - ese es el punto, Dios Sí existe; lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan? por eso hay tanto dolor y miseria
Un joven soñó que entraba en un supermercado recién inaugurado y, para su
sorpresa, descubrió que Jesucristo se encontraba atrás del mostrador.- ¿Qué
vendes aquí? - le preguntó. - Todo lo que tu corazón desee - respondió
Jesucristo. Sin atreverse a creer lo que estaba oyendo, el joven emocionado se
decidió a pedir lo mejor que un ser humano podría desear: - Quiero tener amor,
felicidad, sabiduría, paz de espíritu y ausencia de todo temor - dijo el joven-.
Deseo que en el mundo se acaben las guerras, el terrorismo, el narcotráfico,
las injusticias sociales, la corrupción y las violaciones a los derechos
humanos. Cuando el joven terminó de hablar, Jesucristo le dice: - Amigo, creo
que no me has entendido. Aquí no vendemos frutos; solamente vendemos semillas.
"Convierte en frutos las semillas que hay en tí".
Un
día bajó el Señor a la tierra en forma de mendigo y se acerco a casa del
zapatero y le dijo: "Hermano, hace tiempo que no como y me siento muy
cansado, aunque no tengo ni una sola moneda quisiera pedirte que me arreglaras
mis sandalias para poder seguir caminando".
El zapatero le
respondió: "Yo soy muy pobre y ya estoy cansado que todo el mundo viene a
pedir y nadie viene a dar!". El Señor le contestó: "Yo puedo darte
lo que tú quieras". El zapatero le pregunto: "Dinero
inclusive?".
El Señor le respondió: "Yo puedo darte 10 millones de dólares, pero a cambio de tus piernas".
"Para que quiero
yo 10 millones de dólares si no voy a poder caminar, bailar, moverme libremente?",
dijo el zapatero. Entonces el Señor replicó: " Esta bien, te podría dar
100 millones de dólares, a cambio de tus brazos".
El zapatero le
contestó: "Para que quiero yo 100 millones de dólares si no voy a poder
comer solo, trabajar, jugar con mis hijos, etc.?. Entonces el Señor le dijo:
"En ese caso, yo te puedo dar 1000 millones de dólares a cambio de tus
ojos". El zapatero respondió asustado: "Para que me sirven 1000
millones de dólares si no voy a poder ver el amanecer, ni a mi familia y mis
amigos, ni todas las cosas que me rodean?".
Entonces el Señor le dijo: "Ah hermano mío, ya ves que fortuna tienes y no te das cuenta"
Cuentan
que un sabio caminaba con sus discípulos por un camino difícil, cuando
encontraron un hombre piadoso que, arrodillado, rogaba a Dios que lo auxiliase a
retirar su carro de donde se había atorado.
Todos
miraron al devoto, se sensibilizaron con él y prosiguieron su camino.
Algunos
kilómetros adelante, había otro hombre que tenia, igualmente, el carro atorado
en un lodazal. Este, sin embargo, gritaba reclamando de su suerte, mas tentaba
con todo empeño liberar el vehículo.
Conmovido,
el sabio propuso a los discípulos ayudarlo.
Reunieron
todas las fuerzas y consiguieron retirar el transporte del atolladero. Luego de
los agradecimientos, el viajante se fue feliz.
Los
aprendices sorprendidos, preguntaron al maestro: "Señor, el primer hombre
oraba, era piadoso y no lo ayudamos. Este, que era rebelde y hasta se plagueaba,
recibió nuestro apoyo! Por qué?
Sin
perturbarse, el noble Maestro respondió: "Aquel
que oraba, aguardaba que Dios viniese a realizar la tarea que a él le
correspondía. El otro, aunque desesperado por ignorancia, se empeñaba,
mereciendo auxilio."
Muchos de nosotros nos acostumbramos a actuar como el primer viajante. Delante de las dificultades que nos parecen insolubles, nos acomodamos, esperando que Dios haga la parte que nos cabe para la solución del problema.
Nosotros podemos y debemos emplear
esfuerzos para mejorar la situación en que nos encontramos.
