Lina encuentra un angel atrapado en un barco. Comienza la  aventura

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El mar estaba sereno, las aguas reflejaban los  últimos rayos del atardecer en un glorioso despliegue de rojos y anaranjados  sobre un destelleante mar de oro.

"Capitán, mañana estaremos en posición  para atacar el barco."

"Bien... ¿Está todo listo como lo  ordené?"

"Si mi capitán."

"Perfecto. Trae mi comida." Y sin más el  marino salió del camarote del capitán.

El capitán se reclinó en el borde  de la ventana que había en su camarote observando cómo se desvanecían  rápidamente los últimos rayos del sol. Los colores se reflejaban nítidamente  sobre el lustroso y rojizo cabello del capitán.

"Ahh... hermoso." Suspiró  y reflexionó sobre el inminente ataque que tenía planeado sobre el barco que  cruzaría la ruta a la cual se acercaban. Sus ojos brillaban semejando chispas de  fuego. El barco que iban a interceptar era un supuesto barco mercante. Pero el  capitán sabía más que eso... Era un barco reconocido por su tráfico de esclavos,  así como otras mercaderías de valor de orígen dudoso.

La puerta se abrió  y dos marineros cargados al extremo con bandejas y platos entraron al camarote.  Los ojos del capitán se iluminaron.

"¡¡¡Comida!!!" Y comenzó a engullir  como si fuera el último día de su existencia.

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El barco  mercante Furendoshippu (1), surcaba apaciblemente las olas. Su gentil apariencia  delataba muy poco de lo que ocurría en su interior. Si bien, sobre cubierta,  todo era tranquilidad, en el fondo del barco se escuchaban gemidos y sollozos.  El ocasional ruido de cadenas acompañaba la total oscuridad.

La puerta  del confinamiento se abrió y un marinero borracho iluminó el interior de lugar  con una lámpara. Observó a los esclavos que yacían acurrucados en las esquinas o  en el suelo y finalmente se decidió por uno.

"¡Tú! Vendrás conmigo esta  noche."

El esclavo abrió los ojos lleno de terror y trató de alejarse de  la asquerosa mano que intentaba alcanzarlo, pero en vano, las cadenas no le  permitían mucho movimiento. Intentó soltarse pero prontamente fue tomado del  cuello y sintió faltarle el aire. Con un leve gemido se dejó caer de rodillas.  Cuando el contrabandista sintió que el esclavo se volvía sumiso, soltó la  presión en el cuello.

"Muy bien... ahora camina." Lo arrastró más que  permitirle caminar. Apenas llevaba unos pantalones muy sucios que no le ayudaban  en los momentos más fríos del interior de la celda. Sus largos cabellos estaban  igual de sucios, los ojos aguados y las costillas se podían contar fácilmente.  El esclavo era inusualmente alto y había en su porte algo que lo distinguía del  resto. Sintió que lo arrastraban más bruscamente por los corredores hasta uno de  los camarotes.

Fue arrojado al interior y la puerta fue cerrada. El  marino estaba completamente borracho. La esbelta figura y el cabello largo del  esclavo le hacían pensar que se encontraba con una de las prostitutas del último  puerto donde habían atracado.

"Ahora te portarás bien conmigo." Gruñó el  marino muy cerca del rostro del esclavo. Sus ojos se llenaron de un súbdito  fuego y más por instinto que por coherencia, golpeó en pleno rostro al hombre.  Este cayó de espaldas provocando un enorme escándalo al cual no tardaron en  acudir algunos otros compañeros del borracho.

"Maldita prostituta, te voy  a enseñar modales." Y entre todos lo llevaron a rastras a cubierta.

Ya en  cubierta, se pudo percatar que era muy temprano en la mañana, la brisa fresca  del mar lo recibió, pero de inmediato fue arrojado al suelo, donde los marinos  ataron sus manos a una cuerda que colgaron lo suficientemente alto como para  obligarlo a estirarse por completo en la punta de los pies.

El marino  borracho tomó una cuerda, desachiendo los cabos y amarrándole unos pequeños  garfios a cada uno. Todo esto lo hizo frente a los ojos del esclavo. Luego, un  poco tambaleante, se puso a espaldas del infortunado.

