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Hace
mucho, mucho tiempo, vivía un hombre muy rico que se la pasaba
lustrando y lustrando un buda de oro del cual hacía alarde
mostrándolo a todo el mundo.
En su casa vivía un joven muy trabajador
cuya labor consistía en preparar el "furo".
Un
día, cuando el joven iba a la montaña en busca de leña,
encontró un trozo de madera que tenía la forma de un buda. El
joven al verlo lo recogió y desde ese momento todos los días
oraba ante el buda de madera, pues sentía que lo protegía.
Un día, uno de los empleados que quería
congraciarse con el hombre rico se le dirigió diciendo:
"Su buda de oro es magnífico. ¿Por qué no organiza una
pelea de "sumo" con el buda de madera? De todas
maneras ganará el suyo."
El hombre le contestó : "¡Sí. Por
supuesto!" y llamó al joven del buda de madera y le
propuso: "Si tu buda gana al mío te regalaré toda mi
fortuna y todos los días te prepararé el "furo"
El joven volvió a su habitación y contó a
su buda la propuesta que había recibido, pero se sentía un
poco mal por tratar a su buda como si fuera un juguete.
El buda de madera al darse cuenta de ello le
dijo: "No te preocupes. Está bien. ¡Vamos!"
El joven se sorprendió mucho pues era la
primera vez que lo escuchaba hablar.
Y empezó la pelea. Todo el mundo, excepto el
joven, pensaba que de todas maneras ganaría el buda de oro.
La
gente alentaba al buda de oro. En eso éste, para sorpresa de la
gente, empezó a empujar a su contrincante llevándolo hasta el
borde del "dogiou". Ante esto el buda de madera
reaccionó y empujando a su adversario lo hizo caer ganando la
contienda.
El joven se puso muy contento pues recibió
todo lo prometido y vivió feliz para siempre.
Un día, el otrora hombre rico, le preguntó
a su buda de oro: "¿Por qué caíste?"
La imagen de oro le contestó: "Tu sólo
me lustrabas. Te faltaba devoción. Por eso no tenía
fuerza.". En ese momento el hombre se dio cuenta de su
error y prometió cambiar su manera de ser.
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