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El texto en it�licas hace referencia a mi primer lemon en "El Toque M�gico", cap�tulo 8, por lo tanto, me estoy citando y no creo que eso traiga conflicto sobre la autor�a de las citas. De todas formas, este fic tiene sus propias escenas lemon, que son las que realmente cuentan para el reto.

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Este fic est� escrito con la intenci�n de participar en el Reto del Mes de Junio del "Altar de Zeros" de              Karoru-chan. No est� permitida su publicaci�n en ninguna otra p�gina.

Los personajes de Slayers pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy adjudicando derechos de autor sobre ellos.

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�Ummhh� esta vez no te vas a salir con la tuya.� Dicho lo cual la volte� hasta quedar sobre ella, apoy�ndose en los brazos para no poner todo su peso en ella. Ella baj� ambas manos hasta las caderas de �l, desatando el nudo de la toalla. Tir� firmemente de la toalla con ambas manos acerc�ndolo s�bitamente. Luego pas� sus manos hasta su trasero y lo apret� contra s� obteniendo un largo respiro como recompensa.

*��Riing!! ��Riing!!*

��Kuso!� Grit� enojado.

��Qu� demonios quiere?� Grit� en el tel�fono. Se escuchaba una voz al otro lado, femenina, pero no se entend�a mucho.

�Ah� S� No� A�n no.� Suspir� cansado.

�Ya lo s� no� espera�� Levant� la voz y su rostro dej� ver un gesto de frustraci�n.

��No! �C�mo pretendes que termine si me sigues interrumpiendo?� Volvi� a gritar.

��No! �Qu�? �Pero c�mo? �Bien!� Y colg� el tel�fono de un golpe, dejando escapar una sarta de insultos a la persona a quien le acababa de colgar.

Regres� a la silla frente al escritorio donde descansaba el monitor de la computadora.

�Fant�stico.� Murmur� cansado mientras se masajeaba las sienes. �A este paso nunca voy a poder terminar.� Volvi� a suspirar. Ley� lo que acababa de escribir pero el dolor de cabeza que parec�a aproximarse no lo dej� sacar nada de provecho. Se levant� enojado y se acerc� al tel�fono, por unos segundos tom� el cable y casi le dio un tir�n. Pero pens�ndolo m�s detenidamente desisti�, colocando el aparato nuevamente sobre la mesita.

�No es buena idea quedarme incomunicado, pero�� Sonri� mientras tomaba nuevamente el tel�fono y lo volteaba, desconectando la l�nea. �Siquiera no me molestar�s m�s por un tiempo.� Sonri� complacido.

Se dej� caer en la cama y cerr� los ojos cansado.

��D�nde est� mi musa cuando la necesito?� Suspir� luego de intentar imaginar algunas nuevas escenas para su trabajo sin resultado alguno. Nunca hab�a tenido tantos problemas para escribir una simple escena. Claro que las interrupciones no ayudaban mucho, le espantaban su musa por as� decirlo.

�Musa�� Dijo en voz alta. �Si no est�s aqu� en dos mi te voy a despedir.� Luego de esperar unos segundos se ech� a re�r como desquiciado. �Qui�n iba a pensar que el famoso escritor Metallium iba a perder la raz�n de esa forma? Llamando a su musa como si fuera un ser real.

�Xellos Metallium� est�s delirando.� Continu� sonriendo mientras pasaba sus dedos por las suaves hebras de su cabello. Se levant� nuevamente y se dirigi� a un peque�o mueble al lado de la cama. Sac� dos copas y una botella de lo que parec�a ser un vino oscuro.

�Ummh� Vino de Sefiria, de la mejor cosecha� Muchas gracias, Li, por quererme emborrachar.� A�adi� con cierto tono venenoso. Suspir� y llen� las dos copas con el negro l�quido. Coloc� la botella en su lugar y cerr� las puertecillas. Luego se dirigi� con ambas copas de regreso a la cama.

�Brindemos�� Dijo levantando ambas copas. �Por mi musa y sus convenientes desapariciones.� Y tom� un largo sorbo de una de las copas y luego uno de la otra. Puso ambas copas en la mesa de noche donde estaba encendida la l�mpara y procedi� a quitarse la camisa. El vino le hab�a provocado una c�lida sensaci�n. Tom� nuevamente una de las copas y se reclin� sobre las almohadas, estir�ndose lentamente y acercando nuevamente la copa a sus labios.

Cerr� los ojos, permiti�ndose disfrutar la esencia que todav�a sent�a en su boca. Hab�a pasado algunos minutos en ese peque�o trance cuando sinti� un leve peso sumarse al suyo sobre la cama. Por unos segundos pens� que su imaginaci�n le estaba jugando una broma, pero cuando el peso sobre la cama se acerc� y sinti� que alguien lo observaba, no pudo menos que obligarse a abrir los purp�reos ojos.

