El informe t�pico sobre HDN es m�s o menos como sigue: poco despu�s de haber observado un OVNI, el sujeto (que puede ser un testigo o un investigador) recibe una visita. Con frecuencia, esto ocurre tan pronto que todav�a no se ha producido un informe oficial ni una publicaci�n. Para abreviar, los visitantes no pueden haber obtenido de forma normal la informaci�n que sin duda poseen: nombres, direcciones, detalles acerca del incidente y de la gente implicada.
La v�ctima est�, casi siempre, sola en el momento de la visita, generalmente en su propia casa. Sus visitantes, que suelen ser tres, llegan en un gran coche negro. En Estados Unidos suele ser un prestigioso Cadillac, pero pocas veces de un modelo reciente. Al mismo tiempo, aunque se trata de un autom�vil antiguo, lo m�s frecuente es que est� en perfectas condiciones, que est� escrupulosamente limpio por dentro y reluciente por fuera, y que presente incluso el inconfundible olor a "coche nuevo". Si el sujeto anota el n�mero de matr�cula y lo investiga, descubre siempre que se trata de un n�mero inexistente.
Los visitantes son casi siempre hombres; muy raramente aparece una mujer, pero nunca m�s de una. Su aspecto se ajusta a la imagen estereotipada de un agente de la CIA o de los servicios secretos: llevan trajes oscuros, sombreros oscuros, corbatas oscuras, zapatos y calcetines oscuros, pero camisas blancas; los testigos comentan a menudo su aspecto impecable... toda la ropa que llevan parece reci�n comprada.
Las caras de los visitantes son descritas como vagamente extranjeras, casi siempre "orientales"; muchas descripciones hablan de ojos almendrados. Cuando su piel no es oscura, tienden a estar muy tostados. A veces aparecen toques extra�os; en el caso del doctor Hopkins, que relataremos m�s adelante, el hombre de negro �parec�a llevar los labios pintados de rojo! Los HDN tienen en general rostros serios y carentes de expresi�n; sus movimientos son r�gidos y torpes. Su actitud es formal, fr�a, siniestra, casi amenazadora; nunca son simp�ticos, aunque tampoco demuestran hostilidad. Los testigos han sugerido muchas veces que no parec�an humanos.
Algunos HDN exhiben documentos de identidad y, por cierto, han aparecido llevando uniformes de las Fuerzas A�reas de los Estados Unidos u otros uniformes. Pueden mostrar tarjetas de identidad, pero como la mayor parte de la gente no reconoce las tarjetas de la CIA u otros servicios "secretos", eso no demuestra nada. Si dan sus nombres y el testigo trata de confirmarlos, descubre invariablemente que son falsos.
La entrevista incluye a veces un interrogatorio y, otras, una simple advertencia. De todos modos, los visitantes, aunque hacen preguntas, est�n muy bien informados y tienen acceso a informaciones secretas. Hablan con frases y entonaci�n perfectas -a veces, demasiado perfectas- y su lenguaje suele tener reminiscencias del de los "malos" convencionales de las pel�culas polic�acas: "�Caramba, se�or Fulano; me temo que no me est� diciendo la verdad!", "Se�or Mengano. yo que usted no enviar�a ese informe", amenazas corteses que tanto gustaban a los guionistas de Hollywood.
La visita termina casi invariablemente con una advertencia sobre la necesidad de no hablar con nadie del incidente (si se trata de un testigo) o de abandonar la investigaci�n (si se trata �nicamente de un investigador). A menudo se le amenaza con actos violentos. Y los HDN desaparecen tan s�bitamente como hab�an llegado.
La mayor parte de los uf�logos de los OVNIS narrar�an una historia como la precedente si se les pidiera que describieran una t�pica visita de HDN. Sin embargo, un examen comparativo indica que visitas tan "perfectas" ocurren pocas veces. Un estudio de 32 de los casos m�s detallados y fiables revela que muchos rasgos difieren de la historia arquet�pica: en cuatro casos no se produjeron visitas, sino llamadas telef�nicas, y, de los restantes, en cinco ocasiones hab�a tres hombres, en dos hab�a cuatro, en cinco hab�a dos y en los dem�s un solo visitante.