El primer azote lo  hizo gritar de dolor mientras los demás marineros reían. Otro latigazo y otro,  los garfios laceraban su espalda y pronto sintió que algo cálido bajaba por sus  espaldas. Más latigazos y continuaba gritando. Sintió que la vista se le  nublaba, que todo iba perdiendo su color y mientras continuaba el cruel asalto,  comenzó a perder el conocimiento. Tenía los ojos arrasados en lágrimas, pero ya  comenzaba a sentirse mejor, de hecho, los latigazos ya no los sentía tan  crueles. La muerte extendía sus reconfortantes brazos hacia él pero aún no era  libre de seguirla.

Un fuerte cañonazo se escuchó retumbar a lo lejos, un  suave silvido y de repente una tremenda explosión.

"¡Nos atacan, estamos  bajo fuego, capitán!" Exclamaron los hombres en cubierta.

De inmediato se  olvidaron del esclavo, que permaneció colgado y aparentemente muerto.

La  ágil fragata se deslizaba sin dificultad alcanzado en breve al pesado barco  mercante. De inmediato fueron lanzados cables tensores que aseguraron la fragata  y los alegados piratas comenzaron a abordar la nave. Una pequeña figura saltó de  una proa a la otra, espada en mano. Sus rojos cabellos ondulaban salvajes y sus  ojos refulgían con la excitación del momento.

Los marinos del barco  mercante perecían rapidamente dado el estado de ebriedad en que se encontraban.  El capitán del Furendoshippu se abalanzó sobre la pequeña figura que sabía era  el capitán de la fragata. La asquerosa figura le aventajaba en tamaño, pero no  en habilidad. Prontamente el capitán del Furendoshippu estuvo desarmado y a los  pies de la aparente desventajada figura.

"Maldito demonio." Escupió el  capitán del Furendoshippu.

"Ne, me han llamado muchas cosas pero demonio  es la primera vez." Sonrió el aludido.

"¡Hiretsukan!, ¿quién eres?"  Preguntó.

La figura se acercó colocando su espada contra la garganta del  hombre arrodillado.

"Soy la Ruu Miko." Y seguidamente sonrió.

El  capitán del Furendoshippu se quedó en blanco y al reaccionar selló su sentencia  de muerte con un simple comentario.

"Para ser mujer eres más plana que  una tabla." Dijo realmente sorprendido.

La figura comenzó a temblar, un  aura roja la envolvió, como si el fuego la estuviera consumiendo, sus cabellos  flotaron con la energía acumulada y de repente...

"¡¡¡BOLA DE FUEGO!!!!"  Y el capitán del Furendoshippu no fue más que un simple  recuerdo.

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Los tripulantes del Ryuu Dorei inspeccionaron el  interior del barco mientras que el capitán inspecionaba la cubierta. Se percató  entonces del hombre que colgaba de una cuerda cerca del mastil. Aparentemente  estaba muerto. Sus cabellos refulgían al sol como oro y su pálido rostro parecía  dormido. Rodeó la figuera y se horrorizó al descubrir las profundas heridas y la  sangre comenzando a coagularse sobre ellas. Sintió lastima, quizás si hubieran  llegado un poco antes...

"Eres como un ángel al que le han arrancado las  alas." Musitó.

Al menos recibiría los honores mortuorios, pensó para sus  adentros y con un certero golpe cortó la soga que lo suspendía en el aire. Al  caer al suelo, sin embargo, le pareció escuchar un leve quejido. Se dobló sobre  la figura y tanteó su cuello en busca de un pulso. La carne aún estaba tibia y  para sus asombros un débil pero constante latido se dejó sentir.

Llamó a  dos de sus hombres y les ordenó que llevaran al herido de inmediato al Ryuu  Dorei.

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La muerte rehuía sus vanos intentos por alcanzarla.  La fiebre lo consumía y la sed se le hacía insoportable. Tuvo en algún momento  la idea de estar descansando sobre una suave cama, tendido boca abajo, pero no  podía realmente ver dónde se encontraba. Finalmente, después de pasar varias  pesadillas, comenzó a despertar.

Al principio se quedó muy quieto sobre  la suave cama, ignorante a sus alrededores. Finalmente, se decidió a abrir los  ojos. Aquello era increiblemente trabajoso, pero al cabo de un rato logró  enfocarlos. Tuvo la leve sensación de no estar sólo y sus sospechas se  confirmaron al escuchar un par de pasos al lado de donde se halllaba.  Seguidamente unas manos se posaron sobre su espalda.

Trató de alejarse de  inmediato, pero todo su cuerpo gritaba de dolor.

"Shhhh.... Tranquilo, no  te haré daño." Escuchó una suave voz.