La visi�n le quit� el aliento. Unos hermosos y tiernos ojos azules lo observaban, zafiros gemelos engarzados en p�lida madre perla y unos sensuales labios como p�talos de rosa ba�ados en el roc�o de la ma�ana. La visi�n le sonri� y se enderez� sobre la cama, alcanzando la copa que hab�a dejado sobre la mesita de noche. Tom� un sorbo y Xellos observ� extasiado c�mo una sonrosada lengua pasaba melosamente por aquellos labios. ��Qui�n� qui�n eres?� Suspir� temeroso de que aquel sue�o se desvaneciera frente a �l. La pregunta le sac� una mirada curiosa a la visi�n. Los suaves cabellos dorados parec�an flotar alrededor de ella como lo har�an los de una diosa. Ella no le respondi� y levant� la copa hacia �l. Xellos levant� t�midamente su copa hacia ella, choc�ndola con suavidad.

�Por m�.� Dijo la visi�n. Xellos se qued� muy quieto, sus ojos a�n no pod�an creer lo que ve�an, menos pod�a creer lo que su mente le dec�a. Frente a �l estaba, nada m�s y nada menos que su propia musa� en persona.

��Eres real?� Le dijo at�nito y ella sonri�.

�Soy tan real como lo que escribes.� Se levant� de la cama y se dirigi� hacia la computadora. �Umhh� me gusta esta escena� �La vas a continuar?�

Xellos se levant� cuidadosamente de la cama y se dirigi� a la computadora, ella lo tom� del brazo y lo hizo sentar frente a la m�quina. Se le acerc� por detr�s, tomando entonces sus manos y coloc�ndolas sobre el teclado con suavidad. Xellos sinti� estremecerse de los pies a la cabeza con el roce de aquellas suaves manos sobre las suyas pero el calor que sinti� cuando ella pos� la barbilla sobre su hombro desnudo fue mucho mayor que el que sintiera cuando tom� aquel sorbo de vino. Inhal� profundamente y cerr� los ojos cuando sinti� aquella melodiosa voz hablarle de nuevo.

�Continua por favor��

Pas� por su pecho, baj� a sus costillas y continu� por el centro de su vientre, sintiendo endurecerse todos los m�sculos. Baj� a sus caderas acarici�ndolas firmemente y pudo sentir que las manos de �l apretaban sus muslos suavemente.

�Perfecto.� Susurr� ella en su o�do. Xellos continu�.

��Qu� haces?� le dijo nuevamente con los ojos muy apretados. Respiraba r�pidamente y sent�a unos deseos enormes de arquearse. Sent�a como se tensaba bajo ella, respirando entrecortadamente y gimiendo. Fue acercando lo c�rculos m�s hacia abajo mientras se inclinaba un poco hacia el frente, permitiendo que su peso presionara levemente sobre la parte m�s sensible de �l.

Xellos no se percat� de que ahora tecleaba f�cilmente, dej�ndose llevar por los sentimientos que el roce de su musa le provocaba. Poco a poco ella se fue retirando, mientras �l continuaba sobre el teclado. Primero retir� sus manos, acariciando levemente sus brazos y rozando luego su pecho desnudo. Luego acerc� sus labios al cuello de �l y lo cubri� de leves besos. Xellos gimi� suavemente, pausando moment�neamente hasta que ella volvi� a pedirle que continuara.

La respiraci�n de �l se vio m�s entrecortada a�n y ella recorri� ligeramente su pecho de forma descendente hasta llegar nuevamente a su vientre con la energ�a recorriendo el camino que ella le trazara y cuando coloc� sus manos planas sobre la piel de �l, todo pareci� explotar en su interior y la energ�a acumulada, cual rayo, recorri� todo el cuerpo masculino, haci�ndolo arquearse fuertemente contra ella. Se aferr� salvajemente a sus muslos mientras ahogaba un fuerte gemido.

Antes de poder darse cuenta su musa hab�a desaparecido y Xellos continuaba escribiendo fren�ticamente.

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La puerta del cuarto de hotel se abri� y por ella entr� rampante una excepcional pelirroja. Sus ojos brillaban con furia pero no hizo ruido alguno. El lugar estaba tan quieto que de repente sinti� que invad�a un lugar sagrado, pero alej� los pensamientos y se dirigi� a la alcoba. La puerta estaba semiabierta y ella se asom� cuidadosamente. S�lo estaba encendida una peque�a luz en la pared y con ella pudo divisar la figura dormida sobre la cama, pero su atenci�n no se detuvo all�, su atenci�n se dirigi� a la tenue luz que proven�a del monitor encendido. Entr� sin hacer ruido y se acerc� a la m�quina. Aparentemente Xellos hab�a trabajado toda la noche, pero all� estaba el trabajo terminado y listo para entregar. Dos copias yac�an impresas sobre el escritorio al lado del monitor y ella tom� uno y comenz� a hojearlo. Una sonrisa le iluminaba el rostro cuando termin�.

