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Poemas de Amor |
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UNA HISTORIA INUSUAL (Primera parte) |
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Prólogo Esto que a continuación les voy a contar, es una relación atípica, entre dos personas de continentes diferentes y lejanos entre sí. El vivía en Europa, Ella vivía en América, apenas se veían, pero llegaron a construir una historia de amor tan grande, como los más famosos y conocidos relatos de amor. Se conocieron de una forma que no diré que no sea la normal, pero si, poco habitual; aunque de cada vez estamos mas arraigados a lo que las nuevas tecnologías nos ponen a nuestro abasto. Fue a través del contacto que mantuvieron a partir de ver una imagen y una descripción breve de personalidad en una página ubicada en Internet, como llegaron a unirse. Sufrieron bastantes percances por culpa del desconocimiento de la realidad, en distintas ocasiones. La distancia te da una perspectiva diferente, un ángulo distinto de ver las cosas que suceden, y no digamos, si a esto le añadimos la diferencia de culturas que suele haber normalmente entre países tan alejados. Pero al final consiguieron unir sus vidas y ser felices.
Capítulo 1 La historia empieza más o menos de la siguiente forma: Cierto día, nuestro personaje masculino, le vamos a llamar Juan, para ubicarlo dentro este relato, que era muy proclive a la navegación por Internet, descubrió por medio de un correo electrónico, la dirección de un lugar en el que por el simple hecho de dar sus datos y hacer visible una foto, le aseguraban el conocimiento de otras personas afines a su forma de pensar y de ver el mundo; el decidió inscribirse, por que qué vivía solo, padecía una enfermedad un poco seria, y no estaba dispuesto a pasar el resto de su vida en la mas absoluta soledad. Pensaba que el comunicarse con más gente le iba a ayudar a pasar los días, por lo menos un poco mas acompañado, aunque solo fuese por escrito. La sorpresa para Juan, llegó a los pocos días de estar usando ese medio para comunicarse, después de aproximadamente, una semana, empezó a recibir cartas y solicitudes de chicas que deseaban mantener un primer contacto con él, y por que no, si las cosas iban bien, mantener una relación de amistad. Estuvo hablando durante semanas con mucha gente, a veces personas sanas y con buenas intenciones, y otras ocasiones con gente que perseguía con mucha astucia, fines que no eran los que Juan buscaba en una persona, y menos aún, del sexo femenino. El escribía casi a diario, le gustaba comunicarse por escrito, siempre mantuvo el mismo tono de sinceridad con todas las personas con las que se escribía. Hablaban de temas de actualidad, de política, de religión, de cultura, de ciencia, y por supuesto también hablaban de sus propias vidas, de las pretensiones que tenían, lo que deseaban conseguir, etc. Juan mantuvo varios contactos, con algunas chicas que mostraron especial interés por él, pero que nunca le acabaron de convencerle. Entre todos los contactos que mantuvo, estaba nuestro personaje femenino, al que con la finalidad de ubicarlo también en la historia, le llamaremos Raquel. Raquel cierto día escribió un mensaje muy escueto dirigido a Juan, en el solo ponía: ¡Hola, me gustaría conocerte mas!, firmado " Coqui ". Juan se apresuró a buscar en la página donde estaba inscrito, quien era la tal " Coqui ", y al ver su fotografía, hubo algo especial que le atrajo profundamente, yo no sabría describir lo que era exactamente, más bien creo que le sedujo, la imagen de chica culta, con inteligencia, y sobre todo sincera. Le contestó a aquel primer mensaje, y ahí empezó un ir y venir de correos, que a veces llegaban de vez en cuando hasta que poco a poco empezaron a ser diarios. En ellos se contaron todas sus vidas, sus secretos, sus deseos más ocultos, sus coincidencias; y, poco a poco empezó a surgir algo más que una simple amistad. Era todo ilógico, no se conocían realmente, solo habían visto alguna que otra foto de cada uno, pero ambos notaban que aquello que empezaban a sentir, no eran simplemente ganas de compartir comentarios de lo sucedido en el día, había algo más. El lo notaba, y sentía el afecto especial que Raquel le mostraba, lo había sentido alguna otra vez, el veía que en las cosas que Raquel le comentaba, existía otra cosa, y que además ese mismo sentimiento lo empezaba a sentir él también. Empezaron a profundizar, y Raquel poco a poco, se iba enamorando de Juan. Juan, al mismo tiempo empezaba a darse cuenta de que la amistad que había encontrado. Con ella, se sentía protegido, cuidado, mimado y con el tiempo amado. Cierto día, en una de las conversaciones Raquel dijo un " Te Quiero "; Juan era reacio a ese tipo de demostraciones de afecto, pero al leer esas palabras tan sinceras, y escritas con verdadero amor, empezó a despertar del sueño en que estaba sumido, viendo que aquella mujer, por la que el notó un sentimiento diferente, le amaba, y era verdad. Eso lo invadió de una gran felicidad. El, aunque de forma diferente al principio, empezaba a sentir lo mismo que ella, no era una amiga mas, no era una hermana, el notaba que empezaba a quererla y así se lo demostró. Así que uno de los días que ella le mostró su amor sincero, el le contestó: yo Te Quiero también, Raquel. En ese momento empezó una relación de pareja, que difícilmente se podía disolver.
