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Personas que gustan de las cosas ajenas sin pasar por caja hay en todos los gremios, inclu�dos los talleres mec�nicos. Adem�s, hay gente que gusta de curiosear en nuestra intimidad cuando nosotros no lo sabemos, tambi�n en todos los gremios, inclu�dos los talleres mec�nicos.
Ademas, hay muchos talleres mec�nicos en los que, aprovech�ndose de la confianza y buena fe de sus propietarios, algunas personas, sean o no clientes de ese taller, curiosean por los coches en reparaci�n y a veces hacen algo m�s sin que nadie al final se d� cuenta.
Cuando uno tiene muchos libros en casa, si alguien te quita dos, seguramente tardas mucho tiempo en darte cuenta de la ausencia, o quiz� nunca lo llegues a saber. Y si lo averiguas en alguna ocasi�n, nunca podr�s deducir cu�ndo y qui�n ha sido. Pues en una autocaravana pasa lo mismo: llevas tantas cosas, tan variadas, tan personales... que nunca podr�s asegurar si las has perdido o, sencillamente, te las han chorizao.
Y es un verdadero rollo vaciarlo todo cada vez que vas a cambiar los filtros�
Aparte de cuando te entran a robar por las bravas, hay muchas ocasiones en la vida de un furgonetero en las que te ves obligado a dejar tu querida casita con ruedas con su llave de contacto en manos de un mont�n de personas a las que no conoces de casi nada: gru�stas, mec�nicos, polic�as, aparcacoches (bueno, esto s�lo para los m�s pijos), chapistas, limpiacoches, empleados de aparcamientos de los que te colocan ellos el veh�culo (en Italia hay un mont�n de �stos), aduaneros...

Para todos estos casos va pensado este brico. Para poder irte de la furgo con un poco m�s de tranquilidad de que nadie va a mirarte la marca de condones, ni se va a echar tu colonia, ni te va a quitar uno de esos billetes que tienes en la cartera ni va a leer tu agenda o tu diario, ni va a hurgar en tu comida o bebida. Ni siquiera va a saber qu� peri�dico compras o qu� tipo de m�sica te gusta... por lo menos sin tu consentimiento.
Se trata de poner cerradura a todos nuestros armarios. Porque eso de que la guantera sea la �nica privilegiada (y no siempre) es cosa del pasado.

Todo el trabajo que vais a ver a continuaci�n me ha costado (en 2008) � 9 euros ! que corresponden a 3 � en lo poco que cuestan los peque�os retales y materiales que se explican a continuaci�n y 6 � de las dos cerraduras completas.
Hemos elegido la excelente marca fabricada en Arrasate (EH), IFAM, concretamente la serie 111C especial para buzones, con la que no tendremos nunca problemas para hacer copias de llaves por muchos a�os que pasen.


Se trata, en resumen, de inmovilizar con sendas cerraduras ambos cajones y, antes de cerrarlos, dejar puestos dos cierres que impidan el plegado de las persianas de los dos muebles inferiores y que se autobloquean cada uno con el propio caj�n de su lado.

1. Construcci�n de los cierres de las persianas
Si nos fijamos en estas fotos en las que ya est�n retirados los cajones mediante el afloje de sus tornillos interiores,

las persianas circulan por un carril a cada uno de sus lados durante la maniobra de apertura y cierre. Si lo que queremos es que no se abran, basta poner un impedimento en la primera de sus lamas para que el conjunto no avance hacia atr�s. As� de simple.

Para construir estos cierres, hay que dise�arlos de tal modo que el empuje que se hace al intentar abrir las persianas se traslade firmemente al perfil de aluminio vertical que separa los dos muebles y, al mismo tiempo, la pieza no se pueda mover porque quede prisionera entre la persiana, ese perfil de aluminio y un tornillo de bloqueo que le vamos a poner al caj�n. Adem�s no podr�n extraerse manualmente ni moverse hasta que su caj�n no est� desbloqueado, con lo que, con s�lo dos cerraduras, aseguramos dos cajones y dos muebles a la vez.
Para hacernos nosotros mismos estas piezas, tomamos un par de retales de chapa de aluminio de 1.5 mm de grosor y de 74 x 43 mm de lados.

Con ayuda de un tornillo de banco, una pieza sufridera de madera y un martillo la plegamos primero con una doblez de 10 mm

y luego con otra de 13 mm.

