Confesiones de un príncipe y una princesa. ¿Será  cierto que después de la tempestad llega la  calma?

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Notas

Los personajes de Slayers pertenecen a  su creador.

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La sorpresa de la princesa al ver acecarse al  príncipe Gourry fue indescriptible. La capitana del Ruu Miko le había informado  de su presencia en el momento de su llegada y ahora lo tenía frente a sí.  Zelgadis había protestado visiblemente al enterarse de quién estaría hablando  con la princesa, pero finalmente Val lo disuadió, dando como excusa que la Ruu  Miko deseaba hablar con él.

Gourry hizo una profunda reverencia ante la  pequeña figura.

"Princesa Amelia." Dijo tomando la delicada mano y  plantando un tímido beso.

"Príncipe Gourry." Respondió la aludida con una  graciosa reverencia.

"Estaba muy preocupado por su  bienestar."

"Lamento haberle hecho pasar momentos tan difíciles, Ruu Miko  me contó lo sucedido antes que usted abordara el barco."

"Eso no importa  ahora Amelia, sólo deseaba hablar contigo, pero cuando fui a buscarte a palacio  ya habías huido. ¿Tan detestable soy a tus ojos?" Preguntó el  príncipe.

"Gourry, no es eso, sólo estaba asustada..." Suspiró y tomó las  manos de Gourry. "Siempre hemos sido buenos amigos, como hermanos. Simplemente  me asustó la idea de que nuestros padres tuvieran otros planes en  mente."

"Ahh... lo sé Amelia, tampoco estoy de acuerdo con eso. Pero no  debiste escapar, sólo se ha vuelto un problema más complicado." La princesa bajó  la cabeza avergonzada. "Lo sé... he sido muy egoísta." Gourry la tomó del mentón  con suavidad.

"Pero ahora que lleguemos a palacio, vamos a poner algunos  puntos en claro con nuestros padres, ¿qué te parece?" Le sugirió con una  sonrisa.

"Por mí está perfecto." Le dijo, abrazándolo emocionada. Gourry  le devolvió el abrazo, el tierno abrazo de un gran  amigo.

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A insistencias de Lina, Val había dejado a la  capitana del Ryuu Dorei sola con Zelgadis. La quimera se veia realmente  inquieta, sentada en la parte más alejada del cuarto. Lina no hizo ningún  intento por acercarse, en caso de la cercanía provocara a lo que ella pensaba  era un poderoso y vicioso demonio.

"Y bien..." Comenzó. "Supongo que  puedes hablar." Un movimiento positivo por parte de la quimera fue la única  respuesta.

"El capitán me comentó que te llamas Zelgadis."

"Hai."  Respondió roncamente.

"¿Cuánto tiempo hace que eres propiedad del  capitán?" Le hablaba como si hablara de negocios. Cosa que no estaba muy alejada  de la realidad, pues pensaba tratar de convencer al capitán para comprarle la  quimera.

"¿Nani?"

"Ummhh... ¿cuánto tiempo hace que estás en este  barco?"

"Tres años... Y no soy propiedad del capitán." Lina sonrió,  realmente tenía espíritu.

"¿Entonces qué significan esos grilletes en tus  manos?"

"Son para controlar mi magia."

"Entonces el capitán sí te  controla."

"¡No!, son para yo poder controlar mi magia, aún no sé cómo  hacerlo..." El final lo dijo muy por lo bajo.

"¿Qué sabes hacer?" La  quimera lo pensó un momento, se concentró.

"¡Luz!" Y una pequeña esfera  de luz apareció, desapareciendo segundos después. Lina pareció un poco  desilusionada.

"¿Sólo eso?" Preguntó desilusionada.

"Puedo  detectar fuentes de magia, bloqueos magicos, como los de tu  barco."

"Cierto... Eres muy bueno en eso." Dijo  pensativa.

"Jummhh.." La miró con desconfianza.