�Lo hiciste de nuevo.� Y mir� hacia la figura dormida. �Eres fant�stico.� Coloc� nuevamente la copia sobre el escritorio y sali� de la alcoba.

No fue hasta dos horas m�s tarde que Xellos despert�, el olor a bu�uelos reci�n hechos lo atrajo de inmediato. Tom� la camisa de inmediato y se dirigi� a la cocina.

��Lina?�

�Buenos d�as, Xelxel.�

�No me llames as�, �qu� haces aqu�?�

��Es que no puede tu editora venir a saludarte?�

�Pamplinas.� Dijo evidentemente enojado.

�Veo que no eres una persona madrugadora� �Por qu� no vas y tomas una ducha antes del desayuno? Tal parece que trabajaste toda la noche.� Le dijo con voz dulce que Xellos no le crey� ni un segundo. Sin embargo, prefiri� no da�arse la ma�ana, una ducha le har�a bien.

Cuando termin� y regres� a la mesa, Lina le hab�a servido un plato completo de bu�uelos con jarabe de fresa y un enorme vaso de leche. Xellos la mir� con desconfianza y ella s�lo le sonri�.

��Cu�ndo me vas a preguntar por el trabajo?� Le dijo entre dientes.

�Pues� de hecho� ya vi tu trabajo� estabas tan c�modo durmiendo que no quise despertarte.�

�Vaya, qu� considerada eres.� Le dijo en tono venenoso.

�No me lo tienes que agradecer.� Dijo como si la hubieran halagado. �Estaba pensando que, luego de trabajar tanto para este �ltimo trabajo, te mereces un buen descanso. �Qu� te parece unas vacaciones completamente pagadas? A donde t� quieras.�

�Con que me ahorres tu presencia es suficiente.� Le dijo entre dientes.

�Ah� Metallium, siempre tan gracioso.� Ella se volvi� nuevamente hacia la cocina y regres� con un plato de bu�uelos y un vaso de leche para ella, sent�ndose frente a �l. �Me gustar�a saber c�mo lo haces�� Le dijo mir�ndolo fijamente.

�Ya es bastante dif�cil con una editora llam�ndome cada hora para saber si ya termin�.�

��Oye! Tengo que velar por mis intereses.�

�S�lo me atrasas. Adem�s, s�lo te importa el dinero.�

�Te equivocas� tambi�n me importa el bienestar de los que me hacen ganarlo.� Sonri� con malicia.

��Por qu� no me dejas desayunar en paz?� Le dijo sintiendo que su enojo regresaba.

�Bien� pero antes, tengo que decirte. Ma�ana en la noche es la presentaci�n de tu �ltimo libro, quer�a estar segura que no lo hab�as olvidado.�

�Kuso.� Murmur� entre dientes.

�No te preocupes, ya tengo todo listo, ma�ana en la ma�ana har� que te env�en tu ropa para la presentaci�n, si necesitas ayuda para hacerte presentable tambi�n te la puedo enviar��

�Eso no es necesario, s� arreglarme perfectamente.� Lina no le prest� atenci�n.

�Tambi�n quer�a saber si vas a llegar acompa�ado��

�Sabes que no llevo compa��a a ninguna de las presentaciones de mis libros.�

�Como quieras. Pero ser�a un toque interesante.�

�No.�

�Bien. No insistir� m�s. De todas formas, enviar� tu transportaci�n a las siete y media en punto. �Te parece bien?�

�Hai.�

�Entonces todo arreglado.� Y la pelirroja comenz� a atacar sus bu�uelos como si nada m�s existiera. Xellos suspir� y comenz� a desayunar.

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El discurso inicial hab�a resultado perfectamente y Xellos se dedicaba a charlar con algunos de los presentes. A pesar de toda la actividad a su alrededor, su mente continuaba centrada en la visi�n del d�a anterior. Aprovechando un momento en que ninguno de los presentes estaba atento a d�nde se dirig�a, sali� al balc�n del sal�n. Un hermoso jard�n apareci� ante sus ojos. Estaba iluminado por luces colocadas en puntos estrat�gicos. El sendero bordeado por peque�as luces de jard�n. Uno de los meseros lo interrumpi� y le ofreci� una copa que acept� sin problema. La brisa nocturna acarici� su rostro mientras a�n sujetaba la copa en su mano. Estaba completamente solo� o eso pensaba. Levant� la copa.

�Brindemos� �por mi musa.� Ya estaba a punto de llevarse la copa a los labios cuando sus acciones fueron interrumpidas por una voz musical.