Capítulo 2 Juan había encontrado a la mujer de su vida, a su otra mitad. Con ella si que se sentía bien, seguro, cómplice, y querido. Se entendían en todo, se reían, se llevaban bien, en fin todo iba perfecto y se estaba enamorando perdidamente de ella. En aquellos días, Raquel trabajaba en una oficina de una empresa multinacional y además de atender el teléfono, tenia acceso a Internet; eso facilitaba que Juan pudiese tener contacto muy continuado con ella, ya que el no trabajaba debido a una invalidez que tenía, y podía estar en contacto con ella durante bastantes horas de su jornada laboral. La diferencia horaria entre ambos países contribuía a que eso fuese posible. Juan dedicaba gran parte de su día a escribirle extensos correos, contándole su vida anterior y presente, sus ideas de futuro, etc. Raquel le contestaba exactamente con lo mismo, y así aprendieron a ir conociéndose de cada vez mas. Cierto día hicieron un pacto, y acordaron no mentirse, explicar hasta el más mínimo detalle de sus vidas, y así lo hicieron. Entre mensaje y mensaje a Juan le había florecido una nueva vena artística, se sentía tan inspirado por el amor de Raquel, que empezó a escribirle poemas. En ellos se realzaba más aún el verdadero sentimiento interior que él llevaba dentro. Con el paso rápido de los días, el amor, por que ya era un gran amor lo que sentían, Raquel y Juan, empezaron una nueva forma de comunicación, mas directa e incluso se dieron sus respectivos teléfonos y direcciones. Empezaban a hablar exclusivamente de futuro. Se conocían visualmente, simplemente por fotografías que se enviaban, pero ese detalle era lo de menos, con sus largas charlas a distancia, iban intimando hasta límites insospechados. Se Amaban, la imagen era lo de menos. Empezaron a hablar de economía, de sus respectivas formas de vida y llegó un momento en el que decidieron que aquella distancia, casi insalvable del océano, la debían acortar de alguna forma; pensaron que se tenían que conocer realmente, saber de sus costumbres diarias, de su forma de comportarse ante determinadas situaciones, y así lo decidieron. Juan programó su viaje a América para la Navidad, pensó que era la mejor forma de conocer a Raquel y su entorno familiar; eran los días adecuados. La espera, después de casi nueve meses tratándose día a día, pero sin haber notado una caricia, una sensación, en la piel, un perfume, se hacía interminablemente larga. El nerviosismo de los últimos días se podía palpar en el ambiente, se podía cortar con un cuchillo. Tenían pensado darse las mismas oportunidades de conocimiento, tanto para uno como para el otro, y la idea era que una vez realizado el primer viaje de Juan, y si la convivencia con Raquel era buena. Raquel debería hacer lo mismo y conocer el ambiente en el que el se movía a diario. Por lo que tendría que viajar a Europa también. Esta segunda opción, aunque razonable, era un poco más complicada de realizar, debido a diferencias económicas entre un país y el otro. Pero habían decidido ya mantener una vida en común y era condición indispensable, saber en que lugar lo iban a hacer, si todo iba bien. El día dieciocho de Diciembre, los nervios estaban a flor de piel. Por fin, Juan cogió su maleta, su incertidumbre, sus ilusiones y sus ganas de conocer y amar a Raquel, y emprendió el largo viaje. Fue un viaje largo, pesado, con mucha tensión; habían quedado en que Raquel después de un largo trayecto en autocar, le estaría esperando en el aeropuerto. Por fin se iban a ver, cuales iban a ser sus reacciones, se abrazarían, se besarían o por el contrario se dirían un simple hola. Era un momento muy especial e indescriptible con palabras. Después de bastantes horas de vuelo, el avión empezó a descender...
