Dedicado especialmente a Fi-chan, (Aunque ya se que Xellos siempre será más  importante para ti) y a Karoru-chan.

*******

Los personajes de  Weiss Kreuz no me pertenecen y no estoy recibiendo ningún tipo de compensación  por esto.

Me es imposible describir una escena violenta cuyo final sea la  muerte para cualquiera de los personajes de Weiss Kreus o para cualquier otro  anime. Por esa razón me limito a los AU (Alter Universos). Es obvio que los  personajes serán más OOC, pero no puedo evitarlo.

Este fanfic contiene  referencias shounen-ai, Aya/Schuldrich, Ken/Omi.

La única intención de  este AU es aligerar un poco la pesada atmósfera que siempre rodea a estos  personajes y pasar un rato entretenido. Todo dicho, espero que disfruten tanto  como disfruté yo escribiéndolo.

Por cierto, soy más fan de Slayers, pero  esta serie me atrae la atención casi de la misma  forma.

*******

Capítulo 1

Pequeño  Kitsune

*******

Dos pequeñas cabezas se asomaron entre los  arbustos.

"Shhh... Ken... nos vas a delatar." Susurró el pelirojo,  dándole una significativa mirada a su compañero.

"Es que tarda demasiado  Ran, ya debería haber pasado por nuestra trampa." Gimió el de cabellos marrón  impaciente.

"¡Shhh! Ahí viene, escóndete." Le urgió el primero.

Un  hombre cubierto con una capa, se acercaba por el estrecho sendero. Sus ojos de  un verde intenso, cubiertos por mechones de cabello naranja y la capucha,  estaban oscurecidos por los pensamientos que le venían a la mente. Maldecía  coloridamente entre dientes mientras su paso tenso y apurado denotaba algo de  molestia. De repente sintió que sus pies se tropezaban con algo y antes de poder  ver qué era, un balde de agua fría le cayó encima, mojando por completo la capa  y parte de su cabello.

El hombre tembló de coraje cuando escuchó unas  risas semiahogadas tras unos arbustos al lado del camino. Como un relámpago  estuvo frente al escondite de los agresores.

"¿Viste su rostro?" Comenzó  a reir el de los cabellos oscuros.

"Sí." Asintió el pelirojo entre  sonrisas ahogadas.

Ambos chicos, de siete y ocho años respectivamente, le  habían dado la espalda al hombre que acababan de ofender.

"Los atrapé."  Susurró una voz a sus espaldas.

"¡¡Upsss!!" Ambos se echaron a correr  como pequeñas liebres por el bosque mientras el hombre tras ellos les gritaba  toda clase de insultos. Entre chillidos, gritos y risas, los pequeños se  adentraron en el bosque. El de los cabellos castaños iba adelante, con la poca  de agilidad que le permitía su corta edad y el conocimiento del bosque donde se  hallaban. El pelirojo no corría con tanta suerte, no conocía el bosque como su  amigo, así que antes de darse cuenta, tropezó con una rama un poco  levantada.

En un segundo el hombre estuvo sobre él y lo sujetó por la  parte posterior del cuello de la camisa.

"¡Ken!" Llamó el chico mientras  intentaba con todas sus fuerzas de deshacerse de las garras del hombre. Pero su  compañero de travesura iba demasiado lejos para escucharlo.

"Tu amigo no  puede escucharte ahora." Le dijo el hombre en un tono que lo hizo dejar de  moverse.

"¡No importa! ¡No te tengo miedo!" Vociferó el pequeño con una  expresión enojada en sus ojos púrpuras.

El hombre lo observó enfurruñar  su carita y tuvo que contener la súbita necesidad de echarse a reir casi  olvidando su previo estado de humor. Debía mantenerse enojado, las pequeñas  alimañas acababan de jugarle una broma muy pesada.

"Con que eres  valiente. Eso es porque no sabes quien soy." Comentó fingiendo enojo y asombrado  ante la actitud del pequeño.

"¡No te tengo miedo! ¡No puedes hacerme  nada!" Le volvió a espetar el crio.

