Orilla Opuesta
Orilla
Opuesta. Blanca Castellón. Editorial Instituto de Estudios
Modernistas,
Valencia, España/ Managua, Nicaragua, 2000. 92 páginas

Por
Gioconda Belli
Con este poemario,
Blanca Castellón ganó el I Premio Internacional "Instituto de Estudios
Modernistas" de Poesía, 2000. El poemario consta de siete secciones que
responden, nos parece, en el caso de "Recortes" y "Creciente
Virtual", a un criterio de estilo más que de temática. Las otras secciones
parecen ordenadas de acuerdo a las pulsaciones poéticas de la autora.
Este poemario me
confirma, a mí en lo particular, el crecimiento y la afirmación estilística de
Blanca. Si en sus primeros libros, nos asomábamos a un acontecer misterioso de
la palabra, interrumpido por relámpagos certeros como las flechas de Zeus
tonante; en este libro no tenemos que adivinar la claridad del lenguaje
poético, porque aquí ya la poeta ha pasado de la intuición a la certeza. Esa seguridad
en la armazón y la razón de ser del poema se hace patente. El misterio poético
tiene ahora que ver con la revelación que se hace, en el verso, de la palabra
en sí como portadora de códigos que van más allá de lo aparente, de lo que se
acepta como real o como posible. Estos poemas de Blanca, me hicieron pensar en
las pinturas de Remedios Varo, la surrealista mexicana, de origen español.
Igual que Varo nos deslumbra con visiones fantásticas de la feminidad profunda
e ignota, Blanca también nos obliga a asomarnos a lo que la palabra puede hacer
que suceda. Su palabra, por ejemplo, hace surgir "palabras entrenadas para
caminar descalzas", rosas que se ahorcan en rosales, epidemias de luces,
bocio de las galaxias, vegetarianos que consumen carne de mujer con deleite,
racimos de huellas...Uno no sabe por dónde va a salir el conejo del poema, o si
será el poema el que saldrá del conejo. La sorpresa nos espera a la vuelta de
cualquier verso, como cuando dice "había nubes con la marca de tus dientes
en el borde", o habla de la "manía de recoger la pelusa que suelta la
desolación" Esta es una poesía que no trata de explicar el mundo, si no
que más bien parte de aceptar lo inexplicable como un hecho inevitable de la
existencia; un hecho poético además. La poeta es entonces observadora que sólo
confía en aprehender la irrealidad y hacer con ella un lenguaje que le permita
respirar. No es casual que una de las secciones se llame "Respiración del
enigma"; o que diga al cierre de un poema: no canto lo que debo/ debo lo
que canto.
Tengo que confesar que
viniendo de una poesía preocupada por explicar y discutir la realidad, no me he
sentido muy atraída hacia los mundos herméticos que otros poetas proponen. Me
doy cuenta, sin embargo, que no es el hermetismo el problema, sino el hecho de
que, a menudo, la obsesión por la forma termina por asfixiar el aliento
poético. En el caso de Blanca, esto no sucede. La experiencia de leerla es la
de asomarse a un espacio donde la belleza flota como un espíritu sobre las
aguas y hay dentro del poema una vitalidad que se percibe, si no con la razón,
con la piel y los poros.
Me pareció que en el
poemario "Orilla Opuesta", las primeras secciones son las más
logradas. En "Recortes" y "Creciente Virtual" no sentí el
mismo trabajo o experiencia estética de los poemas previos. El ritmo, la
cadencia interior en estas secciones tiende a tornarse repetitiva, y se percibe
un sabor a fórmula en la manera de invocar la poesía. Si bien la fórmula es la
suya propia, nos parece que hay suficiente originalidad en la voz poética de
Blanca como para que no se conforme, ni nos dé menos que las epifanías que
logra de forma tan certera y bella.
Managua,
11 de Noviembre, 2000