Estas son algunas notas que le hicieron de distintos medios gráficos

Nota de: Miguel Frias

Cacho Castaña invita a pasar a su departamento de Flores con una camisa lila abierta hasta la boca del estómago y una cadena de oro perdida en la frondosidad de su pecho. En el piso hay una piel de leopardo; las paredes están repletas de fotos, tapas de discos, afiches de películas, premios. Y un solo título enmarcado, estilo consultorio: Universidad de la calle: Doctor Honoris causa. A los 60 años, Humberto Castaña tiene sonrisa entradora, pelo azabache, patillas setentistas y manos que resplandecen de anillos y pulseras doradas. Se sienta en el sofá y apaga un programa de chismes con el control remoto: su novia, de 22 años, duerme en el cuarto contiguo. "La conocí por el padre, un amigo mío de 42. Va todo bien: el hombre estaba en coma 4 y ya está en coma 2".

De pronto, una tos seca lo sacude como a un muñeco dislocado y le corta la ocurrencia. Pero él carraspea y se recompone: "Hice todo lo prohibido en exceso, pero estoy bárbaro. El único vicio que mantengo es el faso", dice, mientras le da un golpecito seco a su atado, se lleva un cigarrillo a los labios y lo enciende entrecerrando los ojos. A la noche, tendrá dos presentaciones de su show tanguero, un género del que promete no apartarse. "Estoy laburando bien, aunque uno no puede disfrutar plenamente por cómo está todo. Estoy componiendo tangos que documentan esta época: quiero sacar otro disco a fin de año. Voy a seguir por esta senda, no la cambio ni por todo el oro del mundo".

A los seis años, ya tocaba el piano y soñaba con ser artista. En la vigilia era "dibujante de calzado de dama" y trabajaba junto a su padre, zapatero. "Eso fue hasta los 28; después agarré una guitarra y no laburé más, hermano", dice, antes de postularse como precursor de la bailanta. "Empecé en los salones de chamamé maceta, que más tarde se transformaron con la música tropical. Adentro, tenían piso de tierra y humo de choripán; afuera, te palpaban de armas. No eran las bailantas de hoy, con rayos láser y sonido espectacular. Lástima que ahora a los pibes los matan adentro, les dan de tomar cualquier cosa".

En la pared hay una foto del dueño de casa abrazado al Polaco Goyeneche. "Mi primer referente fue Julio Sosa -dice Castaña-. Después, Elvis me confundió. Al final me quedé con el Polaco, mi guía: compartimos siete u ocho años. El me terminó de estacionar. Un día me dijo: Tenés la obligación de salvar al tango, porque nadie está escribiendo nada. Me tiró una bolsa de cal. Pero es verdad que ya no hay compositores; hay pseudoproductores. El tango funciona en todo el mundo como una danza sensual, pero nadie la da bola al tango que escuchamos acá, a las letras".

- Más allá del tango y la bailanta, algunos lo comparan con Sandro...
- A él lo comparan conmigo. Los dos imitamos a Elvis, cada uno a su manera. El hace su balada y yo mi tango. Me gustaría haber sido más amigo de él; pero viste cómo es, un tipo que se encierra.

Castaña sigue viviendo en el barrio donde nació y donde, supone, va a morir. A pocas cuadras de Gaona y Boyacá, la esquina del Café La Humedad, que ahora sólo existe en uno de sus mejores tangos. El departamento es austero; la decoración, cargada. En la biblioteca hay libros de San Lorenzo, varios diccionarios, una biblia y varias estatuillas faraónicas. "Me fascina la egiptología", dice Cacho, que alguna vez fue pai umbanda y ahora se define simplemente como parapsicólogo. "Practico el control mental. Nunca aprendí a estar solo, no me gusta: con la meditación logré sacarme los pensamientos fuleros".

- ¿Por ejemplo?
- Le tengo pánico a la muerte: cuando llegue, quiero que sea de repente.

- A pesar de las apariencias, ¿es inseguro? ¿Se pone nervioso antes de cantar?
- Me cago todo, cada vez tengo más miedo; recién empiezo a disfrutar en el segundo tema. Antes era más inconsciente: cruzaba todos los semáforos en amarillo.

- ¿Cómo cree que será recordado?
- Como el tipo que escribió Café La Humedad o, tal vez, como uno que hizo algunas travesuras. Al respecto, la prensa amarilla me parece linda. Lo que pasa es que algunos piden que les inventen un romance y después se ponen los anteojos negros.

- Cacho, usted tuvo una vasta trayectoria amorosa. ¿Mantiene la seducción a los 60?
- Claro. A los 60 tenés más chamuyo, viejo. A los 30 atropellás, pateás la puerta como loco. Ahora no: metés la llave con suavidad, abrís la puerta despacito, disfrutás.

- ¿Cuántas veces estuvo casado?
- Una. Pero tuve 14 o 15 convivencias. No tuve más mujeres que mi diariero. Lo que pasa es que estuve con minas notorias (Mónica Gonzaga, Pochi Grey, Silvia Peyrou, Selva Mayo, Susana Giménez, Jorgelina Aranda, etc, etc.). Debo reconocer que buenas minas, buena mercadería...

- ¿Qué supone que le veían?
- No sé. Uno nunca se levanta una mina. Ellas te levantan, te hacen creer que sos Gardel, y arrancás creyéndote un ganador. Todo mentira. La verdad es que nunca me levanté una mina; fue al revés. Uno es un objeto sexual. Encima tengo el sí flojo...

- ¿Algún día tendrá un hijo?
- Sí, quiero. Es una asignatura pendiente. Antes lo era jugar en San Lorenzo, aunque ya asumí que soy un patadura.