��Hoy no hay una copa para m�?� Xellos casi perdi� la concentraci�n para sujetar el cristalino n�ctar.

�T��� Volte� con suavidad y efectivamente, all� estaba su visi�n. Ella tom� la copa de su mano y sin dejar de mirarlo la acerc� lentamente a su boca, mojando sus labios en el burbujeante l�quido. Luego le ofreci� la copa de vuelta y �l bebi� tambi�n sin quitarle los ojos de encima.

��C�mo es que est�s aqu�?�

�Me llamaste� por eso estoy aqu�.�

�Pero� �c�mo o cu�ndo? No lo entiendo.�

�No tienes por qu� entenderlo.�

��Desde cu�ndo est�s�?�

��Desde cu�ndo estoy contigo?�

�Hai.�

�Desde siempre, soy tu musa.�

��Y c�mo es que puedo verte ahora? Si has estado conmigo todo el tiempo, �por qu� no pod�a verte?�

�Dijiste que ibas a despedirme. Es la primera vez que me amenazas.� Dijo ella con seriedad.

�Ahh��

Un breve silencio se pos� entre ambos, interrumpido bruscamente por otra voz. La musa se escondi� r�pidamente tras Xellos y se aferr� fren�ticamente a su camisa.

��Xellos?, me pareci� verte hablando con una de las invitadas.�

�Eh� no� Llevo rato aqu� solo.�

�Los invitados te est�n esperando.� Lina lo observ�, parec�a algo p�lido y asustado. ��Te pasa algo?� Le pregunt� preocupada.

�Ah� no, no me pasa nada, �por qu� habr�a de pasarme algo?�

�Est�s algo p�lido. Xellos, si no te sientes bien puedo llamar de inmediato al valet para que te lleven al hotel.�

�No Lina, me siento bien. S�lo dame unos minutos.� Lina le ech� una mirada cr�tica.

�Bien, pero creo que esta fiesta va a terminar m�s pronto que otras, no me parece que est�s completamente bien. Debes descansar.� Le dijo mientras quitaba algunos mechones de sus ojos. Xellos sinti� que su musa se aferraba febrilmente a su espalda.

�Claro Lina, en cuanto regrese al hotel voy a descansar.� Le asegur�. Luego de unos momentos Lina decidi� creerle y volte� para retirarse. Xellos no pudo evitar fijarse en que Lina llevaba un hermoso vestido azul brillante que marcaba su esbelta figura. Por unos segundos trat� de imaginar c�mo se ver�a Lina sin aquel traje.

�Hecho.� Susurr� una voz cerca de su o�do. Y ante su sorpresa y la sorpresa de todos los invitados, el traje azul desapareci�, dejando a la vista unas min�sculas bragas azules de encaje, con un top a juego, unas medias negras hasta media pierna y un liguero tambi�n azul sujet�ndolas en su lugar.

Lina sinti� una fresca brisa en todo su cuerpo, escuch� una risita a sus espaldas y volte� a ver a Xellos d�ndole una estupenda vista de c�mo luc�a el conjunto por la parte de enfrente. El rostro de Xellos tom� un curioso tono rojizo pero no pod�a quitar su vista de Lina. El resto del sal�n hab�a quedado en completo silencio. Hasta que se comenzaron a escuchar algunos comentarios de desaprobaci�n de parte de las damas presentes y comentarios de admiraci�n de parte de los caballeros. Lina volte� y vio los ojos de todos los presentes puestos en ella. Lentamente baj� la vista.

��Ah!� Y comenz� a correr en direcci�n de los ba�os, tratando de cubrirse. Todos los ojos la siguieron sorprendidos. Mientras Lina se pon�a del color de sus cabellos. Xellos escuch� una risita a sus espaldas y volte� de inmediato. Tal y como lo hab�a imaginado, su musa segu�a all� y parec�a a punto de caer al piso de la risa.

��Qu� hiciste?� Le pregunt� confundido. Ella le devolvi� una mirada curiosa entre su risa.

�Soy tu musa.�

�Eso lo s�, pero �por qu� hiciste eso?�

�T� lo imaginaste, yo s�lo lo hice un poco m�s� real.�

�No entiendo.�

�Xel� Xel�� Susurr� el nombre como si lo saboreara. �T� imaginas una escena, imaginas un suceso y yo hago realidad el resto de la historia. As� es como funciona.� Se abraz� al pecho del joven. �Si yo no te ayudo tus historias quedan a la mitad� si mis manos te tocan la historia fluye sin interrupci�n.�

�A�n no entiendo por qu� est�s aqu� ahora.� Dijo un poco irritado ante la imposibilidad de sacarle una respuesta concreta a la visi�n.