"¿Que no puedo hacerte nada? Ya  veremos." Murmuró el hombre. Cerró los ojos y pareció concentrarse. Cuando  volvió a abrir los ojos, el pequeño se quedó como hipnotizado. Los ojos del  hombre se volvieron brillantes y comenzó a murmurar palabras que el niño no pudo  entender. De repente se sintió muy mareado y con sueño. Las fuerzas comenzaban a  abandonarlo y el pequeño no podía apartar la vista de aquellos ojos penetrantes.  Finalmente, el sueño comenzó a reclamar su cuerpo y a pesar de sus intentos por  no ceder, poco a poco se vio cayendo en la completa  obscuridad.

*******

Su primer pensamiento cuando abrió los ojos  fue hacia su compañero de juegos.

"Ken..." Murmuró. Abrió los ojos  levemente y tuvo que cerrarlos con fuerza. Todo a su alrededor se movía  vertiginosamente.

"Finalmente despiertas chibi." El niño trató de  devolverle una mirada furiosa.

"No soy chibi." Le dijo tercamente  mientras volvía a abrir los ojos aunque sin poder fijarlos en nada.

"¿Ah  no?, ¿entonces qué edad tienes?" Le dijo con cierto sarcásmo.

"Tengo ocho  años." Le respondió con aquella mirada enojada.

"Uff... si las miradas  mataran..." Comentó con burla el hombre.

"Hum." Fue la  respuesta.

El hombre se quedó en silencio un rato más. El pequeño Ran  sintió la necesidad de asomarse más afuera de donde fuese que estaba suspendido.  Estaba bastante lejos del suelo, moviéndose a una rapidez vertiginosa. La capa  del hombre lo envolvía en parte y estaba muy cerca de su pecho.

"¿Por qué  te ves tan grande?" Le dijo asombrado.

"Es porque te convertí en un  kitsune." Dijo de lo más natural del mundo el hombre.

"En... un kitsune?"  Lo observó incredulo.

"Sí. Ahora quédate quieto, podrías caerte." El  chico se estuvo quieto por un rato, pero la curiosidad pudo más que su pequeña  razón.

"¿Eres un hechicero?"

"Sí." Le dijo comenzando a  impacientarse.

"¿Por qué me convertiste en kitsune?"

"Para que  aprendas a no molestar a los extraños." Le dijo algo más enojado.

El  pequeño no preguntó nada más. En esos momentos no le importaba que quizás fuera  del tamaño de un gato, o que un extraño lo llevara a donde él no sabía. La idea  no le parecía tan mala, al contrario, lo entretenía. Ya no habría más clases, ni  más lecciones, ni más obligaciones. Sería libre de hacer lo que quisiera. Al  sopesar los beneficios en su pequeña cabecita casi saltó de entre las manos del  hechicero.

"¡Hey!, ya quedate quieto." Dijo furioso el hombre. El pequeño  Ran no le prestó atención y continuó preguntando aunque en un tono más  bajo.

"¿Cómo te llamas?"

"Schuldrich."

"Schudrich... ¿Y  hasta cuándo seré kitsune Schur... rdr..?" Schuldrich dio un pequeño salto al  escuchar al pequeño destrozar la pronunciación de su  nombre.

"Schuldrich." Le corrigió. "Eso depende... Alguna vez te han dado  un beso?" El pequeño animal hizo una mueca de disgusto. "Supongo que eso  contesta en parte la pregunta."

"¿Por qué?"

"Porque el hechizo se  romperá con un beso. Aún no estoy muy familiarizado con algunos conjuros, pero  me parece que ese es el antídoto correcto."

"Entonces seré kitsune el  resto de mi vida. No quiero que nadie me bese." Dijo con obstinación el pequeño  kitsune.

"Ya veremos chibi." El kitsune gruñó entre sus  brazos.

"Gggrrrr... no soy chibi."

El gesto hizo que Schuldich  olvidara su enojo y riera de buena  gana.

*******

Continuará...

*******

¿Qué les parece  hasta aquí?, ¿sugerencias?, ¿comentarios?, ¿flamas? Siendo una Lady Dragon no me  molestan las flamas, así que todo es bienvenido. Arigato mina-san y hasta la  próxima.
Capítulo 2
Regresar al índice de historias
Regresar a la página principal
Hosted by www.Geocities.ws

1