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Hace
mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía un joven que un día
volviendo del trabajo encontró una tela en el camino, la tela más
bella que jamás había visto. "¡Qué tela tan
bella!", dijo impresionado y la metió en su canasta.
En ese momento alguien lo llamó, y al
voltear se sorprendió mucho al ver aparecer a una mujer muy
bonita quien le dijo: "Me llamo Tanabata. Por favor devuélveme
mi 'hagoromo'."
El joven le preguntó: "¿Hagoromo? ¿Qué
es un hagoromo?"
La mujer le contestó: "Hagoromo es una
tela que uso para volar. Vivo en el cielo. No soy humana.
Descendí para jugar en aquella laguna, pero sin mi "hagoromo"
no podré regresar. Por eso le pido que me la devuelva.
El joven avergonzado no pudo decir que él la
había ocultado y le dijo: "¡Yo no sé de qué me
hablas!"
Tanabata no pudo volver al cielo y no tuvo más
remedio que quedarse en la tierra.
Con el tiempo ambos se hicieron muy amigos y
posteriormente se casaron.
Después de unos años, Tanabata, cuando hacía
la limpieza de la casa, encontró el hagoromo. Sorprendida se
dirigió a su marido y le dijo: "¡Ah! Tú fuiste el que
tomó mi hagoromo. Ahora que ya la he encontrado tengo que
regresar al cielo. Si tú me amas, haz mil pares de sandalias de
paja y entiérralas en torno a un bambú. Si lo haces podremos
vernos nuevamente. Hazlo por favor. Te estaré esperando."
Diciendo
estas palabras Tanabata subió al cielo.
El joven se quedó muy triste y empezó a
hacer las sandalias de paja que Tanabata le había mencionado y
así poder verla.
Un día hizo mil pares de sandalias de paja y
las enterró en torno a un bambú.
En ese momento el bambú se alargó muy alto
hasta el cielo.
El joven se sorprendió mucho y dijo: ¡Ah,
Treparé el bambú y podré ver a Tanabata!". Y así lo
hizo, subió y subió y llegó a la punta del bambú pero éste
no llegaba al cielo. Le faltaba sólo un poco para llegar.
En realidad le faltaba un par de sandalias
para completar el millar.
El
joven dijo: "Me falta sólo un poco para alcanzar el
cielo" y exclamó "¡Tanabata! ¡Tanabata!"
Su voz alcanzó a Tanabata quien se puso muy
contenta y enseguida extendió su brazo y lo alzó.
Ellos muy felices se tomaron de las manos.
En ese momento apareció el padre de Tanabata
quien le preguntó: "¿Quién es ese hombre?"
Tanabata le contestó: "Este es mi
esposo."
El joven dijo: "Mucho gusto."
Al padre no le gustaba que Tanabata se haya
casado con un humano y preguntó al joven: "¿Que trabajo
tiene?"
El joven le contestó: "Soy
labrador."
El padre dijo: "Bueno durante tres días
cuida mis tierras."
"Sí. Entendido.", respondió el
joven.
Tanabata
le dijo a su marido que su padre le estaba haciendo una trampa y
que aunque tuviese sed no comiese ninguna fruta pues le ocurriría
algo malo."
El joven se puso a cuidar las tierras.
Pasaron los días y empezó a tener mucha sed. "Tengo mucha
sed. Ya no puedo aguantar. Sólo un poco....."
En eso, las manos del joven se dirigían a la
fruta inconscientemente. La tocó y de ella empezó a salir
mucha agua, convirtiéndose en un río, el "Amanogawa".
El
joven y Tanabata quedaron separados por Amanogawa y ambos se
convirtieron en estrellas, las estrellas Vega y Altaír.
Desde entonces, la pareja con el permiso del
padre, puede encontrarse sólo un día al año, el siete de
julio.
Ambas estrellas aún brillan en el cielo.
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