¿Cuán difícil es convencer a una  tímida quimera de cenar con una princesa? Depende de la motivación.

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Notas

Los personajes de Slayers  pertenecen a su creador.

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La princesa no fue regresada esa  noche al camarote que ocupara, se quedó en el camarote de la Embajadora, quien  agradeció al menos tener la compañía de la princesa y saber que estaba  bien.

Aún se hallaba un poco perturbada por lo que había sucedido la  noche anterior. Esa mañana, el capitán les había indicado que tomarían el  desayuno juntos, con el pretexto de conocer un poco más a sus  huéspedes.

El desayuno pasó muy normal a excepción de uno que otro  comentario mordaz entre el capitán y la Embajadora. La princesa por su parte, se  encontraba muy callada.

"¿Princesa... sucede algo?" Preguntó el capitán  cortésmente. Esto sacó a la princesa de sus pensamientos.

"Ahh...  disculpe Capitán Val, sólo estaba... pensando en... Pues... usted sabe, en su...  *mascota*." El capitán suspiró visiblemente.

"Sólo quería saber si se  encontraba bien."

"Su Alteza... lamento haberle mentido acerca del  ocupante de la jaula... Pero como sabrá, las quimeras son consideradas demonios  muy valiosos y peligrosos." Se levantó de la mesa y se dirigió a la ventana.  "Sin embargo, Zelgadis es una excepción, como ya se habrá dado cuenta. Hace unos  tres años que está en mi barco y sólo he logrado que confíe en mí." Dijo con  cierta cautela.

"¿Por qué lo mantiene en una jaula?"

"Piensa que  son seguras, dentro de la jaula nadie lo puede molestar si se mantiene la puerta  cerrada." La princesa se avergonzó visiblemente.

"No lo  sabía."

"No tenía forma de saberlo su Majestad. Pienso que quizás  Zelgadis ha sufrido demasiado. Cuando lo encontré se hallaba en penosa  condición, aún con su piel tan fuerte, tenía cicatrices y heridas profundas en  todo el cuerpo."

"¿Dónde lo encontró capitán?"

"Pues digamos que  lo... sustraje de un barco de piratas."

"Ladrón que roba ladrón tiene mil  años de perdón..." Murmuró sarcásticamente la embajadora. La princesa le dio una  mirada de reproche.

"Es extraño que un pirata sienta lástima hacia otro  ser viviente." Comentó la Embajadora en tono de burla.

"Extraño pero no  imposible." Agregó el capitán lo más cortésmente posible.

"De todas  formas, yo fui el responsable de lo que sucedió anoche, no debí poner a la  princesa en el cuarto de la quimera. Mis más sinceras disculpas su  Alteza."

"Baka." Musitó la Embajadora. Si el pirata la escuchó, no le dio  importancia.

"Es sólo que tenía la esperanza..."

"De que la  quimera asesinara a la princesa." Añadió la embajadora.

"¡Embajadora!"  Volvió a reprocharle la princesa. "¿Esperanza de qué capitán?"

"De que un  poco de compañía le haría bien... a la quimera quiero  decir."

"Pamplinas."

"Embajadora, ¿por qué tiene que ser tan  difícil una conversación cuando usted está incluida en ella?"

"Capitán,  usted insinúa que le hubiera agradado que la princesa iniciara una especie de  amistad con semejante aberración." Dijo la embajadora en un tono altanero. El  capitán se tensó.

"En primer lugar, Embajadora Filia, Zelgadis no es una  aberración. Es incluso más humano que algunos de los aquí presentes." La  Embajadora sintió la verguenza subirle al rostro.

"Luego, su Alteza  pareciera poseer algunas cualidades natas de comprensión y benevolencia que  quizás podrían romper las murallas emocionales que ha eregido Zel a su  alrededor." Ahora la princesa se había ruborizado por completo. El capitán  sonrió.

"Es sólo que Zelgadis es... muy tímido." La aseveración quedó  flotando un momento en el silencio. El capitán tomó asiento nuevamente, se alisó  un poco la camisa y continuó.

