El combate de pampa Germanía
(6 de Noviembre de 1879)
por Jorge Ojeda Frex
Apenas terminado el desembarco en Pisagua, se recibió la información de que las avanzadas aliadas llegaban ya a la estación de San Roberto, la incertidumbre se apoderó del comando chileno, ¿Podrían los aliados tener tanta movilidad que les permitiera concentrar con tanta velocidad sus tropas contra la cabeza de playa?, lo cierto era que el ejército chileno se encontraba desprovisto del más esencial elemento de todos los necesarios para la "Guerra del Desierto", el agua, por lo que la llegada de las tropas aliadas antes de que se pudiera ampliar el perímetro defensivo o siquiera instalar las maquinas destiladoras de agua podía tener resultados fatales.
Lo cierto es que para tranquilidad de los chilenos los aliados habían concentrado la mayor parte de sus tropas en los alrededores de Iquique en el Sur, además carecían de los elementos más indispensables de movilidad, incluso de haberlos tenido, la verdad les hubiera tomado varios días, concentrar sus tropas para la marcha y algunos más para cruzar la distancia hasta Agua Santa terminal del ferrocarril de Pisagua, donde el Coronel Suárez había instalado un depósito, y el lugar donde el General Buendia había determinado realizar la concentración.
Para tranquilizar los ánimos y determinar la veracidad de la información el Secretario del Comandante en Jefe, Teniente Coronel de la Guardia Nacional José Francisco Vergara se ofreció voluntariamente a realizar un reconocimiento hasta San Roberto, comisión que fue aprobada por el General Escala, así acompañado de cinco oficiales se dirigió al lugar, en donde no encontró absolutamente nada, por lo que retornó rápidamente a Pisagua y donde confiado por dicha exploración propuso realizar un reconocimiento mayor, a lo cual nuevamente accedió Escala, poniendo bajo su mando al I/"Cazadores", este escuadrón, que estaba bajo el mando del Capitán Barahona, a la vez comandante de la 1° Compañía, contaba con solo 50 hombres en su 2° Compañía (Compañía del Capitán Parra), puesto que los otros 75 habían quedado momentáneamente como Guarnición en Antofagasta, por lo que el escuadrón tenía un efectivo de 175 hombres y no de 250.
Por su parte Buendía había logrado reunir el dos batallones bolivianos a los restos de los dos destruidos en Pisagua y esperaba ansiosamente el cumplimiento de su orden de concentrarse en Agua Santa, lo cierto fue que las tropas aliadas, a pesar de los esfuerzos desplegados, no consiguieron realizar la marcha desde Pozo Almonte a Agua Santa, por lo que el Coronel Suárez, jefe del Estado Mayor del 1° Ejército del Sur peruano, despacho al Teniente Coronel Sepúlveda al mando de unos 110 jinetes de los Regimientos "Bolívar" N°1 de Húsares y "Húsares de Junín" a fin de poner en conocimiento de su superior la imposibilidad de marchar al norte y de recomendarle que el con su fuerza más pequeña se dirigiese a Pozo Almonte.
En tanto Vergara ya estaba en marcha, siguiendo la línea férrea llegó a la estación de Dolores donde descubrió que el pozo se encontraba intacto, así como dos estanques de agua embarcados en carros estanques, la suerte sonreía a los chilenos, podían situarse en una posición natural estratégica desde donde interrumpir las comunicaciones entre las fuerzas aliadas de Tarapacá y Tacna, además ya podía disponerse de agua en abundancia, con lo que se rompía la dependencia de las resacadoras, rápidamente Vergara envió una comunicación al comando del Ejército, a fin de que este enviara tropas a consolidar su descubrimiento, Vergara decidió avanzar aún un poco más antes de volver a Dolores a esperar a las tropas de Escala.
Mientras tanto, Buendía recibía las noticias del Teniente Coronel Sepúlveda y dudaba, hasta la llegada de una pequeña locomotora que con su pito y a grandes gritos el conductor anunciaba la inminencia de la llegada del ejército chileno, Buendía fue ahora el sorprendido por la noticia de que una gran fuerza se dirigía hacía él, sorprendido por lo que creía una fuerza mayor, ordenó a los batallones bolivianos cargar todo lo que pudieran del depósito e incendiar el resto, terminado esto ordenó iniciar la marcha hacía el sur dejando para proteger su marcha a los jinetes de Sepúlveda, estos se situaron en un corral en pampa Germanía, un poco al sur de Agua Santa.
Vergara en tanto había despachado como avanzada a unos veinte hombres al mando del Alférez Lara, quien se dirigió hacía pampa Germanía, de pronto la sorpresa de los chilenos y aliados fue mayúscula al encontrarse frente a frente, los aliados reaccionaron primeros parapetándose en su corral y abriendo fuego contra los hombres de Lara, alertados por las detonaciones el resto de la fuerza chilena avanzó al galope pronto uniéndose a la avanzada, es en ese momento en que apreciando rápidamente la situación Vergara ordena a los Cazadores desplegarse y cargar con sus sables al tradicional grito de carga de la caballería chilena, "Los ponchos a la cintura, los sables desenvainar por dios y santa María, carga la caballería, Galope, Carrera, marrrr", los Cazadores cargaron sable en mano en medio de un ensordecedor chivateo contra los húsares aliados, quienes superados en número y ferocidad fueron arrollados por los chilenos.
Al termino de la acción unos sesenta cadáveres aliados quedaban en el campo, entre ellos el Comandante Sepúlveda, los demás desbandados. En el lado chileno las bajas eran solo tres muertos y seis heridos, entre los últimos el alférez Lara. Despejado el sector de aliados Vergara ordenó el regreso a Dolores.