"¿Quién eres?" Susurró  débilmente.

"Alguien que desea ayudarte. Ahora permíteme concentrarme."  Pudo sentir una suave oleada de bienestar. Dejó caer la cabeza nuevamente sobre  la almohada y un suspiro de alivio fue lo último que escuchó su  benefactor.

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La Ruu Miko se reclinó levemente en su  asiento. El cansancio se había apoderado de la frágil figura luego de haber  pasado dos días completos tratando de sanar las profundas heridas del hombre que  se hallaba en su camarote, sobre su cama y que había rescatado del  Furendoshippu. Seguramente iba a ser vendido como esclavo al igual que los otros  que habían rescatado sus hombres del fondo del maldito barco. Había ordenado a  sus hombres que hundieran aquella pesadilla flotante luego de haber descargado  todos sus tesoros. Justo en esos momentos se dirigían a la isla Refugio donde  tenían un puerto seguro donde atracar.

Estaba totalmente agotada, el  hechizo la había drenado de gran parte de su energía física. Sin embargo, pensó,  había valido la pena. La piel bajo sus manos estaba practicamente libre de  cicatrices, como si nunca nada la hubiera tocado. El hombre yacía sumido en un  profundo sueño, esta vez apacible. Satisfecha con su trabajo, llamó a uno de sus  hombres y pidió un gran banquete.

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Unos brillantes rayos de  luz se filtraban por la ventana, iluminando el camarote. Sobre las finas sábanas  yacía la figura del hombre que hacía unos días había rescatado del  Furendoshippu. Dormía placidamente y ella lo observaba desde una esquina de su  lujosa habitación. Le parecía como un hermoso angel dormido.

Heaven must  be missing an angel cause you are here with me.

"El cielo debe haber  perdido un angel." Susurró, pero el murmullo fue suficiente para despertar al  convaleciente.

"¿Dónde estoy?" Preguntó algo aturdido y  amodorrado.

"A bordo del Ryuu Dorei, mi barco."

Por unos instantes  el hombre se le quedó mirando desde su posición.

"¿Qué sucedió, cómo  llegué aquí?" Preguntó suavemente.

"Te rescaté del barco mercante,  colgabas de una soga." Fue la simple respuesta.

"¿Eres el capitán de este  barco?, pareces muy joven..."

"Corrección, soy la capitana. Lina  Inverse." Los ojos del hombre se llenaron de sorpresa.

"Ruu... Miko..."  Era imposible, no podía estar vivo si se hallaba en el barco de la temible  pirata. No muchos sobrevivían los ataques de la avariciosa mujer.

"Vaya,  veo que me conoces entonces." Sonrió suavemente. "¿Cómo te  llamas?"

"Gourry...."

"Gourry... Bueno, Gourry, tan pronto  atraquemos en alguno de los puertos en tierra firme, puedes hacer lo que gustes,  lo mismo para el resto de los prisioneros del barco mercante. Estar adentro de  ese infierno es más que suficiente castigo, L-sama lo sabe."

Gourry la  observó unos momentos, por un tiempo, cuando la vio por primera vez, podía haber  jurado que era un muchachito, con muy malos modales. Pero ciertamente, ahora que  sabía lo contrario, encontraba difícil creer que fuera una mujer, o mejor dicho,  le parecía una chiquilla. Cómo era posible que fuera capitana de un barco, al  frente de rudos hombres de mar.

"Gracias..." Le soltó Gourry. Lina  sonrió, hizo un signo de victoria como simple despedida y salió del camarote,  dejándolo sólo. Al poco rato entró uno de los hombres del barco con algunas  bandejas de comida para el inesperado huésped de la  capitana.

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El Hanzoku se alejaba de los restos del barco  que acababa de atacar y el capitán observaba el esqueleto de madera hundirse.  Sus impasibles ojos dorados no mostraban señales de emoción alguna. Sus cabellos  acuamarinos ondulaban suavemente a sus espaldas. Cansado de la escena se dirigió  a su camarote donde le esperaban dos de sus distinguidas  prisioneras.

"¡Paireetsu, exijo una explicación para semejante barbarie!"  Gritó una de las prisioneras. Su porte denotaba que pertenecía a la realeza. Sus  cabellos rubios como el oro estaban compuestos en un elegante moño con rizos y  bucles. La otra prisionera, aunque un poco más callada, también se notaba  sumamente indignada, sus azules ojos arrasados en lágrimas. Sus cabellos estaban  recogidos en un moño similar.