"¿Te gustaría  aprender algunos hechizos?" Le habló con cautela.

"¡No!"

"¿Por qué  no?" Preguntó levantando la voz.

"No confío en tí." Le respondió  bruscamente.

"Ahh, pero qué genio." Se burló Lina.

"Gggrrrr...."  Una leve aura azul cubrió la forma de la quimera momentaneamente.

"Dicen  que las quimeras son rápidas aprendiendo... Supongo que ese no es tu caso." Dijo  burlonamente.

Zelgadis sentía deseos de llamar a gritos a Val, pero el  tiempo que había pasado con la princesa le había dado algo más de confianza. De  repente recordó el hechizo que usara la peliroja al enviarle la señal al Ryuu  Dorei. Sonrió malignamente.

"¡Bola de Fuego!" Lina reaccionó de  inmediato.

"¡Flecha Congelante!" Ambos hechizos se cancelaron de  inmediato. Ahora Zelgadis sabía dos hechizos nuevos.

"¡Flecha  Congelante!, ¡Bola de Fuego!" Lanzó ambos hechizos y Lina los canceló de  inmediato con sus respectivos ataques.

*Sorprendente.* Pensó para sus  adentros, simplemente la quimera aprendía a velocidad luz. Sonrió  nuevamente.

"Vamos piedrecita, veamos que más puedes hacer." Lo molestó  Lina saliendo por la puerta del camarote.

"Aaaarrggggghhhhh..." Y salió  tras la hechizera.

Gourry y Amelia se volvieron sorprendidos al ver a  Lina y a Zelgadis en una especie de cacería tipo gato y ratón, utilizando  hechizos leves. "¡Zelgadis-san!" Gritó la princesa preocupada.

Mientras  tanto Lina reía como fuera de sí, la necesidad de sacar un poco el estrés que se  había concentrado durante esos últimos días le provocaba todo tipo de reacciones  incoherentes.

"¡Levitación!" La quimera la observó unos  segundos.

"¡Levitación!" Rugió Zel y la batalla continuó en el aire con  hechizos un poco más fuertes.

"Parece que Zelgadis-san está muy  enojado..." Murmuró Amelia.

"Y parece que Lina está disfrutándolo."  Agregó Gourry.

"Gourry... ¿Crees que Ruu Miko vaya a lastimar a  Zelgadis-san?" Gourry negó suavemente.

"No lo creo Amelia, es sólo que  Lina guarda demasiada energía."

"¿Demasiada energía?"

"Ahh... creo  que sí." Observaba a Lina  embelesado.

"¿Gourry?"

"¿Umhh...?"

"¿Estás enamorado de la  Ruu Miko?"

"¿Nani?"

"Es que... la observas como si..." Suspiró.  "Nada..."

Al cabo de un buen rato de silencio entre ambos, Gourry observó  de reojo a Amelia.

"Amelia... ¿sientes algo por  Zelgadis?"

"¿Nani?"

"Es que lo observas como si..." La princesa le  devolvió una sonrisa de complicidad.

Ambos estaban sintiendo lo mismo,  ambos estaban pensando lo mismo. Mientras observaban a las dos figuras, una  riendo y otra gruñendo, ambos desearon que la aventura no llegase a su  fin.

*******

Finalmente estaban rumbo al puerto de Seiryuun. El  Hanzoku y el Ryuu Dorei flanqueaban los costados del barco del embajador quien  finalmente había sido convencido por su esposa de que todo estaría  bien.

Aunque la princesa no había logrado convencer al embajador de  viajar en el Hanzoku con Zelgadis, el embajador había permitido que la quimera  los acompañara durante el viaje diurno, con la condición que regresa al Hanzoku  en la noche. El príncipe Gourry se había decidido pasar el viaje de regreso en  el Ryuu Dorei.