Aunque el aspecto y la conducta de los visitantes se adapta en general al prototipo, var�an de lo totalmente natural a lo totalmente estrafalario. El coche, pese a que en Estado Unidos es el medio de transporte m�s com�n, s�lo es mencionado en un tercio de los informes; en cuanto a los detalles pintorescos -el Cadillac, el modelo anticuado, en perfecto estado- son m�s bien la excepci�n. De 22 informes norteamericanos, s�lo 9 mencionan el coche; de �stos s�lo tres eran Cadillac, s�lo dos negros y s�lo dos modelos antiguos.
Por otra parte, estos detalles arquet�picos tienden a ser m�s notorios en casos menos fiables, particularmente aquellos protagonizados por investigadores y no por quienes han visto un OVNI. Este hecho ser� relevante cuando consideremos las posibles explicaciones del fen�meno HDN.
Sin embargo, aunque el caso "ideal" de HDN no es universal en la pr�ctica, tiene valor como una especie de retrato-robot, en el que figuran todos los rasgos que han sido observados. Quiz�s el caso que m�s se acerca al arquetipo sea el de Robert Richardson, de Toledo (Ohio), quien en julio de 1967 inform� a la Aerial Phenomena Research Organization (Organizaci�n de investigaci�n de Fen�menos A�reos, APRO), que hab�a chocado con un OVNI mientras conduc�a por la noche. Al salir de una curva, se hab�a enfrentado con un extra�o objeto que bloqueaba el camino; no hab�a podido frenar a tiempo y lo hab�a golpeado, aunque no con mucha fuerza. Justo despu�s del impacto, el OVNI desapareci�. Los polic�as que volvieron con Richardson al lugar s�lo hallaron las marcas de su frenazo, pero en una visita posterior encontr� un trocito de metal que, seg�n �l, podr�a provenir del OVNI.
Tres d�as despu�s, a las 11 de la noche, dos hombres de algo m�s de veinte a�os aparecieron en casa de Richardson y le interrogaron unos 10 minutos. No se identificaron, y Richardson -que despu�s se sorprendi� al recordarlo- no les pregunt� qui�nes eran. No estuvieron hostiles ni amenazadores; se limitaron a interrogarle. Observ� que se marchaban en un Cadillac negro de 1953, o sea un modelo fabricado 14 a�os antes; cuando se investig� el n�mero de la matr�cula se descubri� que a�n no hab�a sido atribuido, lo cual demostraba que, fuesen cuales fuesen sus visitantes, se trataba de impostores.
Una semana despu�s, Richardson recibi� una segunda visita de dos hombres diferentes que llegaron en un Dodge moderno. Llevaban trajes negros y ten�an la tez oscura; aunque uno de ellos hablaba perfectamente el ingl�s, el segundo ten�a acento, y Richardson pens� que los dos ten�an algo de extranjero. Al principio parec�an tratar de persuadirlo de que no hab�a chocado con nada, pero despu�s le reclamaron el trozo de metal. Cuando les dijo que lo hab�a entregado a la APRO para su an�lisis, lo amenazaron: "Si quiere que su esposa siga siendo bonita, le conviene recuperar el trozo de metal."
La existencia de ese fragmento de metal s�lo la conoc�an Richardson, su esposa y dos socios importantes de la APRO; aparentemente, los dos desconocidos s�lo pod�an haberse enterado de su existencia poniendo una escucha en su tel�fono o en el de la APRO. No hab�a una vinculaci�n clara entre los dos pares de visitantes pero ambos compart�an el acceso a informaciones que no eran del dominio p�blico. Y quiz�s esa sea la clave del misterio que encierran los HDN.