Los Reyes Magos

 
Creo que todo comenzó el día que un niño me dijo que los reyes magos eran los padres. Desde ahí nunca volví a ser la misma. Mi madre alargó mi ilusión diciéndome que era mentira. Así estuve unos 2 o 3 años más. Seguía esperando los regalos, la corona de los magos en el alfeizar de la ventana, el pan mordido que se comían los camellos y sobretodo la ilusión.
Mi padre me llevaba a las cabalgatas y me subía a cuestas en sus hombros. Me gustaba coger caramelos y me gustaba ver a mis reyes magos en grandes carruajes. Cuando llegaba a casa le contaba a mi abuela todo lo que había visto. Y le ofrecía caramelos.
Pero un día me di cuenta de que en verdad era cierto. Ellos no existían y con ellos desapareció mi niñez. Desde entonces cada vez que voy a una cabalgata, lloro. Y recuerdo a mi padre subiendome en sus fuertes hombros. Es entonces cuando ves la importancia de un padre.
Las escenas de mi niñez en las que recuerdo más a mi papa, son las épocas de reyes. Cuando me levantaba de la cama y corría hacía los regalos, el filmaba mi expresión con su cámara. Jugaba conmigo. Todavía conservo esos vídeos.
La ilusión muere como lo hace la vida. Ahora intento buscar aquello que perdí en los reyes magos.
 

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