Para regresar a Seiryuun los barcos tenían que pasar muy  cerca de la ruta denominada Paso de la Muerte, pues sólo un estrecho paso era  seguro para los barcos, el resto de la ruta estaba llena de piedra sumergida y  coral. Se habían decidido a pasar los barcos uno tras el otro, con el Ryuu Dorei  al frente, ya que Lina podía dirigir mejor el barco gracias a su  magia.

Sin embargo, esa mañana el cielo estaba cubierto por oscuras nubes  que impedían el paso del sol. Lo más lógico era pasar la tormenta antes de  llegar a la ruta, ya que si la tormenta los alcanzaba dentro de la misma, sería  imposible no chocar. Los tripulantes de las tres embarcaciones se preparaban  para el inminente paso de la tormenta.

"¡Jiras! ¡Aseguren las velas!"  Gritaba Val.

"Sí mi capitán."

Las nubes se fueron ennegreciendo y  un relámpago estremeció los cielos.

"Uhh... parece que esta chica esta  enojada." Comentó Lina con seriedad y ordenó medidas adicionales para asegurar  la embarcación.

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Las olas comenzaron a azotar furiosas los  costados de los tres barcos y los marineros se entregaron a la faena de mantener  los barcos a flote. En el interior del barco del embajador, Amelia, Filia y  Xellos se encontraban en uno de los camarotes mientras el capitán del barco y el  resto de la tripulación luchaban contra la tormenta.

"Ojalá Zelgadis-san  estuviera aquí" Gimió la princesa mientras se aferraba a Filia, Xellos a su vez  las abrazaba a ambas en un intento por evitar que rodaran por el camarote por el  fuerte vaivén del barco.

Según avanzaba la tormenta sobre los barcos, las  olas se levantaban más altas y Lina, en un esfuerzo por defender los tres  barcos, comenzó a lanzar algunos hechizos para contrarrestar la fuerza del mar  sobre los barcos. Zelgadis, desde el Hanzoku, se percató de lo que Lina  intentaba y de inmediato comenzó a imitarla. Sin embargo, el barco del  embajador, al estar más lejos de los primeros dos, no podía beneficiarse  totalmente de la magia.

En el interior del camarote, la cama sobre la  cual se encontraban los embajadores y la princesa, se safó de los seguros,  provocando que los tres personajes fueran a dar al piso y comenzaran a rodar  lanzados por el fuerte vaivén.

La princesa fue lanzada contra una de las  mesas, recibiendo un golpe que la dejó sin aire. Xellos rodó en la dirección en  que la cama había rodado, golpeándose con el borde de madera cuando la cama se  detuvo abruptamente en el otro lado del camarote. Filia había logrado aferrarse  de los ganchos rotos que momentos antes sujetaban el pesado mueble en su  lugar.

"¡XELLOS!" Se escuchó el grito desesperado de Filia. Pero suspiró  aliviada al verlo ponerse en pie rápidamente e indicarle con la mirada que  estaba bien.

"¿Princesa Amelia?, ¿está usted bien?" Preguntó Filia  preocupada.

"¡Hai!" Xellos se dirigía lentamente hacia donde se  encontraba Filia cuando el barco se ladeó del lado contrario, provocando que la  pesada cama de madera se resbalara ahora en la dirección a donde se encontraba  Filia.

"¡Sora!" Gritó la princesa y Filia cerró los ojos al ver el mueble  resbalar en su dirección.

Xellos corrió hasta donde estaba Filia y la  abrazó fuertmenete antes que la cama la golpeara. Filia sólo sintió que la  fuerza del golpe le comprimía los pulmones. Al abrir los ojos se percató que el  golpe lo había recibido Xellos y no ella, sin embargo, seguían pillados entre la  cama y la pared.

"Tenemos que salir de aquí Filia." Susurró dolorosamente  Xellos. La princesa trató de mover el mueble en vano, pero uno de los vaivenes  del barco hizo que rodara un poco y aprovechó el impulso para terminar de  empujar la cama.