Hay
personas que desean ver los obstáculos retirados del camino por manos
invisibles, olvidadas de que esos obstáculos, en su mayoría, fueron allí
colocados por nosotros, tocándonos ahora, la responsabilidad de retirarlos.
Algunos se dejan caer en la apatía,
alegando que la situación está difícil y que no vale la pena luchar.
Otros no disponen de perseverancia,
abandonando la lucha después de ligeros esfuerzos.
Con propiedad afirma la sabiduría popular que "piedra
que rola no cría musgo", sugiriendo alteración de ruta, movimiento,
dinamismo, realización.
No basta pedir ayuda a Dios, es
preciso buscar, conforme las enseñanzas de Jesús: "Busca y encontrarás",
"Golpea y se te abrirán".
Debemos, por lo tanto, hacer
nuestra parte que Dios nos ayudará en lo que no esté a nuestro alcance
resolver.
Hace
muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un Hospital de la ciudad,
conocí a una niñita llamada Liz, quien sufría de una extraña enfermedad.
Su
única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre
de su hermano de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma
enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El
doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría
dispuesto a dar su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar por sólo un momento
antes de tomar un gran suspiro y decir: "Si, lo haré, si eso salva a
Liz."
Mientras la transfusión
continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y
sonriente mientras nosotros lo asistíamos a él y a su hermana, viendo retornar
el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida
y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa:
"¿A qué hora empezaré a morirme?".
Siendo
solo un niño, no había comprendido al doctor; él pensaba que le daría TODA
su sangre a su hermana, y entonces moriría. Y aún así se la daba...
¿Eres tú capaz de DARTE por quien amas?
Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.
A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor.
Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia. ¡Hola papá, qué milagro que vienes por aquí! Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo; además estoy cansado y viejo. Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que ésta es tu casa. Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo. Entonces, ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo!.
¿Quedarte a vivir aquí? Si... claro... pero no sé si estarías a gusto. Tu sabes, la casa es chica... mi esposa es muy especial... y luego los niños... Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mí, alguien me tenderá la mano. No padre, no es eso. Sólo que...no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían... o solo que no te moleste... ¿Qué hijo? Dormir en el patio... Dormir en el patio... está bien. El hijo de Don Roque llamó a su hijo de doce años. Dime papá. Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche. Si, con gusto... y ¿dónde va a dormir? En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.
Luis
subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó
su padre. ¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la cobija de tu abuelo? Sabes papá
estaba pensando... Pensando en qué? En guardar la mitad de la cobija para
cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.
No hagas a otro
lo que no quieres que te hagan a ti.
Cuentan que un muy buen hombre vivía en el campo pero tenía problemas físicos,
cuando un día se le apareció Jesús y le dijo: "Necesito que vayas hacia
aquella gran roca de la montaña, y te pido que la empujes día y noche durante
1 año". El hombre quedó perplejo cuando escuchó esas palabras, pero
obedeció y se dirigió hacia la enorme roca de varias toneladas que Jesús le
mostró. Empezó a empujarla con todas sus fuerzas, día tras día, pero no
conseguía moverla ni un milímetro. A las pocas semanas llegó el diablo y le
puso pensamientos en su mente: "¿Por qué sigues obedeciendo a Jesús? Yo
no seguiría a alguien que me haga trabajar tanto y sin sentido. Debes alejarte,
ya que es estúpido que sigas empujando esa roca, nunca la vas a mover". El
hombre trataba de pedirle a Jesús que le ayudara para no dudar de su voluntad,
y aunque no entendía se mantuvo en pié con su decisión de empujar.
Con los meses, desde que se ponía el sol hasta que se ocultaba aquel hombre empujaba la enorme roca sin poder moverla, mientras tanto su cuerpo se fortalecía, sus brazos y piernas se hicieron fuertes por el esfuerzo de todos los días. Cuando se cumplió el tiempo el hombre elevó una oración a Jesús y le dijo: "Ya he hecho lo que me pediste, pero he fracasado, no pude mover la piedra ni un centímetro" Y se sentó a llorar amargamente pensando en su muy evidente fracaso. Jesús apareció en ese momento y le dijo: "¿Por qué lloras? ¿Acaso no te pedí que empujaras la roca? Yo nunca te pedí que la movieras, en cambio mírate, tu problema físico ha desaparecido. NO has fracasado, yo he conseguido mi meta, y tú fuiste parte de mi plan".