�Estaba algo aburrida� A las musas nos gusta jugar, t� lo sabes.�

�S�, les gusta jugar con nuestra imaginaci�n, nos hacen hacer cosas que ni siquiera��

��podr�as imaginar.� Termin� por �l. Xellos abri� los ojos desmesuradamente. Ten�a un grave problema entre sus manos y �l era el �nico responsable. �C�mo hab�a sucedido aquello? Una cosa era rogarle a la musa propia un poco de tiempo para crear un mundo diferente en blanco y negro y otra tenerla en carne y hueso y haciendo realidad cada uno de sus pensamientos.

�Ser� mejor que regrese al hotel.� Y sujet�ndola de la mano sali� apresuradamente del sal�n donde a�n se pod�an escuchar los diferentes comentarios.

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Cuando Xellos despert� al d�a siguiente se hall� completamente solo en su alcoba. Su equipo de computadora estaba apagado, todo en orden. Al recordar los eventos de la noche anterior su rostro volvi� a tomar aquel color morado. R�pidamente se levant� y se dirigi� al ba�o, pero al pasar por la cocina pudo escuchar como si alguien estuviera en ella. Muy lentamente se acerc� y en su mente s�lo ten�a una imagen, la de su musa preparando el desayuno.

Al asomarse a la cocina pudo comprobar que efectivamente, all� estaba ella, su musa, en la cocina. Pero� �Acaso estaba preparando el desayuno?

�Buenos d�as Xel.� Le dijo sin voltearse y con un tono de voz meloso. Xellos observ� que ella apenas vest�a una simp�tica bata rosada de algod�n muy suave.. Sus caderas se marcaban perfectamente dej�ndole saber que ella no llevaba nada abajo de la curiosa batita. Suspir� profundamente.

Su musa continu� movi�ndose r�tmicamente mientras sosten�a un cuchillo en una mano.

�Creo que� est�s en el �nimo adecuado para preparar una escena c�trica� despu�s de lo de anoche.� La musa se volte�, con el cuchillo en una mano y un lim�n maduro en la otra. Xellos la observ� confundido. Ella comenz� a cortar la fruta a la mitad con suaves movimientos y cuidando de no cortarse.

�Sabes� supongo que no necesitas ning�n argumento esta vez�� Dijo luego de partir el lim�n a la mitad y llevarlo delicadamente a sus labios. Xellos no pudo evitar que se le zafara una lagrimita pensando en lo amargo que deb�a estar el lim�n. Para su sorpresa, su musa no hizo ni una mueca de disgusto. Luego ella se le acerc� pasando el brazo que ten�a el cuchillo por detr�s de su cuello.

�Un poco de lim�n� un poco de az�car�� Llev� el lim�n a sus labios nuevamente y luego le plant� un beso. Xellos sinti� que aquel beso le robaba todo el aliento, y se sorprendi� al sentirlo dulce.

�Ponerle az�car es la mejor parte.� Le asegur� con inocencia la musa. De repente unos golpes en la puerta lo sacaron de su concentraci�n, al volver la vista a su alrededor ella ya no estaba. Trat� de arreglarse el cabello un poco y sali� a abrir la puerta. Una muy agitada pelirroja entr� gritando hist�ricamente.

���Xellos Metallium, no puedo creer lo que me hiciste anoche!!�

��Yo? Pero, Li, �qu� hice?�

��T�, t�!� Le dijo mientras lo empujaba con el dedo sin importar que estaba sin camisa. �T� fuiste el responsable de lo que sucedi� anoche, por alguna raz�n no puedo quitarme ese pensamiento de la cabeza.� A Xellos le baj� una gruesa gota de sudor por la nuca. Ella pas� entonces de largo y se dirigi� a la cocina. Algo de comer seguramente la calmar�a.

�Pero Lina, yo no tuve nada que ver con lo que sucedi�, en serio.� Gimi�. Cuando Lina no le contest� se dirigi� a la cocina.

�Xellos� �qu� es esto?�

Sobre la mesa de la cocina yac�an varios limones maduros, uno de ellos cortado a la mitad, ambas mitades boca abajo y justo en medio de ellos el cuchillo. Lina lo observaba desde varios �ngulos tratando de adivinar de qu� se trataba.

��Li?�

��Expl�came qu� es esto?� Dijo Lina, de repente una idea se form� en su cabeza y una venita pareci� palpitarle en la frente. ���Xellos no hentai!!� Dijo furiosa. ��Qu� clase de cosas haces cuando est�s solo?�

�Pero Lina, �qu� sucede?� Le dijo aparentando inocencia.

�Si no fuera porque eres mi mejor escritor te golpear�a hasta dejarte inconsciente. Y luego enviar�a por las autoridades pertinentes para que te encerraran en un manicomio.�

Xellos sonri�, finalmente hab�a hecho que la pelirroja perdiera los estribos.