El pirata sonrió ante la explosión de la  rubia. "Mi Lady, ¿qué modales son esos para tan distinguida dama?"

La  rubia se limitó a morderse los labios con furia. La otra prisionera se adelantó  y haciendo un supremo esfuerzo por controlar las lágrimas, se dirigió al  pirata.

"Es evidente que estamos en una posición muy desventajosa y nos  sentimos muy preocupadas por nuestro futuro en sus manos. Si al menos pudiera  comentar sus planes con nuestras personas quizás nos sentiríamos un poco más  aliviadas." Todo lo dijo en un respetuoso tono, dirigiéndose al  pirata.

El pirata hizo una leve reverencia. "Princesa Amelia, es grato  poder conversar con alguien tan hermosa e inteligente como usted..." Les hizo un  gesto para que se sentaran y la princesa obedeció, su compañera, al contrario,  permaneció de pie.

"Embajadora Filia Ul Copt, ¿nos haría el honor de  acompañarnos?" La mencionada hizo un evidente gesto de disgusto, pero ante la  mirada de la princesa, accedió.

"No pretendo hacerle daño a tan  distinguidas damicelas, al contrario, considerense huéspedes de honor a bordo  del Hanzoku, mi humilde barco." "Huéspedes forzados..." Murmuró entre dientes la  Embajadora.

"Ahh... huéspedes." Repitió. "No es como que puedan abandonar  el barco cuando nos encontramos navegando tan lejos de tierra  firme."

"¿Cuándo podrá su merced hacernos el favor de dejarnos en tierra  firme?" Aventuró la princesa.

"Atracaremos en tierra firme en el momento  en que reciba la recompensa por devolver a sus Majestades sanas y salvas." Hizo  énfasis en la parte de sanas y salvas. La princesa bajó el rostro  ensombrecido.

"Maldito...." Filia apenas podía contener su furia. Se puso  de pie con la intención de golpear al pirata. La princesa reaccionó de inmediato  sujetándola.

"Lady Filia, por favor, no haga enojar a nuestro estimado  capitán." Dijo resueltamente.

"Vaya, vaya... Sus modales no son  precisamente los de una Embajadora tan importante. Cualquiera pensaría que el  embajador no la ha educado correctamente." Sonrió maliciosamente el  pirata.

"El embajador estará tras su pista capitán, mucho antes de lo que  pueda saber y yo me deleitaré viéndo cómo lo clava al mastil con su espada." Los  azules ojos de la Embajadora brillaban con un maligno resplandor y la princesa  se le había quedado viendo horrorizada.

"Ya veremos quién queda sobre el  mastil, mi lady. Mientras tanto, permítanme mostrarle sus camarotes." Dijo  seriamente el pirata.

Salieron del camarote del capitán y varios hombres  las escoltaron. El barco en su interior era muy lujoso. La primera habitación le  fue asignada a la Embajadora, quien entró con la cabeza muy en alto, tras lo  cual, los hombres aseguraron la puerta.

El pirata escoltó a la princesa a  la segunda habitación. Al entrar se percató que era mucho más espaciosa que el  camarote del capitán, y mucho más lujosa. Al fondo de la misma había una especie  de jaula de hierro, cubierta con unas cortinas en un azul muy oscuro y borlas  doradas.

"¿Qué es eso?" Preguntó curiosa la joven.

"Ahh... es mi  mascota princesa." Comentó el pirata. "Le aconsejo que no se acerque demasiado,  es un tanto... indómita. Por lo demás, mientras no se le moleste no hay problema  alguno." La princesa asintió.

"Espero que la estadía en este barco sea de  lo más agradable para su Majestad. Lamento tener que cerrar los cuartos, pero es  más por su seguridad que por no permitirles salir. No es seguro que dos hermosas  damicelas se paseen entre lobos de mar." Y se dispuso a  marcharse.

"Ahhh... capitán..." Llamó la princesa.

"¿Sí, su  Alteza?"

"¿Cuál es su nombre?" Preguntó tímidamente. El capitán lo pensó  unos segundos.

"Puede llamarme Val si su Majestad lo desea, Capitán Val o  simplemente Val. Que tenga un buen día." E hizo una profunda  reverencia.

"Igualmente... Capitán Val." Y la puerta se  cerró.

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¿Flamas, críticas constructivas?, son bienvenidas.  Espero les agrade la idea, porque va a ser una larga aventura...

Besos a  todos.
Ruu Miko
Capítulo 1
Angel
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