- No lo tome a mal, Cacho, pero ¿cómo vive ese mito de que usted trae mala suerte?
- Eso nace de los mediocres. No podían decir que soy gay, entonces inventaron que soy mufa. Acá no soportan el éxito ajeno: te peinás con jopo y te lo cortan.

 

Nota de: Germán Arrascaeta

Dice que es difícil que los compositores se inspiren en "estaciones de servicio" y que los bares se extinguen irremediablemente. Además, repasó su vuelta al cine en la celebrada "Felicidades", de Lucho Bender.

Cacho Castaña sigue cantando. Y los cordobeses lo siguen amando en secreto. Entre el fin de semana y anoche, el hombre que en su casa tiene una plaqueta de "Doctor honoris causa de la Universidad de la calle" llevó adelante un periplo que contempló Córdoba ciudad, Balnearia y Río Cuarto, y un repertorio con canciones de la más diversa extracción, aunque con preponderancia del tango. Bares míticos acá (La cantina de Polilla), tinglados pueblerinos allá, más de seis mil personas vieron a Castaña por estos días. Y esa experiencia no es anacrónica, dado que el cantautor y actor vive un momento de plena actividad. En la música, cada tanto, se despacha con tangos certeros, retratos de un Buenos Aires en plena pérdida de su identidad arquitectónica y cultural. Y en el cine, tras 20 años sin filmar, volvió con un papel resonante en Felicidades, una película coral sobre perdedores urbanos ambientada en una húmeda y pegajosa noche de la Navidad porteña.

Cacho Castaña desmenuzó este presente artístico con LA VOZ DEL INTERIOR.

-¿Cómo llegó a "Felicidades"?
-Por casting (se ríe)

-Pero debe haber sido un casting especial.
-Sí, Lucho Bender (N de la R: el realizador del filme) buscaba alguien con mi cara, y lo lógico era que me llamara.

-¿Cómo evalúa su participación en la película?
-La evaluación es inmejorable, porque, además de haber sido Felicidades pre candidata a representarnos por el Oscar, mi trabajo resultó valioso. Me tuve que ajustar a lo que Lucho Bender quería, y lo que quería era bastante complejo, me costó hacerlo. No puedo obviar el hecho de que, gracias a la película, me volvieron a tener en cuenta para varias cosas. Dentro de 15 días empiezo una telenovela en Telefé con Facundo Arana que no me acuerdo cómo se llama (N de la R: se llama PH). Vuelvo al Teatro San Martín para una puesta de La Nona, de Roberto Cossa, y a mitad de año rodaré una nueva película.

-¿Con Lucho Bender?
-Es muy probable que sea con Lucho.

-Entre todos estos nuevos desafíos, meses atrás estaba el de componer la cortina de "Ilusiones", ¿qué pasó?
-Nada, eso pasó. La compuse y Suar no la utilizó.

-¿Hay algún problema con Suar?
-No, pero no le doy más bola (sic).

-¿Por qué cree que hay crisis de compositores en la canción popular?
-Porque los compositores no pueden inspirarse en asépticas estaciones de servicio, ahí las musas no entran. Antes había bares, bohemia. Todo eso se terminó.

Dejar rastro -¿Y quiénes de sus contemporáneos aún lo emocionan? -Spinetta, Guarany, gente que escribió y escribe muy bien.

-Y usted, ¿cómo se ve como compositor?
-Trato de documentar nuestra época. Que lo haga bien o mal es otra historia, pero trato de dejar un dato, algo para rastrear en el futuro. Los que estamos en esto, tenemos la obligación de interpretar lo que nos pasa, como lo vienen haciendo artistas descuidados como Chico Novarro y Eladia Blázquez. El conventillo ya murió, y si no decimos nada de lo que sucede ahora, dentro de 20 años van a decir que en el 2001 no pasó nada. Y lo cierto es que pasó de todo.

-¿Recuerda en qué condiciones compuso el tango "Café La humedad"?
-Sí, lo compuse en Corrientes y Esmeralda, en una oficina que tenía el maestro Oscar Tocano, el director de Palito (Ortega). Una tarde me dejó solo, y terminé el tema. Digo lo terminé porque lo tuve en mente desde que paraba en el café, pero siempre por la mitad.

-¿Cómo se lleva con los tangueros ortodoxos?
-Me llevo bien, aunque tardaron mucho en aceptarme. Mis piezas llegaron a interesarle a los ortodoxos, aunque no a todos porque es difícil moverlos de su esquema. Pero los entiendo, porque yo trato de documentar este momento, que es el mío. Ya vendrá otro hablando de algo nuevo y seguro que a mí me va a costar aceptarlo.

-A propósito de esquemas, ¿cuál es el suyo?
-Soy un cantante popular que hace baladas, tango. No ando buscando ser prestigioso. No sé qué es el prestigio, o para qué sirve. Soy un artista popular. Un Cacho de Buenos Aires; eso es de verdad. ¿Querés más prestigio que ése?

-El mote de baladista, ¿no le cabe?
-No, aunque por ahí me agarra la loca y, quién sabe, grabo hasta cuartetos.

-¿Cuartetos?
-Sí, no te olvides que yo empecé haciendo música cuartetera. Fue en los '70, cuando no existía ninguno de los que están ahora. El cuarteto yo se lo copié a Berna en una de mis tantas visitas a Córdoba. De ahí afané el ritmo pero al poco tiempo me interesaron otras cosas.

-Supongo que tiene alguna resistencia ante tanto bailantero en la pantalla.
-Hay cosas que son buenas, pero a la mayoría hay que matarlos.

-Para cerrar, tres tópicos sobresalientes en una hipotética autobiografía suya: La religión, las mujeres y los vicios.
-Voy a la iglesia de vez en cuando, con las mujeres también, de vez en cuando. Y... hace muchos años que no tomo alcohol, aunque sigo fumando.

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