�Sabes Lina-san. No hay ninguna ley que me proh�ba prepararme mi propia limonada, ni ley que legisle c�mo debo prepararla. Adem�s, �qu� si estoy teniendo pensamientos de esa �ndole?, es mi trabajo, de esos pensamientos es que vivo y t� haces dinero.�

Lina se limit� a observarlo furiosa. �Bien, pero esta vez te vas a tomar unas vacaciones, est� decidido.� Tom� sus cosas y se dirigi� a la puerta. �Y esta vez ir�s acompa�ado. No me importa con quien vayas, ni lo que hagas, pero no vas a ir solo.� Y dio un portazo que lo hizo brincar levemente.

Una risita a sus espaldas lo sac� de sus cavilaciones.

�Yo quiero ir contigo� y si vas a hacer cositas pervertidas� yo quiero ir arriba.� Dijo jubilosa la musa. Xellos no pudo menos que masajearse las sienes.

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Finalmente estaba en un lugar tranquilo, lejos del trabajo, lejos de la gente, lejos de todos, incluso de Lina. De alguna forma la hab�a convencido de ir solo. Xellos trat� de relajarse, en esos momentos se encontraba en los ba�os termales del hotel que Lina hab�a escogido para �l. Un profundo suspiro brot� de lo m�s profundo de su ser. Cerr� los ojos satisfecho y se dej� deslizar hasta que su cabeza qued� descansando del borde de la peque�a piscina.

Luch� brevemente con el sue�o que comenzaba a apoderarse de su cuerpo. Despu�s de todo, su �ltimo trabajo le hab�a robado gran parte del preciado descanso.

Se encontraba m�s dormido que despierto cuando sinti� un leve cosquilleo sobre su pecho. Al principio no le prest� mucha importancia, de todas formas, estaba demasiado cansado como para salir de su estado de perfecta somnolencia. Una agradable sensaci�n recorri� todo su cuerpo cuando aquel leve cosquilleo se volvi� m�s consistente. No pudo evitar un leve gemido de placer. Al escucharse se sobresalt� y finalmente abri� los ojos.

Nuevamente aquellos cabellos dorados como el sol y una perfecta sonrisa lo recibieron. Un suspiro de resignaci�n.

�T� otra vez.�

�S�, yo otra vez.� Le dijo melosa.

��Qu� quieres?�

�Animarte un poco.�

��Para qu�?�

�Para que escribas. Acaso no te gusta escribir.�

�Me gusta escribir, claro. �Pero ahora? Ni siquiera tengo un argumento.�

�Yo te dar� el argumento.�

�No. D�jame descansar.�

�No te dejar� dormir.�

�Eres mi musa, puedo controlarte. Ahora d�jame descansar.� Y Xellos cerr� los ojos y se dispuso nuevamente a dormitar. La angelical carita de la musa se arrug� levemente, pero casi de inmediato volvi� a sonre�r. Muy suavemente se acerc� y hundi� las manos bajo el agua. Con caricias perfectamente medidas, comenz� a subir por las piernas de Xellos, trazando suaves c�rculos ascendentes.

Xellos se estremeci� levemente pero continu� ignor�ndola tercamente. La musa continu� subiendo por los muslos, desvi�ndose levemente para acariciar las caderas y continuar por los costados expuestos. Xellos comenz� a sentir un poco m�s de calor aparte del agua. Muy lentamente la musa acerc� su delicado cuerpo y se permiti� reposarlo a todo lo largo del cuerpo de Xellos. �l abri� los ojos con lentitud.

��Por qu� no te rindes? No quiero escribir ahora.�

��Y qui�n dijo que ten�as que escribir justo ahora?� Le dijo en un c�lido susurro. Xellos cerr� los ojos y respir� placenteramente, permiti�ndose abrazarla por el talle. Poco a poco su mente comenz� a maquinar lo que pod�a hacer all� con aquella visi�n en sus manos.

�Eres una cosita deliciosa.� Murmur�, acerc�ndose para probar aquellos labios sonrosados.

�Estoy aqu� para convertir tus pensamientos en realidad.� Le contest� en un susurro la musa. El sonri� muy cerca de sus labios. ��Es eso cierto?� Le dijo con la mirada algo nublada y ella asinti�. Xellos no perdi� tiempo en volver a probar aquellos labios, pasando t�midamente su lengua sobre ellos. Ansioso, mordi� levemente el labio inferior, hal�ndolo suavemente. Ella abri� los labios con un peque�o gemido y �l aprovech� la oportunidad para profundizar el beso, probando la dulce calidez de su boca. La musa se dej� caer suavemente al lado suyo, de inmediato Xellos la volte�, quedando sobre ella sin romper el beso. Finalmente y sin m�s aire, tuvieron que separarse. Ella ten�a un suave tinte rosado en las mejillas mientras sus labios estaban levemente enrojecidos por la fuerza del beso.