Capítulo 3 La llegada cumplió el horario previsto, pero los trámites burocráticos para la entrada de extranjeros al país, se hacían interminables, tal vez era el proceso normal, pero a Juan le parecía una eternidad. Por fin, después de dos horas mas tarde de la llegada del vuelo, veía al fondo la puerta de las llegadas internacionales. Ahí su nerviosismo se hizo más palpable. Se abrieron las puertas automáticas y solo distinguió un largo pasillo de gente que esperaba la salida de los viajeros, así que optó por andar hacia adelante, arrastrando su maleta y buscando la salida. En ese mismo momento vio correr por la parte derecha un rostro que le parecía muy familiar, una chica con una preciosa rosa roja en la mano se acercaba rápidamente hacia el y lo abrazaba, era Raquel. La situación que tanto esperaban había llegado, se abrazaban, cruzaban sus miradas y tan solo dos palabras o tres salieron de la boca de Juan: "Si, soy yo...". Estaban como en otro mundo, se sentían muy felices y a la vez estaban como viviendo un sueño. Fue un momento mágico; una vez reconocieron que aquello que estaba sucediendo era verdad, se fundieron en un gran beso, se abrazaron y decidieron tomarse un café en una cafetería del mismo aeropuerto, para intentar centrar sus mentes en lo que estaban viviendo. La magia era tan grande en aquel momento, que aún después de haber hablado ya un largo rato, seguían sin acabar de creer que su encuentro era ya un hecho. Una vez mas relajados, pero aún soñando, tomaron un taxi, que los debía llevar a un hotel, para pasar la noche. Su destino final era otra ciudad, pero por la hora que era, se deberían quedar en aquel hotel. Ella se encargó previamente de las reservas, y su estancia allí iba a ser de dos días. El trayecto desde el aeropuerto al Hotel, ya una vez dentro del taxi, no se diferenció mucho del encuentro, así que optaron por abrazarse en el asiento trasero, se miraban, se volvían a besar, y apenas una corta explicación de ella, o una pregunta de el, relacionado con lo que iban contemplando en el camino, a continuación seguían el viaje abrazados y felices. La verdadera historia de amor estaba empezando en aquellos instantes. Llegaron al hotel pasadas las diez de la noche, Juan solo deseaba dejar la maleta y quitarse el calzado, llevaba casi veinte horas desde que salió de su casa en otro punto del mundo que ya había quedado muy lejos. Así que subieron a la habitación y aunque muy cansado, pensó que ambos debían cenar alguna cosa. Le preguntó a Raquel para ir a algún restaurante cercano, pero como ya era muy tarde no iba a haber nada abierto. Entonces vieron encima de una mesa que había en la enorme suite, unos folletos del propio Hotel donde anunciaban que servían comida por las habitaciones, a cualquier hora. Raquel llamó a recepción y solicitó unos bocadillos y unos refrescos. Se bañaron, Juan necesitaba una ducha, y mientras tanto prepararon los bocadillos y los subieron a la habitación. Era su primera comida juntos; así que se sentaron en unas butacas, y en una mesilla redonda, montaron su particular cena. El clima ya se iba relajando, empezaron a hablarse con más soltura, comieron, charlaron y después de largo rato de dar vueltas, ante el nuevo reto que se les estaba acercando, decidieron descansar. Eligió cada uno la parte de la cama que prefería, y bueno, era la hora de dormir, los nervios se hicieron de nuevo latentes, y algo especial se respiraba en el aire. Cada uno con su respectivo pijama, se metieron bajo las sábanas y se desearon buenas noches. El día siguiente se presentaba largo y con mucha actividad. Una vez acostados, pensaron que se habían deseado felices sueños, pero algo decía que faltaba alguna cosa por hacer, así que uno de los dos, quien fue el primero es lo menos importante, dijo: "oye, ¡pero si no nos hemos dado un beso de buenas noches!". Se abrazaron de nuevo y ahí empezó la noche de amor más fantástica que ambos puedan recordar jamás. Al día siguiente prácticamente sin dormir, pero con muchas ilusiones, salieron a visitar la ciudad, habían quedado en una café en el que servían desayunos, con el papá de Raquel, puntualmente llegó, se conocieron Juan y él, y pasaron ya el resto del día juntos, de un lado para otro visitando lugares y hablando. Una vez anocheció, se despidieron, Raquel y Juan, tomaron un taxi de regreso al hotel; de nuevo el mismo lugar, la misma situación, era tarde y al día siguiente tenían que dejar la habitación y aún les quedaban muchas cosas por hacer y visitar. Así que decidieron descansar, se volvieron a despedir