"Cambiando el tema de la conversación, les  tengo buenas noticias. El embajador de Wolfpack, ha enviado un comunicado,  comenzará los trámites para el regreso de su Alteza y la Embajadora. Pero antes  quiere ver por sí mismo que ambas se encuentren en perfecto estado, por lo que  nos dirigimos hacia aguas neutrales para reunirnos."

"Y establecer un  precio a nuestras cabezas."

"Yare, yare, Embajadora, siempre tan delicada  en sus expresiones." Le dijo en tono de reproche.

"Podrá ver al embajador  muy pronto mi lady, no se preocupe. Por lo demás, me gustaría proponerle a la  princesa una forma de reparar en algo el susto que le ha provocado a la  quimera."

La princesa llena de curiosidad, le prestó atención al  pirata.

"Trataré de convencerlo de acompañarnos a una cena dentro de dos  días, si le parece bien a la princesa y a la Embajadora."

"Acepto." Dijo  la princesa sin pensarlo.

"Princesa Amelia..." Dijo la Embajadora  sorprendida.

"Y si el capitán Val pudiera convencerlo antes de dos días  tampoco habría problema, estoy ansiosa por disculparme." Dijo levemente  sorprendida por su propia reacción.

"Muy bien entonces su Alteza, gracias  por la oportunidad. Ahora, si no es mucha molestia, deben regresar a su  camarote." La princesa y la Embajadora se levantaron y fueron escoltadas hasta  su habitación.

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Mientras tanto en el camarote de  Zel...

"Zel... Por décima vez..."

"¡No!" Gruñó la  quimera.

"¿A qué le tienes miedo?" Le ripostó Val.

"Es...  diferente." Dijo un tanto inseguro.

"Claro que es diferente, es una  chica, las chicas son diferentes... Agradablemente diferentes." Sonrió  pícaramente.

"No." Gruñó nuevamente.

"¡Kuso! No seas tan  testarudo, es sólo una cena." Dijo llevando las manos a sus cabellos en un gesto  desesperado.

"Ella grita..." Dijo haciendo un leve puchero.

"Esta  vez no lo hará, te lo prometo." Trató en su voz más convincente.

"No, es  definitivo."

"Quitaré los seguros de tu camarote y de tu jaula, es una  advertencia." Le dijo amenazadoramente.

"¿Los seguros? No serías capaz."  Murmuró con una expresión de terror.

"Claro que sí."  Gritó.

"¡¡¡Aarrgghhh!!!"

"Y no me gruñas, sabes que lo detesto."  Lo miró con enojo.

"Bien." Dijo finalmente vencido. "Pero sólo una cena."  Le advirtió. "Perfecto." El capitán suspiró aliviado. "Mañana en la  noche."

"¿¿¿Mañana???" La quimera levantó la voz asustada.

"Sí,  ahora sólo falta ver qué usarás para impresionar a la  princesa."

"¡Nani!"

"No querrás verte menos al lado de su Alteza  Real." Sonrió pícaramente.

"Me asustas cuando sonríes de esa forma."  Suspiró la quimera.

"Eres tan llorón como un pequeño de dos años." Lo  molestó el capitán.

"Ggrrrrr..." Y se abalanzó sobre el capitán  comenzando una furiosa batalla entre ambos.

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"¡Ruu Miko!,  ¡Ruu Miko!, un barco se acerca."

"¡¡Qué!!"

"Un barco, trae bandera  de paz, es un barco de su Majestad Philionel de Seiryuun."

"Gezz.. Qué  querrá su Majestad con nosotros y cómo encontró la isla?"

"No lo sabremos  si no vamos a investigar." Comentó Gourry.

"Tienes razón. ¡Atención  todos! Al barco, tenemos compañía." Gritó la capitana y en un momento todos sus  hombres de dirigían a la fragata armados hasta los dientes."

