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Hace
mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de
ancianos muy pobre.
Ambos se encontraban muy tristes pues era víspera
de año nuevo y no tenían qué comer.
En eso la anciana dijo: "Yo por si
acaso, he hecho unos adornos para el cabello. Si los vendemos
podríamos comprar comida."
El anciano le contestó: "¡¿De veras?,
gracias!. Voy a salir para venderlos."
Ese día hacía mucho frío y estaba nevando
bastante.
En el camino a la ciudad se encontró con
unos "Jizos".
El anciano dirigiéndose a las estatuas de
piedra dijo: "¿Tienen frío no?" y retiró la nieve
que tenían sobre la cabeza.
El llegó a la ciudad y recorrió por todas
partes pero no pudo vender nada. Luego de transcurridas muchas
horas un hombre se le acercó y le dijo: "Hoy no es un buen
día ¿verdad?, yo tampoco he podido vender mis "Kasas".
¿Qué te parece si hacemos un cambio, te doy mis kasas y me das
tus adornos para el cabello?"
El anciano le contestó: "Si, está
bien. Hagamos el trueque."
Al
final del día el anciano no pudo vender nada y decidió
regresar.
En el camino a casa de nuevo se encontró con
los Jizos.
El les dijo: "Usen éstos por
favor" y le puso los Kasas que no pudo vender. Pero faltaba
uno para el Jizo más pequeño. El anciano se quitó una toalla
que tenía en la cabeza que utilizaba para protegerse de la
nieve y se la puso al más pequeño.
Esa noche le contó a su mujer sobre lo
ocurrido y ella le dijo: "Hiciste bien. Estoy
contenta."
En ese momento oyeron un ruido extraño que
venía de afuera.
Atisbaron
por la ventana y se sorprendieron al ver comidas y ropas.
A lo lejos se veían a los Jizos andando en
fila.
Esos eran sus regalos.
Los ancianos se pusieron muy contentos y
vivieron felices para siempre.
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