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En un espacio sutil,
de livianos pensamientos
y de apariencia tranquila,
surge como un torbellino
del centro de ese entorno,
una fuerza que arrebata,
que se desata y nos lleva
arrastrado por su poder
y en mi se desencadena
una enorme reacción,
que produce una explosión
en mis hondos sentimientos.
En ese espacio tranquilo
que con su calma aparente
llenaba nuestros sentidos,
aparece en un instante,
una eclosión que nos llena
de vigores y energías,
nos eleva al firmamento
y en unos segundos nos guía,
nos hace llegar a un techo
tan alto, tan elevado
que desconectarnos puede
de nuestro ser un momento,
para de nuevo caer
llevados por una nube,
una niebla que discurre
poquito a poco hacia abajo
y nos vuelve a dejar
en ese espacio tranquilo,
sosegado y relajado,
después de haber surcado
desde el suelo al infinito.
Y deja de nuevo allí
a nuestros cuerpos tranquilos
en un halo sumergidos
de un placentero sueño
que acompaña ese momento
de relajo y de descanso,
sintiéndonos abrazados
después de habernos amado.
El entorno se hace calma
y vuelve a ser ya tranquilo,
de nuestras cuerpos unidos
por un amoroso abrazo,
surge de nuevo la calma
y los pensamientos se tornan
de nuevo ligeros, livianos,
solo una cosa ha cambiado
dentro en nuestro interior,
es el sentirnos atados
después de hacer el amor.
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