Poemas de Amor

 UNA HISTORIA INUSUAL (Segunda parte)

 

Capítulo 6

Lo primero que hizo Juan  fue contactar con el amor que había dejado al otro lado del océano, y del que ya con toda seguridad, sabía que no se podría separar.  Llamo por teléfono, hablaron, y a ambos les fue imposible controlar los sentimientos que afluían a sus mentes, recuerdos de los últimos instantes vividos en pareja.

Luego ya se volvieron a encontrar, de la forma habitual a través de Internet.

Los días iban trascurriendo…

Las conversaciones se hacían extensas, hablando de su futuro, de lo que iban a hacer con sus vidas. Desde aquel encuentro ya nada era lo mismo y sentían la necesidad de unirse para siempre. Juan le comentaba a ella sus deseos de que también pudiese conocer el país al que iba a llegar en Junio; era el simple deseo de que las oportunidades para los dos, de elegir un lugar de vida en común fueran las mismas, para uno y para el otro.

Pero existían dificultades económicas para realizar ese viaje anterior, antes de que Raquel fuese a vivir con Juan definitivamente. Así que hubo que conformarse con la larga espera. ¡Seis meses! ¡Tampoco era tanto!, pero los días se hacían interminables.

En este tiempo intentaban solo hablarse de amor, procurando no tocar directamente el tema de su encuentro definitivo, pero se hacía una tarea difícil, eran cosas que a la fuerza debían hablar si querían que todo saliese perfecto.

Así que lo hablaron, eran muchas dudas las que acudían a la cabeza de Raquel, pero al mismo tiempo su amor imparable por Juan, le hacían estar de cada vez mas convencida de que ni que no hiciese una visita previa a aquel país, ya estaba decidida a irse con sus hijas para siempre, al lado de él.

Empezaron a hacer planes para la llegada, pero el paso que Raquel iba a dar era el más importante de su vida, y quería analizar, aún sin verlo, la situación en la que se iba a encontrar ella y sus hijas en un continente diferente al suyo. Le pidió a Juan que empezase a investigar algunos temas que eran de crucial interés: ¿podría trabajar?, ¿Tendrían sus hijas problemas escolares?, ¿habría asistencia médica desde el primer momento?; muchas dudas lógicas que rondaban continuamente la cabeza de ambos.

Juan empezó a investigar y se encontró con los primeros problemas serios, principalmente legales y burocráticos, el se los comentaba a ella y ella por su cuenta hacía lo mismo que el, intentar investigar como podía, desde su puesto de trabajo.

Los días seguían su camino imparables…

Y los problemas se acrecentaban, ella se vio obligada a comentar en su empresa, que necesitaba tiempo para hacer muchos trámites imprescindibles para poder realizar su sueño y recibió todo el apoyo de su jefe; pero en los compañeros de trabajo no causó el mismo efecto su decisión. Esto empezó a provocar tensiones, celos, envidias, que aumentaban su nerviosismo y mucha preocupación, que se añadía a la que ya sentía por todo lo que le quedaba por hacer y averiguar.

Todo este sentir, se lo trasmitía a Juan, que impotente a trece mil kilómetros de distancia, se sentía impotente por no poderla ayudar como el quería.

Y así empezaron las primeras discusiones y enfados.

 

Capítulo 7

A pesar de todo, estaba ya casi decidido, afrontaron los problemas con amor y tranquilidad (a veces), no todo era entonces de color de rosa; ya que la presión que daba el tiempo y la situación nueva, no permitía toda la calma requerida.

En esos días,  Raquel habló de nuevo con su jefe, de los deseos que tenía, de su gran amor, de sus ilusiones y sus miedos por viajar a un mundo nuevo, quizá distinto, del que ella imaginaba. Le comento las ideas de Juan, de que previamente al viaje definitivo, creía conveniente que hiciese uno de inspección, de información, de descubrir realmente por su cuenta el lugar que luego iba a ser su casa. Pero la situación económica le impedía realizar un gasto, que luego le podría perjudicar mas adelante. Su jefe, demostrando una gran amabilidad, le contestó que el también creía conveniente que ante un paso así, debía cerciorarse antes de a donde iba a dirigir sus pasos y su vida; así que le ofreció costearle ese viaje previo.

