LA
MATANZA DE CASAS VIEJAS
Otra cosa para el
recuerdo fue la masacre de Casas Viejas en enero de 1933. Los campesinos hartos
de aguantar una situación de miseria y extrema pobreza se suman a una
insurrección anarquista contra el gobierno de la República, el cual responde
con una represión salvaje que machaca a todo el pueblo
¡Coño! ¿No eran los
republicanos de izquierdas y defendían al trabajador y todo eso?
¿Y no se supone que la
Guardia Civil es un cuerpo represivo de la derecha fascista?
CAUSAS DE LA
SUBLEVACIÓN
La insurrección que se produjo en Casas Viejas (Cádiz) en
enero de 1933 se debe a las pésimas condiciones de vida que sufrían los
campesinos y dentro de la gran difusión de las ideas anarquistas que existía
entre estos.
La mayoría de los hombres de Casas Viejas se dedicaban al
trabajo agrícola y ganadero, y eran trabajadores eventuales. Estos trabajadores
vivían en la propia aldea, pero dejaban sus casas durante uno o varios días
para trabajar la tierra a cambio de un salario.
Estos
trabajos eventuales eran estacionales y dependían de los ciclos agrícolas, la
cantidad de cosecha,... Por tanto, estos trabajadores dependían del
propietario, que cuando necesitaba mano de obra mandaba a la plaza del pueblo a
un “contratador”. Cuando no era necesaria esa mano de
obra, sencillamente no había curro, y la gente se tenía que buscar la vida como
podía. Los propietarios, así “de buen rollo”, los muy cabrones, habían creado
una limosna que daban en la iglesia (una peseta diaria a los solteros y una y
media o dos a los casados) que era entregada en forma de bonos canjeables en
comercios, propiedad de gentes ligadas a los terratenientes.
La
proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931 no provocó grandes
cambios en Casas Viejas, donde el poder de los terratenientes, que apoyaban a
la monarquía, siguió dominando. Las medidas tomadas por el gobierno para paliar
la pobreza empezaron a realizarse por todo el estado, pero al parecer no
llegaron a Casas Viejas con ninguna eficacia, y la situación de los campesinos empeoró
aún más (una de las “mejoras” del gobierno fue la de prohibir a los ricachones
contratar a gente de fuera del pueblo, lo que perjudicó a los currantes del
pueblo que solían emigrar a los pueblos cercanos cuando no había curro.
LA SUBLEVACIÓN
Los días 10, 11 y 12 de enero de 1933 estalla la rebelión
anarquista de Casas Viejas, creyendo que esta acción estaría coordinada con
otras en todo el estado, cosa que no fue así.
Durante la noche del 10 al 11 de enero se cortaron los
cables de teléfono, se vigilaron los cruces de los caminos y se hizo una zanja
en la carretera de acceso a Casas Viejas. Con estos actos se intentaba aislar
la aldea para que ninguna fuerza exterior pudiera disolver el comunismo
libertario que se pretendía implantar en Casas Viejas. Por otra parte, se
reunieron todas las armas disponibles, robándose 3.000 cartuchos de escopeta,
10 kilos de pólvora negra, balas y cápsulas de percusión. En el local del
sindicato se colocó la bandera rojinegra de la CNT.
Por parte de algunos campesinos, existían ciertas dudas acerca del éxito del
levantamiento, pero había algunos que estaban dispuestos a la acción. En
cualquier caso, muchos campesinos soñaban que al día siguiente ya no habría
ricos y que la tierra pertenecería a todos.
Los trabajadores desfilaron por la calle, y se declaró el
comunismo libertario. Entonces, en un intercambio de disparos en el cuartel de
la guardia civil, dos guardias murieron.
A
las cinco de la tarde, una patrulla de doce guardias de asalto y cuatro
guardias civiles llegó a Casas Viejas bajo las órdenes del teniente Gregorio
Fernández Artal. Retiraron la bandera de la CNT del
local del sindicato y la sustituyeron por una nacional, ordenando al
vecindario que realizara sus actividades
cotidianas. Los guardias civiles sanos de Casas Viejas indicaron quiénes habían
disparado a sus compañeros, comenzándose a realizar registros en busca de
rebeldes.