hasta el día siguiente, esta vez con beso de buenas noches, y volvieron a repetir la fantástica noche anterior. Una vez despiertos, esta vez si, con sus respectivas maletas cada uno, tomaron un taxi que los llevó a casa de la abuela de Raquel. Una vez Juan hubo conocido a su abuela, una señora entrañable, fueron llegando mas familiares, y bueno, los planes de irse pronto para la ciudad de Raquel, pero como suele pasar en estas ocasiones, no se llevó a cabo de inmediato, llegó un tío de Raquel y con el pasaron todo el día completo. Ya casi oscureciendo, el mismo los acompañó a la terminal de autobuses. Raquel sacó los billetes, esperaron su autobús, y en esa espera se produjo un desdichado incidente, pero que no tuvo mayor consecuencia; le robaron el bolso a ella, pero la pérdida no fue nada destacable en cuestión de dinero, llevaba muy poco en metálico. Una vez realizadas las correspondientes llamadas para la anulación de tarjetas de crédito, etc. llegó su transporte y marcharon hacia el destino final.
Capítulo 4 Al llegar, era de noche, lo primero que hicieron, fue ir a casa de la mamá de Raquel, para que se conocieran Juan y ella, y de paso ver a las niñas de Raquel, que se habían quedado con la abuela aquellos días. Raquel tenía dos hijas de anteriores relaciones. El recibimiento fue en todo momento correcto, con los nervios típicos de la situación para ambos y después de un rato de comentar el viaje, decidieron marcharse para la casa que Raquel tenía; en ella iban a pasar el resto de los días que a Juan le quedaban para convivir con ella. Así que solicitaron de nuevo los servicios de un taxi, cargaron las maletas, algunos enseres y utillajes que necesitarían en casa para cocinar, se subieron los cuatro, Raquel, Juan y las dos niñas, y emprendieron el viaje. No era un trayecto excesivamente largo, pero si que quedaba algo retirado del centro de la ciudad. Llegaron, ¡por fin estaban en casa!, arreglaron un poco el tema de las habitaciones, las mantas, las sábanas, y decidieron irse a descansar. Llevaban ya muchos días de duro ajetreo; así que acostaron las niñas, les desearon felices sueños y se quedaron un rato sentados hablando, fumando el último cigarrillo antes de irse a dormir. Hablaron bastante, y empezaron a definir ya con calma, que pretensiones tenía cada uno, que iban a hacer con sus vidas, se reafirmaron en sus sentimientos mutuos, y después de varios cafés americanos, se fueron a acostar. Allí empezó de verdad, en aquel instante, su vida de pareja, en aquel preciso momento iniciaban el camino real de lo que pretendían que fuese su vida posterior. Hicieron el amor durante toda la noche, se amaban, estaba claro. Era un sentimiento puro, irrefrenable, que les llevaba a amarse continuamente una vez tras otra. Ya casi amaneciendo, se quedaron dormidos. A la mañana siguiente, las niñas se asomaban con la puerta ligeramente abierta, a la habitación que hasta el día anterior había sido solo de su madre, era también una nueva situación para ellas. Y a su manera, se sentían felices, sobre todo la mas pequeña, que pronto entabló unos lazos muy fuertes de cariño con Juan. Y así fueron pasando los días, se amaban, viajaban, volvían a casa, iban de compras, salían de paseo los cuatro, se divertían. Era una familia completa. Llegó la Navidad y hubo una cena entrañable con casi toda la familia; se reunieron en casa de una hermana de Raquel y antes de la cena se realizó un intercambio de regalos entre todos los asistentes. Juan se encontraba en familia, participó en la cocina, con sus futuros cuñados y prepararon unos platos, que luego iban a degustar todos. Los cocineros triunfaron, todo estaba en su punto. Pero los días iban transcurriendo, Juan no se podía quedar en aquel país eternamente, así que empezó a organizar su partida. Raquel y él decidieron finalizar aquel maravilloso encuentro tal y como empezó, así que después de once días de convivencia familiar y despedirse de todos, fueron a casa de una tía de Raquel y después de las lógicas presentaciones con el resto de familia que allí concurrió, decidieron quedarse una noche más. Hicieron planes con los primos de ella, salieron de nuevo al día siguiente y Juan estaba encantado con el trato que recibía de todos. Una vez transcurrió el día, llegó la hora de la despedida, y tras agradecer su magnífico comportamiento a aquella familia, unos primos de ella les acompañaron hasta la terminal de autobuses, donde ya emprenderían el último viaje hasta su destino: Un hotel situado muy cerca del aeropuerto. La despedida final estaba cerca.