El nuevo  barco se acercó a una distancia prudente de la fragata y se detuvo. Un pequeño  barco fue lanzado al agua y un hombre subió a él. Al acercarse la capitana se  percató que el hombre llevaba señal de paz.

"Quietos todos." Ordenó.  Gourry se ocultó tras algunos de los miembros de la tripulación, con la mano en  la empuñadura de su espada.

"Ayúdenlo a subir."

Cuando finalmente  Lina tuvo una buena vista del hombre que acababa de abordar, no pudo menos que  suprimir un gesto de asombro.

Tenía todas las señas de ser una persona  importante. Sus cabellos, nítidamente cortados al hombro, eran de un perfecto  color púrpura. Sus ojos del mismo color, fríos al observarla. Su piel muy blanca  en contraste con la de sus tripulantes.

Se acercó a la capitana e hizo  una profunda reverencia.

"¿Ruu Miko?" Preguntó sacándola de su  admiración.

"La misma."

El hombre se irguió.

"Estoy aquí  para ofrecerle un trato."

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Los tibios rayos de sol se  fueron ocultando dando paso a la noche. La princesa Amelia había hecho prometer  a Filia que se abstendría de cualquier comentario fuera de lugar, que no  gritaría, que no discutiría con el capitán.

"Su Alteza, practicamente me  está diciendo que me quede callada?" La miró sorprendida.

"¡Exacto!" Le  sonrió.

"Pero... Pero..."

"Pero nada, Filia, tienes que verlo,  es... vaya, no sé cómo describirlo." Dijo con la mirada medio  entornada.

"Es una quimera, un demonio, un..."

"¡No!" La  interrumpió. "Es agradable."

"Pero sólo lo escuchó aullar su Alteza." Le  recordó.

"Es que me puse muy impertinente."

"Pamplinas." Y se  alejó de la princesa.

"Promételo Filia." La Embajadora lo pensó un rato y  ante la mirada testaruda de la princesa no pudo menos que aceptar.

"Lo  prometo."

"Me das tu palabra?"

"Te doy mi palabra, pero el  embajador me va a matar por eso." Dijo mientras acariciaba el anillo que rodeaba  su dedo anular.

"No se tiene que enterar."

"Sabes que se va a  enterar, siempre se entera." Dijo la Embajadora con desaliento.

"No nos  preocupemos ahora. Por favor, es sólo una cena."

Y antes que pudieran  seguir hablando una voz las interrumpió desde el otro lado.

"¿Alteza?  ¿Está lista?"

"Positivamente." La puerta se abrió y un muy elegante  capitán apareció en la puerta. Ambas contuvieron el aliento. El capitán lucía  sus mejores galas, sus largos cabellos acuamarinos atados en una simple cola.  Una camisa blanca, con delicados olanes en el pecho y en las mangas. Una casaca  acuamarina, un poco más oscura que el cabello del capitán. Vestido de esa forma  aparentaba menos edad y la crudeza de sus dorados ojos se atenuaba.

"Por  aquí su Alteza, si me permite." Y le extendió un brazo al cual la princesa se  sujetó de inmediato guiñándole un ojo a Filia. La Embajadora suspiró resignada y  siguió tras ellos.

Entraron al camarote donde antes se alojara la  princesa para ver que había sido acomodada una mesa y sobre ella estaba servida  la cena. Filia pudo ver la jaula de la que tanto hablaba la princesa, era  enorme. Luego que entraron el capitán cerró la puerta y pasó el seguro haciendo  un fuerte sonido.

Ambas jovenes quedaron en silencio mientras el capitán  las llevaba a sus asientos a ambos lados de la mesa, quedando una frente a la  otra. El capitán ocupó el asiento que quedaba hacia la puerta del camarote  quedando vacío el asiento que daba hacia la puerta de la jaula.

"Zel...  Estamos esperándote." Dijo el capitán serenamente. Al cabo de un rato y al no  escuchar respuesta, se puso en pie y se dirigió a la jaula.

"¿Zel?"  Llamó.