��Has hecho esto alguna vez?� Ella lo observ�, jadeando levemente tratando de recuperar el aire.

�Has imaginado esto para los personajes de tus historias. Pero nunca lo has imaginado para m�.� Le dijo apenas audible. Xellos sonri� complacido.

�Entonces esta ser� la primera vez que lo *imagine* contigo.� Y volvi� a besarla, presion�ndola contra el borde de la peque�a piscina. Su cuerpo fue posesion�ndose de ella poco a poco, primero acarici�ndola tiernamente y luego con m�s insistencia. Cada peque�o gemido de ella lo iba encendiendo un poco m�s. Sus dedos tropezaron con el min�sculo ba�ador de dos piezas de ella y sus ojos se encendieron con malicia. De inmediato comenz� a desatar los cordones. La musa sinti� su cuerpo estremecerse, pod�a sentir cada pensamiento, cada intenci�n y sab�a a d�nde iban dirigidos. Ech� la cabeza hacia atr�s y permiti� que Xellos desatara los cordones, retirando completamente el suave material.

El agua clara le permit�a verla completamente, pero por razones obvias eso no era suficiente, la sac� un poco fuera del agua hasta que su pecho estuvo a la vista suya. Desliz� sus ojos sobre la blanca piel y se deleit� observando la perfecta redondez que aparec�a ante sus ojos. Sin pensarlo dos veces su boca descendi� sobre la blanca carne provocando un profundo gemido a la musa que se estremec�a bajo sus atenciones. Cuando los dedos de ella se deslizaron entre sus caderas y el ba�ador, Xellos no pudo evitar cerrar fuertemente los ojos y emitir un ronco gemido.

Poco a poco ella fue quitando el ba�ador aprovechando para acariciar sus muslos provocando esta vez un suave gemido. Pronto ambos estuvieron solo piel con piel y la calidez del agua los provocaba a�n m�s. Xellos arriesg� una mirada y su respiraci�n casi se detuvo.

Los cabellos desparramados en el agua y alrededor de ella cientos de peque�as luces de colores comenzaban a desprenderse.

��Eres real?� Le dijo con la voz cargada.

�Tan real como quieras que sea.�

��Te quedar�s conmigo?�

�Siempre he estado contigo.� Ella sonri� y elev� las caderas, frot�ndolas sensualmente contra las suyas provocando un repentino suspiro mientras se aferraba a sus hombros y pasaba una mano a su nuca para acercarlo y robarle otro beso. �Contin�a por favor� termina esta escena para complacer a tu musa.�

�M�a.� Susurr� roncamente, d�ndole una mirada posesiva y posicion�ndose entre sus piernas. La musa emiti� un gemido febril mientras se aferraba m�s fuertemente y cerraba los ojos.

�No� �d�jalos abiertos.� Le dijo mientras sub�a los muslos de ella a sus caderas, acarici�ndolos y subiendo sus manos a la curva de su espalda, trazando c�rculos para tranquilizarla. �Quiero ver tus ojos.� Y ella lo obedeci�, sus azules profundidades pesadamente cargadas de deseo clav�ndose intensamente en aquellas otras purp�reas obscurecidas por la pasi�n.

Suavemente fue llen�ndola, provoc�ndole gemidos mudos, sus ojos a�n mir�ndolo, haci�ndole sentir un placer infinito. Finalmente se detuvo unos momentos, disfrutando la sensaci�n que le provocaba aquella estrecha uni�n entre sus cuerpos. Ella jadeaba intermitentemente mientras las primeras olas de placer se extend�an desde su centro hacia todo su cuerpo. Instintivamente subi� un poco m�s sus piernas, acerc�ndolo m�s y dejando escapar un largo suspiro de satisfacci�n.

De inmediato Xellos comenz� un ritmo suave y se inclin� a besar su pecho sin dejar de mirarla. Ella se estremeci� de inmediato, llamando su nombre suavemente, contrayendo los m�sculos de su abdomen, moviendo sus manos a ambos lados de su costado, acarici�ndolo intensamente, desafiando el ritmo con sus propias caderas. Xellos no cambi� el ritmo, pero la tom� m�s fuertemente de las caderas, oblig�ndola a aquietarse. Un sonido descontento se escap� de los labios de la musa, pero finalmente obedeci�.

El continu� su tortuoso ritmo, mientras la musa se estremec�a bajo su cuerpo, arque�ndose levemente con cada movimiento suyo. Cada deseo, cada pensamiento y necesidad pod�a sentirlos como suyos. Ella era su musa y �l su due�o, ahora m�s que nunca. Xellos aceler� el ritmo mientras su respirar se volv�a m�s r�pido. La musa dej� ir su cabeza hacia atr�s, sintiendo que poco a poco los alrededores, no s�lo los reales sino los imaginarios donde ella exist�a se iban desvaneciendo hasta quedar s�lo aquella sensaci�n de placer tan dulce e intensa.