Capítulo 5 Llegaron al hotel del que a la mañana siguiente saldría Juan para coger su vuelo. Esta vez la tensión se mezclaba y confundía con una gran tristeza interior, que los dos sentían muy profundamente pero no se atrevían a confesarse. Era su última noche, los dos juntos y solos, tal como empezaron, pero esta vez el desenlace era la despedida y deberían pasar muchos meses hasta volverse a ver. Solicitaron al servicio de habitaciones algo para cenar y después de cenar, se dieron un gran baño, y se amaron, se unieron como nunca antes, parecía que los dos quisieran entregar lo máximo que guardaban dentro a la persona amada. Sus cuerpos no se separaron en casi toda la noche, era un continuo dejarse llevar por los sentimientos, que no querían separarse de su alma gemela, recién hallada, y que no iban a olvidar jamás. El amor era intenso, sincero y puro, no necesitaban nada, se tenían el uno al otro y se amaban; no se podía pedir nada más. Así transcurrió la noche, y ya casi amaneciendo, Juan se durmió. Raquel se recostó en el sofá y lo estuvo observando, hasta que de nuevo despertara, quería tener en su memoria el recuerdo de su amor y de aquella última noche que había sido excepcional. Cuando Juan despertó, se estaba desvaneciendo todo por momentos, deseaba que aquel instante no hubiese llegado nunca, pero era la hora y tenía que partir. Con muchísima tristeza, cogieron ambos sus maletas y se dirigieron al aeropuerto. Una vez facturado el equipaje y con la tarjeta de embarque ya en la mano, Juan optó por estar el mayor tiempo posible con Raquel, antes de cruzar la aduana; así que se sentaron en una cafetería, desayunaron, hablaron y se amaron, siempre con el sentimiento de que aquello no era un desayuno mas, era el último desayuno y en poco rato Juan iba a desaparecer por detrás de el control de pasaportes. Ambos disimulaban su tristeza, no querían hacer pensar al otro en lo que de verdad estaban sintiendo. Pero todo tiene un final y la hora llegó, se levantaron, Raquel lo acompañó hasta la zona de tráfico internacional, y su fundieron en un abrazo sentido, ya lo sentimientos no se podían esconder mas, Raquel empezó a llorar y Juan la siguió en su tristeza. Los dos lloraban por que no querían separarse ya. En un sobre esfuerzo Juan dijo: “Bueno me tengo que ir, ya tendría que estar en el avión, ¡nos vemos en Junio!”, y después de un último beso, se fueron soltando de la mano muy despacio y Juan emprendió el camino de retorno. No quería mirar hacia atrás, sabía que le iba a afectar más y se fue andando hacia delante hasta cruzar la aduana. Una vez dentro, sintió que debería haber estado mirando a su amor que se quedaba allí hasta el último instante y la buscó. Sus ojos llenos de lágrimas miraban hacia fuera, y recorrían lo que su vista alcanzaba una y otra vez, pero ya no la vio. Con todo el dolor en sus corazones ambos emprendieron el camino de regreso a sus respectivas casas. El vuelo de regreso fue realmente triste, solo acudían segundo a segundo imágenes a la cabeza de Juan, destellos de todos los momentos que había vivido en aquellos maravillosos días. Intentó dormir pero no pudo. Después de muchas horas, llegó a casa.
Capítulo 6 Continuará………………..
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JOAN PERE RAMOS |