"Me siento incómodo." Susurró una profunda voz.

"Estás  bien." Lo animó el capitán.

"Val, parezco una piedra envuelta en cancanes  y puntilla."

"No es cierto, deja de llorar, la princesa está  esperándote." Dijo el capitán un poco más rudo que de costumbre.

"Estás  gritándome." Gimió.

"Lo siento, sólo ven a la mesa." Hizo un intento por  empujarlo hacia la puerta de la jaula.

"Es  que..."

"Zel..."

"Pero.."

"AHORA."

"Ggggrrrrrr..."  Val perdió la compostura ante el gruñido de la quimera y lo sujetó por una de  sus puntiagudas orejas, arrastrándolo hasta la puerta de la jaula. Allí le dio  un leve empujón y Zelgadis quedó a la vista de las dos jovenes.

Ambas se  quedaron tan mudas por el asombro como cuando vieron al capitán en el camarote.  La quimera realmente se veia muy bien, vestido en iguales galas que el capitán  pero de un color crema muy claro, con leves detalles en el mismo azul que su  piel.

"Ejem..." Interrumpió el capitán observándolo intensamente como si  quisiera recordarle algo.

"Ahh... buenas noches." Dijo Zel, haciendo una  reverencia a la cual respondieron ambas.

"Su Alteza ya debe conocer a  Zelgadis. Embajadora Filia Ul Copt, este es Zelgadis." La quimera se acercó  primeramente a la princesa, besándole la mano como le había indicado el capitán,  luego imitó el gesto con la Embajadora quien aún estaba sorprendida. Finalmente  se sentó a la mesa y comenzó la cena.

*******

El embajador le  había hecho una propuesta a Lina que no podía rehusar. Rescatar a su Alteza real  y otra cortesana a cambio de obtener una buena recompensa. Adicional, se le  otorgarían los debidos honores ante la realeza de Seiryuun. Sus ojos brillaban  avariciosamente. El embajador permanecería en la isla con ellos mientras  concretaban un plan.

Sentados a la mesa el embajador observaba con  asombro mientras la capitana y parte de los tripulantes devoraban el festín que  había sobre la mesa. Por la forma torpe y afanosa en que se peleaban por la  comida, comenzó a pensar que había hecho una mala elección al dirigirse a la  capitana del Ryuu Dorei para solicitarle ayuda.

"Embajador, ¿no va a  cenar?" Preguntó Lina con la boca llena. "No... tengo mucho apetito. La  preocupación por el bienestar de la princesa Amelia, me tiene un poco  indispuesto." Comentó cortésmente.

Lina ordenó que se le retirasen el  plato de comida. Entre bocado y bocado observaba al embajador. Su mirada al  principio fría, se notaba un poco confundida y algo triste. Si esa era la  preocupación que mostraba hacia la princesa realmente debía ser muy apegado a  ella. Justo en ese momento notó un sencillo anillo en el dedo anular del  embajador.

"Supongo que la Embajadora estará preocupada por usted."  Aventuró la capitana.

"De hecho... estoy más preocupado yo por ella que  ella de mí." Comentó.

"¿Problemas?" Lina le guiñó un ojo.

"No...  sólo ha salido en un viaje, espero que se encuentre bien." Suspiró  inadvertidamente.

Lina captó el gesto, pero lo guardó para sí. El  embajador estaba ocultando algo, si tenía que ver con la oferta que le estaba  haciendo o no, eso aún no lo sabía. Pero no era tonta, averiguaría tarde o  temprano. Alejó los pensamientos y continuó comiendo, al rato se percató de que  Gourry no estaba por ningún lado a su vista. Le pareció igual de  extraño.

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La cena había transcurrido tranquilamente. La  quimera no había hablado mucho.

"Seguramente la noche está hermosa, no  desea la Embajadora y la princesa dar una vuelta por el barco?" Sugirió el  capitán.

