AMA
DEL ESPIRITU

Amanecí
con el espíritu
denso,
cargado de sal
como el
Mar muerto,
con la melancolía
flotando
sin ningún esfuerzo.
Arrugué la mañana
y decidí tirarla
al cesto del olvido,
después de todo
no era más
que el borrador
de otras mañanas
mucho más limpias.
A Luis
Sólo en el vigoroso
hueco de tu mano
alcanza entera
mi feminidad
y entre sus líneas
se ahorca gustosa
mi libertad.
La fosa abierta
para alojar momentos
que se van muriendo
panales listos
para abrigar sentimientos
que me van
naciendo...
Albergo vidas
que no han crecido
y muertes que
no he sepultado.
Es débil mi retina
no logra sostener
la pesada apariencia de las
cosas.
Frente a una
foto
antigua y
amarillenta
descubriendo
miradas
vaporosas,
ingenuas,
encajes y
fustanes
varios,
señores de
grandes
bigotes y
trajes sin
par;
lirios
apagados
y espesos
cortinajes
hundida en la
época
perdida en la
vitrola
y en las
calles de
piedra;
entre faroles
nublados de
luces
moribundas.
Cansada
de los mismos rostros
de los mismos cuerpos
de las mismas voces
mientras las luces duermen
ese gato
-con una historia rayada
sobre su piel felina-
aguarda callado en la ventana.
Y yo tropiezo con la mirada
-fija y preciosa-
del milagro vigilante
en el ojo inmenso
de ese gato.
Es savia que huele
a jocote verde
que humedece de vida
a las montañas
para que conozcan
días nuevos
en su intimidad.
En sangre caliente
que cultiva mi
geografía
que palpita dentro
de mi propia
historia
que se vuelve fuego
y quema la garganta.
Es savia batida
que se asienta luego
en mis palabras.
Si se escuchara
mi grito carbonizado
si llegasen
a encontrar los huesos
desgastados de mis
sueños
si lograran
identificar
los maxilares
que masticaron
estas palabras
seguramente
habré escrito poesía.