Muchas veces al igual que este hombre, vemos como ilógicas las situaciones, problemas y adversidades de la vida, y empezamos a buscarle lógica, nuestra lógica, a la voluntad de Dios y viene el enemigo y nos dice que no servimos, que somos inútiles o que no podemos seguir. El día de hoy es un llamado a "empujar" sin importar qué tantos pensamientos de duda ponga el enemigo en nuestras mentes, pongamos todo en las manos de Jesús, y El por medio de su voluntad nunca nos hará perder el tiempo, mas bien, nos hará ser mas fuertes!
El águila es el ave con mayor longevidad de esas especies. Llega a vivir 70 años,
pero para llegar a esa edad, a los 40, debe tomar una seria y difícil decisión.
A los 40 años,
sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue tomar a sus presas de las
cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el
pecho. Sus alas están envejecidas y pesadas y sus plumas gruesas. Volar se hace
ya tan difícil! Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o
enfrentar un dolorido proceso de renovación que durara 150 días. Ese proceso
consiste en volar hacia lo alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido
cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar. Después de
encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta
conseguir arrancarlo. Luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que
desprenderá una a una sus uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer,
comenzará a desplumar sus plumas viejas. Después de cinco meses, sale para su
vuelo de renovación y a vivir 30 años más.
No hay progreso en la vida espiritual mientras no amemos más al prójimo que a nosotros mismos.
Dios nos pide cosas simples. Somos nosotros quienes las complicamos.
Es
bueno que el trabajo y la vida diaria estén en la oración, pero es mejor
que la oración esté en el trabajo y la vida diaria.
Que nadie acuda a ti y se marche vacío.
Es
fácil decir "Señor, que se haga Tu voluntad y no la mía", pero
es mucho más difícil hacer Su voluntad y no la nuestra.
Para hacerse grande, hay que comenzar por hacerse pequeño. San Agustín
Los comodones siempre encontrarán excusas para su irresponsabilidad.
Si el Señor no me hubiera ayudado, mi alma habitaría en la región del silencio. Sal 93,17.
Con Dios nunca estarás equivocado.
Nunca estés triste, porque eso es ausencia de Dios. Abandónate al Señor, deja su vida en tus manos y despreocúpate, solo haz tu parte trabajando, orando, luchando, pero siempre con esperanza, con fe, con alegría. Que tu alma siempre tenga una pequeña sonrisa.
Vivimos inconformes sin necesidad, sin darnos cuenta que la verdadera alegría nace en nuestro interior.
Todos
los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos.
Lo
que nosotros no podemos hacer, Dios puede suplirlo, pero hay una condición:
No te detengas.
Mienten los que dicen que no perciben la existencia de Dios, pués aunque lo aseguran de día, de noche, y solo, dudan. Séneca
"Hay quienes luchan un día y son buenos, hay quienes luchan un año y son mejores, hay quienes luchan toda la vida y esos son imprescindibles". Berolt Brecht
"Es preferible sufrir la injusticia que cometerla". Platón
"No hay caminos para la paz; la paz es el camino". Mahatma Gandhi
Humildad:
recuerda que cuando abandones esta tierra, no podrás llevar contigo nada de
lo que has recibido, solamente lo que has dado: un corazón enriquecido por
el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el valor.
San Francisco de Asís
"Hace más ruido un árbol que cae, que todo un bosque que crece ". ¿Por qué ver un tronco caído, cuando puedes contemplar lo frondoso del bosque?
"No
te preocupes porque tus hijos no te escuchan, preocúpate porque te observan
todo el día".
"La fortaleza del hombre no está en no caer nunca, sino en ser capaz de levantarse cada vez que cae". Mahatma Gandhi
"Los
mejores amigos se hieren con la verdad, para no destruirse con la
mentira".
Las moralejas y reflexiones aquí citadas son solo algunas de las contenidas en el revista "Iluminaria".
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