"Qué buena idea." Brilló la princesa. El capitán se levantó de  la mesa y esta vez le ofreció su brazo a Filia, quien a pesar de su disgusto,  aceptó la oferta lo más civilizadamente que pudo. Zel imitó el gesto con la  princesa y ambas parejas subieron a la parte externa del barco.

Así como  había comentado el capitán, la noche se mostraba hermosa, cuajada de  estrellas.

"Dígame Embajadora Filia... ¿Cómo es su vida en la corte de  Seiryuun?"

"Apacible y completa, siempre que el embajador está a mi  lado." Comentó Filia con rapidez. El capitán sonrió.

"Admirable,  actualmente una pareja en la corte de Seiryuun que se ama profundamente." Dijo  con un tono algo burlón.

"Él vendrá por usted capitán."

"Lo sé...  Xellos Metallium, embajador de Wolfpack no me perdonará el haber tomado a su  delicada esposa como rehén."

"¿Conoce algo de la  corte?"

"¿Conocer?, fui parte de ella alguna vez, pero preferí vivir en  libertad a vivir encerrado en un mundo que me estaba asfixiando." Esta vez la  Embajadora lo miró sorprendida.

"¿Le sorprende?"

"Algo... debo  admitir... Capitán Val... ¿Por qué planificó capturar a la princesa?"

El  capitán echó una sonora carcajada y le replicó, "Mi Lady, no sabía que la  princesa viajara en barcos que no están debidamente identificados como de la  flota real. No esperaba encontrarme a dos figuras tan importantes en ese  barco."

La Embajadora bajó la mirada. "¿Entonces por qué no liberarnos  como acto de buena fe?"

"¿Por qué no obtener algo a cambio?" Se  detuvieron en la proa del barco, la princesa y la quimera habían quedado algo  atrás. El capitán los observó, la princesa reia un poco, la quimera se veia  sonriendo tímidamente, pero sonriendo, ni más ni menos.

"Aunque... quizás  ya obtuve algo." La Embajadora siguió la mirada del  capitán.

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Zelgadis se mostraba un poco ruborizado, la  princesa seguía colgada de su brazo y reia de rato en rato mientras hablaba de  algunas de sus aventuras en palacio. Se le quedó viendo unos instantes. Le  parecía increible que la chica pudiera tratarlo con tanta dulzura a pesar de  saber que él era un demonio.

Desde que recordaba sólo había recibido  dolor, rechazo y odio. Había pasado de manos de un tirano a otro, siempre  maltratado. Cuando tuvo edad suficiente para crear magia se volvió algo  peligroso para sus actuales dueños, por lo que fue vendido a un mago que podía  controlarlo mejor. Sin embargo, en uno de los viajes que el mago hiciera de un  reino a otro por mar, habían sido atacados por piratas. Entonces había pasado a  manos de un hombre realmente cruel.

En el barco pirata casi todos los  tripulantes tenían un don mágico con el cual defenderse, pero el capitán en  especial, los sobrepasaba a todos. Se divertía torturándolo y nunca le enseñó a  usar su magia como había intentado su anterior dueño. Aún podía recordar aquel  horrendo rostro, sus cabellos rojos, hasta más abajo de la cintura y aquellos  ojos dementes. Un escalofrío recorrió su cuerpo de piedra.

"Zelgadis-san,  ¿por qué llevas aún los grilletes?" La pregunta lo sacó de sus  pensamientos.

"Ehh... son para controlar mi magia." La princesa le  devolvió una mirada curiosa. Zelgadis levantó un poco los delicados olanes de la  camisa y dejó que la princesa viera de cerca los grilletes.

"¿Ves las  marcas y los símbolos?" La joven asintió.

"Me permiten controlar mi  magia, sin ellos es muy peligrosa... aún no sé cómo controlarla bien." Se  ruborizó levemente. En tres años, a bordo del Hanzoku, su magia había aumentado  considerablemente. No sabía si debido al buen trato que recibía del capitán o a  la confianza que por primera vez sentía en sí mismo.