Un profundo gemido escap� de sus labios cuando de repente su visi�n se obscureci� y cientos de peque�as oleadas de electricidad se desataron en todo su cuerpo. Muy cerca del suyo, Xellos tambi�n gimi�, una especie de gru�ido de satisfacci�n mientras ella sent�a una calidez llenarla completamente.

No se separaron por unos instantes, s�lo se quedaron jadeando hasta que poco a poco su respiraci�n volvi� a ser m�s o menos normal.

�M�a.� Volvi� a susurrar Xellos para luego reclamar nuevamente los labios de la musa.

Cuando finalmente salieron de las aguas termales, Xellos sonre�a abiertamente y de su brazo llevaba posesivamente a la m�s hermosa visi�n, algo sonrojada y con los ojos entrecerrados a�n por el placer que hac�a unos momentos hab�a vivido.

Subi� hasta la habitaci�n y cerr� la puerta tras de s�. Lo primero que hizo fue desconectar el tel�fono y seguidamente se sent� frente a la computadora que hab�a llevado a�n en contra de los deseos de su editora. La musa se qued� de pie tras �l, con los brazos en su cuello y la cabeza descansando levemente sobre su hombro derecho.

��Vas a escribir ahora?� Le pregunt� inocentemente.

�Tengo que aprovechar el tiempo.� Le contest� algo juguet�n. La musa lo observ� unos momentos.

��Aprovechar el tiempo?� Le dijo incr�dula.

�S�, �cu�ntas veces voy a tener la oportunidad de controlar a mi musa completamente.� Sonri� y ella le devolvi� la sonrisa con cierto aire travieso.

�Podr�amos aprovechar el tiempo de otra forma� �no tienes por qu� comenzar a escribir ahora mismo.� Le susurr� en el o�do mientras le acariciaba el pecho.

�Ummh�� Le dijo echando la cabeza hacia atr�s. �Creo que por esta vez voy a tomar tu sugerencia.� Volte� la cabeza y la bes� ardientemente quit�ndole el aliento. �Adem�s� ya que te tengo bajo control creo que puedo disfrutar un poco m�s de estos momentos de inspiraci�n.�

La musa gimi� suavemente mientras Xellos se pon�a de pie y la llevaba hacia la rec�mara.

�S�lo una cosa quiero saber antes de continuar.� Le dijo al recostarla sobre la cama y colocarse entre sus piernas acarici�ndolas suavemente.

��Qu�?� Suspir� la musa un poco inquieta ante la intensa mirada.

�Tu nombre��

�Filia.� Y antes que ella pudiera a�adir nada, �l volvi� a posesionarse de ella, suavemente y con furia. Haci�ndola gritar su nombre, el nombre de su due�o y se�or.

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Era de ma�ana, ella pod�a sentirlo. Pod�a sentir cada movimiento de Xellos, cada pensamiento, cada respiraci�n. �C�mo no sentirlo si ella era parte de �l? Pero ten�a que esperar all�, sin cuerpo, sin sustancia, s�lo como un vago pensamiento en la mente de su creador. La imaginaci�n de �l era su vida, estar�a siempre con �l, le ser�a siempre fiel sin importar hacia donde lo llevaran sus pasos o su mente.

Filia, hasta �l mismo le hab�a puesto nombre sin darse cuenta. Si �l no hubiera preguntado un nombre ella no lo habr�a mencionado. Y si �l no hubiera querido aquel nombre ella no lo hubiera podido decir, tendr�a que decir el que �l eligiera para ella. Porque al fin y al cabo ella era creaci�n suya, de aquella mente fant�stica y prodigiosa.

Continu� esperando, segura de que en el preciso momento en que �l despertara ella podr�a volver a tomar forma. Y aunque estaba segura de que esa ma�ana �l la llamar�a, sab�a que en el fondo, si no lo hac�a, ella estar�a satisfecha. Ser�a feliz mientras �l fuera feliz y estar�a satisfecha mientras �l lo estuviera.

Ella era su musa y aunque pareciera todo lo contrario, �l la dominaba a ella. Pero el propio creador prefer�a la ilusi�n de un ser con voluntad propia y por lo tanto, ella ten�a que ofrecer ese aspecto. Ella ser�a todo lo que �l quisiera, sin importar las consecuencias, porque de esa forma era que ella exist�a. �l jam�s podr�a da�arla, porque ella se acomodaba a sus propios gustos y necesidades. Ella era suya, enteramente suya y esclava a voluntad de aquella imaginaci�n que era Xellos Metallium, escritor por excelencia.

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Owari
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Musa
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