"Vamos al otro camarote Filia, ¿puedes caminar?" Le dijo  Xellos intentando ponerse en pie.

"¡Hai!" Le contestó, y le ayudo a  enderezarse. Con mucha dificultad alcanzaron la puerta y dando tumbos en el  pasillo, lograron llegar al siguiente camarote. Al parecer todo estaba en su  lugar y habían varias camas ligeras, correspondientes a los tripulantes del  barco.

En el momento en que acomodaron a Xellos en una de ellas Filia se  percató que una ligera línea roja le bajaba por la comisura de los  labios.

"¡Xellos!" Gritó con la voz entrecortada. Los ojos del embajador  no le respondieron, parecía estar perdido en sus pensamientos. De inmediato  desató los cordones de la camisa y la abrió. En el costado tenía una marca de  color rojo muy oscuro. Al pasar la mano sobre el golpe sintió los huesos de la  costilla hundirse suavemente, lo que provocó una oleada de dolor al  embajador.

"¡Amelia!, Xellos necesita al doctor, ahora." Le dijo mientras  lo recostaba cuidadosamente en la cama.

"Pero debe estar ayudando al  resto de la tripulación Filia." Le dijo preocupada la princesa.

"Iré por  él."

"Filia, ¡espera!" Pero Filia ya salía del camarote en busca del  doctor.

Se sujetó del pasamanos que conducía a cubierta y una vez arriba  el viento comenzó a azotarla.

"¡¡Doctor!!" Gritaba mientras el viento  arrastraba su voz. Trató de distinguir entre los tripulantes al mencionado  doctor. Cerca de proa le pareció ver el uniforme que usualmente vestía el  hombre. Salió completamente de las escaleras tratando de alcanzar las sogas de  seguridad atadas al mastil, pero el vaivén del barco la hizo perder el  equilibrio. Rodó un poco, los cabellos se le soltaron y se le enrrollaban frente  a los ojos, dificultándole la vista.

"¡¡Doctor!!" Volvió a llamar. Trató  de ponerse en pie nuevamente y en ese momento pudo distinguir al Hanzoku y al  Ryuu Dorei, la quimera y la Ruu Miko iluminando la tormenta con sus hechizos.  Era realmente impresionante, pero el descuido le costó demasiado. El barco  volvió a ladearse y ella rodó hasta la barandilla, la cual golpeó, quedando  aturdida. Trató de sujetarse pero le fue imposible y cayó al  agua.

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El agua estaba congelada, y las ropas se le  volvieron pesadas, la tela de la falda dificultándole el movimiento de las  piernas. Le era demasiado difícil mantener la cabeza a flote y con las fuertes  olas pronto era sumergida de nuevo. *Voy a morir*, fue el único pensamiento de  Filia antes de volver a hudirse en el agua. Esta vez no tuvo las fuerzas para  volver a la superficie. Los pulmones le ardían por la falta de  oxígeno.

Poco a poco los pensamientos se fueron nublando, hasta que sólo  quedó uno en su mente... *Xellos*. Tenía que regresar a él, no podía dejarse  vencer tan facilmente. Las ropas le hacían tan dificil moverse, el frío le había  entumecido los brazos y las piernas.

Un leve roce sobre su cabeza llamó  su aletargada atención. Unos brazos la tomaban de la cintura fuertemente y  comenzaban a subir, apenas tuvo su cabeza fuera del agua perdió el  conocimiento.

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Filia despertó en un camarote que ya le era  muy conocido, estaba en el Hanzoku. El cuerpo le dolía un poco, pero nada serio.  Al concentrarse un poco, pudo percatarse de que no estaba sola. La princesa  estaba sentada a su lado, la quimera muy cerca de ella. Cerca de la puerta pudo  percibir un reflejo de cabellos acuamarinos, paseandose cansadamente de un lado  a otro.

Finalmente, en una esquina, un reflejo de cabellos púrpuras.  *Xellos...*, trató de concentrarse en la escena.

