A la memoria de René Favaloro
Emergió como un lirio encendido
en el arenal de la pampa
mitad hombre, mitad ángel
y un arco iris de inquietas luciérnagas
lo llevó por fulgurantes caminos.
Toda la ternura de las alas blancas
y el sortilegio de manos piadosas
se anticipaban a las lágrimas
que sofocaba en soledad.
Nadie escuchó los lamentos disueltos
que se escurrían como aguas ciegas
por el muro de la desesperanza
Él, que componía las trizas
del corazón ocioso,
él, que desenterraba la muerte
replegaba en los huecos viscerales,
no pudo desviarla cuando le ofreció
la piedra de una inmolación
y prefirió la ley condenatoria de Dios
al vuelo en remolinos del pájaro herido.
Quiso ser hombre en su mitad etérea
clamó a los cielos para transformarse
y tornó a ser ángel
más puro y más bello que antes.
Martha Napolitano