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Hace
mucho, mucho tiempo, vivía un kappa en un pantano de un pueblo.
Este andaba cometiendo maldades por todas
partes, por eso todo el mundo lo aborrecía.
Un día llegó al pueblo un "bonzo"
quien se enteró sobre este asunto y enseguida se dirigió al
pantano para conversar con el kappa.
Allí se puso a llamarlo: "¡kappa!"
"¡kappa!" "¿Dónde estás?"
En eso del agua salió un kappa.
El bonzo le preguntó: "¿Por qué haces
cosas malas?"
El kappa le contestó: "Porque estoy muy
triste. ¡Mírame! soy deforme, no soy humano ni pez. Así no
puedo hacer amigos, por eso a veces hago alborotos. Cuando
vuelva a nacer, quisiera ser un humano. ¿Qué podría hacer
para lograr eso?"
El bonzo le contestó: "Tienes que
ayudar a los necesitados" y se marchó.
En el verano de ese año se atravesaba una
larga sequía.
Los aldeanos ya no tenían comida ni agua,
estaban en un apuro.
En ese momento se apareció el kappa y les
dijo: "Déjenme suplicar al dios y pedirle que llueva para
ustedes."
Ellos
no creían ni una palabra de lo que decía y lo ataron de manos
porque pensaban que nuevamente haría alguna cosa mala.
Pero de nuevo volvió a repetir lo mismo:
"Déjenme suplicar al dios y pedirle que llueva para
ustedes."
Ellos, al ver que lo decía en serio le
pidieron que lo haga.
El kappa continuó orando al dios durante
muchos días diciendo: "He estado haciendo muchas cosas
malas y causando molestia a los aldeanos de este pueblo. Doy mi
vida a cambio de que llueva."
Los aldeanos también continuaban orando.
Unos
días después empezó a llover, pronto llovió a cántaros.
Ellos se pusieron muy contentos y aclamaban
por todas partes: "¡Gracias a kappa!"
Pero kappa ya había muerto.
Al siguiente año de nuevo pasó por el
pueblo aquel bonzo y se enteró de lo ocurrido.
El dijo: "Kappa expió sus pecados y por
eso quizá vuelva algún día cuando vuelva a nacer como
humano."
Así los aldeanos vivieron agradecidos para
siempre al kappa.
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