| LAS SALIDAS DE ACHUAPA Hace cien años, cuando este lugar era una aldea, en la casa de tía Jacinta había un frondoso árbol con un tronco tan grueso que se necesitaban ocho hombres con los brazos extendidos para poder abarcarlo. Era un árbol de cuatro metros de altura y sus vastas ramas cubrían el camino, haciendo un lugar acogedor y atractivo. Aquí hicieron una estación momentánea Justo Rufino Barrios y José María Reyna Barrios, uno montado en una yegua culebrina y el otro en un caballo blanco. Cuando sucedió esta importante visita eran alumnos de la escuela primaria los patojos Francisco, Ester y Gregoria López, que entonces vivían en el Barrio Los Matas, (hoy llamado los Salvadores). Según contaba mi madre, bajo este frondoso árbol se organizó un desfile de bienvenida. Por los francos iban los pocos escolares y al centro las autoridades municipales. En primer lugar el Alcalde Eulalio Contreras, el síndico Antonio López Orellana, cortejando al señor Presidente el general José María Reyna Barrios. Al llegar al centro del lugar, las autoridades se sentaron en el corredor de la vieja alcaldía, mientras que los alumnos y pueblo acompañante se colocaron en la plaza. El señor presidente, a veces llamado "reinita" ordenó a sus ayudantes que tomaran un costal de "cuartillos de plata" y que se los repartieran a los alumnos que lo habían acompañado, como agradecimiento por la bienvenida. El Arbol frondoso siempre fue un sitio obligado para hacer una estación, en las grandes caminatas a caballo, especialmente en las romerías del Señor de Esquipulas. Aquí llegaba la gente del pueblo a comprar baratijas, manzanilla, pericón, pitos de losa de Totonicapán y otras cosas, mientras los romerístas almorzaban, después de un breve descanso, los romerístas tocaban sones con chirimía y tambor, otros se ponían a bailar, como parte de su devoción al Señor de Esquipulas. Este árbol frondoso, llamado el Amatón, marcó la más antigua salida hacia la cabecera de Jutiapa. Por ahí se seguía hacia el sur, se pasaba una pequeña cuesta, al lado de un añoso jocote concorvado. A la derecha los vestigios de un camino empedrado y la puertona de entrada al lugar llamado Miramundo, donde vivieron los López Corado. Se atravesaba el potrero hasta caer al río Morán, se caminaba por una pequeña cuesta empedrada y a la izquierda estaba la casa de Pedro García, padre de Tona García, Luego se pasaba frente a la casa de Gregorio López Orellana e Isidra Salguero de López. El árbol de jocote concorvado marcaba otra salida hacia Jutiapa. Se seguía recto y luego de una media vuelta se atravesaba el potrero del Zarco Inés Escobar (hoy es el estadio de futbol). En seguida estaba el potrero de mi tío Kelo Salguero. Por una fragosa cuesta hasta caer a una veguita, allí vivía Licho García, a la orilla del río Morán, con una cantina bien surtida que se llamaba "El Ultimo Adiós". Por este camino de Jocote pasaba la gente que regresaba de los entierros. En los meses de invierno, a los enterradores les tocava pasar entre las aguas del río y se mojaban hasta la cintura. Entonces, Licho García se sentaba sobre el mostrador de la cantina y con su acordeón de cuatro tornillos cantaba canciones bonitas. Una de esas canciones decía así: "Un Lindo pajarillo cierta noche herido refugiose en mi ventana...". En el año de 1925 se rompió el paso del Caramito, que también empezaba desde el árbol frondoso llamado el Amatón. Allí a la derecha vivían Teodoro López y su hijo Benvenuto; Eulalio Contreras, su esposa Leona López Orellana y sus hijas Isidra y Vicenta. Otra salida de Achuapa era el camino que pasaba frente a la casa de Trines López y su hermano Juan Ramón López. Aquí rompieron un viejo pretil y cerraron la vereda del uñegatal, aquí es donde el Cadejo Negro le hizo pedazos el acordeón a Calixto López Corado en sus años mozos, cuando venía de una parranda del Valle Abajo. En esos años, también se salía por la casa de tío Juan García y por la Escuela de Niñas, continuando por esa vía y pasando frente a la casa de Brígida V. de Lemus, la gran familia Flores, rumbo al Común de Buena Vista y La Carabina. Después, se salia hacia Asunción Mita y Santa Catarina Mita por la casa de Arcadio Avalos, más adelante se encontraba la cantina atendida por una bella mujer canche natural de ojos verdes, a quien apellidaban la "Bellota". Se continuaba entre las casas esparcidas por el Valle Abajo, hasta llegar al río Chiquito, donde se bifurcaba para aquellos dos municipios. La salida a Jalapa empezaba en la casa de Manuel López Salguero y atravesaba el zanjón que venía de la casa de Pancho Maeda, nuestro primer telegrafista. Luego pasaba por el predio del zarco Inés Escobar, por el zanjón de los Contreras y por las casas de Cataríno Elvira y Natividad V. de Elvira. Finalmente tomaba por el callejón de los Izotes hasta el río Chiquito. Escrito por: José Rafael Salguero López Revista El Progreso, Achuapa Febrero de 1994 |