¡La alegría de ella en esos momentos era indescriptible!  Decidió dar una sorpresa a Juan y no quería descubrirle que antes de Junio iba a recibir su visita. Lo preparó todo, lo guardó muy secretamente y siguió como si no pasase nada, pero las preguntas a veces un poco extrañas acerca de fechas, y otros eventos, hacían que Juan sospechase que algo se estaba preparando.

El resultado final fue que Juan lo intuía todo perfectamente y Raquel no tuvo mas remedio que confesarlo: ¡voy a ir a verte! Para el fue mejor saberlo, lo hizo inmensamente feliz.

En medio de tanta espera sin poder abrazarse, acariciarse, besarse… iban a tener unos días que podían ser maravillosos de nuevo.

Eso acortó mucho la espera. Ella tenía previsto en esos días, realizar todas las consultas necesarias, para saber que futuro le deparaba aquel nuevo país en cuanto a trabajo, estudios, etc. El empezó a organizarlo todo para el recibimiento de su amor.

Hablaron de nuevo, de sus vidas, de unirse para siempre, pensaron en el matrimonio. Además de un deseo compartido era una solución a posibles problemas legales, que podían acontecer. Así que empezaron ambos, a solucionar cada uno por su lado, un sin fin de papeleos necesarios para agilizar los trámites de lo que los dos deseaban hacer.

Eran felices de nuevo como en los mejores cuentos, solo deseaban que llegase el día del encuentro. Se amaban como nadie.

Fueron trascurriendo las semanas y entre trámite y trámite, saltaba también alguna chispa entre los dos, eran muchas cosas por hacer en poco tiempo, y lo normal es que esto sucediera de vez en cuando, pero el amor siempre lo superaba todo con Mayúsculas.

Se amaban por escrito, se amaban por teléfono, se amaban en sueños. No podía existir más amor.

Hasta que llegó el día del viaje estuvieron demostrándose su amor. Pero la hora había llegado de nuevo. Llego el momento y ella con su maleta, repleta de ilusiones y emoción se trasladó al aeropuerto. El nerviosismo era lógico. El por su parte lo tenía todo preparado y a la hora acordada partió también a recibir a su amor.

Los nervios de Juan se captaban desde lejos, llego al aeropuerto, comprobó los vuelos y vio que el vuelo en el que llegaba su amor había sido cancelado, eso le hizo aumentar mucho la tensión de la espera. Después de muchas consultas y paseos para un lado y para otro, al cabo de cuatro horas mas tarde de lo previsto, por fin el avión de su amor estaba ya en tierra.

¡Que emoción más grande! La larga espera estaba apunto de dar sus resultados, su amor estaba apunto de aparecer por la puerta. El nerviosismo era inmenso, la alegría mayor.

Y por fin se abrió la puerta corredera de las llegadas internacionales y apareció Raquel. Se fundieron en un gran beso y después de las preguntas de rigor, salieron al a calle a fumarse un cigarrillo.

Después cargaron el equipaje en el coche y se dirigieron a casa de Juan, desde aquel momento, la casa de los dos.

La espera valió la pena…. ¡Por fin juntos otra vez!

 

Capítulo 8

Ya en casa…

Raquel entraba por primera vez en lo que luego sería su hogar para siempre.

Después de una vuelta rápida de reconocimiento y una vez dejado el equipaje, acudieron los dos a la casa de al lado, en ella estaban esperando su llegada, la madre y la hermana de Juan. Una vez hechas las presentaciones y mantenida la conversación típica de: ¿Qué tal te fue el viaje? Etc. Volvieron los dos a casa, prepararon algo de cena y después de haberse alimentado un poco, se sentaron en el sofá.