"Ahhh... pero  supongo que no tienes donde practicar para controlarla. Aquí en el barco no  sería nada prudente." Concluyó la princesa.

"Iie."

La princesa lo  miraba de soslayo, tomando de lleno el perfil de la quimera. A la luz de las  estrellas, Zel simplemente se veia como un chico normal. Suspiró. No era como si  en el palacio su padre le permitiera aún estar al lado de los chicos, y cuando  se lo permitía, era bajo esctrictas reglas que la aburrían hasta el  cansancio.

"¿Pasa algo?" Preguntó preocupado.

"Zelgadis-san,  ¿alguna vez has estado con alguna otra chica?" Le dijo un tanto  curiosa.

"¿Nani?" La quimera se ruborizó fuertemente.

"Ohh, lo  siento, fui muy indiscreta."

"Nunca he bajado de los barcos." Fue la  simple respuesta. "Esta es la primera vez que veo o hablo con alguien que no sea  un pirata o un marinero."

"Entonces... nunca..." La princesa no terminó  la oración.

"¿Nunca qué?" Preguntó con curiosidad Zel.

"¿Alguna  vez te han besado?" La quimera tosió levemente.

"No. Pero Val me ha  explicado lo que es y supongo que debe ser desagradable." Hizo un gesto de  disgusto.

"¿Por qué lo supones?"

"Es con la boca, las lenguas se  tocan... no puede ser agradable." La princesa tomó un curioso tono  morado.

"¿Cómo lo sabes si nunca te han besado?"

"¿Te han besado a  ti?"

"Pues... no."

"¿Entonces cómo sabes que no se siente mal?" La  princesa volvió a cambiar de color.

"No puede sentirse mal, cuando es un  beso de amor." Susurró la princesa.

"Muéstrame." Sugirió la  quimera.

"¿Nani?"

"Muéstrame cómo es un beso de amor."

"Es  que no se puede dar un beso de amor si no se está enamorado."

"¿Cómo es  estar enamorado?"

"Es... algo maravilloso."

"¿Has estado  enamorada?"

"No."

"¿Entonces cómo lo sabes?"

"Sólo porque  así debe ser." Suspiró algo molesta por la curiosidad de la quimera.

La  quimera no estaba satisfecha con las respuestas de la princesa. Las dudas se  reflejaban en sus azules ojos.

"Emm... quizás pueda darte un beso... uno  pequeño... sólo para que sepas cómo se siente." Sugirió la princesa.

"¿Un  beso de amor?"

"No exactamente... Pero sería un beso de todas  formas."

"Bien." Y se quedó esperando.

"Ahhh... cierra los ojos."  Le dijo avergonzada.

"¿Para qué?" "Sólo  ciérralos."

"Bien."

"Ahora inclínate un poco."

"¿Para  qué?"

"Sólo hazlo." Comenzaba a impacientarse.

"Bien."

La  princesa se puso levemente de puntillas y rozó sus labios con los de la quimera,  plantándole seguidamente un beso. Mantuvo los labios pegados a los de la quimera  hasta que de repente la quimera se inclinó un poco más y puso una de sus manos  tras su cabeza. El gesto le hizo abrir los labios, ocasión que aprovecho la  quimera para deslizar su lengua dentro de la boca de la princesa. Un suave  gemido salió de la garganta de la joven cuando finalmente la quimera la dejó  ir.

"Se siente bien." Murmuró la quimera. Un profundo rubor subió a los  cachetes de la princesa.

"Tocaste... tocaste mi lengua con.... con tu  lengua." Fue lo único que pudo decir.

"¿No se suponía que lo hicieramos?"  Le preguntó curioso Zel.

La joven tocó sus labios con los dedos donde la  quimera la acababa de besar, pero luego de unos instántes  reaccionó.

"Zelgadis-san." Fue lo único que dijo antes de colgarse al  cuello de la quimera y comenzar a besarlo furiosamente.

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Ruu Miko
Capítulo 3
Una Cena Especial
Capítulo 4
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