Xellos estaba reclinado  en una de las sillas, sin su camisa y la Ruu Miko al parecer, acariciaba el  costado de su esposo como si fuera lo más natural del mundo.

"¡¡XELLOS  METALLIUM!!" El grito de la embajadora sobresaltó a todos en el camarote. "¿QUÉ  ES LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO?" De inmediato Xellos se puso de pie, sin prestarle  atención al dolor que aún sentía en su costado y estuvo al lado de  Filia.

"Filia, amor, tranquila, no es lo que estás pensando." Le dijo un  poco nervioso.

"Embajadora Filia, debe descansar... no le hará bien  sobresaltarse." Añadió el capitán Val.

"EXIJO UNA EXPLICACION..." Gritó  la embajadora, antes de sentirse completamente aturdida y volver a caer sobre la  cama profundamente dormida.

Todos la miraron confundidos y Amelia puso su  cara más inocente. De hecho, había aplicado un hechizo de sueño a la embajadora,  pero nadie se había percatado.

"Si así es como suele despertar en las  mañanas..." Dijo el capitán mientras una gota de sudor rodaba por su frente.  Xellos le devolvió una mirada tensa, pero no dijo nada, gracias a la rápida  reacción del capitán Filia se encontraba a salvo en el Hanzoku, le debía un  enorme favor.

Durante la tormenta, la embarcación del embajador había  perecido, de no haber sido por los tripulantes del Hanzoku y del Ryu Dorei, no  lo estuvieran contando. El embajador daba gracias de que nada más había sucedido  y que todos estaban bien en lo que se podía.

Ambos barcos se hallaban muy  cerca de la Paso de la Muerte y hasta que la Ruu Miko no estuviera del todo  recuperada del enorme esfuerzo que había hecho durante la tormenta no iban a  arriesgarse a cruzar. Aún así, estaba tratando de ahorrarle al embajador la  molestia de esperar días para mejorarse.

"Embajador, ¿podemos continuar?"  Le sugirió la capitana.

"Hai." Dijo acariciándo una vez más los cabellos  de Filia. Luego regresó a la silla donde ahora se encontraba también la quimera.  Se detuvo indeciso.

"No se preocupe embajador, estoy segura que Zelgadis  puede ayudarme sin problema." Le dijo muy risueña la Ruu Miko dándole una  guiñada. El embajador la miró sumamente confundido, pero al fin y al cabo  asintió y se acomodó nuevamente en la silla. Ahora dos pares de manos se  pusieron a trabajar.

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Lina observaba a lo lejos el paso que  debían cruzar dentro de poco. Tenía un mal presentimiento. No acerca del paso  sino de lo que les esperaba al otro lado. Por alguna razón su instinto le  indicaba que algo andaba mal. Zelgadis también tenía el mismo presentimiento. No  estaba seguro, pero definitivamente algo los estaba esperando del otro  lado.

Ninguno de los dos podía acertar. Luego de la tormenta y de haber  tenido que sanar a varios de los tripulantes por heridas menores, incluyendo el  embajador, aún no se habían recuperado del todo. Y en el momento en que cruzaran  el paso, Lina estaría aún más debilitada pues necesitaba su magia para poder  pasar sin incidentes.

Pero Lina no se iba a dejar intimidar ni siquiera  por lo desconocido, no lo había hecho antes, tampoco lo haría ahora. El Ryu  Dorei estaba preparado para afrontar cualquier ataque. Por lo que decidió que  mientras más pronto estuvieran del otro lado, más pronto podrían enfrentar y  vencer el próximo obstáculo.

Lentamente los barcos se alinearon uno tras  el otro, el Ryu Dorei al frente, seguido por el Hanzoku.