Un
grupo de anarquistas se refugió en la choza de un conocido hombre del pueblo
llamado “Seisdedos”, desde donde resistieron el
ataque de la Guardia Civil.
LA REPRESIÓN
Mientras,
desde Madrid, Arturo Menéndez, el Director General de Seguridad,
ordenó al capitán Manuel Rojas Freijespán, al que
había enviado a Jerez de la Frontera para sofocar con fuerza cualquier conato
de rebeldía, que fuera a Casas Viejas para acabar con la rebelión. Así,
el capitán Rojas llegó a Casas Viejas sobre las dos de la madrugada con una
compañía formada por noventa guardias de asalto. Se instaló entonces una
ametralladora frente a la humilde choza de "Seisdedos".
El capitán Rojas ordenó incendiar la choza, para
lo cual se empapó algodón en gasolina y, envuelto en piedras, se lanzó contra
el tejado de paja. La choza ardió pronto. "La Libertaria" y Manuel
García Franco salieron afuera corriendo. Lograron huir. Manuela
Lago y Francisco García Franco no lograron escapar y fueron abatidos en el
umbral de la choza. Jerónimo Silva, Pedro Cruz, Paco Cruz, Manuel Quijada,
"Seisdedos" y Josefa Franco quedaron
calcinados en el interior de la choza. Poco después el tejado se derrumbó y
cesaron los disparos. Eran las tres de la madrugada. Entonces, los
guardias civiles y de asalto se concentraron en la plaza, pero la tensión no
disminuyó. A las siete de la mañana el capitán Rojas mandó a tres patrullas
para que registraran las casas y encontraran a los militantes más destacados. El
pueblo quedó arrasado por la masacre y los encarcelamientos que siguieron a los
juicios por el levantamiento. Casi cada familia se vio afectada.
IMPUNIDAD
¿Quiénes tuvieron la responsabilidad de la brutal represión?
Según el juicio que se celebró en mayo de 1934 fueron responsables el Director
General de Seguridad Arturo Menéndez y el capitán Manuel Rojas Freijespán. La causa contra el
Director General de Seguridad Arturo Menéndez se consideró sobreseída, mientras
que se condenó al capitán Manuel Rojas Freijespán a
21 años de cárcel, pero se benefició de la amnistía que el mismo año se
concedió para liberar al golpista general Sanjurjo.
En 1936 se convirtió en jefe de las milicias falangistas de Granada,
participando tras el levantamiento nacional, como uno de los jefes de la represión de
Granada.
MANIPULACIÓN DE LOS HECHOS
El gobierno
no tardó en desprestigiar esta revuelta echándole la culpa a grupos de derechas
y promonárquicos.
El 11 de
enero de 1933, el periódico “El Pueblo” decía acerca de la insurrección de
enero de 1933: "La revolución social no puede confundirse con la
revuelta criminal que asesina y siembra por los medios más violentos y
tenebrosos el terror y la muerte". Además, señalaba que la
insurrección había sido llevada por "terroristas a sueldo de los
monárquicos". En este sentido, “El
Socialista” del 11 de enero de 1933 se señalaba: "La huella
anarquista está bien patente. Más que la violencia, caracteriza al movimiento
sindicalista su torpeza. Se trata de un movimiento inconfundible, típico... La
consideración de los medios económicos es lo que más influye a la hora de
considerar posible una aportación monárquica".
La represión de Casas Viejas también fue utilizada en las
Cortes por la derecha para desprestigiar al gobierno de Manuel Azaña y derribarle. En este sentido, la represión de Casas
Viejas facilitó la llegada al poder en noviembre de 1933 de los partidos de
derecha, el Radical y la CEDA, que triunfaron en unas elecciones marcadas por
el abstencionismo de los miembros de la CNT. Esta
utilización de los hechos de Casas Viejas se mantuvo de forma hipócrita durante
la época franquista. Es evidente que durante la denominada "Guerra Civil
Española" el ejército nacional multiplicó enormemente las brutales
represiones.
EL PRÓXIMO 14 DE ABRIL…
¿VIVA LA REPÚBLICA?