|
Estamos en un mundo, de
paso, seguimos un tránsito que nos arrastra
irremediablemente desde el principio de nuestras vidas hasta el final.
¿Es preciso preocuparse por las cosas que tal vez pudieran llegar a
sucedernos?; ¿o es mejor vivir el día a día y aprovechar al máximo cada
minuto que esta vida nos da?.
Creo que la respuesta es obvia, dejemos las preocupaciones excesivas a
un lado, y aprovechemos cada instante, cada fracción de segundo, sepamos
encontrarle sabor y valor a cada cosa que se nos presenta, pues no se
volverá a repetir.
De que sirve lamentarse, cuando los días de una persona están ya en su
ocaso,
de las cosas que se quedarán en el camino, que quizá debía haber hecho y
no hizo.
Aprovecha cada segundo, disfruta el instante, búscale la parte buena a todas
las cosas que realizas y sobre todo, disfrútalas, míralas con positivismo;
recuerda que ese momento vivido, con fuerza y con alegría, nadie te lo
arrebatará jamás.
En tu lento discurrir,
encuentras miles de obstáculos
que entorpecen tu camino
y lo hacen complejo y arduo.
Busca un sendero distinto
aléjate del mal trazo
camina por sitios limpios
con buena vista a los lados.
Disfruta de ese paisaje
olvida las zonas malas
mira la senda de frente
siente el aire en plena cara.
Verás como poco a poco
toda esa vía te enseña
lo bello que es vivir
sin enfrentarse a dilemas.
Agarra fuerte a los tuyos
y hacer el viaje juntos
oler, disfrutar, mirar,
vivir, cantar, reír y amar.
En los tiempos que
corren, llenos de prisas y de estrés, convendría, según mi forma de ver,
dedicar un tiempo mínimo a recapacitar sobre todo lo que vivimos o hacemos.
A veces es tan rápido nuestro discurrir por la vida, que a menudo se nos
olvida, detenernos
un instante y pensar en lo que nos rodea.
¿Somos realmente personajes con una función por cumplir en este mundo? o
¿tan solo nos dedicamos
a vivir sin pensar en detalles, que no albergan ningún tipo de importancia
para nosotros, pero
que si los tuviésemos en cuenta, harían feliz a mas de una persona de
nuestro entorno?.
Puede ser que las personas que nos rodean necesiten a veces mas atención de
la que les prestamos,
pero nosotros, sumidos en ese ritmo incesante de idas y venidas, de no parar
para nada, no
llegamos a captar su petición de ayuda.
Socorro que, por otra parte, podríamos entregar, normalmente con un mínimo
esfuerzo, pero el
frenesí al que nos lleva el mundo en que vivimos, no nos lo permite
visualizar, ni tan solo se
nos pasa por la mente.
El trabajo, la compra, los niños, la comida, descansar, y la escena se
repite y repite en como en
un cine de sesión continua, día tras día.
Llega por fin un día festivo, y nuestro máximo afán es el de trabajar en
algo que nos quedaba
pendiente en casa, además de cumplir con el resto de obligaciones diarias. Y
por fin se acaba
el día de de descanso; ¿hemos aportado algo nuevo a este mundo?, ¿hemos
ayudado al prójimo?...
La respuesta está clara...No.
Solo ha llegado el final de un día mas, en el que creyendo que estábamos
descansando, solo hemos
hecho lo que hacemos diariamente, y nos sentimos felices!!!. Creemos que ha
sido una buena jornada.
Yo me pregunto, ¿por que esto es así?, ¿no lo podemos cambiar?. Creo que si
cada uno aportase
su pequeña contribución, ¡y no hablo de un día completo!, tan solo de unas
horas, a escuchar a
la persona que tienes al lado, sentir su problema como tuyo, prestarle un
poco de atención en
sus ilusiones, o simplemente decirle un sencillo: ¡Te Amo!, las cosas que
nos rodean irían
cambiando poco a poco, no serian mejores ni peores, simplemente serian
distintas.
Ese momento dedicado, esa pausa en nuestro continuo sin vivir, nos haría
sentir que aún, ni que
arrastrados por la velocidad que esta sociedad nos impone, nos sentimos
vivos y capaces de ayudar,
reflexionar y pensar que no todo es tan malo... Solo hay que saberlo
apreciar.
Dedícate una pequeña pausa,
observa a tu alrededor,
regala apoyo a los tuyos,
verás que te sientes mejor.
Joan Pere Ramos
30/4/2007
|