"¡LEVITACION!" Y  la Ruu Miko se elevó por los aires, gritando ordenes y dirigiendo el barco.  Varias veces se detuvo a descansar cuando el paso era lo suficientemente  despejado como para permitir un buen tramo de navegación sin contratiempos. Al  cabo de varias horas, ambos barcos estaban al otro lado del paso, sin mayores  daños.

"Buen trabajo Lina."

"Gracias Gourry, pero aún no ha  terminado." Dijo tratando de encontrar lo que Zelgadis y ella habían percibido  antes de cruzar el paso pero el cansancio no les había permitido.

"¿Qué  es lo que sucede?" Preguntó un tanto preocupado.

"No sé, no sabría  explicarte, pero es como... una presencia."

No bien había señalado hacia  el costado del barco cuando una enorme explosión se escuchó retumbar. Sonido de  cañones.

"¡CUIDADO!" Gritó Lina. Pero la pesada bala impactó la fragata  antes que pudiera siquiera hacer nada para protegerla.

"¡KUSO! PREPAREN  LA ARTILLERÍA." El Ryu Dorei estaba bajo fuego y pronto el Hanzoku lo estuvo  también. Aún no podían descubrir quién los estaba atacando. Pero la fuerza del  ataque hacía suponer que el enemigo los aventajaba por  mucho.

"¡GOURRY!"

"¡Hai!"

"Haz señas al Hanzoku, trataré de  distraer a lo que sea que nos esté atacando y mientras tanto deben aprovechar la  distracción y adelantarse. Yo los seguiré después." "¡Enseguida!" Y Gourry  desapareció entre los tripulantes. Mientras tanto, Lina ordenó girar la fragata  de tal forma que el Hanzoku quedara cubierto tras el Ryu Dorei. Cada vez que  podía discernir una bala de cañón aproximándose, la repelía con una bola de  fuego.

*¡Kuso!, ¿por qué no se dejan ver?* Pensaba Lina tratando de  adivinar dónde se encontraba el barco enemigo. *Es como si estuviera en todas  partes...*

El ataque continuaba sin aparente progreso para ninguna de las  dos partes. El Hanzoku, siguiendo las ordenes de Lina, los había rebasado por el  lado contrario y aparentemente el enemigo no le había prestado importancia. Lina  comenzaba a fatigarse un poco.

*Este no puede ser el ataque real... Sólo  están drenando mis energías. ¡Kisama!* Otra bala de cañón pasó sus ya  debilitadas defensas y golpeó el primer nivel del Ryu Dorei.

Lina  continuó repeliendo el ataque, pero su instinto le decía que bajo aquel ataque  había algo más. Le era imposible discernir algo concreto en la dirección de  donde provenía el fuego y sentía como si todo a su alrededor estuviera  impregnado con la misma sensación. El Ryu Dorei atacaba sin descanso, pero  aparentemente disparaban al vacío.

*¡KUSO!, no puedo sentir nada en esa  dirección... a menos que...* Su mirada se dirigió al Hanzoku, que escapaba  velozmente y ya estaba bastante lejos del ataque. Un extraño escalofrío la hizo  estremecerse, justo al lugar donde se dirigía el Hanzoku percibió una  concentración de magia.

Dirigió su vista al cielo, un cielo claro, sin  nubes, extremadamente brillante. *¿Hace cuánto tiempo que comenzó el ataque?,  ¿no se supone que ya el sol haya avanzado?*

"¡BOLA DE FUEGO!" Gritó  dirigiendo el ataque hacia arriba. La bola de fuego subió y de repente conectó  con algo sólido. Unas leves ondas se extendieron como quien deja caer una piedra  en el agua, revelando que se encontraban dentro de una especie de domo mágico.  Regresó su vista al Hanzoku.

*Si yo no soy el blanco real, entonces el  Hanzoku lo es.*

"¡BOMB DI WIND!" Y de inmediato la fragata comenzó a  moverse impulsada por el fuerte viento del hechizo.

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Ruu Miko
Capítulo 5
Tormenta
Capítulo 6
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