La ilusión de Raquel siempre había sido la misma, permanecer abrazada a su amor, tranquilamente sentados en el sofá de casa y viendo una película o programa de televisión; la emisión que estuviesen dando era lo de menos, lo importante era estar con Juan, y… abrazados los dos así lo hicieron.

Hablaron entre besos y abrazos de los planes que les esperaban para el día siguiente, de la multitud de cosas que debían hacer, pero el cansancio de Raquel era obvio y decidieron marcharse a descansar.

Ella necesitaba una ducha para relajarse y eliminar la tensión del viaje antes de dormir, así que entró al baño y una vez localizados los distintos elementos, se dispuso a bañarse; El no necesitaba el baño, lo había hecho unas horas antes, así que esperó impacientemente. Luego entre abrazos y besos, por fin descansaron.

El día siguiente era una jornada repleta de actividades y tenían que estar preparados para todas las cosas que había que hacer.

Llegó la mañana, desayunaron, y empezaron con todo el plan que tenían propuesto; visitas a bancos, juzgados, registro, ayuntamiento, lugares de información, comisaría…

Esto se estuvo repitiendo así prácticamente todos los días. Por la mañana se dedicaban a las tareas y por las tardes, Juan intentaba mostrarle el lugar, el ambiente, las gentes, y las costumbres de lo que iba a ser el nuevo hogar de Raquel.

Había momentos en que Raquel sentía añoranza de su tierra. El apoyo de Juan siempre fue incondicional. En el instante que veía un poco de desfallecimiento por parte de Raquel en su estado de animo, la llevaba a lugares relajantes y tranquilos donde ella se sintiese mejor. Visitaron así un precioso lugar cercano, donde había un río que con el burbujeo de su agua, y la paz que rodeaba aquel entorno, la hizo sentir muy bien.

Cada día vio Raquel algo nuevo, diferente; visitó ciudades, pueblos, mar y montaña, conoció personas, fue de compras, en resumen, se hizo una idea bastante aproximada de su próximo hogar.

Ella era feliz, se sentía por un lado algo preocupada por que sus hijas y familia estaban al otro lado del océano, pero por el otro estaba protegida, cuidada, mimada y amada como nunca había imaginado. Con Juan sentía sensaciones tan nuevas y fuertes, que le era imposible llegar a pensar separarse de él nunca más.

Regresaban por las noches a casa, felices, sintiéndose amados recíprocamente. Y continuaban amándose hasta altas horas de la madrugada de una forma inimaginable para ellos hasta entonces.

En los días últimos de se estancia en aquel país, Raquel empezó a notar en principio un ligero malestar y un dolor en la zona lumbar. Entonces sintió miedo. Le contaba a Juan la sensación que tenía, pero no se lo decía del todo. Sufría por una parte, al pensar que él se iba a preocupar. Y por otra parte sentía miedo de que el dolor fuese más grave de lo que era y al acudir al médico en aquel país, le pudieran decir: ¡Señorita esto es serio, y la vamos a tener que ingresar en el hospital! Intentó sobrellevarlo pero una noche ya no pudo más, el dolor se había acrecentado, su cara era realmente de enfermedad, y sin pensarlo dos veces Juan la ayudó a vestirse, la montó en el coche y la llevó al servicio de urgencias.

Allí empezaron de nuevo los miedos para Raquel… ¿que le iba a pasar?, en un lugar desconocido para ella, sin apoyo de los que siempre estuvieron a su lado, y sin saber lo que le iban a diagnosticar.

Fue un momento duro.

 

Capítulo 9

Al llegar al servicio de urgencias del Hospital, se encontraron un nuevo problema; para que pudiesen atender a Raquel como extranjera y sin ningún tipo de identificación sanitaria, se debía efectuar previamente el pago de la visita. Se pagó la cantidad pedida y la ingresaron, con el fin de detectar el mal que le aquejaba.

La atendieron perfectamente……..

Continuará………………..


Joan Pere Ramos

14/5/2007

JOAN PERE RAMOS

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