Desde que termin� la segunda guerra mundial, las marinas del mundo han seguido con frecuencia la pista de grandes naves submarinas cuyo rendimiento es muy superior al de cualquiera de sus propias naves-estrella. Igual que los objetos submarinos no identificados (OSNIS), estas misteriosas naves parecen congregarse en zonas especiales de este planeta; las que m�s parecen atraerlas son las aguas escandinavas y la costa oriental de Am�rica del Sur. 
Al hablar de submarinos y de aguas territoriales escandinavas, muchos lectores habr�n recordado inmediatamente el incidente del oto�o de 1981, cuando un capit�n ruso encall� su submarino en Karlskrona, Suecia, a causa de un "error de navegaci�n". Sin duda, a los rusos les gusta estar bien informados acerca de las naves de otras naciones, y observar lo m�s cerca posible sus maniobras y sus actividades; algunos de los artefactos submarinos que han sido localizados bien pod�an ser rusos.
 
Pero, de la misma manera que los rusos fueron culpados al principio de los "cohetes fantasma" suecos de 1946, tambi�n puede que se les culpara injustamente de la circulaci�n de muchos de los submarinos misteriosos que han salido a la luz desde los a�os cincuenta.
 
Se cree que las fuerzas militares deben tener gran cantidad de reportes de osnis de sus aviones antisubmarinos.
 
El rendimiento y la conducta de algunos de estos OSNIS sobrepasan los de las naves convencionales, tal como los aviones terrestres son superados por los OVNIS. La velocidad m�xima de los submarinos m�s modernos es de unos 45 nudos, es decir, 80 km/h, pero estos submarinos misteriosos se desplazaban por el mar a una velocidad tres veces mayor. Cuando realizaban maniobras en el Atl�ntico Norte en 1963, el portaaviones norteamericano Wasp y otros 12 buques detectaron una gran nave submarina que se desplazaba a 150 nudos (280 km/h). Se mantuvo en sus proximidades durante cuatro d�as, maniobrando alrededor de ellos y sumergi�ndose a profundidades de 8.200 m. El r�cord de profundidad de los submarinos conocidos es de 1.900 m.
 
En julio de 1972, un submarino no identificado recorri� la costa de Chile a una profundidad de 1.000 m, muy superior a la que suelen alcanzar los submarinos convencionales, que a esa profundidad corren un gran riesgo a causa de la tremenda presi�n.