Por otra parte, tomamos dos peque�as piezas de madera maciza de un tablero de 19 mm de grosor (�stas son de pino alistonado insignis) y con la caladora y el cepillo las ajustamos exactamente a estas medidas: 61 x 12 mm.

A una de las aristas del lado que tiene 61 mm le hacemos un achaflanado y redondeado con la lijadora para que resulte m�s est�tico y despu�s las imprimamos por inmersi�n con unas pinzas en tapaporos nitrocelul�sico transparente. Si se desea, tambi�n pueden barnizarse.

El ensamblaje es bien sencillo porque s�lo hay que practicar dos taladros de 4 mm de di�metro en el lado de la pieza met�lica que tiene 13 mm de ancho y atornillar a la de madera

con cuidado de no olvidar la simetr�a de ambas porque una lleva el v�stago de madera encajado en el carril de aluminio vertical a izquierdas, y la otra a derechas.

Con el fin de no ara�ar nunca nuestras persianas y tambi�n para encajar todo con un ajuste suave y sin vibraciones, ponemos fieltro autoadhesivo en las dos caras grandes de aluminio y cinta aislante en la arista.

2. Funcionamiento de los cierres de las persianas
Una vez insertados en su lugar, bien encajados en el perfil vertical de aluminio, con el caj�n ligeramente abierto oiremos un click de confirmaci�n y comprobaremos que la pieza queda asombrosamente ajustada por abajo a la persiana bajada, por un lado al montante del mueble y por arriba al fondo del caj�n.

Para que nadie pueda moverla hacia el �nico lado que queda libre (hacia la izquierda en el mueble izquierdo y al contrario en el derecho), hay que implementar en cada caj�n un v�stago de bloqueo que se construye de un modo sumamente simple:
Se taladra un agujerito de 4 mm � en el tablero de DM del fondo y con dos arandelas y una tuerca se sujeta un tornillo de 4 x 35 mm,

al que protegeremos por abajo enfund�ndolo con una manguerita transparente de 4 mm � de di�metro interior para que no ara�e ninguna otra pieza ni nos lastime accidentalmente en caso de sacar el caj�n.

De esta manera, cada vez que, teniendo los cierres puestos, empujemos el caj�n hasta su posici�n de cerrado, no tendr�n ya por d�nde escaparse y no se mover�n en absoluto.

La ventaja de estos cierres es que, aunque si uno se agacha puede verlos un poco,

quedan completamente ocultos tras los faldones de los cajones.

3. Instalaci�n de las cerraduras en los cajones
La verdadera clave del sistema son las cerraduras de los cajones. Sin tenerlas desbloqueadas no podremos ni abrir los cajones ni subir las persianas.

Partiendo del frontal del caj�n Westfalia (se hacen los dos por igual), tenemos que hacer un taladro de 20 mm � exactamente en el centro del primer cuadradito superior que hay a la derecha de cada manilla.

As�, sin complicarse.
Para ello usaremos la t�pica broca de 20 mm � con la base fresada a 12 mm � con el fin de que nos entre en el mandril de cualquier taladradora est�ndar.

Para no da�ar accidentalmente la superficie del caj�n, lo protegemos con dos capas de cinta de carrocero y hacemos el orificio limpiamente.

Preparamos las cerraduras que hemos comprado desmontando primero la tuerca y luego algunos de sus elementos con cuidado de no perder ninguno.

El �nico de ellos que tenemos que modificar ligeramente es la pesta�a, que, con ayuda del tornillo de banco, haremos ligeramente m�s recta.

Ahora s�lo queda meter el cilindro con su bomb�n por el agujero del frontal del caj�n

y elegir la posici�n de giro. Es decir, colocar el cuadrado de la pesta�a de la forma que deseemos en el cuadrado del bomb�n. As� podremos elegir dos cosas:
� C�mo nos va a quedar vista la rajita de la cerradura (horizontal o vertical)
� C�mo queremos que se accione la llave para cerrar (girando en sentido horario o antihorario)

Hecho esto, se atornilla la pesta�a

y se aprieta la tuerca fuertemente con ayuda de dos llaves fijas (del 17 y del 23).

Finalmente, ya con todo instalado y el caj�n puesto en sus carriles, se hacen las pruebas de ajuste y se pega si es necesario un fieltro autoadhesivo para que el cierre sea suave y tampoco vibre con los baches.

Y ya est� todo: dos discretas cerraduras y una buena protecci�n adicional para nuestras cosas.

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